La Importancia de la Cultura Emprendedora en el Mundo Actual
En el entorno empresarial actual, la creación de una cultura emprendedora se confirma como una ventaja importante a medida que los líderes empresariales se esfuerzan por aumentar la competitividad. Hoy, ser «emprendedor» describe una habilidad y mentalidad caracterizada por la innovación, la creatividad y la asunción de riesgos calculados. Una cultura emprendedora es lo que muchas empresas esperan lograr, aunque no es tan fácil fomentarla ni hacerla prosperar.
De hecho, una cultura emprendedora debe cultivarse a través de acciones bien planificadas que empiezan por la definición de objetivos y el modelado, y se refuerzan con la comunicación. Para alcanzar este objetivo, el punto de partida es el liderazgo. La gente sigue el ejemplo de sus líderes, pero se trata de un equilibrio delicado. Un lugar de trabajo demasiado autoritario desalienta a las personas a usar su propia iniciativa y sofoca los rasgos que mejoran la innovación y la productividad. Un entorno excesivamente democrático carece de enfoque para mantener a la empresa avanzando hacia sus objetivos.
La manera más efectiva de impulsar una cultura emprendedora es crear un entorno donde las personas puedan lanzarse a la innovación. Hace falta empoderar a los empleados y hacer que se sientan automotivados. Piensa por un momento en lo que hace un emprendedor: analiza estratégicamente las tendencias del mercado, identifica oportunidades, calcula riesgos, toma decisiones e inspira a otros a seguirle.
Una vez se cuenta con esta base, hay que asegurar una buena comunicación. El primer paso para crear una cultura emprendedora es anunciar que se está abierto a sugerencias y luego recompensar claramente a quienes generan nuevas ideas. Suele dar buenos resultados desarrollar un método claro para presentar nuevas ideas y tomar medidas. Por último, cabe recordar que la innovación solo es posible si los miembros del equipo saben que no serán penalizados si una idea falla.
Apostar por una cultura emprendedora es el secreto para desarrollar una ventaja competitiva. Para mantenerla, la clave está en el compromiso, eso es algo que puedes conseguir con las políticas adecuadas.
El Emprendimiento Cultural y la Innovación
La cultura avanza al mismo ritmo que la sociedad, con nuevas propuestas creativas que son un reflejo del mundo en el que nacen y se desarrollan. Si en su momento la incorporación de la voz al cine provocó un cambio en la conceptuación del séptimo arte, ahora las nuevas tecnologías impulsan un abanico de nuevas posibilidades.
Desde las redes sociales a la inteligencia artificial, pasando por el big data, la necesidad de conectar con los nuevos públicos que consumen productos culturales es ya una realidad que obliga a aprender sus códigos, idiomas y canales de comunicación, para encontrar propuestas que conecten con sus sensibilidades. Lograr una cultura inclusiva y cercana, en la que todo el mundo tenga un espacio que sienta como suyo, que le represente, le emocione y le ofrezca ese aporte de belleza que solo las industrias culturales son capaces de alcanzar.
Un cambio de paradigma que se está traduciendo en:
- Museos que se pueden visitar a miles de kilómetros de distancia, con tan solo un ratón y una buena conexión a internet.
- Exposiciones artísticas inmersivas sensoriales, que apuestan por introducir a los visitantes directamente en los cuadros a través de la realidad virtual para ofrecer una visión diferente del artista en cuestión.
- Aplicación de la inteligencia artificial a la posproducción de audio que facilita, entre otras cosas, la recuperación de maquetas que quedaron pendientes de ser lanzadas al mercado por sus autores, fallecidos hace años o incluso décadas.
- Conciertos virtuales con hologramas o duetos entre cantantes vivos y leyendas de la esfera musical que hace tiempo que murieron.
- Incorporación del uso de la inteligencia artificial al cine para la recreación de mundos, personajes fantásticos, escenas de acción de gran peligrosidad o, incluso, para devolver a la vida, durante unos minutos, a actores que perdieron la suya antes de que hubiera concluido el rodaje de la película.
- Utilización de la inteligencia artificial en la industria fotográfica para agilizar los procesos de posproducción, jugar con la realidad reflejada en la imagen o proponer nuevas formas de expresión a través de la fotografía.
- Activación de campañas de financiación de proyectos artísticos directamente a través de plataformas digitales, muchos de los cuales han finalizado de forma exitosa, por ejemplo, con el lanzamiento de nuevos productos musicales o teatrales.
- Elaboración de novelas transmedia, en las que los autores piden a sus seguidores opinión sobre el desarrollo de la trama o los giros argumentales.
- Adaptación de los espacios culturales a las personas con capacidades diferentes para acercar un evento artístico, para que así puedan disfrutar de la sensibilidad y la emoción ideada por su autor.
- Restaurantes multisensoriales que tienen por objetivo alcanzar una experiencia inmersiva del comensal, con una activación plena de los cinco sentidos.
En definitiva, la visión 360º del emprendedor cultural se convierte en un revulsivo que, a corto plazo, impulsa el desarrollo de su industria, logrando con ello un crecimiento económico y del mercado laboral al que se dirige, al incrementar tanto el número de puestos como de capacidades profesionales demandadas. A largo plazo, esta revolución se transformará en un aumento de los beneficios y de la capacidad de invertir en ideas innovadoras que afiancen la sostenibilidad de la cultura en el tiempo.
El Emprendedor Cultural: Clave en la Innovación
La figura del emprendedor cultural está en auge desde hace ya varios años. Su presencia es garantía de innovación y eso, cuando se habla de cultura que es sinónimo de movimiento, cambio y avance continuo, es un valor fundamental.
El emprendedor cultural es aquel profesional capaz de analizar los retos, presentes y futuros, a los que se enfrenta su sector para, a continuación, definir una estrategia enfocada a diseñar, financiar e implementar ese nuevo producto o servicio en el mercado. Se trata de un profesional inquieto y en continua formación, que se mantiene al día de las vanguardias culturales.
A su vez, debe poseer conocimientos económicos y empresariales para escoger la mejor fuente de financiación que le permita dotar de fondos a su proyecto, así como de las últimas tendencias en innovación tecnológica para maximizar la eficiencia y eficacia de los procesos. Impulsar y fomentar al emprendedor cultural es el primer paso para asegurar la supervivencia de un sector cimentado en la música, las letras y la imagen en todas sus vertientes.
Un respaldo innegable vertebrado en el compromiso de que, gracias a él, la industria cultural será capaz de adaptarse a las nuevas tendencias que, sin duda, irán surgiendo en las próximas décadas.
Tipos de Emprendimiento Cultural
El emprendimiento cultural es un modelo de emprendimiento social que busca dar respuesta a las necesidades cambiantes del mercado. Es posible clasificarlos según:
- Las industrias culturales en las que los emprendedores culturales desarrollan su actividad, abarcando desde las relacionadas con la imagen y el vídeo (fotografía o cine), hasta el musical, sin olvidar las artes escénicas, escultóricas, pictóricas o literarias.
- El tipo de actividad que realizan como emprendedores culturales, tantas modalidades como puestos en el mercado laboral existen. Es importante recordar que pueden centrar su atención tanto en la conceptualización o el diseño del proyecto, como en la captación de recursos para el mismo, pasando por la gestión y dirección de la idea.
- El modelo de financiación escogido para dotar de fondos a su proyecto, un mundo de inmensas posibilidades. Desde las más tradicionales como los bancos, entidades financieras o ayudas y subvenciones (locales, autonómicas, estatales o internacionales), hasta aquellas consideradas alternativas como el crowdfunding, crowdlending o el bootstrapping. Todo ello, sin olvidar el mecenazgo, una fuente de respaldo económico que tradicionalmente ha impulsado la cultura.
Ejemplos de Emprendimiento Cultural
Entre los casos de éxito que se pueden destacar como ejemplos de éxito en emprendimiento cultural resaltan, entre otros:
- Muddy Waters Books, editorial que se define en su web como un espacio “con espíritu crítico, alma pop y un afilado sentido del humor”, especializada en el ensayo periodístico.
- Meninas Cartoneras, que tal y como explican en su site, se han marcado como objetivo “formar las capacidades emprendedoras de las personas jóvenes en el sector cultural, a través de un itinerario educativo virtual y presencial”, mediante su programa Hélice.
- Gre2 Jazz, un festival musical internacional que traspasa fronteras para convertirse en un espacio cultural que tiene como objetivo acercar las diferentes sensibilidades artísticas al mundo rural.
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Fomentando la Cultura Emprendedora
Cada vez más, la importancia de los emprendedores en la sociedad crece. Para poder llevar a cabo este proceso de manera correcta es necesario tener ciertos conocimientos y habilidades relacionadas con el mundo empresarial. No sólo se trata de ideas o de ideas o capacidades, sino que todo esto se basa en una actitud favorable. La cultura emprendedora se define como los conocimientos, habilidades y valores necesarios para poder crear, implementar y desarrollar un proyecto determinado. Es una manera de definir cómo debería ser un emprendedor ideal.
Tener cultura emprendedora significa, sí o sí, la capacidad de detectar oportunidades en el mercado y saber cómo aprovecharlas. También está muy relacionada con los conceptos de iniciativa y proactividad. En otras palabras, una persona emprendedora debe tener iniciativa para llevar a cabo sus propios proyectos, no buscar depender de una persona externa. La cultura emprendedora también está muy relacionada con la asunción de riesgos. Cualquier iniciativa de negocio tiene una serie de riesgos asociados, lo que implica que existe la posibilidad de perder dinero.
Una persona con cultura emprendedora debería saber identificar el riesgo de una iniciativa de negocio, analizar sus posibles beneficios y saber cuándo asumir riesgos y cuando no. También es muy importante conocer los mecanismos para reducir los riesgos asociados a una iniciativa, algo que únicamente es posible con una base sólida de márketing y administración de empresa. Por último y posiblemente una de las características más importantes y que se considera menos relevante es la capacidad de delegar tareas.
Un buen emprendedor es consciente de sus características, de sus puntos fuertes y puntos débiles. Por ejemplo, un emprendedor especializado en publicidad podrá detectar oportunidades de negocio y diseñar los canales de comunicación de la marca, así como la creación de piezas específicas. Pese a esto, necesitaría delegar todas las actividades relacionadas con el SEO, la contabilidad o la selección de intermediarios a personas externas. Otra de las habilidades de un emprendedor tiene que ser la de crear contactos.
Nadie nace con cultura emprendedora. Es una habilidad que se desarrolla con el tiempo y la práctica a base de identificar oportunidades de mercado y asumir los riesgos necesarios. Pese a esto, existe una base teórica que cualquier emprendedor debería dominar: el marketing y la administración de empresas. Aun así, como se ha mencionado, la capacidad de delegar es imprescindible para cualquier emprendedor. Necesita saber cuales son sus habilidades y a quién puede acudir para solucionar sus carencias.
Sin duda las grandes crisis económicas que han asolado la economía mundial en las últimas décadas han dejado grandes ideas llevadas a cabo por pequeños emprendedores. Teniendo esto en cuenta, ¿por qué no educar en una cultura emprendedora y así preparar a jóvenes más aptos para cualquier tipo de ecosistema laboral? En esta revolución educativa toda la sociedad debe implicarse: escuelas, familias, políticas, etc. Aunque sin duda, los docentes tienen un papel muy importante dentro de este nuevo paradigma educativo, teniendo que ajustar las metodologías actuales a un aprendizaje más práctico, activando competencias claves dirigidas al emprendimiento como la creatividad, la capacidad de autoaprendizaje o la investigación, entre otros.
La Educación como Motor del Emprendimiento
La educación está cambiando, a un paso lento. ¿Por qué se están desarrollando estos nuevos métodos? La cultura emprendedora se basa en identificar las oportunidades y buscar por si mismo los recursos necesarios para ser autosuficiente. «Los Estados miembros deben estimular las aptitudes emprendedoras a través de maneras de enseñar y aprender nuevas y creativas desde la educación primaria, además de prestar una atención particular, desde la enseñanza secundaria hasta la superior, a la oportunidad de crear empresas como objetivo de carrera.
Con un aprendizaje basado en la resolución de problemas concretos y en la relación con las empresas, la experiencia del mundo real ha de integrarse en todas las disciplinas y adaptarse a todos los niveles de la educación. Todos los jóvenes deben vivir una experiencia de emprendimiento práctica como mínimo antes de abandonar la enseñanza obligatoria». En el sector educativo se debe exigir un esfuerzo para cumplir estas expectativas.
Educar para emprender requiere la implicación de todos los niveles educativos, desde la infancia en la guardería hasta los estudios en educación superior. Este tipo de educación es mucho más que aprender a gestionar un negocio. Hablamos de inculcar en el alumnado unos conocimientos que le lleven por el camino del emprendimiento y la innovación a lo largo de su vida.
Habilidades Clave para un Emprendedor
Si nos detenemos a crear una definición de emprender, ayudándonos de la RAE, coincidimos que emprender es comenzar o llevar a cabo una obra, acción o negocio que tiene una cierta dificultad o riesgo (incertidumbre). Conociendo la definición, ¿en qué áreas será necesario educar para emprender?
- Creatividad y pensamiento innovador: un emprendedor, consigue ver lo que los demás todavía no han descubierto, rompe las reglas y crea algo nuevo sin seguir una pautas ya establecidas.
- Fortaleza y voluntad: emprender como hemos definido tiene cierta dificultad o riesgo, para llevar una idea a cabo se necesita fuerza y voluntad para no tirar la toalla.
- Autonomía: el emprendedor es una persona autónoma que toma decisiones por sí mismo aceptando sus responsabilidades. Pero cuidado, esto no significa que esté solo, siempre puede contar con consejo o ayuda si lo ve necesario, aunque sea él quién posea la última palabra.
- Capacidad de gestionar la presión y la frustración: no todo sale bien a la primera, es más casi nunca sale bien a la primera, el emprendedor sabe bien que la paciencia es la madre de la ciencia.
- Capacidad de análisis crítico: ¿no ha funcionado? Volvemos a empezar, pero haciendo un análisis crítico de que no ha funcionado.
- Motivación y confianza en sí mismo: un emprendedor tiene claras sus capacidades y fortalezas y se vale de ellas para alcanzar sus objetivos.
- Pensamiento inductivo y deductivo: de esta forma será capaz de resolver los problemas que van surgiendo a lo largo de toda su vida.
- Orden y capacidad de gestión del tiempo.
- Capacidad de autoaprendizaje: el emprendedor nunca deja de aprender.
Cultura Emprendedora en el Contexto Digital
La cultura emprendedora en el contexto digital se refiere a un conjunto de valores, prácticas y mentalidades que fomentan la innovación, la creatividad y la toma de riesgos dentro de las empresas digitales. Las empresas digitales pueden fomentar una cultura emprendedora alentando la colaboración, la experimentación y el aprendizaje continuo. Esto se puede lograr mediante la creación de entornos de trabajo abiertos donde se valoren las ideas de todos los empleados.
Adoptar una cultura emprendedora en una empresa digital puede traer varios beneficios, como un aumento en la innovación, una mayor agilidad para adaptarse a cambios en el mercado, y una mejora en la satisfacción y retención de los empleados. Uno de los principales desafíos que enfrentan las empresas digitales al implementar una cultura emprendedora es la resistencia al cambio. Los empleados pueden estar acostumbrados a jerarquías tradicionales y procesos establecidos, lo que puede dificultar la adopción de nuevas formas de trabajar.
La educación juega un papel crucial en la formación de una cultura emprendedora al equipar a los individuos con las habilidades y el conocimiento necesarios para innovar y liderar en el entorno digital.
¿Qué es la Cultura Emprendedora?
La cultura emprendedora es el conjunto de valores que proporcionan a las personas las habilidades necesarias para enfrentarse de forma exitosa a los constantes cambios que se producen en nuestro entorno. La falta de educación emprendedora (o educación en emprendimiento) es una de las causas de que no exista cultura emprendedora. La metodología utilizada es la de crear una cooperativa educativa con el alumnado de secundaria, para enseñarles a todos los pasos que habría que ir dando para gestionar una empresa.
Garantizar el éxito de una empresa no es posible. La clave para el emprendimiento es tener motivación para ello. Si tu idea de negocio te motiva, tendrás un pensamiento de continuo aprendizaje y crecimiento. Este atributo hace que la persona que la posee pueda tomar decisiones propias sin necesidad de ser persuadido por nadie. Para hacer frente a la competencia en un mercado muy competitivo es necesario diferenciarse.
La persona que tiene la idea y cuenta con la iniciativa necesaria para ponerla en marcha es muy importante dentro del proyecto. Al contar con más personas se pueden encontrar soluciones innovadoras gracias a la suma de ideas y esfuerzo. Para ponerla en práctica es necesario observar a la competencia, analizarla y detectar qué es lo que ofrece y cuál es el valor añadido que ofrecen. Si crees que cuentas con todas o la mayoría de las características que te he comentado, adelante con tu idea.
Cada día con más intensidad se oye hablar de emprendedores y emprendedoras, de la cultura de la innovación, de la necesidad de descubrir y reinventar negocios para así poder avanzar hacia nuevos modelos de empresa o modelos sociales. Indicamos deliberadamente “mejora social” porque el emprendimiento no está reñido con las entidades sin ánimo de lucro.
Volviendo a la definición de cultura emprendedora, diremos que es la que permite la disrupción en la sociedad. Replantea modelos de negocio existentes y descubre nuevas oportunidades. En el último párrafo, hemos hecho una mención a las teorías de Joseph Alois Schumpeter que, estudiando los ciclos económicos, ya llegó a la conclusión a principios de 1900 de la imperiosa necesidad de contar con lo que él llamó “destrucción creativa”.
La necesidad de reinventar modelos de negocio y descubrir nuevas maneras de hacerlos está asumida casi mundialmente. Tanto es así, que en España y también en Europa, las instituciones contemplan ayudas y soporte al emprendimiento para sus habitantes. Hemos visto que el emprendedor/a asume una serie de riesgos fruto de su visión de una idea innovadora, un nuevo producto o servicio. Para poder tener éxito en la materialización de su idea son necesarios una serie de elementos mínimos. Estos elementos definirán las posibilidades del éxito de su emprendimiento.
La cultura emprendedora no conoce fronteras y prácticamente cualquier área empresarial o social es candidata a cambios profundos que redefinen su status quo. El motivo es que uno de los principales aceleradores de la innovación es la tecnología. Los cambios de hábitos, de consumo y de relación social que actualmente ampara la evolución tecnológica son un campo de cultivo muy fértil para poder desarrollar nuevos conceptos.
Afortunadamente, la sociedad en la que vivimos cada vez hace más hincapié en el tema social. En este sentido habrás visto ya diferentes asociaciones y agrupaciones que, con recursos limitados, pero haciendo gala de una creatividad inteligente consiguen resultados eficaces.
Proyectos Educativos para Fomentar el Emprendimiento
- El proyecto educativo Enseñar Para Emprender, más conocido como “EPE”, es un proyecto donde los más pequeños y pequeñas se convierten en auténticos protagonistas de la cultura emprendedora. El objetivo es que se conviertan en empresarios y empresarias, de forma ficticia, y aprendan los distintos pasos a seguir para abrir un negocio. De este modo, se impulsa la cultura emprendedora entre la juventud tinerfeña, de manera lúdica, y se inculcan valores como el trabajo, el compañerismo, la solidaridad o la superación personal.
- El proyecto educativo Idéalo está promovido por la Universidad de La Laguna desde su Fundación General, dirigido al profesorado y alumnado de educación secundaria, bachillerato y formación profesional. Asimismo, se plantea como propuesta de apoyo para el desarrollo de la asignatura “Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial” de Educación Secundaria. El objetivo de este proyecto es, por tanto, desarrollar la competencia “Sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor” y competencias digitales en el aula a través del desarrollo de proyectos de empresa innovadores.
Tanto si estás planteandote emprender, como si tu necesidad es aportar visión emprendedora a diferentes colectivos, cualquier ayuda es bienvenida. Podemos empezar atendiendo a jornadas gratuitas para orientarnos y, si ya conocemos algo, pasar a las “píldoras” o cursos especializados que van a permitirnos integrar la cultura emprendedora en nuestra vida. En plena revolución tecnológica y global, la educación y el conocimiento diferenciador se han instalado como el recurso más valioso en las sociedades actuales.
Ante esta situación, muchas instituciones educativas han comenzado a ofrecer un modelo afianzado en valores sólidos, que potencia el aprendizaje continuo, con una actualizada forma de enseñar y que sitúa el talento y es espíritu emprendedor como el eje principal de este nuevo escenario. Pero emprender no siempre es una tarea fácil, y muchas veces la teoría no es suficiente. No sirve de nada contar con una buena idea, si finalmente su ejecución no es del todo buena.
Talento y espíritu emprendedor son los valores diferenciales por los que apostamos en EUDE Business School.
