Lucio Aurelio Cómodo: el ocaso de los Antoninos
Lucio Aurelio Cómodo nació el 31 de agosto del año 161 en Lanuvio, una pequeña población a unas decenas de kilómetros de Roma. Fue el único hijo varón que le sobrevivió a Marco Aurelio, un auténtico pensador filosófico, además de un político firme y victorioso en el campo de batalla. Junto con Calígula, persona simpática y que siempre saludaba, según sus vecinas, Cómodo es el segundo emperador fetiche del que escribe.
Debemos imaginar a un muchacho imberbe, casi púber, al que la vida le cambió por completo aquel 17 de marzo del año 180 cuando su padre, el gran emperador que intentó en vano acrecentar y mantener las fronteras germanas del Imperio luchando contra hordas de marcomanos y otras tribus, murió repentinamente de unas fiebres. Automáticamente, Cómodo se convertía en princeps, la persona que dirigía los designios de un imperio que abarcaba casi toda Europa, Norte de África y Oriente Próximo.
La formación de Marco Aurelio fue especialmente sólida, pues contó con un mentor fundamental: Junio Rústico. Fue este filósofo quien alejó a Marco Aurelio de la retórica que se le había impartido, le enseñó a comunicarse sin florituras en el lenguaje y le mantuvo en el camino de la sencillez. Rústico le enseñó a combatir la ira, pero también que perdonar no significa mostrarse pasivo ante los acontecimientos.
El ascenso al poder y la sombra del padre
Se considera que el periodo de reinado de Cómodo está dividido en dos etapas. La primera va desde el año 176 hasta el 180, en la que gobernó junto a su padre y participó como soldado en la guerra contra los bárbaros. La segunda tuvo lugar entre los años 180, fecha en la que murió su padre, y 192, cuando Cómodo asumió el poder en solitario.
| Periodo | Contexto |
|---|---|
| 176 - 180 d.C. | Co-gobierno con Marco Aurelio. Formación militar. |
| 180 - 192 d.C. | Reinado en solitario. Crisis política y excentricidades. |
Las dificultades golpearon desde el comienzo al joven Cómodo. Acuciado el ejército en la Germania, se vio obligado a firmar un pacto con los marcomanos, hecho este que es muy criticado por Dión Casio, pero que sirvió para que pudiera volver a Roma pronto y hacer frente a los asuntos del Imperio desde la capital. Tras este primer episodio contradictorio, es cuando, según el bueno de Herodiano, este fue, pues, el primer y principal motivo de odio que tuvo el joven contra el Senado. Un Senado que ya no volvería a confiar tampoco en él.
Cómodo excéntrico y psicópata, el escándalo de un césar “gladiador”
Conflictos internos y excentricidades
Comienza entonces una época de rencillas, asesinatos e intentos de acabar con el poder de Cómodo, que tuvo que hacer frente a la figura de Perennio, jefe de los pretorianos. El siguiente personaje inquietante de la lista de «amigos» de Cómodo sería Cleandro, el sustituto de Perennio y que se ganó la antipatía tanto del Senado como del Pueblo de Roma. Este señor se dedicó, en ausencia de Cómodo, a dejar a la población de Roma sin trigo.
Cómodo se enteró de la estratagema y mandó asesinarlo. Este clima hostil no hizo sino agravar el carácter cambiante y las maneras despósticas del emperador. Su enajenación y egolatría llegaron al punto de rebautizar la ciudad de Roma con el nombre de Colonia Commodiana y el nombre de los meses en su honor. Se cuenta de él que luchaba contra gladiadores desarmados y que daba muerte a muchos de ellos, que aniquilaba a lisiados que se arrastraban por las calles de Roma, que mataba animales, torturaba esclavos y celebraba grandes orgías en las que dilapidaba las riquezas del reino.
El final de un reinado oscuro
Las fuentes romanas presentan a Cómodo como un ególatra que rozaba la psicopatía. "Su gran simplicidad, unida a su cobardía, han hecho que sus actos crueles y lujuriosos se hayan convertido en un hábito", decía de Cómodo el historiador Dión Casio. Finalmente, Cómodo moriría el 31 de diciembre de 192 a los 31 años, estrangulado a manos del liberto Narciso, después de que el veneno suministrado por Marcia, su concubina, no surtiera efecto.
Tras su muerte, fue declarado enemigo público y su figura fue sometida a una damnatio memoriae, por la que se destruyeron sus estatuas y su nombre se borró de los registros oficiales. Con él acabó la dinastía de los Antoninos, que había otorgado una larga época de seguridad y prosperidad.
