Enrique Tomás Segarra: Un Legado en el Mundo del Automóvil Valenciano
El tejido empresarial valenciano se ha caracterizado por personalidades que, con esfuerzo y dedicación, han alcanzado el éxito en sus negocios, generando riqueza y empleo. Entre estos empresarios destacados en el sector del automóvil, encontramos a figuras como “Yonchu” Ugarte, Manuel Bertolín, Francisco Gotz, Manuel Catalá y, especialmente, Enrique Tomás Segarra (1938-2021), un empresario automovilístico estrechamente ligado a marcas inglesas como Jaguar, Land Rover y Rover.
Una Historia Ligada al Automóvil Inglés
La historia de Enrique Tomás Segarra es, en gran medida, la historia del automóvil en Valencia y la del automóvil inglés durante los últimos 50 años. Con motivo de su reciente fallecimiento, repasamos su trayectoria profesional partiendo de las muchas conversaciones que mantuvimos en presentaciones, ferias, salones o sobremesas en los que coincidíamos, o conversando en su despacho del Grupo Ibérica; también recuerdo la entrañable relación que mantuvimos con ocasión de la restauración de alguno de los vehículos clásicos.
Conocí a Enrique en 1987, cuando me acercaba a la exposición y el taller de la concesión Británica de Automóviles de la calle Escultor José Capuz para admirar los maravillosos automóviles que se encontraban allí a la venta o para realizar su mantenimiento.
Inicios Modestos y Ascenso Empresarial
Sus orígenes fueron modestos, pues empezó como aprendiz a los doce años en Talleres Plus Ultra. En 1953 Enrique tuvo la ocasión de hacerse cargo del mismo, contando con la inestimable ayuda de su padre, quien le avaló para obtener el capital necesario para reflotar el negocio. El negocio empezó a funcionar, viéndose obligado a mudarse en 1958 a un local más grande, que encontró en la cercana calle de Grabador Esteve, donde instaló la exposición en el número 6 y el taller mecánico en el número 2. Enrique recordaba la fecha exacta en la que empezó a trabajar en estos locales: el 15 de marzo. En 1960 alquiló el emblemático chaflán sito en la vecina plaza de la Porta de la Mar.
Superando Obstáculos en la España de los Años 60
A pesar de su admiración hacia los vehículos ingleses, estos eran escasos y raros de ver por la España de aquellos años, razón por la que Enrique tuvo que adquirir vehículos en las subastas de fraude y contrabando organizadas por las autoridades de Aduanas, que se celebraban por todo el Levante, desde Gerona hasta Cádiz; compraba los coches siniestrados que turistas franceses e ingleses abandonaban tras haber cobrado el seguro. La obtención de los recambios y las piezas de repuesto era complicada, dada la inexistencia de servicios oficiales, por lo que Enrique se veía obligado a viajar con frecuencia, especialmente a Andorra, para comprar esos recambios.
Solían comprar las piezas más normales, un paragolpes o capotas, que era lo que más sufrían los cabriolets y descapotables, como los Triumph Spitfire. Los viajes, recuerda, los realizaba con una furgoneta Citroën 2CV con la que se volvía cargado a Valencia. Dado que muchas veces llegaban en plena noche a Andorra, durante el día le daban las referencias de las piezas que iban a necesitar a su proveedor, quien las compraba adelantando el dinero y las preparaba para que las recogieran al llegar.
Colaboración con British Leyland y Expansión del Negocio
Mención especial merecen los tres años que Enrique asistió al Salón de Barcelona, asistido con una secretaria que ponía British Leyland; en la misma se llegaban a vender en toda España los coches que tenían asignados. El despegue de su negocio comenzó en la década de los años 60 del siglo pasado, de modo paralelo a la transformación que sufrió la poderosa industrial del motor inglesa: en 1965 Enrique contactó con British Motor Corporation (BMC), con oficinas en la Calle Ayala 55 de Madrid, relación que se prolongó con la subsiguiente British Leyland (BL); en 1972, contactó con Standard Triumph, haciendo posible la venta de los Triumph de los célebres TR4 y TR5, coches muy apreciados por el público valenciano.
Otra marca con la que trabajó fue Sunbeam, muy adecuada para la clientela que tenían en Valencia; Enrique recordaba que los primeros cuatro coches que mandaron apenas llegaron a entrar en la tienda de la calle Grabador Esteve, donde poco tiempo después empezó a vender los modelos de la marca Jaguar. También vendieron modelos deI Austin Princess (no había vehículo igual con su relación calidad-precio) y algún Vauxhall. Ello le llevó a fundar en 1972 el emblemático concesionario Británica de Automóviles, que años después instaló su exposición y taller en la calle Escultor José Capuz, esquina con Av. de la Plata (hoy cerradas), donde daban servicio a los exigentes clientes de la marca.
En 1975 entabló relación con Jack Muller, encargado por BL de desmantelar la fábrica que Authi tenía en Landaben (Navarra) y encargado de gestionar la venta y distribución de los recambios que demandaban mensualmente el gran número de Minis existente. Aunque no se llegó a tiempo de vender los Minis, el contacto con Jack le permitió vender todos los coches fabricados por BL que éste la mandara; este quedó impresionado por las condiciones que le ofrecía el mercado valenciano, boyante por su agricultura y por su industria, destacando la del mueble.
Rover y la Importancia de la Satisfacción del Cliente
Una parte importante de la historia de Británica está relacionada con Rover, histórica marca con la que se vinculó en 1975. En 1982, la mayor parte de la división de automóviles de la BL se reagrupó bajo la denominación Austin Rover Group, con Austin actuando como referencia y marca principal de los modelos más lujosos de Rover. MG fue restablecida para las versiones deportivas de los modelos Austin.
Enrique recordaba “en mi época inicial de su relación con Rover, cuando ciertas deficiencias tecnológicas ponían en peligro nuestra capacidad de seguir vivos, instituí la reunión semanal de clientes descontentos. Venían a casa unos cuantos clientes con toda su carga negativa y nos ponían a parir, tras haber desconfiado de todo y de todos. Durante seis meses estuve practicando esas dinámicas de grupo y reembolsando dinero, unos dos millones de la época, para generar un nivel de satisfacción genuino.
Jaguar: Un Hito en la Trayectoria Empresarial
En 1970 fueron nombrados concesionario de Jaguar, siendo la primera concesión de Jaguar que hubo en España; Carlos de Salamanca, era la prestigiosa empresa que importaba para España, entre otras marcas Rolls Royce, Bentley, Jaguar y Daimler, aunque no eran concesionarios de estas últimas. También fue importante la venta de la marca a la multinacional Ford en 1989-90, traducida en un cambio en el diseño de su buque insignia XJ40 respecto a la emblemática berlina XJ Serie III y en una destacada mejora en la calidad de fabricación y acabados. Momento muy importante fue la adquisición en 2007 de la marca por parte del grupo indio Tata, quienes según explicaba Enrique “tendrían todo el dinero que hiciera falta, se les garantizaría la suficiente financiación porque su compañía les iba a adquirir, y porque querían cobrar dividendos. Land Rover está aguantando a Jaguar. El equipo que hay en Jaguar es pequeño, es ágil y con dinero de Tata lo están haciendo muy bien”.
Land Rover y la Expansión del Mercado 4x4
Un capítulo importante en la historia de Enrique y el grupo empresarial que fundó está estrechamente vinculado con la marca Land Rover, cuyos orígenes en España hay que buscarlos en la localidad de Linares (Jaén), donde la Serie II empezó a fabricarse bajo licencia por Metalúrgicas Santa Ana (Santana) desde 1958. Al vender los Jaguar y tener un perfil de cliente alto, los responsables de SANTANA en Valencia pensaron que sería más fácil para él colocarlos. La acogida del Range Rover fue muy buena al existir un tipo de cliente deseoso de acudir a sus cacerías y monterías con un 4×4 que ofreciese el confort y prestaciones de una berlina de lujo.
“Y a partir de ahí, fuimos el primer concesionario en España que empezó a vender Range Rover de la mano de Austin Rover” recordaba Enrique. Y a partir de ahí entró toda la gama de Range Rover y se vincularon las dos fábricas, Land Rover y Jaguar. A partir de entonces las cosas fueron rodando mejor. Las oportunidades de negocio llevaron al Grupo Ibérica a ampliar la cartera de marcas con las que trabajan, siendo en la actualidad concesionario de Hyundai. Durante la larga trayectoria del grupo, ha sido extenso el catálogo de marcas que han representado: VOOK (coches seminuevos), Mazda, Chevrolet, Subaru, Jeep, Dodge, Chrysler, LTI o incluso Ferrari, Rolls Royce y Bentley.
En relación a esta dos últimas marca, en noviembre de 1995, coincidiendo con el cambio de distribuidor de Rolls-Royce y Bentley para España, pasando de Carlos de Salamanca a Royal Crown Motor, se anunció la inauguración de un exclusivo punto de venta en Valencia: Británica.
Una parte, no menos importante pero no tan conocida, fue la comercialización de las carretillas elevadoras y las cabezas tractoras de camión Leyland, Beaver, Hippo, que gustaban mucho a los pescaderos, especialmente a los de Gandía y Castellón, que era donde funcionaba; Enrique explica que “para estas marcas éramos toda la provincia, Valencia, Castellón y Alicante”. En Alicante eran sus agentes, pero finalmente a Felipe, que era colega de toda la vida, se le dio la concesión, y Castellón igual.
Obsesión por la Calidad y Herramientas de Vanguardia
La obsesión de Enrique por el trabajo bien hecho le llevó a buscar siempre las mejores herramientas del mercado, como nos explica “nunca he comprado un traje para mí, no me hacía ilusión, lo que quería era tener la mejor herramienta del mercado, como las Facom que eran las herramientas básicas manuales, junto con los cerebros electrónicos que hacen barbaridades; eso es lo que yo quería siempre, herramienta y utillaje, lo mejor….” Cuando no había herramientas, no les tocaba más remedio que fabricárselas, como cortafríos, a partir de muelles que había que cortar y afilar; o bandejas para evitar que las herramientas se cayeran al suelo desde el capó al acelerar un motor. Muchos de los vehículos han sido restaurados por personal especializado del grupo, con un alto nivel de calidad.
Un Legado Familiar
La trayectoria empresarial de Enrique se ha podido consolidar gracias a la incorporación de sus hijos Enrique, María Emilia y Noelia al negocio, donde asumen tareas directivas en los concesionarios del grupo. Reflexionaba “si ahora tuviera que hacer todo esto de nuevo, no lo haría”, aunque reconoce “hemos tenido el santo de cara, y suerte toda la del mundo, y vicisitudes importantes, ninguna”.
