Alfred Marshall: El Empresario y la Transformación Económica del Siglo XIX
Alfred Marshall (1842-1924) es una figura clave en la historia del pensamiento económico, y su visión del empresario es un componente esencial de su teoría. Este artículo explora cómo Marshall entendía el papel del empresario en la economía, su influencia en la economía inglesa y su legado en la teoría de la empresa. El estudio de la teoría económica de Alfred Marshall y su visión del empresario se basa en varios aspectos fundamentales. Se comienza con la base antropológica de la visión marshalliana de la Economía, y qué concepto de hombre manejaba. Una vez asentado ese principio, podremos examinar qué finalidad atribuye Marshall a la actividad económica del grupo empresarial. El siguiente paso lógico será analizar cómo eran los empresarios de su época y cómo los veía él.
Alfred Marshall nació en Londres, Reino Unido, el 26 de julio de 1842, hijo de un trabajador del Banco de Inglaterra. Cursó estudios en la Merchant Taylor’s School y luego en el St. John’s College de Cambridge, graduándose en 1865 como licenciado en matemáticas. Posteriormente estudió ciencias sociales y economía política.
Ascenso Social y Contexto Económico
La metamorfosis de Marshall, que pasó de ser un estudiante pálido, nervioso, mal alimentado y mal vestido a ser profesor en Cambridge fue tan sorprendente como la del héroe dickensiano Pip. Tímido y sin demasiados amigos, Marshall resultó ser un genio para las matemáticas, materia que su padre despreciaba. Su segundo puesto en los exámenes de Cambridge conocidos como “Tripos de Matemáticas” le supusieron 5.000 libras (aproximadamente 500.000 dólares actuales) y un puesto vitalicio de fellow. Esto le dio derecho a vivir en el propio college y a recibir una remuneración de otras 2.500 libras por dar clases y preparar a los estudiantes.
A mediados de la década de 1860 (quiebra de la compañía Overend&Gurney: pánico financiero 1866) se produjo una importante crisis y depresión económica que en opinión del director del periódico Daily News, Robert Giffen, estaba afectando mayoritariamente a personas que habían trabajado, habían conseguido ahorrar y habían respetado la ley, y en algunos casos incluso habían hecho significativas aportaciones a instituciones benéficas. Casi de repente las construcciones marítimas y terrestres y una serie de quiebras dejaron a miles de personas sin empleo.
En enero de 1867 Florence Nightingale escribía:
“No es solo que hay 20.000 personas sin empleo en el East End, como han recogido todos los periódicos. Es que, en cada parroquia, los registros de la Ley de Pobres registran dos y hasta cinco veces más nombres de lo habitual. Es que todos los hospicios están funcionando como hospitales. Es que las escuelas se caen de viejas, no pueden dar una comida al día y corren el peligro de cerrar.”
John Ruskin, un historiador del arte bastante popular durante la época, se refería a la economía política como “esa ciencia bastarda”. Es más, tras una huelga de albañiles en 1869 manifestó: “Los economistas políticos son inútiles… y prácticamente mudos; no pueden ofrecer ninguna solución demostrable contra las dificultades, nada que pueda convencer o calmar a las partes en conflicto.”
Durante la década de 1860, socialistas y comunistas empezaron a abanderar propuestas para revertir la situación socio-económica. En principio, ser socialista implicaba cierta preocupación por las reformas sociales y/o la pertenencia a alguna asociación de cooperación comunitaria. Por su parte, la etiqueta de comunista se aplicaba a cualquiera que creyera que la única vía para reformar la situación consistía en derribar el sistema capitalista basado en la propiedad privada y la competencia. Desde el poder, ante la ausencia de soluciones económicas se optaron por reformas sociales. La Ley de Reforma de 1867 convirtió a Inglaterra de facto en una democracia: multiplicó por dos el electorado al hacer extensivos los derechos de sufragio a unos 888.000 varones adultos, la mayoría artesanos y tenderos, que pagaran como mínimo 10 libras al año en alquileres o en impuestos sobre la propiedad.
La ley introdujo a las clases trabajadoras en el sistema político y consolidó la idea de que la democracia era la única forma de gobierno aceptable. Todavía era una democracia imperfecta ya que más de tres millones de operarios fabriles, obreros de la construcción y jornaleros agrícolas y toda la población femenina no podían votar. Con la extensión del sufragio a los varones de clase trabajadora, los partidos políticos empezaron a cotejar el voto obrero. Sin embargo, siempre que se planteaba una reforma (por ejemplo, el aumento salarial a los jornaleros agrícolas o la asistencia para pobres), se recurría a la economía política para alegar que un aumento salarial o cualquier tipo de cambio frenarían el crecimiento económico.
El propio Mill -miembro del partido radical, socialista y defensor del derecho obrero a sindicarse y realizar huelga- veía negros nubarrones, al igual que Ricardo o Marx, para las clases trabajadoras. Las razones del pesimismo de Mill se apoyaban en su teoría del “Fondo de Salarios”. Según esta teoría, la cantidad de recursos disponibles para pagar los salarios es finita. Esto implica que cuando este fondo se agota, no hay forma de incrementar el nivel de los salarios. Si un grupo de trabajadores podía obtener salarios más altos, era a costa de que el resto de trabajadores cobrara salarios más bajos. Si los sindicatos conseguían un aumento salarial que superase el nivel marcado por el fondo de salarios, el resultado sería más desempleo. Si el Estado intervenía imponiendo impuestos a los ricos para subvencionar los salarios, la población trabajadora aumentaría. Esto produciría más desempleo y una subida fiscal aún mayor. Además, el recurso a los impuestos para subvencionar los salarios reduciría la eficiencia de la mano de obra, ya que eliminaría la competencia y el temor al desempleo. Mill advirtió que, al final, los impuestos para apoyar a los pobres absorberían la renta total de un país.
Sin embargo, el desarrollo del ferrocarril, el barco a vapor y el telar mecánico mostraban que la sociedad estaba muy lejos de alcanzar los límites naturales del crecimiento. De hecho, los salarios medios estaban subiendo y los emigrantes estaban prosperando (en particular en EEUU). Además, una clase media formada por artesanos cualificados y empleados administrativos estaba ascendiendo socialmente en la propia Inglaterra. Los economistas y la sociedad en general se preguntaban si existía algún mecanismo capaz de elevar el nivel salarial que permitiera llevar una vida de clase media. E igualmente ansiaban saber qué tipo de reformas podían introducirse para mantener la estructura social de la época.
Marshall y el Estudio de la Pobreza
En este contexto, Alfred Marshall, un joven matemático menor de 25 años -fellow del Saint John’s College de Cambridge- decidió adoptar la pobreza como tema de estudio tras el pánico financiero de 1866. De vuelta a Cambridge en octubre de 1867, Marshall recibió el inestimable apoyo intelectual de Sidgwick que le permitió abrirse a los avances de la metafísica alemana, la biología evolucionista y la psicología. A Marshall le interesaba sobremanera la idea hegeliana de que las personas deben actuar según su conciencia y no por una ciega obediencia a la autoridad.
Los cursos de Marshall se centraban en la paradoja y problemática que absorbía el pensamiento de la sociedad de entonces: la existencia de la pobreza en medio de la abundancia. Planteaba sus clases a base de preguntas: ¿por qué la Revolución Industrial no había liberado a las clases trabajadoras de la miseria y el vicio? ¿Qué grado de mejora era posible introducir manteniendo la estructura social existente, basada en la propiedad privada y la competencia? Marshall, al igual que Mill, pensaba que la Revolución Industrial no le había proporcionado las condiciones materiales necesarias para llevar una vida mejor. “Uno pensaría que nuestro rápido avance en la ciencia y las artes de la producción debería haber evitado en gran medida el sacrificio de los intereses del trabajador en aras de los intereses de la producción. […] Y no ha sido así”.
Marshall afirmaba que la causa principal de la pobreza eran los bajos salarios, pero ¿qué hacía que los salarios fueran bajos? Los radicales pensaban que la culpa era la codicia de los empresarios, mientras que los malthusianos lo atribuían a las debilidades morales de los pobres. Marshall apuntó una respuesta diferente: la baja productividad. Los argumentos de Marshall se basaban en que los trabajadores cualificados estaban ganando dos, tres y hasta cuatro veces más que los trabajadores no cualificados (esto echaba por tierra las previsiones marxistas, para quienes un sistema competitivo haría converger en un nivel próximo al de subsistencia los salarios de los obreros cualificados y no cualificados).
El hecho de que los empresarios pagasen más a las personas con mejor formación o experiencia implicaba que los salarios dependían de la aportación del trabajador al rendimiento real. Dicho de otra forma, si la tecnología, la educación y las mejoras organizativas incrementaban la productividad, los ingresos de los trabajadores también subirían y por consiguiente reducirían sustancialmente la pobreza. Para Marshall la reducción de la pobreza requería ampliar la producción y aumentar la eficiencia; es decir, exigía crecimiento económico. Lo que hacía falta era fomentar la actividad y la iniciativa en lugar de resignarse. En otras palabras, “el mejor remedio contra los salarios bajos es una mejor educación”. Marshall veía la educación como un instrumento crucial en la lucha contra la injusticia social.
“Educar (en el sentido más general) a los trabajadores ineficaces o no cualificados para que dejen de serlo. Por otra parte, si el número de trabajadores sin cualificar disminuyera, quienes desempeñaran trabajos sin cualificación tendrían que ser remunerados con buenos sueldos. Si la producción total no aumenta, estos sueldos adicionales tendrían que financiarse a costa del capital y de la remuneración de otros trabajos de mayor categoría. […] Pero si la disminución de la mano de obra no cualificada se consigue aumentando la eficacia de la misma, la producción aumentará, y habrá un fondo más amplio para repartir”.
Asimismo, no se oponía a los sindicatos ni a algunas reformas bastante radicales, como la reforma del sistema de propiedad de la tierra o la introducción de impuestos progresivos. Simplemente, señalaba que ninguna de estas medidas podía producir “más medios de sustento”. Para ello hacía falta “competencia”, tiempo y la cooperación de todos los estamentos de la sociedad, el Estado y los propios pobres. Al igual que otros admiradores del libro de Mill “El sometimiento de las Mujer” (1869) consideraba que las mujeres ilustradas constituían un agente de cambio social importantísimo. Marshall era muy sensible a las dificultades de las mujeres que no podían desarrollar su intelecto y lamentaba que la sociedad se perdiera sus talentos. En este sentido, impartía clases universitarias para mujeres, aceptaba supervisar sus exámenes gratuitamente e incluso financiaba de su propio bolsillo un concurso de artículos de economía para estudiantes femeninas.
La Influencia de la Calidad Empresarial
Marshall analizó la influencia de la calidad empresarial en el declive relativo de la economía inglesa entre 1870 y 1914. También examinó su organización interna y las relaciones con las asociaciones sindicales, así como los condicionamientos que impusieron algunos factores, como el tamaño de las empresas. Trataremos de formalizar una tipología de caracteres empresariales de acuerdo con la óptica marshalliana.
En la parte fundamental del trabajo se trata de ordenar y dar sentido a las observaciones que realiza sobre la actividad de los empresarios. La naturaleza dual del pensamiento marshalliano encuentra su reflejo en esta distribución.
Aspectos Incorporados a la Teoría Económica
En el segundo capítulo se abordan aquellos aspectos que han quedado incorporados a la teoría económica. Son los que podemos encontrar en cualquier manual de Economía. Tienen en común un enfoque mecanicista recibido por Marshall de la tradición inglesa que se refleja en la incorporación del empresario como cuarto factor de la producción, sometido a las mismas reglas impuestas por el mercado.
El Empresario en la Teoría de la Empresa
En el tercer capítulo, el punto de vista es el empresario en la teoría de la empresa o de las organizaciones. Más relacionado con conceptos biologistas y marcado por la influencia alemana, recoge aquellos aspectos que han encontrado su acomodo en los programas de estudios de las escuelas de negocios.
Para resumir, la visión de Marshall sobre el empresario es multifacética y abarca desde su papel como factor de producción hasta su influencia en la organización y el crecimiento de la empresa. Marshall había conseguido demostrar por qué el mercado laboral no siempre posibilita salarios justos y por qué la actividad de los sindicatos puede traer más eficacia, además de equidad.
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Viaje a Estados Unidos y Observaciones sobre el Espíritu Empresarial
Marshall quería saber adónde llevaba el crecimiento industrial y la globalización del comercio y por esa razón viajó a los EEUU. En el país norteamericano visitó iglesias, salones de tertulia (sobre todo en Boston), discutió con destacados intelectuales norteamericanos, se interesó por las comunas de los shakers (los discípulos de Robert Owen, en Nueva Inglaterra)… pero sobre todo se dedicó a recorrer fábricas de este a oeste. De hecho, usó la recién estrenada línea ferroviaria transcontinental (Union Pacific) para llegar a San Francisco.
Marshall se sorprendió de la facilidad del estadounidense para abandonar a su familia y amigos y trasladarse a otra ciudad, cambiar de ocupación y de negocio o incluso adoptar otras maneras de hacer las cosas. “Si alguien empieza en el negocio del calzado, y no gana dinero cuando cree que debería, puede pasarse, por ejemplo, durante unos años, al comercio de comestibles y luego al de libros o al de relojes o al de cereales”. De todas las instituciones sociales, la empresa era la más importante y la que más influía en la mentalidad de los norteamericanos. La empresa no era solo la principal creadora de riqueza de EEUU, sino el agente de cambio social más importante y un incentivo muy fuerte para las personas con talento.
Una de las cosas que más impresionó a Marshall en sus viajes por las fábricas fue el hecho de que los gerentes estuvieran introduciendo continuamente pequeñas mejoras y que los trabajadores también trataran de adquirir habilidades útiles y buscar mejores oportunidades. Unos y otros parecían obsesionados con sacar el máximo partido de los recursos a su alcance. También apreció la independencia de los jóvenes: “Los muchachos norteamericanos […] detestan ser aprendices. […] En general, el mero hecho de verse atados a un oficio en particular basta para inspirar en la juventud norteamericana la idea de que en cuanto puedan se dedicarán a otra cosa”. La ausencia de rígidas distinciones de clase era otra de las cosas que le gustaban.
Marshall estaba especialmente interesado, no tanto en los avances materiales y tecnológicos, sino más bien en sus consecuencias sobre el comportamiento y el pensamiento de las personas. ¿Hasta qué punto las decisiones individuales podían contribuir al bien social? Para contestar a esta pregunta, Marshall distinguió entre dos tipos de educación moral. Una era la propia de Inglaterra, es decir, según él, “la formación pacífica del carácter, en armonía con las condiciones que lo rodean, de manera que una persona […] sin hacer un esfuerzo moral consciente, se ve impelida en una trayectoria que armoniza con las acciones, las simpatías y los intereses de la sociedad en la cual desarrolla su vida”. En Estados Unidos, en cambio, la movilidad había creado una segunda vía para la evolución moral: “la educación de una voluntad firme por medio de la superación de las dificultades, una voluntad que somete...
La Nueva Teoría Económica de Marshall
En definitiva, Marshall estaba apuntalando las bases de su nueva teoría económica, que se apartaba de las doctrinas liberales de Smith, Ricardo o Mill, pero también del cada vez más influyente Marx. Pensaba que el principal error de los economistas anteriores había sido ignorar que el hombre es hijo de las circunstancias y que, si las circunstancias cambian es probable que el hombre también cambie: “En mi opinión, en el mundo hay pocas cosas que encierren una mayor capacidad poética que la tabla de multiplicar. […] Si podemos hacer crecer el capital mental y moral a un ritmo anual determinado, no habrá límite en los avances que se podrán obtener; si podemos insuflarle la fuerza vital que permitirá aplicar la tabla de multiplicar, será una pequeña semilla que irá creciendo hasta convertirse en un árbol de altura colosal”. Sin embargo, negó que la economía política pudiera orientar decisiones basadas en principios morales, ya que esto era tarea de su hermana, la ciencia de la ética. En uno de sus artículos para el Bee-Hive aseguró: “Se comete un abuso contra la economía política cuando se le pide que sea una guía para la vida. Cuanto más la estudiamos, más vemos que hay circunstancias en las que el interés material de una persona no se sitúa en la misma línea que el bienestar general”.
Biografía y Carrera Académica
Alfred Marshall (26 de julio de 1842-13 de julio de 1924) Economista británico nacido en Londres. Es considerado uno de los economistas más influyentes y relevantes de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se licenció en matemáticas en 1865 y fue profesor de la Balliol College de Oxford (1883-85) y de la Universidad de Cambridge (1885-1908). Durante sus años como docente, convirtió a Cambridge en la facultad de economía más importante del habla inglesa. Entre sus discípulos sobresalen Arthur Pigou y John Maynard Keynes.
En 1865, empezó como tutor en el mismo St John's College, Cambridge y, posteriormente, en 1868, como profesor de ciencias morales. Cuando se casó con Mary Paley, en 1877, tuvo que dejar St John's College, Cambridge por las entonces normas de celibato de St. John's, y se trasladó a la University College, en Bristol en Gales, posteriormente la universidad de Bristol. Inició su trayectoria económica basándose en muchas de las ideas de Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill y Thomas Robert Malthus y luego las contribuciones de la utilidad marginal de Leon Walras. Su labor docente estuvo influenciada por las teorías de John Stuart Mill, David Ricardo y los estudios del marginalismo, especialmente la obra de Léon Walras y Carl Menger.
Concilió las teorías ricardianas con las desarrolladas por la escuela austriaca. Además, consiguió sistematizar las teorías económicas clásicas derivadas del historicismo alemán, el socialismo y el marginalismo (síntesis neoclásica). Su obra apelaría a las investigaciones y teorías económicas desarrolladas por Thomas R. Malthus, Adam Smith, Ricardo y Mill, entre otros.
Marshall trabajó como director del University College de Bristol hasta 1881. En el trascurso de esos años tuvo como discípulos a los economistas más destacados de la época, entre estos Keynes y Pigou. Fue este periodo de actividad pedagógica que introdujo los conceptos de utilidad marginal, organización industrial y excedente del consumidor, desarrollados en su obra Principios de economía, publicada por primera vez en 1890.
Obras Clave y Aportaciones
En 1879, publicó The Pure Theory of Foreign Trade (La teoría pura del comercio internacional) una serie de artículos sobre el comercio internacional y sobre los problemas del proteccionismo. El mismo año, durante su estancia en la universidad de Bristol, publicó The Economics of Industry (Las económicas de la industria) conjuntamente con su mujer, Mary Paley Marshall, un análisis nuevo de la microeconomía. Con su pasado y conocimientos en las matemáticas, fue uno de los impulsores iniciales del rigor matemático en las económicas. No obstante, no quiso que este impulso cause el alejamiento entre las económicas y el pueblo y, en 1890, publicó Principles of Economics (Principios de la Economía), habiendo trabajado sobre esta obra desde 1881, y donde aglutinó muchas de las ideas que desarrolló durante su carrera. Este libro se convirtió en el principal libro de texto durante muchos años.
En Principios de Economía, Marshall ahonda sobre los conceptos de la economía clásica, tales como, riqueza, trabajo, capital y producción. También analiza el funcionamiento de los mercados (análisis de oferta y demanda), introduciendo su teoría del equilibrio general. Asimismo, estudió los costes de producción en relación con la demanda a corto y largo plazo, planteando que el nivel apropiado de producción es el que le permite a la empresa recibir mayores beneficios. También introdujo entonces los conceptos de elasticidad de la demanda, bien complementario y bien sustitutivo, cuasirrenta y economías internas y externas al estudio de los mercados.
A finales de los setenta y con ayuda de su esposa, Mary Paley, publicó Economies of Industry (1879). Ya en 1890, vería la luz su ya mencionado Principios de economía, obra que fue revisada y actualizada en más de ocho ocasiones. Posteriormente publicó Industria y comercio (1919) y Moneda, crédito y comercio (1923). En la primera analiza los problemas ligados al costo de producción y en la segunda estudia los problemas relacionados al crédito y la moneda, como lo infiere su nombre.
Su obra impulsó el desarrollo de la literatura económica e influyó en la manera en cómo se entiende la economía en la actualidad. Sus aportes en este campo llegaron a Estados Unidos y el resto de Europa. Alfred Marshall falleció el 13 de julio de 1924 en Cambridge, a los 81 años de edad.
Tabla: Aportaciones Clave de Alfred Marshall a la Economía
| Concepto/Teoría | Descripción Breve |
|---|---|
| Oferta y Demanda | Análisis fundamental del funcionamiento de los mercados y determinación de precios. |
| Elasticidad de los Precios | Medida de la sensibilidad de la demanda u oferta a los cambios en el precio. |
| Utilidad Marginal | Concepto de la satisfacción adicional que obtiene un consumidor al consumir una unidad más de un bien. |
| Equilibrio General | Análisis de cómo todos los mercados interactúan y alcanzan un estado de equilibrio. |
| Costes de Producción | Estudio de los costes a corto y largo plazo y su relación con la demanda. |
| Empresario como Factor de Producción | Consideración del empresario como un elemento esencial junto a tierra, trabajo y capital. |
| Economías Internas y Externas | Ventajas o desventajas que una empresa o industria experimenta debido a su tamaño o al entorno. |
| Bien Complementario y Sustitutivo | Análisis de la relación entre diferentes bienes en términos de consumo. |
