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Comunicación

El origen y evolución del interés por la función empresarial en la ciencia económica

by Admin on 26/05/2026

Actualmente, en las noticias económicas de cualquier país, desarrollado o emergente, encontramos numerosas referencias sobre los empresarios, el emprendimiento, las startups, los business angels, las rondas de financiación de nuevos proyectos empresariales o las políticas públicas de promoción empresarial. Igualmente, son frecuentes las opiniones en el ámbito de la política y los negocios, sobre la incuestionable importancia de los empresarios en el crecimiento económico, en la creación de empleo y en la generación de la riqueza de las naciones.

Sin embargo, es algo extraño y sorprendente que no encontremos explicaciones sobre qué consiste la actividad empresarial, la naturaleza de las decisiones empresariales, la aportación de los empresarios al crecimiento económico, el carácter y la cuantificación de la retribución empresarial o los factores que inciden en que aparezcan más empresarios en los manuales de Economía. Este tratamiento anómalo, dado a la función empresarial por la teoría económica comúnmente aceptada, ha sido repetidamente denunciado por relevantes autores.

Esta indiferencia generalizada contrasta con el amplio alcance de las obras donde aparecen propuestas sobre la importancia de la actividad empresarial. A lo largo de la historia de las ideas económicas, reconocidos economistas han tratado la función empresarial como tema de análisis relevante y, entre ellos, cabe destacar a Jean-Baptiste Say, Alfred Marshall, Frank H. Knight o Joseph A. Schumpeter.

Richard Cantillon, el genio olvidado

Tradiciones y enfoques de la función empresarial

La literatura ha organizado estas aportaciones en diversas tradiciones y escuelas:

  • La tradición francesa (Cantillon-Say) distingue la remuneración de la actividad empresarial, por actuaciones de diversa naturaleza (desde asumir riesgo hasta coordinar recursos), de la retribución del capital.
  • La tradición de Chicago (Knight-Schultz) enfatiza la habilidad del empresario para tratar con el desequilibrio y la incertidumbre.
  • La tradición alemana (Thünen-Schumpeter) convierte al empresario en la persona causa del desarrollo económico a través de la innovación.
  • La tradición austríaca (Mises-Kirzner) vincula el ejercicio de la actividad empresarial con el descubrimiento de oportunidades de beneficio.

Un gran número de estas propuestas han partido de considerar la función empresarial como un factor de producción más y, en ocasiones, algunos autores han estimado que la actividad de los empresarios, su vinculación a diferentes acciones productivas y su retribución económica estaban sujetas a las mismas leyes que cualquier otro factor y debían analizarse con las mismas herramientas que estos: la oferta y la demanda.

El mercado de empresarios: Un concepto esquivo

Esta idea del mercado de empresarios no ha sido recogida en los trabajos de referencia sobre el pensamiento histórico de las teorías del empresario. Sin embargo, hemos encontrado tres contribuciones -Say, Marshall y Knight- que proponen un mercado de empresarios. Este estudio aborda el uso del mercado, dentro de la ciencia económica, para explicar la actividad empresarial. Para ello explora la manera en que diferentes lenguajes y conceptualizaciones de un mercado de empresarios han aparecido a lo largo de la historia de la ciencia económica.

Pocas investigaciones han hecho referencia al mercado de empresarios en la historia del pensamiento económico. Steiner (1997, p. 614) señaló su uso por parte de Say, aunque no se adentró en ningún tipo análisis, y Zaratiegui (2002, pp. 44-51) examina el caso de Marshall en un trabajo general sobre el pensamiento económico del autor británico. No hemos encontrado en la literatura ninguna investigación sobre el mercado de empresario en la obra de Knight.

El objeto de este trabajo consiste en analizar el particular y reiterado intento de introducir al empresario en la actividad económica a partir de la idea de que es un factor de producción y su retribución y asignación se determina en el mercado de empresarios. Sobre la base de un análisis de las distintas tradiciones y contribuciones realizadas a lo largo de la historia de la ciencia económica, encontramos que la indiferencia generalizada contrasta con el amplio alcance de las obras donde aparecen las propuestas sobre el análisis del mercado de empresarios, como son los escritos de Say, Marshall y en menor medida Knight. Este estudio aborda el uso del mercado, dentro de la ciencia económica, para explicar la actividad empresarial. Se analizan los casos de J.-B. Say, de Alfred Marshall y de Frank Knight.

La empresa a través de la historia: de unidad de producción a ente complejo

En el sistema económico imperante, la empresa es, junto con los consumidores y el Estado, uno de los tres agentes de la actividad económica. Aunque es ahora cuando la empresa ha adquirido su significado más completo, lo cierto es que esta figura empresarial ha existido desde hace mucho tiempo.

Orígenes y desarrollo temprano

Los siglos XVII y XVIII serán recordados como aquellos en los que se instauró el capitalismo mercantil, el cual tenía su principal razón de ser en el comercio como actividad económica básica. Además, fue en esta época cuando se desarrolló fuertemente la actividad bancaria, la cual basaba su actividad principal en financiar las campañas bélicas de las potencias de la época. Las Compañías de las Indias son las primeras sociedades comerciales de las que se tiene noticia.

El derecho romano incluía el llamado «contrato de sociedad». Sin embargo, las sociedades, en la realidad, no diferenciaban lo personal de lo empresarial. Por otro lado, en la Edad Media, tenemos algunos ejemplos, como las «Societas Maris» o la collegantia de Venecia. Estas asociaciones diferenciaban entre el socio gestor y el socio capitalista.

La era de la Revolución Industrial

En el siglo XIX los sistemas económicos se dejaron llevar por los efectos de la Revolución Industrial gestada durante el siglo anterior. Esta impulsó un tipo de actividad económica no tan simple como la anterior, sino muchísimo más compleja. Las fábricas supusieron una transformación total de los procesos productivos de la época. El trabajo se volvió más mecánico que manual y eso trajo consigo la necesidad de cada vez más operarios en las empresas. Los pequeños talleres artesanos fueron desapareciendo poco a poco y su actividad se trasladó a las propias fábricas.

Con el desarrollo del capitalismo, también vino el de las formas de asociación empresarial. Aunque siguieron existiendo los empresarios individuales o formas solidarias con socios, aparecieron las sociedades colectivas, de responsabilidad limitada y anónimas. Podemos destacar dos de ellas: la de responsabilidad limitada y la anónima. La primera es la opción más habitual en sociedades de pequeño tamaño.

El siglo XX y la empresa moderna

A partir de principios del siglo XX la producción deja de ser la única preocupación de las sociedades. En este contexto, la empresa deja de ser exclusivamente una unidad de producción para convertirse en una unidad financiera y de decisión. Las necesidades de capital trajeron consigo el desarrollo del crédito bancario.

La era tecnológica tuvo uno de sus principales puntos de inflexión en los años noventa, con la aparición de Internet. A su vez, supuso un cambio de paradigma para el mundo empresarial. Esta era digital dio lugar a cambios trascendentales en las relaciones empresariales. En el aspecto laboral, la posibilidad de trabajar a distancia permitió el crecimiento del teletrabajo.

Richard Cantillon: La empresa y los empresarios

El Essai sur la nature du commerce (1755) de Cantillon abre una teoría de aproximación a la función empresarial que ha servido de referencia en casi todos los estudios posteriores. Este banquero, que desarrolla su actividad profesional en la Europa continental previa a la Revolución Industrial, observó principalmente una actividad económica agrícola y comercial. En su estructura teórica considera que la tierra es la fuente o materia de donde se extrae la riqueza, mientras que el trabajo es la forma de producirla.

De esta visión bipartita de los factores productivos, extrae tres agentes que obtienen ingresos del proceso productivo: los propietarios, los contratados y los empresarios. Así, por primera vez, el empresario aparece como un criterio de clasificación de la actividad económica individual y también como una función necesaria para la producción, junto a la tierra, el trabajo y el capital. La aparición del capital en la obra de Cantillon guarda más relación con los recursos monetarios necesarios para desarrollar la actividad empresarial, de ahí que considere que el residuo de la actividad empresarial toma forma de beneficio si el empresario dispone de sus propios recursos financieros o de interés si estos recursos deben ser pedidos a préstamo. Esto supone que la figura del entrepreneur en Cantillon, en cierta medida, aúna la propia función empresarial y la propiedad del negocio, dado que los bienes de capital en el sentido que hoy damos a los mismos rara vez aparecen en el Essai.

El capítulo decimotercero de la primera parte, titulado «La circulación y el trueque de bienes y mercaderías, lo mismo que su producción, se realiza en Europa por empresarios a riesgo suyo», tiene una extraordinaria importancia en nuestro objeto de estudio. Aquí la producción viene determinada por la toma de decisión de los empresarios, quienes establecen los niveles de producción persiguiendo un beneficio residual, definido como la diferencia entre los costes conocidos y los ingresos inciertos, que determinará su continuidad en el negocio. Una incertidumbre estructural impide conocer tanto la demanda total como la particular de cada productor.

Por un lado, la respuesta a esta situación es el comportamiento adaptativo de los empresarios que permite calcular (con la ayuda del coste de oportunidad) y modificar la producción hasta que esta alcance la combinación satisfactoria para cada circunstancia. Por otro lado, el empresario desempeña un papel esencial en el desequilibrio entre el valor y el precio. La actuación con el fin de apropiarse de esa diferencia convierte al empresario en el motor del comercio porque busca beneficios en el mercado a través de las diferencias de precios, de la estimación de la demanda y de la exploración del entorno. El mercado es, por tanto, el efecto de la actuación empresarial y también su causa.

El mercado es un mecanismo de reparto que también delimita la cantidad de empresarios y su remuneración en cada lugar. El ajuste se realiza de acuerdo con la captación de oportunidades de beneficio por parte del empresario y a la aparición de pérdidas por el descenso del precio de los bienes. Estas oportunidades dependerán del nivel de gasto total de la economía que es finalmente la condición de la cantidad de empresarios existentes. En la descripción de este proceso dinámico, es apreciable la confusión entre empresa y empresario porque, para Cantillon, toda decisión sobre la cantidad a producir implica resultados inciertos y, en consecuencia, el ejercicio de la actividad empresarial. En todo caso, el autor únicamente pone de manifiesto la existencia de un límite a la cantidad de recursos necesarios para la economía, también en el caso del empresario.

En definitiva, la obra de Cantillon presenta una actividad económica orientada hacia el mercado. Pero tan solo será el primer paso de un proceso intelectual más extenso. Como señala Polanyi, una economía de mercado necesita abarcar todos los elementos de la producción, aplicando el concepto de mercancía a los recursos necesario para la producción. No es el caso de Cantillon, ni tampoco el de Adam Smith. Habrá que esperar al inicio del siglo XIX para que Say presente un mercado que abarque toda la esfera de la producción, desde los productos hasta los recursos.

Jean-Baptiste Say: El mercado de servicios empresariales

Es necesario comenzar recordando que Say ejerció la actividad empresarial. Como es sabido, tras su expulsión del Tribunat por sus ideas contrarias al intervencionismo napoleónico y hasta que volvió a Paris en 1813, adquirió maquinaria inglesa fiscalizada en aduanas y desarrolló en Auchy un establecimiento algodonero del que dependían casi quinientas familias de esta localidad. Por lo tanto, la obra de Say es fiel reflejo de una incipiente revolución industrial que ha introducido mayoritariamente la maquinaria en el proceso de producción y que ha convertido al capitalista en el grupo social de referencia en las sociedades avanzadas.

La obra de Say supone una ruptura con el concepto tradicional de producción. Para este autor francés, todos los recursos productivos son objetos de un derecho de propiedad -de carácter absoluto, exclusivo y perpetuo- que otorga a su titular la libertad total de su uso y la garantía de sus frutos. Esta utilidad que los fondos generan para la producción pasa a ser una mercancía que, bajo el término servicio productivo, puede ser objeto de intercambio. Sus propietarios son respectivamente el capitalista, el terrateniente y el hombre industrioso, aunque este último puede diferenciarse en sabio, empresario y obrero porque la actividad humana en la producción siempre implica tres operaciones: la generación del conocimiento, su aplicación y la ejecución de tareas. Por lo tanto, el servicio empresarial consiste en la gestión del conocimiento para la creación de mercancías.

Tanto los bienes y servicios finales como los recursos necesarios para la producción tienen utilidad y por lo tanto un valor determinado por el mercado. En los páginas dedicadas al beneficio, Say siempre describe cinco mercados de servicios productivos para explicar la determinación de los precios de los recursos. Los propietarios de fondos rehúsan asumir la incertidumbre de su uso a cambio de un ingreso seguro y el empresario requiere factores para la producción. La diferencia residual entre el pago de los recursos (revenue) y el ingreso obtenido por el empleo de cada uno, denominado beneficio, conforma la retribución del empresario. El incierto salario del empresario es también el precio del servicio empresarial y está regulado, como el de todas las mercancías, por la relación entre la oferta, o cantidad del servicio empresarial en la circulación, y la demanda o deseo del objeto: «El precio de su trabajo se rige por la relación existente entre la cantidad solicitada de ese tipo de trabajo y la cantidad ofrecida.»

Evolución de la función financiera: Un complemento necesario

La función financiera tiene un origen contable, pues nace asociada al apunte monetario de las transacciones de la empresa que se remonta a finales del siglo XIV. Para entender la evolución de la función financiera durante su etapa de desarrollo a lo largo del siglo pasado y principios del actual, ella está vinculada al contexto económico en el que se desenvuelve.

Contexto económico y evolución de la función financiera
Período Características económicas Impacto en la función financiera
1901-1920 Inicios del siglo XX, expansión industrial. Enfoque en la obtención de capital para el crecimiento.
1921-1929 Auge económico post-Primera Guerra Mundial. Mayor sofisticación en la gestión de capital y financiación.
1930-1939 Gran Depresión, quiebras y liquidaciones. Énfasis en la reestructuración financiera y la supervivencia.
1940-1950 Segunda Guerra Mundial y reconstrucción. Financiamiento de la guerra y posterior recuperación industrial.
1951-1960 Crecimiento económico sostenido. Optimización de la inversión y el rendimiento.
1961-1973 Época dorada del capitalismo, estabilidad. Desarrollo de nuevas técnicas de análisis financiero.
1973-1980 Crisis del petróleo, inflación. Gestión de riesgos y adaptación a la volatilidad.
Década de los noventa Globalización, aparición de Internet. Finanzas internacionales, comercio electrónico.
Siglo XXI Burbuja especulativa, riesgo global del sistema. Gestión de la volatilidad, finanzas sostenibles.
Fuente: Adaptado de Van Horne (1990) y Pérez Carballo et al.

Conclusiones principales sobre el mercado de empresarios

Con base en un análisis comparativo de las contribuciones de Say, Marshall y Knight, se obtienen dos conclusiones principales. En primer lugar, el mercado de empresarios procede de una preocupación por determinar la retribución del empresario antes que por explicar la incidencia de su actividad en la producción. En segundo lugar, siempre encontraremos unas enormes dificultades para determinar la demanda de empresarios y proponer soluciones que permitieran la continuidad del concepto en la literatura. La escasez o la rivalidad no son garantías para proponer al mercado como mecanismo de coordinación y la historia de la economía muestra reiteradas evidencias de la dificultad de esta tarea. Concluimos que el mercado de empresarios procede principalmente de una preocupación por determinar la retribución del empresario. También encontraremos en todos los casos unos enormes obstáculos a la hora de determinar la demanda de empresarios y de proponer soluciones que permitieran la continuidad del concepto en la literatura.

Este trabajo intenta revisar el estado del arte en la teoría de la empresarialidad. Aunque son pocos los autores que han escrito sobre este tema, sus aportes no dejan de ser interesantes intentos de explicar el comportamiento del empresario, quien es realmente el actor que intenta ofrecer su empresa como respuesta a las necesidades del mercado.

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