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Comunicación

Teoría del Gran Hombre: Un Resumen del Liderazgo

by Admin on 14/11/2025

La búsqueda de liderazgo empresarial es uno de los objetivos para muchas empresas en la actualidad. Esta habilidad social, siendo una de las habilidades más valoradas en las empresas, no es fácil de encontrar. Debido a ello, las teorías de liderazgo buscan dar respuesta al éxito de los líderes o a cómo realizar la búsqueda de estos roles.

Las teorías de liderazgo buscan explicar el cómo y por qué ciertas personas se convierten en grandes líderes. Aplicado a las empresas, algunas teorías de liderazgo proponen que poseer ciertos rasgos en el carácter y personalidad de los trabajadores ayudan a que estos se conviertan en líderes por naturaleza. Por lo que las empresas deben identificar estas características para potenciar el talento.

Como indican otras teorías, no todos los líderes nacen, algunos “se hacen”. La experiencia de los empleados y algunas variables pueden jugar también un papel fundamental. Conoce las principales teorías de liderazgo, lo que podrá ayudarte a identificar cuál llevar a cabo en tu empresa a la hora de identificar y adquirir talento.

Teoría del Gran Hombre y Teoría de los Rasgos

Esta teoría considera que el liderazgo es un rasgo basado en la personalidad, por lo tanto, los líderes nacen con las características de forma innata. Algunas de estas características son el carisma, las habilidades, la confianza y la inteligencia para saber liderar equipos.

El término Gran Hombre refleja esta como una de las primeras teorías del liderazgo, cuando se consideraba una cualidad masculina y se aplicaba en términos militares. Por lo tanto, está muy alejada de la actualidad, pero sigue siendo una de las teorías bases.

Al ser una teoría que refleja que los roles del líder no se pueden aprender, las empresas deben buscar la identificación de estas cualidades entre sus equipos. Conocer bien a la plantilla y fomentar las actividades en equipo y la comunicación interna ayudará a saber si contamos con trabajadores que cumplan estas características.

En la línea de esta teoría existe la teoría de los rasgos que declara la existencia de rasgos de personalidad que contribuyen al liderazgo. Esta teoría hace especial hincapié en los rasgos de comportamiento que comparten los líderes y que lo diferencian de convertirse en un líder a ser un seguidor (aun poseyendo la misma personalidad).

Taller de LIDERAZGO. Clase 2. Teoría del GRAN HOMBRE.

Críticas y Evolución de la Teoría

El escocés Thomas Carlyle fue uno de los más destacados escritores y filósofos del siglo XIX, pero su nombre raramente aparecería hoy en un hit parade de los grandes pensadores universales. Y eso que uno de sus temas predilectos, el liderazgo, sigue siendo hoy un trending topic de constante debate en cualquier foro político, empresarial, académico o periodístico.

Sus ideas sobre acerca de la figura del líder y lo que le rodea, condensadas en la «teoría del gran hombre», continúan teniendo una enorme influencia entre buena parte de la clase dirigente actual (aunque esta raramente lo reconozca). El motivo de este olvido deliberado es, probablemente, la consideración que se haría hoy de los planteamientos de Carlyle: trasnochados y políticamente incorrectos, cuando no indeseables en algunas de sus aseveraciones.

Por ejemplo, aquellas que tienen claros tintes racistas (Carlyle creía que la raza negra era inferior), esclavistas y supremacistas (afirmaba la superioridad de las naciones germánicas). Ideas que lo hacen especialmente poco apetecible en términos intelectuales. Carlyle también guardaba un fuerte desprecio por los sistemas igualitarios y democráticos («la democracia es el caos provisto de urnas electorales») o su admiración por las figuras autoritarias, como Guillermo el Conquistador o Federico el Grande de Prusia, del que escribió una extensa biografía.

Según este pensador, convendría dejar las riendas de la evolución humana a estos «hombres fuertes», a los que consideraba superiores en inteligencia y capacidades al resto; solo ellos, según su perspectiva, podían salvar a la sociedad. Esta es la razón por la que el ensayista británico afirmaba que la historia de toda la humanidad es dictada por los actos de un puñado de grandes hombres: la sociedad progresa gracias a los golpes de timón de estos héroes y a su capacidad para arrastrar voluntades. Las últimas corrientes también siguen una dirección opuesta a Carlyle, abogando por desterrar el liderazgo unipersonal y mesiánico.

Carlyle desarrolló su teoría del gran hombre en una serie de conferencias, recopiladas más tarde en un libro: Sobre héroes, adoración a los héroes y lo heroico en la historia. El pensador estableció seis categorías de héroes, ejemplificadas en grandes figuras: Odín (divinidad); Mahoma (profeta); Dante y Shakespeare (poetas); Lutero y Knox (sacerdotes); Johnson, Rousseau y Burns (escritores), y Napoleón y Cromwell (caudillos).

No hace falta atravesar siglos para encontrar contestación a los pronunciamientos de Carlyle. En su propia época, sus teorías fueron refutadas por el también británico Herbert Spencer (1820-1903), quien pensaba que atribuir la evolución de la humanidad a unos cuantos golpes de timón propinados por unos cuentos héroes era una visión demasiado simplista de la historia. Esos «grandes hombres» a los que tanta importancia concedía Carlyle no eran sino el coralario o producto de sus épocas, defendía Spencer.

Unos años más tarde, la psicología colectiva, representada por pensadores como Gustave Le Bon o Escipión Sighele, también relativizó el papel de los grandes hombres en el devenir de unas sociedades que definían a sus propios líderes. Hoy, las últimas corrientes del liderazgo también siguen una dirección opuesta a Thomas Carlyle, abogando por desterrar el tipo de liderazgo unipersonal y mesiánico para reivindicar una visión del mismo más coral en la que cada miembro de la organización contribuya con su aportación a la gestión del proyecto, ya se trate este de una comunidad de vecinos, una empresa o el gobierno de una nación.

Su razonamiento es que, frente a los caudillos solitarios y falibles, es mucho más efectiva una dirección compartida en la que todas las voces son escuchadas y actúan como contrapeso las unas de las otras. De este modo, se evitan posibles derivas dictatoriales, decisiones arbitrarias nacidas de egos descontrolados o la inacción por miedo al error que a veces atenaza a este tipo de líderes.

El mito del héroe, sin embargo, lleva presente entre nosotros desde mucho antes que Carlyle, lo que hace que resulte difícil desembarazarse de él. Puede que hoy no resulte muy políticamente correcto erigirse en caudillo de nada, pero muchos líderes actuales siguen aspirando secretamente, como sostenía el autor escocés, a cambiar el curso de la historia con un golpe de genialidad que les garantice una página en la misma.

Esta nostalgia del liderazgo de rasgos heroicos es especialmente patente en el ámbito político, donde se practica abiertamente el culto al líder mediante actos multitudinarios y discursos grandilocuentes (y donde a medida que se acerca el final de una legislatura crece el riesgo de un golpe de efecto o decretazo que deje huella palpable del paso de una determinada administración), pero también es una realidad -aunque más sutil- en las empresas.

El discurso oficial dirá que la organización se rige por un sistema democrático de toma de decisiones en el que todos sus miembros son importantes y tienen la oportunidad de aportar sus ideas, pero es preferible no engañarse: en la intimidad del despacho, muchos siguen teniendo como modelo el de Steve Jobs, Elon Musk o Mark Zuckerberg; es decir, el de genios-tiranos que, de haber sido contemporáneos de Thomas Carlyle, habrían hecho las delicias del autor, proporcionándole una séptima categoría (la de «empresarios») para su taxonomía de héroes que trazan el curso de la historia.

La teoría del gran hombre en el liderazgo es una perspectiva que sostiene que los grandes líderes nacen, no se hacen. Se argumenta que ciertas personas poseen características innatas y rasgos de personalidad que los convierten en líderes excepcionales. Según esta teoría, los grandes líderes tienen características que los distinguen de los demás. Estas características pueden incluir habilidades de comunicación efectiva, carisma, inteligencia emocional, visión, determinación y capacidad para tomar decisiones difíciles.

La teoría del gran hombre también sostiene que los líderes excepcionales son raros y únicos. No todos tienen la capacidad de ser líderes destacados, ya que se requiere un conjunto particular de rasgos y cualidades para ejercer un liderazgo efectivo. Sin embargo, esta perspectiva del liderazgo ha sido objeto de críticas y cuestionamientos.

Algunos argumentan que la teoría del gran hombre es demasiado simplista y no tiene en cuenta otros factores importantes, como el contexto en el que se desarrolla el liderazgo y la interacción con los seguidores. Otras teorías del liderazgo, como la teoría de los rasgos, la teoría de los estilos de liderazgo y la teoría de la contingencia, sugieren que el liderazgo efectivo no se basa únicamente en características innatas, sino que también se puede aprender y desarrollar.

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