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Comunicación

Pere Mir: Trayectoria de un Empresario Catalán y Mecenas de la Ciencia

by Admin on 23/10/2025

Pere Mir, fallecido en 2017, fue uno de los empresarios catalanes más influyentes del sector químico en la segunda mitad del siglo XX. Tras vender la compañía en 2003, Mir decidió dedicar su cuantioso patrimonio a la filantropía. Con ese propósito fundó Cellex, para apoyar proyectos científicos y médicos en Cataluña.

La semana del 14 de marzo del 2017 pasaron muchas cosas en el país, como casi todas las semanas, pero una de ellas fue que los periódicos informaron de la muerte de Pere Mir, alguien de quien la mayoría de lectores no había oído nunca a hablar. Lo primero que trascendió es que en los últimos 15 años de su vida había hecho donaciones a la ciencia por valor de 120 millones de euros, siempre a través de su fundación, llamada Cellex.

Mir nació en Barcelona el 28 de noviembre de 1919 y murió el 10 de marzo del 2017 en la misma ciudad, después de vivir casi un siglo dedicado a la química, al empresariado y a la filantropía científica. Reconocido como uno de los principales mecenas de la ciencia en el Estado español, el escándalo que ahora rodea su herencia y su legado contrasta con este perfil extremadamente reservado que le caracterizó y su preocupación por evitar sistemáticamente la exposición pública.

Pere Mir hizo célebre una frase que definió su vida, marcada por la discreción y el afán para pasar desapercibido, huyendo del protagonismo y de la luz de los focos. "Se vive más tranquilo sin ser famoso", dijo Pere Mir Puig, en una de las pocas entrevistas que concedió.

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Inicios y Trayectoria Empresarial

La historia de Mir comienza en 1919, cuando nace en Barcelona, hijo también de Pere Mir, en este caso directivo de la firma norteamericana Dun & Bradstreet. Pocos años más tarde, en 1922, su padre fundaría el Rotary Club Barcelona, por donde desfilaron algunos de los apellidos más relevantes de la época: Puig-Sureda, Trias y Pujol, Arruga, Estelrich, Roviralta o Mateu, entre otros. Llegada la edad de entrar en la universidad, Mir eligió estudiar ciencias químicas, su verdadera pasión, y al mismo tiempo la disciplina en la que debería hacer grandes cosas.

Estudió Ciencias Químicas en la Universidad de Barcelona, y en 1942 fundó la empresa Derivados Forestales en Sant Celoni, empresa pionera a producir formol concentrado a través de una técnica innovadora de extracción de la madera que él mismo desarrolló. Este invento, vigente hoy en día, lo implementó en ocho fábricas, en España, Francia y México, lo que convirtió la compañía en líder mundial de derivados del formol y le reportó una fortuna.

Con ese título bajo el brazo, fundó la firma Derivados Forestales (era en 1942), que triunfó con una innovación salida de su cabeza, como era la producción de formol concentrado a partir de la extracción de la madera. La firma acumuló patentes y acabó consolidándose como líder mundial en la fabricación de paraformaldehído (una especie de pequeño termoplástico que, despolimerizado, puede ser utilizado como desinfectante o fungicida), además de tener otros productos entre los más vendidos del sector.

Pere Mir, que era inventor, director y propietario de Derivados Forestales, registró más de 20 patentes relacionadas con los derivados del formol, incluyendo el paraformaldehido, utilizado como desinfectante y fungicida. Pere Mir efectuó dos operaciones claves con su empresa.

Filantropía y la Fundación Cellex

En el 2002 vendió el 45% a una filial del Banco Sabadell a través de su sociedad luxemburguesa, Cellex Chemie AG, y con los beneficios de esta venta creó la Fundación Cellex (2003) para canalizar toda la tarea filantrópica. En el 2006, vendió el total de Derivados Forestales al grupo químico Ercros a través de un cambio de participaciones.

Con los ingresos recibidos por la venta de sus acciones nació la mencionada Fundació Cellex, que en los años posteriores y hasta nuestros días se dedicaría a regar la ciencia catalana con millones de euros. Antes de realizar una apuesta científica, Mir entrevistaba a los candidatos, siempre con gran amabilidad, con buen sentido del humor a veces, pero también con minuciosidad. No solia errar.

Fue en el año 2003 cuando, tras la venta de una de sus empresas y con los beneficios que obtuvo, decidió crear la Fundación Cellex. Era la decisión natural, pues llevaba ya años realizando generosos donativos a la labor de médicos punteros, como Valentí Fuster y Josep Balselga. A través de Cellex continuó con esa labor.

Anteriormente a la creación de Cellex, Pere Mir había creado la Fundación Privada Mir-Puig en 1978 con el objetivo de financiar las ayudas asistenciales a personas necesitadas, antes de dedicarse plenamente a la filantropía científica. Con la fundación Mir-Puig dio apoyo en residencias como la Casa Pairal, en Vilassar de Mar, que Mir financió desde los años 50 y amplió significativamente en el 2001.

Pilares de su Filantropía Científica

  • Realizó donaciones a instituciones pioneras, como el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO), a la que dio 16 millones de euros en el 2010 -la mayor aportación privada a la ciencia en España- para construir el edificio NEST-Cellex en el Parc Mediterràni de Castelldefels, y para atraer talento internacional.
  • También financió íntegramente la sede moderna del Institut d'Oncología (VHIO) de la Vall d'Hebrón, y contribuyó a ampliar las instalaciones del IDIBAPS, el centro biomédico vinculado al Hospital Clínic.
  • Otro pilar de sus contribuciones fueron los programas educativos, con las Becas CiMs+Cellex, los programas internacionales para la formación de jóvenes científicos o la contribución a la lucha contra la malaria con la financiación del primer programa español dedicado al Plasmodium vivax.

Mir apoyó especialmente la investigación del ámbito biomédico. Entre sus mayores contribuciones destacan los 16 millones de euros que donó al Institut de Ciències Fotòniques (ICFO) para la construcción de un edificio en su campus de Castelldefels (2012), que fueron la mayor donación en la historia de la ciencia en España. Su ayuda económica también permitió la construcción completa de la moderna sede del Institut d'Oncología Vall d’Hebron (VHIO) y la ampliación del Idibaps, centro de investigación adscrito al Hospital Clínic de Barcelona.

Cellex también creó un programa de becas sobre ciencia y matemáticas para alumnos de bachillerato. Su filantropía estratégica en el mundo científico se centró en cuatro pilares.

La investigación científica catalana acaba de perder al que, sin discusión, ha sido su gran mecenas, Pere Mir, nacido en 1919 en Barcelona, un hombre de una trayectoria tan excepcional como amante de la discreción. Mir, el filántropo que no concedía entrevistas, murió el pasado viernes.

"Sin Mir y su fundación, Cellex, ni yo ni muchos otros podríamos competir con los investigadores de Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania", explicó hace un par de años el doctor Manuel Esteller, reconocido internacionalmente por sus trabajos sobre epigenética. "Cellex es capaz de apostar por las ideas muy ambiciosas, aunque sean arriesgadas y a muy largo plazo", elogió también entonces otro reputado doctor, Eduard Gratacós, especialista en medicina fetal.

La lista de 'hijos' de Mir (que no los tuvo biológicos) es larga. Todos ellos han quedado ahora huérfanos de su respaldo, no solo económico (era capaz de donar 62 millones de euros en solo cinco años), sino también de sus consejos, porque, además de mecenas, era un notable científico.

Vida Personal y Aficiones

Compartió toda una vida con su esposa, Núria Pamias, pero el matrimonio no tuvo hijos, y Pere Mir murió a los 97 años sin dejar descendencia.

Entre las aficiones de Pere Mir destacaban la aviación y la navegación. El doctor Tabernero es un gran oncólogo y es indiscutible el respeto científico que merece y sus aportaciones en un terreno tan delicado, del que todos nos hemos beneficiado o nos beneficiaremos, directamente o por persona interpuesta.

Vivió la vida con pasión. Aprendió a pilotar avionetas. Le gustaban las acrobacias aéreas. También navegar. Y el submarinismo. Un hombre de película y, sin embargo, poco amante del protagonismo.

Disputa por su Legado

Su patrimonio, que se ha estimado entre los 400 y los 500 millones de euros (aunque los gestores de Cellex rebajan la herencia a 40 millones), quedó gestionado por Jordi Segarra, el albacea de su fortuna y presidente de los patronatos de las fundaciones Cellex y Mir-Puig. En el 2023, sin embargo, quien fue su colaborador y gestor histórico de la empresa Derivados Forestales, Àngel Surroca, denunció que el patrimonio no figura en las fundaciones y acusa a Segarra de vender activos clave (residencias en Suiza, la Vall d'Aran y Barcelona) sin justificar su destino.

Por ello, la investigación judicial sigue abierta y, con la Generalitat al frente de las entidades, se espera que en los próximos meses se aclare cuál ha sido el verdadero destino del patrimonio de Pedro Mir, una fortuna que, en vida, transformó profundamente el ecosistema científico catalán y cuyo futuro, ahora, está en el centro de una compleja disputa legal y moral.

El Juzgado de Instrucción número 12 de Barcelona que investiga el caso decretó el lunes que el Departament de Justicia y Qualitat Democrática, dirigido por el conseller Ramon Espadaler, asumiera "de forma inmediata" el control de las fundaciones científicas Cellex y Mir-Puig y de sus cuatro sociedades mercantiles asociadas (Simex, Mil Veinte, Sociedad Anónima de Intereses y José Pàmies). La Generalitat, pues, ha asumido la administración judicial de las fundaciones y las empresas mencionadas. Se trata de una medida cautelar durante un procedimiento penal abierto a ambas fundaciones, según la Conselleria de Justicia.

Uno de los más críticos fue y sigue siendo Àngel Surroca, quien fue mano derecha de Mir durante décadas y ocupó cargos ejecutivos en Derivados Forestales. Según su testimonio, recogido también en su libro De la fusta a la fusta.

tags: #pedro #mir #empresario #catalan #trayectoria

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