Asest

Asociación Española de Storytelling
  • Eventos
  • Áreas de especialización
    • Emprendimiento
    • Salud
    • Deporte
    • Nuevas tecnologías
    • Turismo
    • Diseño y moda
  • Comunicación
    • Artículos
    • Prensa
    • Testimonios
  • Story
  • Galería
  • Contacto
  • Acerca de
Inicio
|
Comunicación

La imperiosa necesidad de un liderazgo evangélico y sinodal en el contexto religioso y social

by Admin on 17/05/2026

En el panorama actual, tanto en el ámbito religioso como en el social, la figura del líder y su estilo de liderazgo se han convertido en un tema crucial. La transformación constante de la sociedad exige una reevaluación de los modelos tradicionales y la adopción de enfoques que respondan a los desafíos del siglo XXI. La vida religiosa, en particular, se encuentra en un momento de profunda reflexión sobre la necesidad de un liderazgo auténtico, arraigado en los valores del Evangelio y comprometido con el servicio a la humanidad.

El liderazgo religioso: un camino de servicio y amor

Desde sus inicios, la vida religiosa ha estado marcada por el seguimiento de Jesús, entregándose a Cristo en el servicio y el amor a la humanidad. Este envío, que sigue resonando en la vida cotidiana de las personas consagradas, hoy se concreta también en procesos de formación que ayudan a servir mejor.

La experiencia de participar en la certificación de liderazgo social brindada por la Universidad de Monterrey (UDEM), México, ha permitido profundizar en temas como el autocuidado, la comunicación asertiva, el trabajo colaborativo, las redes y alianzas, el análisis de contexto, el liderazgo transformacional y la incidencia política. Estas experiencias fortalecen el saber y forjan en el trabajo comunitario, ofreciendo un espacio de acogida, protección e integración.

El proyecto social que surge de esta formación responde al clamor del pueblo trabajador, especialmente mujeres y jóvenes vulnerables que sostienen a sus familias con ventas ambulantes. Cerca del 20 % son mujeres y jóvenes migrantes que, gracias a fondos destinados a sus iniciativas, impulsan una economía del trueque para cubrir sus necesidades básicas. También se escucha el grito de jóvenes que se unen para capacitarse y hacer frente con dignidad al desempleo.

Esta certificación es una oportunidad para testimoniar la sinodalidad, un camino que no se realiza sino en comunión entre laicos, religiosas y todo el pueblo de Dios. Continuar formando una red de vida religiosa desde SLDI es un reto maravilloso, pues estas nuevas formas enriquecen y nutren la vida consagrada con la diversidad de carismas.

El liderazgo en la iglesia no es un accesorio, es parte fundamental del diseño de Dios para Su pueblo. Desde los tiempos del Antiguo Testamento hasta las cartas del Nuevo Testamento, vemos cómo Dios levanta y forma líderes para guiar, enseñar, cuidar y edificar a Su pueblo. Hoy, más que nunca, necesitamos líderes maduros, comprometidos y preparados para enfrentar los desafíos espirituales, culturales y relacionales del siglo XXI.

La formación de líderes: una responsabilidad urgente

La formación de nuevos líderes no es una opción ni un lujo; es una responsabilidad urgente para toda comunidad de fe que desea ser fiel al llamado de Dios y sostenible en el tiempo. La necesidad de formar líderes se fundamenta en varios pilares:

  1. El liderazgo determina la salud de la iglesia: "Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad." (Proverbios 11:14). Una iglesia puede tener buena música, programas efectivos y recursos tecnológicos, pero si no cuenta con líderes espiritualmente saludables, no tendrá dirección ni solidez. Invertir en el liderazgo es invertir en la salud de la iglesia.
  2. El relevo generacional es necesario: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros." (2 Timoteo 2:2). El liderazgo cristiano es una carrera de relevo, donde cada generación tiene la responsabilidad de formar a la próxima.
  3. El liderazgo cristiano es contracultural: En un mundo que valora el poder, Jesús enseñó un modelo distinto: "El que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor." (Mateo 20:26). Formar líderes significa ayudarles a desarrollar un corazón como el de Cristo: humilde, compasivo y dispuesto a servir.
  4. Los desafíos del presente requieren preparación: Vivimos en tiempos de cambio constante. Los líderes de la iglesia enfrentan un entorno cada vez más complejo que requiere sabiduría, flexibilidad y formación constante.
  5. Todos tenemos dones que necesitan ser desarrollados: "Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios." (1 Pedro 4:10). El liderazgo no está reservado solo para algunos; Dios ha repartido dones en toda la iglesia.
  6. El liderazgo necesita comunidad: Los líderes también necesitan ser guiados, acompañados y discipulados. Formarlos es integrarlos en una comunidad de aprendizaje y apoyo.
  7. Formar líderes es parte de hacer discípulos: El llamado de Jesús fue claro: "Vayan y hagan discípulos de todas las naciones…" (Mateo 28:19). Preparar líderes es una extensión natural de este mandato.
  8. Todos lideramos, empezando por nosotros mismos: Todo creyente está llamado a dar ejemplo, a influir en su entorno y a ser un discípulo que ayuda a otros. Liderar comienza en lo cotidiano.

El liderazgo religioso se refiere a la capacidad de una persona para guiar, inspirar y orientar espiritualmente a una comunidad de fe. Hoy en día, líderes religiosos de distintas tradiciones se unen para abordar problemas globales como el cambio climático, las migraciones o la defensa de los más vulnerables. El liderazgo religioso sigue dejando huella en nuestras comunidades, inspirando valores como la solidaridad, la justicia y el respeto mutuo. Seguir explorando estas perspectivas nos ayuda a comprender mejor cómo construir sociedades más inclusivas y conscientes.

El poderío del liderazgo femenino | Patrycia Centeno | TEDxTarragona

La vida religiosa, y en particular la de las mujeres, ha desarrollado una intensa reflexión sobre el tema del liderazgo. “Cada uno de nosotros es un líder, aunque no sepa. Si bien, las religiosas estamos “obligadas” a serlo”, afirma la hermana Patricia Murray, religiosa irlandesa y secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG). Las religiosas están “obligadas” a asumir el liderazgo porque se han comprometido en las fronteras geográficas y existenciales del planeta, junto a seres humanos privados de sus derechos por la marginación, la injusticia y la pobreza. “Y como parte de nuestro servicio, estamos llamadas a defender su dignidad. Y hacer que crezcan en liderazgo. Las religiosas podemos ser un catalizador”, señala la hermana Murray. Para hacer esto, primero deben entender cómo ser auténticas líderes y no solo jefes.

El punto de inflexión se produjo en 2017 con la elaboración de las orientaciones de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. “La autoridad solo puede estar al servicio de la comunión, un verdadero ministerio para acompañar a los hermanos y hermanas hacia una fidelidad consciente y responsable”, indica el documento. El debate desencadenado por la preparación del documento para el Sínodo sobre la Sinodalidad el año pasado ofreció nuevas perspectivas. De este debate nació el proyecto “New leaders”, la campaña lanzada por la UISG para mostrar y fortalecer la capacidad de ser agentes de cambio para saciar el hambre y la sed de la humanidad de significado, de paz, de reconciliación y de liberación.

“En el corazón de nuestro deseo de ser líderes al servicio de los seres humanos y del mundo está el Evangelio. El liderazgo de Jesús se expresa en el lavatorio de los pies”, asegura la secretaria de la UISG. El término “liderazgo” se asocia generalmente más al poder que al servicio. Sin embargo, se trata del poder de sacudir el mundo y hacerlo un poco mejor. El liderazgo es la capacidad de ver lo que debe cambiarse e involucrar a otros en el esfuerzo por lograr el cambio. Está indisolublemente ligado al servicio: surge del deseo de servir a los seres humanos, comenzando por los más pobres, y a la sinodalidad.

La sinodalidad: un liderazgo de escucha profunda

El liderazgo que esta vez necesita la Iglesia y la sociedad es el liderazgo sinodal. Se trata de escuchar a un nivel profundo que permita a las personas expresar su verdad y descubrir juntos la Verdad, compartiendo estas verdades que contienen un fragmento de ella. Es una práctica espiritual que saca a relucir la espiritualidad de cada uno, su humanidad más auténtica. Esto es lo que nos une más allá de las diferencias. En el fondo, todos tenemos los mismos deseos. Las formas de llegar a ellos cambian. Sin embargo, lo que nos une es más fuerte que lo que nos divide. Esto se aprende en el discernimiento, que no es un método para decidir, sino que busca las raíces de las aspiraciones humanas. Discernimiento y sinodalidad son las dos características fundamentales del liderazgo.

Un ejemplo extraordinario de liderazgo sinodal es “Solidarity with South Sudan”. Al final de la guerra en Sudán del Sur, los obispos locales invitaron a los representantes de la vida religiosa femenina y masculina a viajar al país para comprender las necesidades de los habitantes. A partir de la escucha y el discernimiento de los deseos del pueblo, se ofrecieron cursos para maestros, enfermeras, matronas, agricultores y ganaderos. Esta iniciativa, que sigue activa, demuestra cómo el liderazgo sinodal surge de la respuesta a una invitación, de la escucha y del análisis colaborativo de religiosos y religiosas de más de doscientos carismas diferentes.

El liderazgo no es un privilegio, sino una responsabilidad. Quien lo busca por privilegio está desautorizado para encarnarlo. La vida religiosa tiene la capacidad de ser siempre nueva y provocadora. El mejor signo de novedad sería dejar a las congregaciones y su patrimonio espiritual desenvolverse, desaprisionarse de costumbres y leyes no escritas que condicionan un liderazgo evangélico. En este momento, el liderazgo tiene que apoyarse en tres verbos: «dialogar, dar pistas y, sobre todo, escuchar». La escucha es la primera vía de gobierno, nueva e imprescindible, para el liderazgo del siglo XXI.

Nuevos paradigmas de liderazgo: de la gestión a la visión

El liderazgo espiritual, el que se ejerce en las organizaciones religiosas, tiene un aspecto inquietante: la frecuente exigencia a los miembros de la comunidad de una obediencia que excluye la posibilidad de disentir y de tener opinión propia sobre temas fundamentales. Para dirigir en esas condiciones no hace falta ni capacidad de influencia, ni de persuasión, ni tener cualidades especiales. El verdadero liderazgo es participativo, admite el debate, reconoce la posibilidad de error, asume la libertad y la capacidad de los miembros de la comunidad para tomar sus decisiones.

El Papa Francisco, con su acción, está siendo reconocido y admirado por el mundo entero. Desde el punto de vista del liderazgo, su comportamiento ha despertado inmediatamente la atención. Vemos coherencia, vocación de servicio, desapego del boato y de los símbolos de poder más ostentosos. Parece querer defender, con la palabra y con los hechos, una vuelta a los principios de amor al prójimo que han sido la base conceptual de la religión católica.

Aunque muchas sociedades se han vuelto más laicas, los líderes religiosos siguen desempeñando un papel relevante en la vida de millones de personas. Su influencia va más allá de lo espiritual: orientan en lo ético, fortalecen comunidades y generan impacto social. Sin embargo, se ha investigado muy poco sobre la forma en que se ejerce el liderazgo dentro de la vida religiosa y de la iglesia. La forma en que se ejerce el liderazgo no puede ser estática; los estilos de liderazgo y gobernanza tienen que evolucionar de acuerdo con lo que está evolucionando a nuestro alrededor.

Tradicionalmente hemos visto el “liderazgo de servicio” como el modelo del que se habla cuando reflexionamos sobre el liderazgo. Sin embargo, es necesario ir más allá. El profeta Isaías dijo: “Ensancha el espacio de tu carpa, extiende los toldos de tu morada, no los recojas”. (Is 54,2) Esta es una imagen útil para nosotros hoy porque habla de flexibilidad y arraigo, hospitalidad ilimitada e identidad segura.

Otra imagen de liderazgo que se populariza proviene de las muchas predicaciones y acciones del Papa Francisco. Él a menudo habla de una revolución de la ternura que nos recuerda que “la ternura de Dios nos lleva a comprender que ‘el amor es el significado de la vida’”. Estamos llamados a verter el amor que recibimos del Señor en el mundo, en nuestras comunidades, la Iglesia y la sociedad en general. Esta es la revolución cristiana que estamos llamados a liderar, una revolución de la misericordia. Para ser capaces de la misericordia, debemos callarnos para escuchar la palabra de Dios y contemplar su misericordia.

La imagen de la tienda nos recuerda la historia de Abraham y Sarah y su hospitalidad con los tres extraños en Mamre. Los visitantes, enviados por Dios, cambiaron profundamente su vida, creando un futuro con el que nunca podrían haber soñado. Esto nos invita a reflexionar sobre el significado de nuestra vida religiosa hoy y a preguntarnos como líderes de nuestras comunidades: ¿Dios está delante de nosotros?

Otra imagen que el Papado de Francisco ha ofrecido a la Iglesia es la imagen de la Periferia. “Salida - periferia” es una rica metáfora que representa la multitud de lugares y oportunidades donde personas de diferentes culturas y contextos se cruzan para aprender y crecer juntas. Esto sucede mediante la construcción de relaciones que se tejen entre sí y conducen a una transformación mutua. No se trata simplemente de sobrevivir uno al lado del otro, sino que es un proceso de construir conexiones profundas, celebrar y apreciar la diferencia, comprometerse a colaborar.

La Congregación ha sido bendecida con tantos años de experiencia al pasar de un contexto monocultural al desafío del multiculturalismo o la interculturalidad. Ahora es quizás el momento de demostrar una nueva forma de relacionarnos con el “otro” en nuestras comunidades, que encarna una perspectiva esperanzadora para la vida futura en el mundo. El P. José Cristo Rey García Paredes CMF, escribe que: nuestra identidad es planetaria y global. Nuestras comunidades son puntos nodales de un lienzo mucho más grande de la dinámica cultural, histórica y económica. Es importante trabajar juntos y con otros para aprender a vivir interculturalmente, para enfrentar los prejuicios y el racismo y nuestras actitudes y comportamientos etnocéntricos.

El teólogo menonita y activista por la paz John Paul Lederach tiene mucho que enseñarnos sobre los procesos de liderazgo en el mundo de hoy. Utiliza el término “imaginación moral” para describir algo “que llama a las personas a ir más allá de las cosas que son inmediatamente aparentes y visibles”. Describe la imaginación moral como “la capacidad de dar a luz algo nuevo”. Una persona con imaginación moral busca descubrir posibilidades aún no soñadas. Lederach se dio cuenta de que el uso de un “enfoque web” permitió el proceso de cambio en muchos contextos difíciles. El arte de tejer en la web significa que debemos mirar las relaciones a través de “los lentes de la encrucijada social, las conexiones y la interdependencia”. Las redes de relaciones crean la energía social necesaria para proporcionar un nuevo propósito y dirección. Los líderes, dice Lederach, necesitan aprender las habilidades necesarias para mirar y tejer en la web. Presenta una serie de conceptos importantes que pueden ayudarnos a ser parte del liderazgo local: tejer telas, notar puntos de inflexión, ser levadura y establecer plataformas. Estos conceptos tienen una resonancia bíblica.

El Sínodo 2021-2024 reconoció que la vida consagrada ha desarrollado numerosas “prácticas de vida sinodal” a lo largo de los siglos y que, incluso hoy, “muchas comunidades son como laboratorios de vida intercultural”. Esto es particularmente necesario hoy en día, cuando la vida consagrada se enfrenta a una transformación significativa impulsada por los cambios socioculturales, las crisis vocacionales y el envejecimiento de sus miembros, especialmente en Occidente. Si bien la planificación y la reflexión son necesarias, el liderazgo religioso debe servir a una visión espiritual más elevada, inspirando a todos a abandonar formas complacientes de vida. La verdadera amenaza para la vida consagrada no reside en la disminución de la membresía, sino en la erosión de los ideales y la aceptación de la mediocridad. La vida consagrada “no se trata de supervivencia, sino de vida nueva”. Esto requiere una profunda transformación estructural.

Tabla comparativa de estilos de liderazgo

Estilo de Liderazgo Características Ventajas Desafíos
Tradicional/Autoritario Basado en la obediencia, jerarquía rígida. Rapidez en la toma de decisiones, estructura clara. Falta de participación, desmotivación, no se adapta a cambios.
Servicio Pone a los demás en primer lugar, escucha activa, empoderamiento. Fomenta el crecimiento personal, alta motivación, confianza. Requiere humildad, tiempo para construir relaciones.
Sinodal Escucha profunda, discernimiento comunitario, búsqueda de la verdad compartida. Decisiones inclusivas, fomenta la unidad y la fraternidad. Procesos lentos, requiere paciencia y apertura.
Transformacional Inspira y motiva hacia una visión compartida, fomenta la innovación. Impulsa el cambio, alta productividad, resiliencia. Requiere visión clara, habilidad para comunicar y movilizar.
Contracultural (modelo Jesús) Humildad, compasión, servicio, renuncia al poder y reconocimiento. Genera impacto profundo, autenticidad, fidelidad a los valores. Choca con valores mundanos, puede ser malinterpretado.

El liderazgo femenino: abriendo camino en nuevos territorios

Mia Ljungblom, profesora de la Universidad de Uppsala, y Silvina, rabina de la sinagoga Bet El en Buenos Aires, son ejemplos de mujeres que se han abierto camino en ámbitos tradicionalmente masculinos. Ambas subrayan la importancia de la educación como “esencial para el cambio” y la necesidad de “enseñar a las nuevas generaciones otras formas de hacer”.

La conversación entre Mia y Silvina favorece un tipo de liderazgo que tiene más que ver con el crecimiento personal que con los “liderazgos mesiánicos”, que ambas consideran desfasados y peligrosos. Esta tensión se manifiesta en la vuelta a la escena pública de liderazgos muy centrados en torno a un individuo. Sin embargo, ambas están de acuerdo en que se hacen falta líderes a todos los niveles. Es necesario que cada persona sea empoderada en el lugar donde se encuentra y en las tareas diarias que realiza. Silvina ve que el elemento principal de liderazgo es el grupo, no un determinado individuo.

Mia retoma una idea interesante: el líder es quien es capaz de cambiar comportamientos sabiendo ponerse en el sitio de los demás, pero también teniendo su personalidad, su forma de hacer. Un equilibrio que para lograrse necesita práctica. El líder es la persona que está más comprometida con una idea o una tarea. Un proceso que requiere mucho tacto para saber cuándo debes acompañar a una persona y cuándo la puedes dejar volar. Y aquí aparecen en la conversación temas como liderar con el ejemplo o la importancia de los valores en los liderazgos. Y cómo los liderazgos horizontales favorecen el surgimiento de personas empoderadas, cada una con diferentes capacidades y talentos.

Silvina cree que un buen líder debe empujar a los demás a subir al escenario y después saberse “hacer invisible” él mismo. Mia volvió a su experiencia en el ejército de su país diciendo que su proceso hacia el liderazgo se cerró cuando volvió a ser ella misma y aplicó sus propios valores, de modo que se sentía cómoda consigo misma y su entorno. Un buen líder debe mostrar sin miedo sus propios valores. Esto significó para ella pasar de ‘mandar a gritos’ a buscar el acuerdo con los demás a la hora de realizar las tareas. De esta forma, podía poner de relieve la experiencia de los demás y aprender de ellos: un líder no lo sabe todo, y por eso necesita las ideas del resto del equipo. Para hacer surgir estas ideas se necesitan liderazgos horizontales y no ‘mandar a gritos’.

‘Ser uno mismo’ parece todo un reto para quienes son pioneros en nuevos territorios. Mia y Silvina han sido las primeras mujeres en terrenos muy masculinos y subrayan la importancia de ser uno mismo para ser un buen líder, no imitar a los demás. La autenticidad y la preocupación sincera por todos los que nos rodean parece otro rasgo importante que favorece la confianza. “La gente huele enseguida si los liderazgos son auténticos o no”, remata Silvina. Potencialmente, muchos de nosotros podemos ser líderes. Los liderazgos hoy significan “muchas personas trabajando unidas con un propósito común”. Los conceptos de liderazgo están cambiando y se trata de ser más colaborativos: “todo el mundo debe hacerse responsable de un proceso, esto está evolucionando en la sociedad y el liderazgo debe verse como un movimiento de personas.” Y la globalización permite también unos intercambios muy interesantes a la hora de definir los nuevos liderazgos.

Para Silvina, las religiones (que construyen comunidades, amplían la idea de la horizontalidad, propician diferentes formas de voluntariado y subrayan la necesidad de justicia, igualdad y amor entre todas las personas) también pueden ayudar en esta transición. Silvina, como creyente, no puede evitar afirmar que la religión no es solo la oración del individuo, sino que es toda una comunidad que se mueve y hace el bien.

En definitiva, el liderazgo que necesita la vida religiosa es y debe ser siempre evangélico. No deja de ser elocuente que lo propone el Señor a aquel o aquella que no lo busca, no lo quiere e, incluso, lo teme. Y esto es así, porque en su interior, quien tiene madera de líder, descubre que no es un privilegio sino una responsabilidad. La vida religiosa tiene en sus entrañas la capacidad de ser siempre nueva y provocadora. Las organizaciones bien gestionadas abren horizontes, son sanamente ambiciosas en sus propuestas, aborrecen la mediocridad, crean entornos de confianza, ponen a trabajar la sabiduría interna, en el diálogo triunfa la racionalidad construida entre todos, toman decisiones basadas en sus objetivos y no en sus equilibrios de fuerza internos y, finalmente, son capaces de encontrar los recursos materiales necesarios para conseguir sus fines gracias a una buena gestión económica. Por todas estas razones, el liderazgo actual de la vida religiosa debe asumir como objetivo fundamental la sostenibilidad del carisma, no solo la permanencia del instituto de vida consagrada. “Ya sabemos que el declive comienza cuando se sustituyen los sueños por recuerdos.”

El líder es capaz de promover una visión de futuro común en la que los miembros de la organización sienten que no solo tienen un lugar, sino que en él ven ‘el’ lugar en el que desarrollar lo mejor de sí mismos. Seguimos «siendo» los mismos pero no «estamos» igual, queremos evolucionar como condición necesaria para mantener nuestra razón de ser. El buen líder es capaz de embarcar a la organización en un proceso de cambio porque ese cambio se percibe como el modo renovado de ser fieles. La preocupación por la identidad abandona la periferia para adentrarse en el terreno del ser. Nuestra propuesta tiende a que las organizaciones deben tender a los liderazgos compartidos. Es mejor hablar de liderazgos que de liderazgo. Generalmente se relaciona el liderazgo con la cúpula unipersonal de la organización. Decimos líder y nos imaginamos a la persona responsable en última instancia de todo lo que ocurre. Esta es una visión un tanto elitista que confunde el liderazgo con las estructuras de poder.

tags: #necesidad #de #religion #y #liderazgo

Publicaciones populares:

  • Franquiciar Cinnamon Rolls: Requisitos
  • Guía legal para emprendedores
  • Aprende a identificar y superar el Síndrome de Cronos en tu organización.
  • Conoce las inversiones y ayudas que transforman el Parque Empresarial Santana.
  • Requisitos Franquicia Tierra Burrito Bar
Asest © 2025. Privacy Policy