La Evolución del Trabajo y la Rehabilitación del Patrimonio Industrial: Naves Textiles del Siglo XIX Convertidas en Espacios Modernos
El espacio de trabajo cambia continuamente. En los últimos años, el mundo laboral ha experimentado una transformación revolucionaria gracias a la aparición de los coworkings. Estos espacios compartidos no son simplemente lugares para trabajar, sino comunidades vibrantes que han redefinido la forma en que vemos el trabajo y la colaboración. Simultáneamente, dentro del sector inmobiliario industrial, existe una tendencia creciente que ha dado lugar a espacios fascinantes: la transformación de antiguas fábricas e industrias en espacios versátiles para diferentes usos. Esta convergencia ha llevado a que muchas naves textiles del siglo XIX, con su rica historia y robusta arquitectura, encuentren una nueva vida como modernos centros de innovación y trabajo compartido.
El Auge del Coworking: Una Transformación Laboral
En los últimos años, una de las mayores innovaciones dentro del panorama de oficinas ha sido el coworking. Inicialmente concebida como una idea desarrollada por freelances para encontrar una estructura y una comunidad, que de otro modo no estaba disponible para ellos desde sus oficinas en casa, el coworking se ha convertido en una parte importante del sector comercial inmobiliario. Desde principio de siglo hemos asistido a la aparición de espacios de oficinas compartidos, comúnmente conocidos como coworking.
Los primeros indicios de los coworkings se remontan a la década de 1990, cuando los profesionales independientes y los freelancers comenzaron a buscar alternativas a las oficinas tradicionales. Al parecer, la historia comienza a mediados de los 90 cuando un grupo de ingenieros informáticos crearon uno de los primeros “hackerspaces” llamado C-Base, en Berlín (Alemania), para reunir a los entusiastas de las nuevas tecnologías.
En 1999, el creador de juegos Bernard DeKoven acuña el término ‘coworking’. Este termino, no obstante, no hace referencia al concepto que tenemos hoy en día del coworking y aludía a la manera en la que se trabaja y no al espacio en sí. Ese mismo año, 42 West 24, otro precursor de los espacios de coworking que conocemos hoy en día, abre sus puertas en la ciudad de Nueva York. El espacio lo inaugura una compañía de software y ofrece el ambiente laboral y la flexibilidad de alquiler de despachos que conocemos hoy en día.
En 2002, dos emprendedores austriacos lanzan un “centro empresarial”, Schraubenfabrik, en una antigua fábrica de Viena. Esta iniciativa está dirigida fundamentalmente a emprendedores y les ofrece un espacio donde pueden colaborar y trabajar con otros perfiles similares que incluían arquitectos, consultores de relaciones públicas, startups y trabajadores freelance. Pocos años después, en 2005, Brad Neuberg crea el primer espacio de coworking en San Francisco concebido como tal. El concepto del edificio consistía en mantener la libertad de trabajar por cuenta propia, al mismo tiempo que proporcionaba una estructura y una comunidad de trabajo a sus usuarios.
El San Francisco Coworking Space cierra en 2006 y es sustituido por el Hat Factory. Este hecho es realmente significativo ya que Neuberg, que en esos momentos trabajaba con otras diez personas entre las que se encontraban Chris Messina y Tara Hunt, crea el primer espacio de trabajo dedicado al alquiler de espacios laborales al que se refieren directamente como un espacio de coworking. Desde el año 2006, el número de espacios de coworking y de sus miembros ha crecido aproximadamente el doble cada año, durante siete años consecutivos. Con el avance de la tecnología y la creciente tendencia hacia el trabajo independiente, los coworkings florecieron en el siglo XXI. En 2007, un gran número de ciudades europeas ven emerger sus primeros espacios de coworking. La Boate, en Marsella, es el primero en Francia; mientras que el Citizen Space aparece en Suiza.
La adopción del modelo de coworking ha sido tan significativa que en 2016, HSBC trasladó a 300 trabajadores a un espacio de coworking. Este es tan solo uno de los ejemplos de grandes corporaciones que escogen los nuevos espacios laborales antes que el alquiler de oficinas tradicional. Otras compañías que siguieron su ejemplo fueron KPMG, Microsoft y IBM, entre otras.
Cronología de Hitos del Coworking
La siguiente tabla resume algunos de los momentos clave en la evolución del concepto de coworking:
| Año | Evento Clave | Descripción |
|---|---|---|
| 1995 | C-Base (Berlín) | Creación de uno de los primeros “hackerspaces”, un precursor de los espacios colaborativos. |
| 1999 | Bernard DeKoven | Acuña el término ‘coworking’, aunque no con el significado actual de espacio físico. |
| 1999 | 42 West 24 (Nueva York) | Apertura de un espacio precursor de coworking por una compañía de software. |
| 2002 | Schraubenfabrik (Viena) | Dos emprendedores austriacos lanzan un “centro empresarial” en una antigua fábrica. |
| 2005 | Brad Neuberg (San Francisco) | Crea el primer espacio de coworking tal como lo conocemos hoy, ofreciendo libertad y comunidad. |
| 2006 | Hat Factory (San Francisco) | Se convierte en el primer espacio de trabajo dedicado al alquiler referido como coworking. |
| 2007 | Expansión Europea | Emergen los primeros espacios de coworking en ciudades europeas como Marsella y Suiza. |
| 2008 | Coworking Visas | Permiten a miembros de espacios específicos acceder a otros incluidos en el acuerdo. |
| 2016 | Adopción Corporativa | Grandes empresas como HSBC, KPMG, Microsoft e IBM empiezan a utilizar espacios de coworking. |
Coworking y Espacios Flexibles de Trabajo | Informe | Colliers | Julio 2019
Características y Beneficios del Coworking Moderno
Entrados ya en el siglo XXI, el concepto ha dado un paso más allá, pues hoy ya no se trata solo de reunir a gremios ni a personas que realizan labores similares. Otro aspecto relevante es que la mayoría de los que conforman el espacio coworking no son trabajadores independientes, algo contrario a lo que se creía. Solo el 44% trabaja en solitario; en tanto que el 55% trabaja para una empresa o posee una.
Los espacios de coworking ofrecen múltiples ventajas:
- Gastos compartidos: En un coworking, el coste del alquiler, los servicios comunes y otros gastos son compartidos entre los miembros, lo que lógicamente reduce la inversión y los gastos en comparación con tener una oficina propia. Además, los espacios de coworking tienen opciones de membresía flexibles, que van desde el acceso diario hasta los planes mensuales o anuales.
- Networking y colaboración: En estos espacios se reúnen con frecuencia personas de diferentes industrias y disciplinas, lo que facilita la conexión con otros profesionales. Estas sinergias pueden llevar a oportunidades de colaboración, intercambio de ideas y potenciales proyectos conjuntos.
- Espacios motivacionales: Al trabajar rodeado de personas de diferentes sectores y con diferentes perspectivas, se crea un ambiente propicio para la creatividad y la innovación. Trabajar desde casa puede aislar y empobrecer al trabajador, que vive sin estímulos sociales.
Desde el punto de vista del diseño de interiores, los coworking deben tener las mismas características que una oficina moderna y actual, en cuanto a las calidades de sus materiales (ignífugos, fonoabsorbentes, sin COVs, etc.), iluminación, calidad acústica, sillas ergonómicas, etc. Es importante tener en cuenta que, aunque no sean trabajadores permanentes, la calidad del espacio es igualmente determinante para sus labores. No obstante, desde el punto de vista estético, sí suelen ofrecer un aspecto mucho más informal que el de una oficina tradicional. Se busca crear ambientes domésticos, hogareños y residenciales. De hecho, encontramos coworking decorados con objetos personales, como si fuera una auténtica casa, con fotos, trofeos, pósters, adornos, libros, plantas, etc. Por regla general, son espacios muy cuidados: cuentan con una iluminación muy estudiada, tanto natural como artificial. Se elige una gama de colores coherente y un diseño que refleje la identidad y la cultura del espacio de coworking. Los colores brillantes y vibrantes pueden ayudar a estimular la creatividad, mientras que los tonos neutros pueden crear un ambiente tranquilo y profesional.
De Naves Textiles a Espacios del Futuro: La Reinvención Industrial
Dentro del sector inmobiliario industrial existe una tendencia creciente en los últimos años que ha dado lugar a espacios fascinantes: la transformación de antiguas fábricas e industrias en espacios versátiles para diferentes usos. Esta práctica no solo rescata edificios con valor histórico y arquitectónico, sino que también ofrece soluciones innovadoras a las necesidades de espacio en el siglo XXI, incluyendo la creación de oficinas y espacios de coworking.
Numerosos ejemplos demuestran la adaptabilidad del patrimonio industrial:
- Un antiguo centro de empaquetado de cítricos ahora alberga restaurantes y espacios de entretenimiento.
- Una icónica central eléctrica de carbón, construida en la década de 1930 y en funcionamiento hasta el año 1983, se ha reinventado para nuevos usos.
- Un antiguo matadero y mercado de ganado de principios del siglo XX, ubicado en el centro de Madrid, se ha transformado en un centro cultural y artístico de vanguardia.
- Una antigua fábrica textil hoy día alberga tiendas, restaurantes y oficinas creativas.
- La sede de un museo es una antigua fábrica textil, el Vapor Aymerich, Amat i Jover, una de las mejores obras arquitectónicas industriales del Modernismo catalán.
- Una antigua fábrica de acero se ha convertido en un parque público y un centro de entretenimiento.
- Una histórica fábrica de cerveza de 1883 se ha transformado en un vibrante complejo de oficinas y tiendas.
- Un conocidísimo museo de arte contemporáneo fue originalmente una central eléctrica.
Estos ejemplos ilustran cómo la robusta estructura y los amplios espacios de las edificaciones industriales, incluidas las naves textiles del siglo XIX, las hacen ideales para su reutilización. Su pasado como motores de producción se transforma en un futuro como catalizadores de creatividad y colaboración.
Casos Emblemáticos de Transformación de Naves Textiles
La transformación de naves textiles en espacios modernos es particularmente relevante. Su arquitectura, caracterizada por grandes naves, techos altos y abundante luz natural, se adapta perfectamente a las demandas de los espacios de trabajo contemporáneos y de las comunidades. Las naves textiles del siglo XIX, con su solidez constructiva y su historia, ofrecen un lienzo ideal para la creación de entornos de coworking, estudios de artistas, o incluso complejos de viviendas y centros culturales. A continuación, exploramos dos ejemplos destacados en Barcelona que, aunque no sean exclusivamente espacios de coworking, demuestran el vasto potencial de rehabilitación de estas estructuras industriales para albergar funciones diversas y dinámicas, sentando un precedente para la versatilidad de este tipo de patrimonio.
La Nave G de Fabra i Coats: Vivienda Social y Cultura
La intervención de la nave G de la antigua fábrica Fabra i Coats llevada a cabo por los arquitectos Roldán + Berengué Arquitectes ha finalizado. El proyecto trata de una estrategia urbana municipal que aúna la creación de vivienda social y la recuperación del patrimonio industrial de la ciudad: la transformación de una nave de almacenaje de hilos en un complejo de vivienda social en el recinto de la antigua fábrica de Fabra & Coats en Barcelona. Se han construido 46 viviendas para jóvenes y para artistas vinculados a la Fábrica de Creación de F&C, y la sede social de una colla castellera.
La nave fue construida en 1905 y destinada a almacenamiento. Tiene 100 m de largo por 15 de profundidad, y 11 de altura e interiormente está dividida por un forjado intermedio. La estructura, fachada y cubierta, es una unidad construida en fábrica de ladrillo macizo, teja árabe y estructura interior de acero, con una crujía de 3,36 m de ancho que se repite 24 veces (módulos). El concepto del proyecto se basa en “Activar todos los elementos de la nave original para el nuevo programa”. Así como reutilizar sus cualidades físicas, espaciales e históricas para hacer más eficiente la nueva construcción y reforzar la naturaleza del edificio original. Se basa en la creación del espacio comunitario de las viviendas en interrelación con el espacio libre del recinto industrial mediante el vaciado en diagonal de la nave original. Y además, en la activación de todos los elementos materiales, espaciales y simbólicos de la nave en favor de la funcionalidad, la economía y la autosuficiencia energética de las viviendas.
Estos son los 5 puntos clave para el desarrollo del proyecto:
- Se trata de una nave de 100m de largo. La primera decisión pasa por poner en valor su máxima dimensión que es la longitud, accedemos por el centro creando una plaza interior. Desde la que se inicia el recorrido de las escaleras interiores en doble diagonal ascendente, se comunica física y visualmente toda la nave desde la planta baja hasta las cerchas de la cubierta. El vestíbulo relaciona también la nave con la calle Parellada y la plaza interior del recinto de Can Fabra. Este espacio comunitario en cascada es la nueva aportación estructural al edificio original.
- Reutilizar estructuralmente los dos suelos interiores de la nave. Usarlos sin ningún tipo refuerzo para apoyar en cada uno de ellos los dos nuevos niveles de viviendas. De dos plantas pasamos a cuatro, para hacerlo usamos una estructura de madera, porque es 5 veces más ligera que la de acero. La estructura en “frame” de madera es una traslación de las antiguas estructuras de acero usadas como estanterías para el almacenaje hilos.
- Fachada y cubierta de la nave como amortiguador térmico de las viviendas. Las nuevas viviendas se sitúan separadas de la fachada y cubierta original de la nave, con una nueva fachada de madera. Se crea un espacio intermedio por donde circula el aire con el objetivo de que las viviendas no requieran climatizarse la mayor parte del año. La pared de 45cm de ladrillo y la cubierta de teja cerámica aportan sus propiedades térmicas y de umbráculo al nuevo edificio interior. A su vez, mantienen su presencia como fachada interior de los espacios comunitarios. En este espacio intermedio están las calles interiores de acceso a las viviendas. Reconociendo así lo que era el antiguo recorrido de los paquetes de hilos con los puentes grúa y las cintas transportadoras.
- La nueva construcción es de “ensamblaje”. Es una construcción en seco con muy pocos materiales como en la nave industrial. Se ensambla a la manera de un tejido. Coser y descoser, la nueva construcción por su naturaleza y ensamblaje puede ser montada y desmontada es decir “reversible”. La nave en un futuro como elemento patrimonial puede retornarse a su estado original del 1905, y el material usado en la construcción reciclarse.
- Acción: Patrimonio industrial + vivienda social + recinto cultural. Los espacios comunitarios del vestíbulo se pueden ocupar una forma totalmente libre, y dan lugar a un espacio de relación entre los vecinos. Donde el intercambio de ideas y el uso común de estos espacios forman parte de la vida diaria de los ocupantes. La interacción entre las viviendas y el recinto cultural tiene como objetivo construir sinergias y relaciones entre los artistas del recinto y los ocupantes de las viviendas (algunos de ellos son los mismos artistas que trabajan en el recinto), generando espacio de oportunidad para intervenciones temporales y dando así al edificio una complejidad añadida en relación con el recinto de Fabra & Coats.
La transformación de la nave G de la antigua fábrica de Fabra & Coats de Barcelona se incluye dentro de la recuperación de este complejo textil de los siglos XIX y XX para incorporarlo a la red de "las fábricas de la creación en BCN".
Can Batlló: Autogestión y Centro de Actividad Comunitaria
Situada en el barrio de la Bordeta, la antigua fábrica textil de Can Batlló, del siglo XIX, es un ejemplo de organización vecinal y de reutilización del espacio urbano en el siglo XXI. Construida en el siglo XIX como industria de manufacturas textiles, Can Batlló, con una superficie comparable a la del Camp Nou, fue en sus orígenes, junto a El Vapor Vell y la Espanya Industrial, uno de los bastiones fabriles más importantes de la época.
Recuperada en el 2011 gracias a la movilización social de la plataforma vecinal “Can Batlló és pel barri” (formada en 2009), ha conseguido la cesión permanente de una de las naves, conocida como el Bloc Onze. Desde entonces, se ha convertido en un foco de actividad social y cultural, con huerto urbano, taller, biblioteca, ateneo popular, cine e imprenta. Poco a poco el espacio ha ido creciendo en dimensiones y ha ocupado otras naves del recinto. Este modelo demuestra cómo las antiguas naves textiles pueden ser transformadas en vibrantes centros de actividad comunitaria, ofreciendo un entorno flexible que podría incluir, o inspirar, espacios de trabajo colaborativo.
La reutilización de estas históricas estructuras industriales, ya sea para vivienda, cultura o espacios de coworking, subraya la visión de futuro que valora la historia y la adaptabilidad. Estos proyectos no solo preservan el patrimonio, sino que también generan nuevos ecosistemas laborales y comunitarios que responden a las necesidades cambiantes de la sociedad.
