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Comunicación

Miquel Perelló: Biografía del Empresario y Suegro de Rafael Nadal

by Admin on 03/11/2025

El pasado [Fecha del fallecimiento] falleció en Manacor Miquel Perelló Mas, padre de Maria Francisca Perelló (Xisca Perelló) y suegro del tenista Rafael Nadal, a los 63 años de edad tras una larga enfermedad.

La noticia, dada a conocer por el diario mallorquín Última Hora, ha causado consternación en Manacor, donde Miquel Perelló era una persona muy apreciada y conocida por el mote de "Patró" (patrón).


Rafael Nadal, yerno de Miquel Perelló

Un Empresario Discreto

Miquel Perelló, dedicado al sector de la construcción, desarrolló un considerable patrimonio inmobiliario a lo largo de su vida. Siempre mantuvo un perfil bajo, alejado de la exposición mediática, a pesar de ser el suegro de uno de los deportistas más laureados de la historia de España.

Casado con María Pascual, empleada municipal, Miquel pertenecía a una familia de clase media y siempre se caracterizó por su discreción, cualidad que también heredó su hija Xisca, la esposa de Rafael Nadal.


Rafa Nadal y Mery Perelló

Un Abuelo Reciente

Miquel Perelló tuvo la alegría de convertirse en abuelo primerizo en octubre de [Año del nacimiento del nieto], con el nacimiento de Rafael, el hijo de Rafa Nadal y Xisca Perelló. El bebé nació en perfecto estado en el centro médico Quironsalud de Palmaplanas, en Palma de Mallorca.

Reacciones y Funeral

El fallecimiento de Miquel Perelló ha supuesto un duro golpe para la familia Nadal-Perelló. Numerosas personas han expresado sus condolencias y apoyo a María Pascual, Xisca y Rafael Nadal en estos difíciles momentos.

El funeral de Miquel Perelló se ofició en Manacor, donde recibió un sentido homenaje por parte de sus familiares, amigos y vecinos del barrio de na Camel.la.

La esquela publicada en memoria de Miquel Perelló decía:

"Sus afligidos familiares: su esposa, María; su hija María Francisca; su yerno, Rafael; su nieto, Rafael; su madre, María; sus hermanos, María Pilar, Joana Adela y María, cuñados y el resto de su familia nos comunican la defunción de Miquel Perelló Mas, conocido como 'Patró', el día 20 de abril de [Año del fallecimiento] a los 63 años en la villa de Manacor. Se pueden presentar los respetos el día 21 de abril de 10:00 a 13:00 horas y de las 15:00 a las 17:00 en el tanatorio Parc de l'Auba de Manacor."

Un Año Agridulce

Para Rafael Nadal, este ha sido un año agridulce. Por un lado, ha disfrutado enormemente del nacimiento de su primer hijo y de la posibilidad de acompañarlo a clases de natación. Por otro lado, ha tenido que lidiar con problemas de lesiones que lo han mantenido alejado de las canchas.

Miquel Estelrich Perelló: "Mestelrich" y "La Ruta de la Muerte"

Aunque esta parte de la información no está directamente relacionada con Miquel Perelló (suegro de Rafael Nadal), es importante destacar la figura de otro Miquel Perelló, en este caso Miquel Estelrich Perelló, un empresario y artista mallorquín que destacó en el mundo del espectáculo.

En agosto de 1947, Miguel Estelrich Perelló (Santa Margarita -Mallorca- 1913) pudo llevar a la práctica su espectáculo con el cual dio prácticamente la vuelta al mundo, tras cuatro años de ideas, ilusiones, proyectos, pruebas y ensayos. La idea que le había brindado un amigo suyo, Eduardo Pagés, cuatro años antes de ver si era capaz de cruzar con su bicicleta las plazas de toros de torre a torre por encima de un cable sin ningún tipo de protección, la pudo llevar al fin a práctica.

Miguel Estelrich, cuyo nombre artístico fue desde entonces “MESTELRICH”, denominó a su número -que fue pionero en todo el mundo- “La Ruta de la Muerte”, denominación que, por un milagro, no se convirtió en realidad. Eran los años de la postguerra en España. La gente trabajaba en lo que podía y los más osados, los que ahora se denominan emprendedores, tenían que ingeniárselas para poder salir adelante. Miguel Estelrich desde joven era un soñador, un aventurero, un entusiasta, un deportista, un temerario… En su cabeza rondaba únicamente una cosa: Hacer algo fuera de lo común para granjearse la admiración de todos.

Los espectáculos a los que solía acudir la gente, aquí en Mallorca, en una época donde la esperanza volvía a resurgir en sus rostros, eran sobre todo las corridas de toros, el ciclismo en el velódromo de Tirador, las veladas de boxeo que allí mismo se celebraban y el fútbol con el Mallorca como principal protagonista. A Miguel, desde muy joven, le encantaba el mundillo del espectáculo y el deporte.

Ello le llevó a probar suerte en el toreo. No le fue bien. Después convenció a su hermano pequeño Rafael a que se dedicara al boxeo. El sería su manager. Rafael, un genial deportista, llegó a ser campeón de Baleares de los pesos ligeros, pero una lesión en sus cejas hizo desistir a su hermano de llevarlo a consquistar mayores metas. El afán creativo de Miguel le comía por dentro. Su gran amigo, Jaime Pericás, triunfaba en el toreo y también él quería triunfar pero haciendo algo nuevo, algo especial que nadie hubiera hecho hasta entonces.

Metido en el mundillo de los toros por sus amigos, la primera ocurrencia que tuvo fue la de hacer el “Don Tancredo” con su bicicleta, esa figura en el mundo del toreo que permanece inmóvil delante de os toros con la creencia (sólo creencia) que los astados no embisten a un objeto inmóvil.

No fue fácil convencer a las autoridades para que le autorizaran a realizar aquél número. Pero lo hizo. Colocó su bicicleta sobre dos pedestales de cincuenta centímetros de altura y como las ruedas completaban los otros cincuenta centímetros exigidos para realizar la suerte del “Tancredo” reglamentario, inició ese número totalmente nuevo.

El temple de aquel muchacho subido encima de su bicicleta en el centro de la plaza mirando al cielo haciendo caso omiso al toro que salía alocado de los toriles al galope y que tras dar varias vueltas se paseaba a su lado como si nada, fue un gran éxito que motivó le ofrecieran varios contratos para actuar con un espectáculo taurino musical por todas las plazas de España. ¡Ya había logrado meterse en ese mundillo con algo innovador que nadie había hecho!, aunque pronto se dio cuenta que una cosa era la teoría y otra la práctica.

Por lo visto, había toros que respetaban aquella “estatua”, pero otros no, ya que salió despedido más de una vez por los aires aunque sin lesiones de importancia dada la agilidad física que tenía. Cuando la “tourné” por las plazas de toros con el “Tancredo” iba finalizando, Miguel no podía consentir que su osadía y valentía se quedará ahí e intentó una cosa imposible: el rejoneo en bicicleta.

Aquella idea, totalmente descabellada, resultó ser un fracaso monumental, pues aunque entrenó mucho para quedarse quieto en la plaza con su bicicleta y acudir después despacio hacia el toro para con un quiebro intentar clavarle el rejón, la primera vez que lo intentó en la práctica, cuando se revolvía el toro no le daba tiempo a huir, pese a darle con sus piernas una velocidad endiablada al “piñón fijo” de su bicicleta. Lo alcanzó una y otra vez con suma facilidad, pese a estar muy atentos los subalternos para acudir al quite, saltando él y la bicicleta por los aires. Aquello no funcionó y el empresario de la plaza de toros, Eduardo Pagés, viendo el arrojo y valor que tenía aquél joven que con su bicicleta quería intentar lo imposible y que por lo visto era capaz de hacer cualquier cosa, le insinuó que pensara en atravesar las plazas de toros por encima de un cable con su máquina… ¡Si te lo propone tú lo podrás hacer chaval!. Le dijo.

La idea que aquél hombre le insinuó sin duda pensando en que caería en un saco roto, o quizás, porqué no, a lo mejor pensando en que aquél loco muchacho era capaz de realizar cualquier barbaridad, fue desde ese momento como una obsesión para Miguel. Cuenta en su biografía que con su bicicleta siempre que pasaba por la Rambla intentaba ir todo el trayecto por encima de la vía del tren, hasta que logró hacerlo sin salirse ni un centímetro.

Pasaban los meses y Miguel, en la frutería que llevaba con su mujer en el mercado, no dejaba de darle vueltas a la cabeza pensando en la manera de poder realizar aquella idea. Sus ganas de llevar adelante aquel proyecto juntamente con las enormes dudas que frenaban su ímpetu, se las expuso a varios amigos suyos. Mientras todos le animaban a hacerlo (pensando sin duda que estaba chiflado) hubo uno de ellos, Modesto Méndez (un alférez mecánico de aviación), que le tomó en serio, escuchó con atención su idea y comenzó a ayudarle realizando dibujos y esquemas de lo que debían ser las poleas, el cable, los agarres, las fijaciones, los tensores, etc. etc. que necesitarían para llevarlo a cabo. Se pasaron todo el invierno de 1944 reuniéndose cada fin de semana para hablar y discutir los bocetos que su amigo realizaba. Méndez le iba diciendo lo que él consideraba. Le insinuó que él sólo en la bicicleta iba a ser muy difícil que pudiera aguantar el equilibrio y que quizás sería mejor acoplar dos trapecios a las ruedas para que sirvieran de contrapeso. Miguel que cada vez estaba más emocionado al ver que aquél hombre le había tomado completamente en serio, le dijo abiertamente que quería probarlo ya.

Los muchos amigos que tenía y uno en especial que cita Miguel en su libro, al comprobar que efectivamente era capaz de poder llevar adelante aquella locura, se ofrecieron para ayudarle económicamente en conseguir el material necesario. Y en vista de todo el apoyo que recibía, Miguel se puso manos a la obra.

El pensar ahora en los enormes problemas que tuvo que solucionar para poder realizar aquel proyecto, lleva a uno a la conclusión que no hay nada imposible de lograr si uno se lo propone. Eran los años de la posguerra. La gente que acudía a los mercados para abastecerse de alimentos lo hacian con cupones… Sus amigos le habían prometido ayuda económica para llevar todo aquello adelante, pero ¿de donde sacaba un cable lo suficientemente largo y fuerte que atravesara el diámetro de una plaza de toros y que una vez tensado pudiera aguantar el peso de tres personas sin riesgo de rotura?. ¿Qué sistema se podía emplear para tensar aquél cable lo suficiente para que aguantara el peso de tres personas sin que hiciera una “comba” en el centro?. ¿Aguantaría el equilibro encima de su bicicleta con las llantas deslizándose encima del cable con el “vaivén” que indudablemente iba a producirse de lado a lado al estar sujeto únicamente por los extremos?...Y si conseguía solucionar todos estos problemas ¿cómo iba a convencer a alguien que quisiera colgarse al vacío de un trapecio en movimiento sin ningún tipo de protección sabiendo que una caía sería mortal de necesidad?. ¿Y las sujeciones de los trapecios a las ruedas? . Y al final la gran duda: De poder conseguir todo esto ¿sería viable aguantar el equilibrio al desplazarse unas cuantas veces hacia delante y luego hacia atrás? y en caso afirmativo ¿conseguiría el permiso de las autoridades para poder realizar este número inédito hasta la fecha entonces?.

Cuenta Miguel en su biografía, que el empresario del Velódromo de Tirador le brindó gustoso la torre de entrada al recinto para que probara allí su invento y entrenara cuanto quisiera. Al cabo de unos días Miguel colocó un cable tenso a una altura de un metro y en aquel pequeño lugar y con su bicicleta, a la que había quitado evidentemente los neumáticos, después de muchas caídas y muchísimos intentos, logró pasar de lado a lado sin caerse. Pero las llantas resbalaban cuando le daba fuerza a los pedales y sobre todo, le costaba mucho avanzar desde el centro de aquella cortita distancia por la comba que se producía (comba que iba a ser su pesadilla en toda su trayectoria artística). Si en aquel corto trayecto ya ocurría esto, ¿qué ocurriría en una plaza de toros? -se preguntaba-.

Aquello no iba. Fue su amigo Méndez el que tuvo de nuevo que animarle diciéndole que las ruedas deberían ser de un material que no resbalara con el cable, por ejemplo la madera… Miguel, ni corto ni perezoso buscó a un ebanista amigo suyo, Miguel Mudoy, el cual entusiasmado con la idea le hizo unas ruedas de madera de haya. ¡Le fueron perfectas!. Faltaba ahora que le fabricaran los 200 metros de cable con ánima de acero de 8 mm. de diámetro necesario para probar el sistema en la plaza de toros. No fue posible encontrarlo en Mallorca. Otra vez su amigo e ideólogo Méndez fue quien le ayudó y escribió a la fábrica “Quijano” de Santander para que se lo enviaran contrareembolso.

Era Abril del año 1946. Miguel disponía ya del material necesario para intentar montar todo su tinglado en la plaza de toros y probarlo. Hacía tiempo que había pensado en su hermano Rafael y en un “brusquer” amigo suyo, Sebastián Mestre, mecánico de bicicletas, para que les acompañara en esa aventura aún a costa de exponer sus vidas. Sabía que los dos iban a aceptar su propuesta. Y efectivamente los dos asintieron a la espera que les llamara para ensayar. Aquellos, evidentemente eran otros tiempos.

El empresario de la plaza de toros, Antonio Bonnin, también buen amigo de Miguel quien hace tiempo ya le había confirmado que tendría a su disposición la Plaza para realizar los entrenamientos necesarios, le facilitó toda la colaboración para que las pruebas las realizara a puerta cerrada con el compromiso de que, si el proyecto salía bien, el debut lo tenía que hacer allí. Naturalmente Miguel aceptó encantado.

Dice Miguel Estelrich en su biografía: “Comencé instalando el cable a la altura de la barrera. Unos cincuenta metros de diámetro. Los tensores funcionaron a la perfección. Quedó el cable perfectamente tenso. Únicamente en el centro había unos centímetros de desnivel. Había que probar que pasaría en este punto crítico (el lugar más alejado de los tensores). Coloqué la bicicleta junto a la barrera y mientras Méndez y unos amigos me sostenían, me subí a ella y comencé a rodar ante su estupor. Iba rodando poco a poco. Me fijaba en la rueda, en el suelo, en el cable…¡No sabía si tendría o no vértigo a más altura!. Y me di cuenta de que me estaba poniendo nervioso. Llegué al centro de la plaza y noté como el cable se balanceaba lentamente de lado a lado y me costaba más pedalear.

¡Estaba en la zona de la comba, la zona más crítica, el centro del recorrido!. Me paré y continuaba el balanceo, no podía avanzar y me caí… Naturalmente, ante la poca altura no me hice nada y recuerdo que salté preocupado en que no se cayera la bicicleta al suelo, cosa que logré. Ante los consejos de mis amigos que vinieron a mi lado y no cesaban de decirme lo que debía hacer, les corté diciéndoles que ya sabía lo que había ocurrido. Subí de nuevo a la bicicleta y antes de comenzar mi marcha fijé mi vista en un punto fijo enfrente de mí y comencé de nuevo mi marcha, esta vez sin quitar la vista de aquel punto y pensando en que iba rodando por la vía del tren de Vía Roma… Llegué al final sin ningún contratiempo ante el aplauso y ánimo de mis amigos. Casi no me había dado cuenta del balanceo del cable ni de la comba. ¡Ya lo tenía: el punto del equilibrio consistía en fijar mi atención en un punto lejano y tener la cabeza tranquila, pensando en algo que me relajara! ¡Con la vía del tren lo había conseguido!. Logré hacer el recorrido de los cincuenta metros andando para adelante y para atrás (me caí también en mi primer recorrido reculando, al girar la vista para ver el trozo que me quedaba, ¡no podía quitar la vista del punto de mira inicial!), pero después de estas dos caídas ya no me volví a caer más. Aquél día pasé de un lado a otro la plaza más de treinta veces hasta que me di cuenta de que mis compañeros estaban cansados y hambrientos. Me bajé y les dije que fuéramos a celebrarlo en el bar de la plaza. Ahora que ya estaba seguro de mi dominio iba a ir subiendo altura. Me propuse ir subiendo cada día un peldaño de la plaza (cuarenta centímetros) y así lo hice. Cada día era cuarenta centímetros más alto y un metro más largo de recorrido y así pude darme cuenta de que no tenía ni pizca de vértigo. Ya sabía los secretos del equilibrio y me sentía enormemente tranquilo. En poco tiempo conseguí cruzar la plaza de torre a torre, ya con las plataformas que habíamos fabricado, a veinte metros de altura sin ningún tipo de protección, como es lógico (a estas distancias era impensable colocar algún tipo de red). ¡La idea que me había dado Eugenio Pagés ya era un hecho!... Llamé a mi hermano Rafael y a Sebastián Mestres y les enseñé el espectáculo. Crucé delante de ellos la plaza de toros a máxima altura y cuando bajé les enseñé cómo tenían que ir los trapecios enganchados a los ejes de las ruedas. Querían probarlos ya a esa altura, pero les anuncié que al día siguiente comenzaríamos los ensayos a la altura de media grada y de ahí para arriba. He de reconocer que uno y otro tomaron mucho interés y entusiasmo en el audaz y arriesgado ejercicio de trapecistas”.

“MESTELRICH” debutó en la plaza de toros de Palma el 16 de Agosto de 1947 con un lleno a rebosar. La gente comenzaba a hablar de él. El “NO-DO” vino a filmarles una actuación a puerta cerrada (Septiembre de 1947). Al principio lo hemos visto juntamente con unas breves películas que encontramos por sus archivos con su bicicleta “más pequeña del mundo” y también una actuación en el “Circo Egred” en Venezuela.

Con “la Ruta de la Muerte” el empresario taurino Rafael Dutrús le ofreció un contrato de de casi un año de duración, más de cien funciones, para recorrer todas las plazas de toros de España. Después le contrataron para hacer lo mismo en las de Portugal. Y de Ahí prácticamente por todo el mundo para actuar en parques públicos: Francia, Alemania, Suecia, Inglaterra, Venezuela, Colombia, Perú, Panamá, EE.UU, Egipto, Siria. Dice Miguel que viajó por 54 países, todo un récord en aquéllos tiempos.

Tantas actuaciones con ese número tan arriesgado, tenía que pasarles factura algún dia. Y así fue. En Londres les habían contratado para qu...


Plaza de Toros de Palma de Mallorca

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tags: #miquel #perello #empresario #biografia

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