Biografías de Figuras Insignes de Toledo y su Provincia
El objetivo de esta publicación es rendir homenaje a sus trayectorias y trabajo en favor de Toledo y su provincia, así como servir de referencia para estudiosos e investigadores a la hora de localizar información sobre estas personalidades.
Ángel María Acevedo Juárez (1871-1933)
Información: Académico fundador.
«De singular talento, vasta y polifacética cultura, en su primera juventud armonizó las actividades periodísticas -con las que logró un puesto relevante en la prensa por su agudeza crítica y su estilo castizo, elegante y sobrio- con las de cátedra, y en el Seminario desempeñó con igual eficacia didáctica enseñanzas aparentemente tan dispares como Matemáticas y Filosofía».
Hijo de un maestro de sólidas convicciones que impartió clases en Ciudad Real y en Toledo, Acevedo ingresó en el Seminario y fue ordenado en marzo de 1895, a los veinticuatro años de edad. En el año 1915 se convirtió en párroco de Santa Justa y Rufina, emprendiendo una activa campaña en defensa de las parroquias mozárabes. Patrocinó, en este sentido, la restauración de los templos de San Lucas -donde reimpulsó el culto a la Virgen de la Esperanza- y San Sebastián, este último a través de una campaña en prensa de la que se hizo eco el semanario católico El Pueblo.
Consistió en promover una subasta a la que brindaron su apoyo el conde de Casal y el pintor Vicente Cutanda, junto a otras personalidades que un año después contribuirían a fundar la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Vicesecretario de la junta diocesana de la Liga Nacional de Defensa del Clero (1912), Acevedo era también caballero del Santo Sepulcro de Toledo. Cuando la Real Academia fue creada le correspondió la medalla número XIV, la misma que ostenta en el retrato que le dedicó Rafael Ramírez de Arellano. De su actividad como periodista dan fe varias colaboraciones en la revista Toledo durante los años veinte.
A finales de esa década se convirtió en un firme difusor del recién inaugurado museo de arte sacro instalado en la parroquia de San Vicente, incluyendo en sus textos una de las escasas fotografías -obra de Rodríguez- que se han conservado del interior de ese espacio.
Otros de sus trabajos, publicados en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, son un informe sobre el Pendón de la ciudad y varios textos sobre su pasado mozárabe, entre ellos una breve biografía de Cipriano Varela, párroco de San Lucas y obispo de Plasencia.
Sebastián Aguado y Portillo (1854-1933)
Información: Académico fundador.
Sebastián Aguado y Portillo no sólo merece pasar a la historia de esta ciudad por su gran conocimiento de la cerámica e intensa labor docente -fruto de la cual surgirán después carreras tan destacadas como las de Ángel Pedraza y Vicente Quismondo-, sino por ser el origen de una dinastía estrechamente vinculada a la Escuela de Artes y Oficios de Toledo.
Natural de Jimena de la Frontera (Cádiz), donde nació el 11 de junio de 1854, hijo de maestros nacionales, Sebastián Aguado inició sus estudios en Sevilla. En esta ciudad asistió a las clases de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ampliando su formación en el estudio del pintor Joaquín Díaz y en el taller del escultor Manuel Gutiérrez Cano, quien le recomendó completar su aprendizaje junto a dos importantes escultores barceloneses, los hermanos Agapito y Venancio Vallmitjana.
Aprendió el oficio en el popular barrio de Triana e ingresó en la célebre fábrica de Pickmann de La Cartuja. En 1875 iniciará una serie de viajes por Europa para estudiar la fabricación de loza y porcelana, perfeccionando sus conocimientos en las fábricas de Génova y Marsella. También pasó por Nápoles, donde destacó como fundidor de esmaltes.
De regreso en España, se estableció en Madrid en 1886, trabajando para Guillermo de Osma y Arturo Mélida como encargado de la fábrica de Santigós y Cía. Por estas fechas comenzó su labor docente, primero como profesor del Círculo Católico de Obreros del Corazón de Jesús y después en el taller de vaciado de la Escuela Superior de Artes y Oficios de Madrid (desde 1893), donde sustituyó al ceramista Guillermo Zuloaga.
Su traslado e instalación definitiva en Toledo se produjo en 1902, como profesor de cerámica y vidriería artística en la Escuela de Artes, a la que permaneció ligado hasta su jubilación, en 1925. Miembro fundador y titular de la medalla número I de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas en 1916, Aguado obtuvo varios reconocimientos nacionales e internacionales.
En 1901 obtuvo una mención honorífica en la Exposición Nacional de aquel año, a la que siguió una primera medalla en la Exposición Nacional de 1904. Casi diez años después, en la Exposición Nacional de 1913 -donde la Escuela de Artes obtuvo una primera presea-, ganaría nuevo diploma. A finales de los años veinte, siendo ya anciano, obtendrá nuevos reconocimientos, como el diploma y la medalla de plata del Certamen Nacional del Trabajo de Bilbao (1928) y diversas distinciones en Grenoble (Francia) y Monza (Italia).
Sus trabajos documentados en Madrid y Toledo son abundantes. Para la capital del reino restauró la imagen de Nuestra Señora de la Almudena y participó en numerosas obras públicas y privadas. Realizó las vidrieras esmaltadas del palacio de los marqueses de Santo Domingo en el Paseo de la Castellana y la lápida del pintor Rosales. También elaboró los zócalos de azulejería del Hospital de Maudes y colaboró con el arquitecto Antonio Palacios en las obras del Metro de Madrid, para el que hizo los escudos de las estaciones de Sol, Antón Martín y Retiro.
En la ciudad de Toledo, Aguado realizó la decoración de escayola de las galerías, tallas de madera policromada, zócalos de azulejos de arista y artesonados del Alcázar. Elaboró los zócalos de las ermitas de la Virgen del Valle y de Nuestra Señora de la Estrella, así como las azulejerías del vestíbulo del desaparecido Gobierno Militar.
Sebastián Aguado contrajo matrimonio en 1909 con su alumna y colaboradora María Luisa Villalba Escudero. Tras su muerte, su viuda y su hijo José mantuvieron abierto su taller y se convirtieron en herederos de su gran legado.
Adolfo Aragonés de la Encarnación (1871-1967)
Información: Académico fundador.
Adolfo Aragonés de la Encarnación fue, con el coronel José Miranda Calvo (1917-1922), uno de los miembros de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo que disfrutó de más larga vida. Natural de Guadalajara, donde nació el 29 de agosto de 1871, Adolfo Aragonés perteneció al Cuerpo de Ingenieros Militares. Destinado en varias ciudades españolas, llegó a Toledo en 1900, participando en las tareas de reconstrucción del Alcázar tras el incendio de 1887.
Su producción literaria, histórica y periodística, estudiada por el historiador militar José Luis Isabel, fue muy abundante. En la nota necrológica publicada en El Alcázar a su muerte figuraba como autor de «treinta y tres libros y folletos, y millares de artículos», los últimos de los cuales aparecieron publicados en ese diario. Sesenta años atrás era ya un activo colaborador de medios como la revista Toledo, donde firmaba con el seudónimo «W.
Autor literario desde al menos 1896, cuando estrenó en Melilla la zarzuela Patronas mal reprimidas, Adolfo Aragonés publicó juguetes líricos y obras ligeras hasta concentrar la mayoría de su producción en obras toledanistas y de temática militar, como Plumas y espadas (1908) y Alhucemas: nuestro día (1910). De su amplia producción destacan los memoriales en honor de personajes como el talaverano Francisco Verdugo (1537-1595), gobernador de Luxemburgo, y el capitán Vicente Moreno (1773-1810), héroe de la Guerra de la Independencia, entre otros muchos dedicados a Alonso de Ercilla, Magallanes, Luis Tristán o Gonzalo Fernández de Córdoba.
Fue fundador de la Real Academia en 1916 (medalla XII), convirtiéndose en su primer secretario. Durante su larga vida recibió numerosas distinciones. Gentilhombre de Alfonso XIII y delegado regio de Primera Enseñanza, recibió en 1919 la Cruz de primera clase del Mérito Militar, con distintivo blanco, «por sus relevantes trabajos en la Junta de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad».
En 1929 se convirtió en presidente de la Real Sociedad de Amigos del País de Toledo, habiendo formado parte con anterioridad, como secretario, de la Junta del Centenario de la Catedral. También fue delegado de la Cruz Roja en Toledo.
Menos conocida es su faceta como empresario. Adolfo Aragonés fue propietario del Hotel-Restaurante Granullaque, instalado en la Plaza de Barrio Rey en el solar de la antigua hostería y pastelería del mismo nombre, abierta en tiempos del rey Fernando VII por el bisabuelo de su esposa. El hotel, que disponía de 22 habitaciones, abrió sus puertas en 1912. Su fachada, con falsas pilastras y otros elementos de inspiración plateresca, es la mejor de toda la plaza.
Aurelio Cabrera Gallardo (1870-1936)
Información: Académico fundador.
Escultor y pintor -aunque también arqueólogo y lingüista aficionado-, Cabrera es hoy orgullosamente reivindicado por los estudiosos de la cultura extremeña del siglo XX, de cuya Alburquerque (Badajoz) natal fue nombrado hijo predilecto. «De origen humilde, tenía una gran conciencia social que refleja en su preocupación por sus alumnos, los obreros, a la vez que trabajaba incansablemente en el aspecto artístico de la ciudad».
Según la historiadora del arte Eugenia Muñoz Barragán, especialista en la evolución y desarrollo de esta institución artística toledana, durante la dirección de Aurelio Cabrera se multiplicaron las matriculaciones hasta alcanzar el triple de lo que podía admitir la primitiva Escuela. Fue este director quien reivindicó -y consiguió- la ampliación del edificio hacia el antiguo convento de Santa Ana.
Es poco cuanto se conoce en Toledo de su trayectoria anterior. Aurelio Cabrera fue alumno de la Escuela Municipal de Dibujo de Badajoz, siendo pensionado en 1896 por el conde de la Torre del Fresno -cuyo busto realizaría siendo escultor- para continuar sus estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. A pesar del injustificable olvido al que ha sido sometido en Toledo, ciudad que contribuyó a estudiar -en 1914 fue nombrado por el Estado comisario de excavaciones arqueológicas- y también a restaurar, siendo muy conocida una fotografía que le muestra en su domicilio de la calle de las Bulas, Cabrera fue uno de sus académicos con más amplio curriculum artístico.
El Museo del Prado conserva un yeso de San Sebastián por el que obtuvo una tercera medalla en la Exposición Nacional de 1901. Prueba de su capacidad para la escultura urbana son el proyecto para el monumento al general Martínez Campos de Madrid -que erigiría finalmente Mariano Benlliure- y su participación en el inmenso grupo a las víctimas de las guerras coloniales, una edificación de treinta metros de altura que se levantó en el Parque del Oeste de Madrid.
Autor de un catálogo-guía de monumentos artísticos de Toledo, articulista en diversos medios de comunicación nacionales y locales -de ideología diversa, desde el conservador El Castellano hasta Heraldo Obrero-, Aurelio Cabrera expresó su republicanismo en varias ocasiones. En 1931, por ejemplo, dio por telegrama su «fervoroso y cordial saludo» a «esos bravos republicanos socialistas» del Ayuntamiento de Alburquerque.
Desgraciadamente, tras la toma de Toledo por las tropas franquistas, fue encarcelado y fusilado el 26 de noviembre de 1936. Sus restos descansan en el cementerio municipal de Nuestra Señora del Sagrario.
José María Campoy García (1847-1934)
Información: Académico fundador.
En el año 2008, las principales instituciones de Lorca rindieron merecido homenaje al sacerdote José María Campoy (1847-1934), personaje poco conocido en aquel momento pese a haber sido primer cronista oficial de la ciudad murciana y miembro de una decena de instituciones académicas, entre ellas la Real de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, que contribuyó a fundar en 1916. Fruto de aquel recordatorio fue el libro Escritos y estudios de un cronista de Lorca, editado por su descendiente José María Campoy Camacho.
José María Campoy nació en Lorca en 1847, ciudad a la que regresaba a menudo y donde murió en 1934, a los ochenta y siete años de edad. A partir de entonces comenzó su actividad en Toledo, primero como ecónomo en La Puebla de Don Fadrique, entre 1882 y 1887. Este último año adquirió en propiedad el curato de Riópar (Albacete).
A caballo entre Toledo y su Lorca natal, permaneció ligado al Ateneo de la ciudad murciana desde casi sus inicios, convirtiéndose en su primer cronista oficial por aprobación municipal el 20 de mayo de 1878. También formó parte de la Real Sociedad Económica de Lorca, de la que sería nombrado miembro de honor y presidente de su sección artística.
Su actividad en la ciudad de Toledo se intensificaría tres años después, al pasar a la parroquia de Santiago del Arrabal. En ella permaneció durante más de veinte años, impulsando la creación del templete para la Semana Santa (obra del ceramista Sebastián Aguado, profesor de la Escuela de Artes y posteriormente compañero en la Real Academia toledana, consagrado en 1912) y descubriendo, en 1917, los artesonados mudéjares de este templo, que fue restaurado gracias al apoyo económico del cardenal Guisasola.
Su actividad durante esa década, pese a haber cumplido ya los sesenta años, fue muy intensa. Además de participar en la fundación de la Real Academia en 1916, tomó parte en la conmemoración de la batalla de las Navas de Tolosa en 1912 y en la comisión de festejos de la Junta Organizadora del Centenario del Greco, en 1914. El Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo publicó varios de sus trabajos de temática toledana, relativos al Corpus Christi, la Sede toledana en el siglo XVIII y la época del cardenal Sandoval y Rojas, entre otros.
En 1925 -coincidiendo casi con su paso a la capilla parroquial de San Pedro (a la que se agregaba su filial de la Magdalena)- fue designado presidente de la Comisión Provincial de Monumentos. Cuatro años después se convirtió en vocal de la Junta Provincial de Beneficencia de Toledo, aunque en 1932, a la muy avanzada edad de ochenta y cinco años, se retiró a su ciudad natal por motivos de salud.
Sus reconocimientos fueron abundantes, según han recogido autores como Campoy Camacho o Manuel Muñoz Clares, archivero municipal de Lorca. Además de miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (medalla IX), José María Campoy fue correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Academia Tiberina de Roma, así como presidente honorario de la Academia del Mediodía de Francia. También fue miembro de las reales sociedades económicas de Almería, Segovia, Madrid y Granada.
Vicente Cutanda Toraya (1850-1925)
Información: Académico fundador.
Vicente Cutanda, cuya pintura Fuera de combate (18...
