"Los Negocios Son los Negocios": Un Análisis Crítico de su Significado y Repercusiones Éticas
La expresión "los negocios son los negocios" es una frase comúnmente utilizada, pero cuyo significado profundo y sus implicaciones rara vez se analizan. Generalmente, se asocia con la justificación de acciones que, aunque moralmente cuestionables, se consideran necesarias en el ámbito empresarial. Frases como "disculpa, te perjudiqué, pero cuando hay un negocio de por medio todo es posible" o "qué diablos, hay que sobrevivir" capturan la esencia de esta mentalidad.
Esta expresión implica vanagloriarse o beneficiarse de un negocio en el cual se ha ganado a costa de la credulidad del otro, de la confianza previa, o de lo que estaba escrito con letra pequeña. Pensar y actuar de esta manera, justificando todo porque "los negocios son los negocios", desvincula a la persona de toda ética. Es una frase que se asemeja a "el fin justifica los medios", siendo incluso una aplicación particular de este principio. Sugiere que los negocios existen con independencia de la ética, la moral, los valores y los ideales, lo que nos lleva directamente al ámbito de la ética.
El Concepto de Negocio: Más Allá del Lucro
En su esencia, un negocio es una actividad que se realiza con el objetivo de ganar dinero ofreciendo productos o servicios. Implica un proceso que puede incluir varias etapas: conseguir materiales, fabricar un producto, distribuirlo y, finalmente, venderlo. El principal objetivo es obtener beneficios, también conocidos como lucro. Si una organización no busca beneficios, aunque ofrezca un servicio, no se considera un negocio como tal.
Un negocio surge de la detección de una necesidad que puede ser satisfecha con un cierto bien o servicio. La clave que define a los negocios como tales es el ánimo lucrativo con el que los promotores los constituyen. Sin embargo, tener una idea no es suficiente; lo que convierte una idea en un negocio es la capacidad de ponerla en práctica y hacerla sostenible en el tiempo.
Clasificación de los Negocios
Los negocios pueden clasificarse de muchas formas, a menudo según el sector económico en el que operan:
- Sector Primario: Extrae recursos naturales.
- Sector Secundario: Transforma materias primas en productos.
- Sector Terciario: Ofrece servicios.
Aunque a veces el término "negocio" se usa para describir un lugar físico donde se venden bienes o servicios, como tiendas o restaurantes, también puede referirse a empresas que operan en línea o a través de otros canales.
"No Es Nada Personal. Son Sólo Negocios": La Perspectiva de Vito Corleone
Lamentablemente, la vieja frase "los negocios son los negocios", expresiva de que el mundo empresarial requiere de reglas propias mucho más próximas a la codicia infecciosa que a cualquier sentimiento ético, parece hoy más vigente que nunca. Al pensar en los millones de inversores engañados por tantos desaprensivos no puede eludirse el recuerdo de la frase que Francis B. Coppola puso en boca de Vito Corleone en la película El Padrino: "No es nada personal. Son sólo negocios". Esta cita ilustra la frialdad y la despersonalización que a menudo acompaña a la toma de decisiones puramente económicas, donde los resultados financieros priman sobre cualquier consideración humana o moral.
Crisis de Confianza en el Mundo Empresarial: Consecuencias de la Ética Ausente
Las noticias del mundo de la empresa han tenido siempre ciertas similitudes con los partes de guerra: resistencia a reconocer las derrotas, proclividad a la exageración de hechos favorables y permanente disposición a ocultar o minimizar la lista de bajas en combate. Pero últimamente parecen todas emitidas por el equipo médico en campaña de ejércitos a punto de aniquilación.
La última década ha sido testigo de una retahíla de escándalos empresariales que han sacudido la confianza pública. Empresas multinacionales que admiten haber falseado intencionadamente sus cuentas de resultados, auditores y consultores que miran para otro lado, instituciones financieras con cuentas secretas en paraísos fiscales, bancos de inversión que venden consejos a la medida de sus empresas clientes, y órganos rectores de mercados bursátiles distraídos o poco diligentes son solo algunos ejemplos.
Una multitud de compañías han crecido desmesurada como peligrosamente por la sola razón del paralelo engorde de los sueldos de sus directivos. Esta realidad ha llevado a una generación de académicos y moralistas a predicar la necesidad imperiosa de adoptar conductas éticas en el mundo empresarial, solo para ver cómo los conflictos de interés se resuelven siempre a favor del mejor postor.
Ejemplos de Desmanes Corporativos
La historia está llena de ejemplos donde la búsqueda de beneficios ha eclipsado la ética:
- Empresas norteamericanas que durante la Segunda Guerra Mundial, aun estando su país en guerra, siguieron vendiendo pertrechos bélicos al ejército alemán.
- Las vinculaciones que supuestamente tenía el Banco del Vaticano con la mafia.
- Fabricantes de armas que justifican su proceder diciendo que "si yo no las fabrico otros lo harán", a pesar de que sus productos matan personas.
- Casos emblemáticos de tabacaleras o laboratorios farmacéuticos donde los intereses económicos prevalecen sobre la salud pública.
Incluso en un caso más cercano, se narra la historia de un empleado que, tras establecer una relación de amistad familiar con su ex jefe, montó su propia empresa en el mismo rubro, robando el conocimiento y las bases de datos adquiridas. Su justificación, ante la increpación, fue: "negocios son negocios". Sin embargo, esta historia no tuvo un final feliz, ya que terminó perdiendo a sus clientes y se convirtió en un estafador.
Caso Ética Empresarial: "Los increíbles, Sócrates y la Ética en el liderazgo"
La consecuencia de esta ristra de sucesos ha quedado de manifiesto en las últimas semanas: caída histórica de los mercados, hundimiento de la credibilidad de los dirigentes empresariales y, lo que es mucho más grave, la consolidación de una crisis tal de confianza en los mecanismos que rigen los mercados en el sistema capitalista de nuestros días, que ha hecho sonar todas las alarmas de la clase empresarial y de los poderes públicos.
La Fractura de la Moralidad Pública y los Fallos del Capitalismo Liberal
El asunto es más que preocupante porque no hablamos ya de la corrupción "blanca" de las economías sumergidas ni de la corrupción "negra" del blanqueo de capitales del narcotráfico. Nos referimos a la fractura de los criterios básicos de la moralidad pública a cargo de grandes corporaciones empresariales del primer mundo, al parecer empeñadas en desoír hasta los consejos a favor de la ética egoísta, esa que no traspasa la piel ("por interés propio y mera supervivencia").
No estamos, por tanto, ante la necesidad de un ajuste fino apelando a la conciencia personal y a la decencia cívica, ni ante simples problemas de control, sino ante escándalos que ponen a la luz del día los fallos y excesos del modelo capitalista liberal que preside el actual proceso de globalización. Fallos y excesos de los que ni siquiera surge la esperanza que para la regeneración del sistema suponen los fracasos definitivos, de acuerdo con la célebre frase de Alan Meltzer: "Capitalismo sin quiebras es como religión sin pecado. No funciona".
Reconsiderando el Modelo Capitalista: ¿Para Quién y Para Qué Es un Negocio?
Luego de los recientes escándalos corporativos, es oportuno reconsiderar los supuestos que subyacen en el capitalismo bursátil al estilo de EE.UU. Una embriagadora doctrina aquella en la cual el mercado es rey, el éxito se mide en términos de valor para los accionistas y las utilidades son un fin en sí mismas cautivó a EE.UU. Pero ahora muchos se preguntan si el modelo estadounidense es corrupto.
Los escándalos en EE.UU. no son sólo un asunto de ética personal dudosa o de compañías tramposas que esconden un billón o dos. También debemos hacernos preguntas más fundamentales: ¿para quién y para qué es un negocio? ¿Son adecuadas las estructuras tradicionales de propiedad y gobierno corporativo ahora que estamos en la economía del conocimiento?
De acuerdo a la legislación corporativa, quienes financian una empresa son sus dueños y los empleados son tratados como propiedad y contabilizados como costos. El lenguaje y las mediciones de los negocios deben ser puestos al revés. En una economía del conocimiento, un buen negocio es una comunidad con un propósito, no una propiedad determinada. Si, como muchas compañías europeas, un negocio se considera a sí mismo como una comunidad creadora de riqueza formada por miembros que tienen ciertos derechos, esos miembros probablemente se tratarán entre sí como socios valiosos y asumirán la responsabilidad de decir la verdad.
Medidas para la Transparencia y la Responsabilidad
Algunos gobiernos, entre ellos el estadounidense y el español, han anunciado medidas destinadas a corregir drásticamente estos desmanes y a mejorar la transparencia de los mercados, amenazando en el primero de los casos con penas de cárcel para quienes sigan pensando que dirigir éticamente una empresa no quiere decir estar siempre dentro de la legalidad.
Estos propósitos han despertado la alarma de muchos empresarios honrados (que afortunadamente conforman la mayoría silenciosa), razonablemente temerosos de que la ley del péndulo político conduzca hacia una sobrerregulación de la actividad empresarial, lo que Greenspan llamaría "exuberancia normativa".
Algunas iniciativas empresariales han aparecido ya para defender la autorregulación y propagar el sentido de la responsabilidad en su propio ámbito, para impulsar la adopción de códigos éticos, influir en la opinión y presionar para que los gobiernos eviten los excesos. Y probablemente actúan correctamente, porque si se sabe bien lo peligrosa que resulta la fe del converso, qué no esperar del que desea parecerlo.
La Duda de Quién Vigilará al Vigilante
La duda de quién vigilará al vigilante permanecerá, qué duda cabe, aunque algunos de los grandes prestidigitadores de las burbujas telecom y puntocom, protagonistas de las alzas y caídas bursátiles más rápidas de la historia, sean ya ídolos caídos de sus pedestales. Pero harán bien los empresarios en llevar hasta la opinión pública la sensación de su interés en luchar contra lo que Paul Krugman, en frase feliz, ha llamado "capitalismo de amiguetes".
En cuanto a los Gobiernos, les corresponde aceptar que los empresarios establezcan los mecanismos oportunos que desarrollen la autorresponsabilidad en la gestión de su actividad, pero sin obviar su obligación de establecer reglas definidas y claras del juego, en lo posible pactadas con sus destinatarios. Los líderes políticos no deben olvidar que la combinación de leyes formales e informales configura la estructura de incentivos de una sociedad y deben garantizar que aquellos que defrauden dolosamente la confianza de sus accionistas y de la sociedad en general acabarán para siempre fuera del juego y, si es el caso, con sus huesos en la cárcel. La experiencia demuestra que la conciencia humana es frágil y necesita del apoyo institucional, es decir, de códigos varios además del puramente ético, entre ellos del Código Penal.
Hacia un Marco Ético en los Negocios
Las preguntas difíciles y espinosas persisten: ¿Pueden los negocios desvincularse de toda ética? ¿O puede el afán de lucro pasar por alto toda consideración moral, amparándose en que "negocios son negocios"? Personalmente, me inclino claramente porque los negocios estén dentro de un marco ético. Y como psicólogo, creo que quienes son capaces de desvincular tan fuertemente su vida personal de sus negocios, viven una incongruencia interna, casi un proceso de cierta alienación mental, que tarde o temprano los llevará al colapso.
En el competitivo mundo laboral de hoy, las empresas deben asegurarse de que el nuevo personal que contraten sea el más idóneo, no solo en términos de habilidades técnicas, sino también de integridad y valores éticos. La búsqueda de un equilibrio entre el lucro y la responsabilidad social es esencial para la sostenibilidad y la credibilidad a largo plazo de cualquier empresa.
