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Comunicación

El Liderazgo Autocrático de Mariano Rajoy: Un Análisis Profundo de su Estilo Político

by Admin on 24/05/2026

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, ha sido frecuentemente caracterizado por un estilo de liderazgo autocrático. Esta percepción no es un secreto, y se puede observar en su trayectoria política sin necesidad de recurrir a la historia o a los estatutos del PP. Un ejemplo claro fue el aplazamiento de la decisión de pactar con Ciudadanos, justificándolo con una supuesta consulta a su junta directiva, lo cual resultó inverosímil para muchos, dado que tradicionalmente un presidente del PP no ha necesitado tal autorización de ningún órgano del partido. Sencillamente increíble.

Este estilo se percibe como un poder sin una autoridad o prestigio sólidos, un hecho que se refleja en la evolución del reconocimiento a su persona en las encuestas del CIS durante los últimos años. Es un poder de final de etapa, pero que sigue siendo "puro y duro", sin crítica interna, al menos en público, especialmente después de las últimas elecciones.

Características del Liderazgo de Rajoy

La revista conservadora británica The Economist lo ha descrito como «el hombre que no tiene nada que decir», y muchos analistas debaten si sus silencios son astucia o estulticia. Gran parte de la opinión pública ha mostrado desconcierto y resignación ante la posibilidad de que el "peor candidato de la derecha" pudiera ganar al "mejor candidato de la izquierda".

Sin embargo, en el ámbito del liderazgo político, un líder no necesariamente debe ser carismático, sino que debe tener seguidores (votantes), como señala Peter Drucker. Rajoy, aunque no es "gracioso", ha demostrado ser un superviviente y resistente, como un corcho en medio del bravo oleaje de su presidencia del PP, las dos derrotas electorales y la beligerancia de sus opositores. En el contexto de crisis actual, Rajoy ofrece algo más simple, básico, casi primario: seguridad. En este terreno, el candidato popular presupone acción fiable y decidida frente a la narración pedagógica de su adversario.

Su pertinaz discurso sobre la previsibilidad, su obsesión por el texto escrito que demuestra una cierta inflexibilidad, su constancia actitudinal que le lleva a perlas retóricas como la de que «hay que hacer las cosas como Dios manda», le muestran como una persona corriente, no excepcional. Y ahí radica su fuerza. Es otro tipo de liderazgo: más rudo, más crudo, más burdo. Es un liderazgo práctico y simple, quizás demasiado para la complejidad del momento, pero que puede resultar atractivo para una sociedad preocupada, con miedo y excitada. Es la nueva autoridad. El nuevo tipo de liderazgo para sociedades en crisis.

Rajoy puede obtener una victoria electoral, ciertamente. Pero puede obtener una victoria moral si demuestra que conoce mejor que nadie el estado de ánimo y el pensamiento básico de los electores, si conecta con el sustrato sociológico de fondo de los ciudadanos que sienten una necesidad -casi inconsciente- de autoritarismo simple.

Rajoy o la perseverancia como arma política

Desde los últimos meses, posteriores a las elecciones del 20 de diciembre de 2015, se ha podido apreciar el "estilo Rajoy". Se ha insistido en que practica una política de grado cero, minimalista, zen o taoísta. En este tiempo, Mariano Rajoy ha logrado volver a la Moncloa en condiciones nuevas: deteniendo la sangría por el centro, con el populismo bloqueado, el PSOE dividido y, a consecuencia de todo esto, con una izquierda que no volverá a gobernar España en mucho tiempo.

Quienes afirman que lo ha hecho sin moverse olvidan que desde el primer momento Rajoy ofreció al PSOE su disposición a colaborar: gran coalición, apoyo desde el Congreso, abstención. La oferta de diálogo no varió nunca y resultaba ser la traducción política exacta de la nueva situación: la necesidad de un pacto entre los dos grandes partidos de la democracia, imprescindible tras la radicalización de los nacionalistas y el surgimiento de otras fuerzas sin capacidad ni voluntad de gobierno, pero con atractivo para una parte importante del electorado.

Entre las grandes virtudes que Maquiavelo admira en un príncipe está la de adaptarse a los tiempos. Y allí donde los demás se han empeñado en cambiar los tiempos según su propia voluntad, Rajoy ha permanecido fiel al más serio de los consejos maquiavélicos. Lo mismo ocurre en los años previos, cuando la mayoría absoluta dejó al gobierno del Partido Popular con la responsabilidad de gestionar en solitario una crisis económica que parecía a punto de llevarse por delante la democracia liberal. Aquí también serviría Maquiavelo, por su insistencia en la cautela como otra de las virtudes principales del príncipe, pero más esclarecedora aún resulta la tradición antigua, según la cual la prudencia es la virtud esencial del príncipe, la que define de por sí al hombre político. Más tarde, el estoicismo senequista llamará constancia a la prudencia, lo que hace de Rajoy una encarnación moderna del príncipe constante.

La aversión a la retórica, a la grandilocuencia y a la ideología, el rodearse de fieles, el acallar sin compasión el debate interno, el evitar cualquier desgaste en el Congreso, el no responder nunca, al menos explícitamente, a las críticas, todo eso le ha hecho perder apoyos, sin duda. Ahora bien, también permitió a Rajoy y a su gobierno adaptarse en todo lo posible a su especial situación de único pilar del sistema.

Rajoy y la Cooperación Política

Este inmovilismo, también llamado desgana o incluso pereza, es la consecuencia lógica de la convicción según la cual la acción política es inconcebible sin la cooperación. Aquí estamos ante otro de los grandes principios rajoyescos. Se puede gestionar la cosa pública con eficacia desde la posición propia, pero en cuanto se ambiciona una política de mayor alcance es indispensable el acuerdo: en España, entre el PSOE y el PP. A falta del primero, se ha emprendido alguna reforma fundamental, como la del mercado laboral, pero muchas otras han quedado suspendidas, como las de la enseñanza, las pensiones, la financiación de las Autonomías, por no hablar de la cuestión nacional y los nacionalismos. La única vía posible es el diálogo y el pacto. Cualquier otro camino es no sólo intransitable, sino contraproducente, y sobre todo pernicioso. De ahí la doble apuesta de Rajoy: mantenerse en la inacción aparente y al mismo tiempo, dejar siempre abiertas las puertas del diálogo con los adversarios.

Mariano Rajoy se convierte así en un enigma viviente, con dotes o poderes inalcanzables al común de los seres humanos… y habiéndolo conseguido, justamente, a base de profundizar, como quien no quiere la cosa, en su naturaleza de hombre sin el menor atributo.

Desde la óptica del liderazgo europeo, Rajoy es un líder que ha estado junto a sus socios espalda con espalda, aguantando porque había que aguantar. Ahora, el Sr. Rajoy está dando a la ciudadanía un nuevo mensaje, como diciendo, que esa gran tarea de haber aguantado todo lo que la ciudadanía tuvo que aguantar, podría malograrse ante aventuras trasnochadas que justamente él no representa.

Comparación con otros Liderazgos en España

Rajoy comparte esta forma de dirección autocrática con Pablo Iglesias. Los cambios fulminantes de los dirigentes territoriales de Podemos en las principales comunidades autónomas: Cataluña, Galicia, País Vasco, así como los del secretario de Organización, disiparon cualquier tipo de duda al respecto. A pesar de la importancia de la democracia interna, lo cierto es que en España, eso no penaliza significativamente, ya que, al final, se suele trasladar a la opinión pública una imagen de solidez y estabilidad, valores mucho más apreciados en la práctica. Tanto Rajoy como Iglesias pueden jactarse de ofrecer unos términos de negociación con pocos condicionamientos más allá de las líneas rojas que para ambos, por diferentes motivos, establecen los nacionalistas.

En contraste, Albert Rivera representa el único caso actual de liderazgo carismático. Carece de condicionamiento territorial o de barones que le cuestionen los términos de los posibles acuerdos con otros partidos, y a pesar de ello, se apoya cada vez más en dirigentes con perfiles similares al suyo, con quienes comparte decisiones relevantes. Su caso es único entre los principales dirigentes. Se trata de un poder que se basa en la autoridad, la famosa ‘auctóritas’ latina que no se adquiere automáticamente con el desempeño de un cargo, ya que solo la conceden libremente los miembros de una organización cuando reconocen cualidades excepcionales. Rivera tiene manos libres para negociar con quien quiera sin problemas internos. De ahí que haya sido capaz de llegar a acuerdos, tanto con el PSOE como con el PP.

El PSOE, dirigido por Pedro Sánchez, detenta un tipo de liderazgo de los denominados democráticos, pero débil y profundamente inestable. Manifiesta carecer de poder autónomo suficiente para una toma de decisiones que no comprometa su futuro. No hay más que oír a algunos de sus más cualificados barones para advertir las opiniones frontalmente contrapuestas de sus más destacados dirigentes. La tentación de Pedro Sánchez es la de seguir jugando a la equidistancia interna, huyendo de las decisiones personales comprometidas. Si no ejerce su poder con determinación y firmeza, jamás logrará el respeto mayoritario de su partido. La tremenda paradoja con la que se encuentra Sánchez es que para adquirir la autoridad que necesita, debe comprometerse personalmente, ejerciendo sin ambages su poder.

Reacciones y Percepciones del Liderazgo de Rajoy

El president de la Generalitat en funciones, Artur Mas, ha acusado al candidato a la Moncloa por el PP, Mariano Rajoy, de sufrir una “atrofia de liderazgo político espectacular”. Mas ha considerado que Rajoy sufre una "atrofia de liderazgo político" por lo que no ve factible abordar con él los "grandes retos" políticos. "Tiene que haber un cambio radical en el Gobierno español para que deje de hacer oídos sordos", ha afirmado Mas. "Es necesario diálogo y liderazgo, no diálogo y esconder la cabeza debajo del ala", ha añadido.

Recientemente, el Gobierno de Mariano Rajoy fue acusado por algunos miembros de su propio partido de "antidemocrático" y de generar un "periodo más sombrío desde la aprobación de la Constitución". Estas declaraciones, provenientes de figuras como Esperanza Aguirre, denotan la polarización y las críticas internas y externas hacia su estilo de gobierno.

La autarquía, por otra parte, también se refiere a otra variante sutil de las dictaduras. España ha vuelto a sufrir una circunstancia autárquica, si entendemos por ello a aquel gobierno de un grupo que posee el poder absoluto del estado, decidiendo las leyes y cambiándolas de acuerdo a sus intereses. Para varias corrientes filosóficas de la Antigua Grecia, la autarquía es la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz, pues no necesita para ello otra cosa que el ejercicio de la virtud. Exactamente lo que ha estado ejerciendo el Rajoy hasta la fecha.

El Desafío de la Sucesión y el Ego

Una de las peleas más difíciles y constantes en el arte del liderazgo y a la que el líder debe enfrentarse continuamente es la del control de su propio ego. Pocas son las excepciones a la regla, pero alguna puede destacarse como el caso de Aznar (que incluso preparó su sustitución, aunque la fórmula fuese más o menos democrática) o Luis Aragonés. Son ejemplos de líderes que decidieron cuál era su ciclo antes de que el circo mediático y su resultado en el ego empezasen a actuar, se comprometieron en ello y lo lo acabaron cumpliendo.

Los americanos, que este tema lo tienen bastante más claro, no solo tienen el asunto regulado por ley para que los mandatos políticos no duren más de 8 años, sino que en todo tipo de liderazgo de equipos empresariales suelen incluir entre las responsabilidades del líder la de preparar y programar su propia sustitución. Esta forma de plantearlo es muy importante porque obliga al líder a proyectar la organización a medio plazo y verla sin él dentro.

El liderazgo de cualquier proyecto tiene una curva y una duración; los años en los que más empuje e ilusión puede aplicarse son lógicamente los primeros, y a partir de un determinado momento el cansancio empieza a aconsejar que empiece a empujar otro. Rodearse de personal muy válido y potente que además de aportar más valor a la organización, digan las cosas como las ven. Mantener un juicio interno constante de las decisiones que se toman para asegurar que se están tomando para el bien de la empresa y sus resultados a corto, medio o largo plazo y no por otro tipo de motivaciones de satisfacción personal. Este es un tema muy importante, y me parece especialmente oportuno en el caso de Mariano Rajoy.

Seguramente todos sus competidores políticos prefieran competir contra un líder lento y desgastado que contra un nuevo líder limpio de la historia anterior, con energías renovadas, y convenientemente preparado. Pero lo peor es que la visión del líder por el resultado (en un presidente del gobierno esa visión debiera ser el futuro de España) está tan difusa en la actualidad, que puede acabar sucediendo que nos gobierne la opción que según el propio presidente en funciones es la peor de todas para el país.

Mariano Rajoy: Un líder resistente

La historia del liderazgo político y empresarial desde la Segunda Guerra Mundial nos muestra que no son pocas las personalidades con las características de liderazgo que ostenta el Sr. Rajoy. Por ejemplo, Lee Iacocca, que a finales de los 70 asumió como presidente de la Chrysler Corporation, que estaba prácticamente en bancarrota y que en menos de cinco años logró que se pagasen todas las deudas. Su liderazgo fue del tipo de resistencia dura y tomar medidas absolutamente novedosas, como la co-optation, incorporando a los grupos críticos como sindicatos y banqueros, en el mismo consejo de administración.

El Sr. Rajoy, en un desayuno de prensa de Europa Press, ante la pregunta sobre si iba a ser el candidato a la presidencia del gobierno en las generales, pase lo que pase en las elecciones del 24-M, no sólo afirmaba que sí, sino que decía con rotundidad “sí…sí…yo quiero ser el candidato” y agregaba “y confíen en mí…que les irá bien”. Insiste el periodista en preguntarle si un mal resultado no abriría una reflexión, ante lo cual Rajoy de manera irónica responde: “hágame caso”. O sea, una vez más, Rajoy aguantando y resistiendo.

Rajoy es un líder que separa los problemas internos de su partido que le han ido “moviendo el suelo”, pero que no han podido con él, de los que tiene como presidente del gobierno, a pesar de que es el menos valorado de los políticos españoles por la ciudadanía. Es verdad que hay nuevos y jóvenes valores políticos en el escenario nacional, pero todos y cada uno de ellos, tendrá que demostrar que al menos, la característica de la resistencia no es un valor absurdo en el liderazgo efectivo, sino el que conduce a cumplir con los objetivos propuestos.

tags: #liderazgo #rajoy #autocratico

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