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Comunicación

Sincronía y Diacronía en el Liderazgo: Significado y Ejemplos desde la Lingüística y la Pedagogía

by Admin on 22/05/2026

Los conceptos de sincronía y diacronía son herramientas analíticas fundamentales que permiten comprender la naturaleza y evolución de fenómenos complejos. Su aplicabilidad se extiende a diversos campos del conocimiento, ofreciendo perspectivas sobre cómo los elementos se interrelacionan en un momento dado y cómo cambian a lo largo del tiempo. Entender cómo estos enfoques se aplican en disciplinas como la lingüística o la pedagogía puede arrojar luz sobre fenómenos igualmente complejos como el liderazgo, que se construye tanto por las dinámicas del presente como por su historia.

Fundamentos Conceptuales de Sincronía y Diacronía

Ferdinand de Saussure, considerado el padre de la Lingüística moderna, sentó las bases para diferenciar estos dos enfoques en el estudio del lenguaje. La Lingüística, como ciencia, se ocupa de estudiar el lenguaje a través de varias perspectivas. En este marco, la sincronía está relacionada con el habla, ya que se ocupa de lo simultáneo, lo que ocurre en un momento determinado sin atender a los posibles efectos del tiempo. Por otro lado, la diacronía está relacionada con la lengua, porque se ocupa de las variaciones que ocurren a lo largo de los años, de la historia, e investiga los diversos cambios lingüísticos de un idioma desde su origen hasta la actualidad.

Para hacer un estudio evolutivo o diacrónico, se necesitan varios estudios sincrónicos que muestren la lengua en diversos momentos. El enfoque sincrónico observa la lengua desde un punto de vista estático, realiza un corte temporal y determina cuáles son las pautas que en ese momento estructuran la lengua, aceptada por la comunidad lingüística. Por su parte, el enfoque diacrónico examina la evolución de esta en el tiempo, centrándose en investigar de qué forma se modifican los signos de las palabras, aparecen nuevos y otros se vuelven arcaicos.

Eugenio Coseriu, en su obra "Sincronía, Diacronía e historia" (1958), ofreció una crítica y profundización a la distinción de Saussure. Coseriu cuestionó la imposibilidad de responder a la cuestión del cambio lingüístico a nivel de la lengua desde la perspectiva saussureana, recurriendo a pensadores como Humboldt, Hegel y Aristóteles. De Humboldt, Coseriu toma la distinción entre energeia y ergon, que remite a Aristóteles, y de Hegel el concepto de hombre como ser histórico a través del lenguaje. Para Coseriu, el lenguaje no es ergon, “trabajo, producto”, sino energeia, “actividad” del hombre como individuo creador de signos creativo. Desde este punto de vista, la pregunta de por qué cambian las lenguas resulta menos relevante. En cambio, el cambio de la lengua se explica esencialmente por la descripción del habla y de las finalidades que determinan la actividad de los hablantes. Coseriu sugiere que la pregunta debe hacerse a la inversa: ¿Por qué los hablantes no crean la lengua desde cero? La respuesta se encuentra en la historicidad: el lenguaje es así y no diferente porque en él se manifiesta el ser del hombre como tal.

La sincronía se constituye por los elementos y estructuras que intervienen y afectan simultáneamente al acontecimiento o fenómeno en su estado actual. Desde una perspectiva evolutiva y estructural, el análisis diacrónico de un fenómeno solo completa y complementa su aprehensión con el análisis sincrónico de los elementos que intervienen simultáneamente en su desarrollo. El solo estudio evolutivo sería limitativo, al igual que el solo estudio sincrónico, porque la diacronía sitúa el fenómeno en el transcurso del tiempo, en tanto que la sincronía recupera las simultaneidades estructurales que tienen los momentos y etapas en el tiempo. Como afirmaba Lyons, sería erróneo considerar que el progreso lingüístico no es más que la sustitución de un sistema de comunicación homogéneo por otro sistema igualmente homogéneo en un “punto” concreto del tiempo.

Aplicación de Sincronía y Diacronía en la Morfología Lingüística

En el campo específico de la lingüística, la morfología ofrece numerosos ejemplos donde la distinción entre análisis sincrónico y diacrónico es crucial para entender la formación y el significado de las palabras. Las formaciones derivadas pueden analizarse desde ambos puntos de vista, y aunque muchas de las unidades fundamentales son las mismas, los procesos descritos difieren considerablemente.

Análisis Sincrónico vs. Diacrónico en la Derivación Verbal

Desde el punto de vista sincrónico, el análisis de las formaciones derivadas tiene en cuenta la existencia de relaciones semánticas entre la base y el derivado que el hablante suele percibir. Por ejemplo, el verbo ensuciar se deriva del adjetivo sucio mediante el esquema en-A-ar y se interpreta semánticamente como un verbo causativo (‘poner sucio’ o ‘hacer que algo pase a estar sucio’). Los conocimientos lingüísticos del hablante desempeñan un papel relevante en estos análisis.

Sin embargo, existen casos donde la percepción del hablante difiere de la historia del vocablo. Mientras que todos los hispanohablantes reconocen una base nominal en amontonar (de montón), no ocurre con la misma nitidez en verbos como agazapar(se) o amilanar(se) (de gazapo y milano, respectivamente). Del mismo modo, la relación entre zaranda y zarandear es histórica, pero no siempre sincrónica. Muchos hablantes no establecerán ninguna relación entre el verbo acelerar y el adjetivo menos usado célere, o entre engalanar y el adjetivo galano (ahora poco usado, pero muy habitual en la lengua antigua).

Estas diferencias metodológicas entre la morfología sincrónica y la diacrónica son evidentes en la identificación de las bases léxicas. Muchos lingüistas optan por excluir de la morfología sincrónica los derivados cuyas bases, justificables históricamente, no son reconocidas por los hablantes en la actualidad. Desde este punto de vista, zarandear o acelerar tendrían etimología, pero no necesariamente una estructura morfológica reconocible por el hablante contemporáneo.

Bases y Procesos Derivativos

La base de un proceso derivativo en la morfología sincrónica del verbo no tiene por qué coincidir con la que se postula en la diacrónica. Por ejemplo, puede derivarse sincrónicamente nombrar de nombre, aunque el primero no procede históricamente del segundo, sino del latín nominare. La morfología sincrónica no establece una relación distinta entre remedio-remediar y obsequio-obsequiar, a pesar de que remediar procede del latín remedire, mientras que obsequiar se forma en español.

La morfología diacrónica ha puesto de manifiesto que la relación de transparencia interpretativa entre la base y el derivado, crucial para el análisis sincrónico, puede estar sujeta a variación individual. Un ejemplo claro es amargar: se deriva sincrónicamente de amargo (pauta A-ar), aunque su origen histórico es el latín tardío amaricare (formado sobre amare, ‘hacer amargo’, derivado de amarus, ‘amargo’). El proceso evolutivo no concuerda, pues, con el sincrónico. En este último, pesa el hecho de que los hablantes relacionen el verbo amargar y el adjetivo amargo.

No se deriva sincrónicamente comulgar de común (communicare > comulgar) ni madrugar de maduro (maturus > *maturicare > madrugar), ya que el segmento -(i)gar no se suele reconocer como morfema derivativo transparente en español.

Segmentos Morfológicos y Raíces Alternantes

Algunos segmentos morfológicos que forman parte del morfema derivativo en el análisis sincrónico pertenecen a la base léxica en el diacrónico. El verbo clavetear parece proceder del antiguo sustantivo clavete, como callejear se remonta a calleja. Sin embargo, el análisis sincrónico segmenta clav-etear (V-etear), como en repiqu-etear, y lo analiza como derivado de clavar o repicar. Casos como aletear también ilustran esta complejidad, pudiendo derivar sincrónicamente de alas (al-etear) o aletas (alet-ear) para mantener la transparencia.

La postulación de las llamadas bases perdidas o bases no accesibles constituye una diferencia muy clara entre la morfología sincrónica y la diacrónica. La morfología sincrónica postula a menudo raíces alternantes o alomórficas, como bombard- para bomba en bombardear (históricamente de bombarda), o naveg- para nave en navegar (del latín navigare). De manera similar, se requieren en la morfología sincrónica algunos sufijos alternantes como -et- (en clavetear) o -ot- (manotear) que, desde el punto de vista histórico, son parte de la base. La conciencia que el hablante tiene de las bases léxicas es irrelevante en la morfología histórica, pero importante en la sincrónica, aunque sujeta a irregularidades.

A continuación, se presenta una tabla que resume algunas diferencias clave en el análisis de la derivación verbal:

Característica Análisis Sincrónico Análisis Diacrónico
Punto de Vista Estático, corte temporal, sistema actual Evolutivo, a lo largo del tiempo, historia de la lengua
Base del Análisis Percepción del hablante contemporáneo Etimología e historia del vocablo
Transparencia Semántica Es crucial; relación clara entre base y derivado (ej. ensuciar de sucio) No es un factor pertinente; se centra en el origen (ej. zarandear sin relación actual con zaranda)
Bases Léxicas Perdidas Excluidas si no son reconocidas por hablantes actuales Relevantes por su valor histórico y proceso evolutivo
Raíces y Sufijos Alternantes Se postulan (ej. bombard- para bomba, sufijo -et- en clavetear) Una sola raíz histórica; segmentos como -et- pueden ser parte de la base

Sincronía y Diacronía en la Construcción de la Vocación Docente

Más allá de la lingüística, los conceptos de sincronía y diacronía son fundamentales para comprender fenómenos sociales y profesionales complejos, como la construcción de la vocación docente. Los maestros no solo la construyen en el transcurso del tiempo -diacrónicamente-, sino en el tiempo mismo, en los actos simultáneos del hacer relacionados con el entorno nacional, internacional e institucional, así como con las funciones específicas de su trabajo. Estos elementos estructurales se entrelazan con la vida docente e influyen en la construcción de su ser.

Elementos Sincrónicos en la Cotidianidad Docente

El trabajo cotidiano de la docencia implica una gran cantidad de acciones, siendo la principal impartir cursos. Sin embargo, la enseñanza no es una acción libre de complejidades, sino una de las profesiones más complejas debido al abanico de responsabilidades que atienden en los ámbitos académicos, educativos y administrativos. La pregunta clave es cómo los docentes asumen los elementos sincrónicos de la docencia en su cotidianidad. En este nivel no hay historia, sino simultaneidades que se entretejen en la vida docente cotidiana.

En el eje estructural o sincrónico, se pueden identificar tres grandes áreas que impactan la docencia:

  1. El entorno jurídico-político y axiológico-social
  2. La tarea docente académica y educativa
  3. Los componentes de la institución escolar

En cada una de estas áreas se mueven permanentemente construcciones y destrucciones que influyen en el profesorado y sutilmente configuran estilos docentes, ambientes institucionales y dinámicas sociales que facilitan u obstruyen su tarea cotidiana, con consecuencias reales en la formación de los alumnos.

El Entorno Jurídico-Político y Axiológico-Social

El siglo XXI ha significado un impulso para el desarrollo de México, principalmente en el campo de la educación. El país no ha sido ajeno al contexto mundial que responde a una economía globalizada, la cual ha marcado el rumbo de las actividades productivas. El desarrollo de México está vinculado con las tendencias internacionales en una dialéctica que, por un lado, cuestiona la “economización” del desarrollo humano y, por otro, aplaude la exigencia de calidad en los servicios y productos. Esta exigencia ha impactado el campo de la educación en todas sus áreas y niveles, de manera que la calidad educativa con parámetros internacionales es el objetivo en la transformación de las estructuras institucionales y de las prácticas escolares.

En México, los gobiernos federales de los tres últimos sexenios han implementado reformas educativas (2006, 2011, 2015) con el objetivo común de superar las contradicciones existentes e impactar el fondo de las prácticas educativas. Los intentos de reforma han tocado las estructuras y han abierto las perspectivas de los actores para lograr una educación de calidad en todos los niveles. En 2008, el gobierno pidió asesoría a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para mejorar la calidad de la educación, lo que llevó a la inserción de estándares educativos internacionales en las políticas educativas mexicanas. Estos señalamientos de la OCDE son un contexto ineludible para entender el marco y el sentido de las reformas educativas en el país, unificando la visión con las necesidades del contexto internacional: competencias para la generación del conocimiento, desarrollo de la tecnología e inserción en el mercado laboral en un marco de estándares internacionales.

Los maestros perciben que no hay marcha atrás en las reformas educativas; hacia adentro tienen que enseñar a sus alumnos lo que está prescrito. Hacia afuera, pocos tienen claro lo que sucede en el contexto educativo internacional. Para ellos, lo prioritario es la inmediatez de la cotidianidad, más urgente que el análisis de lo internacional. Las temáticas de los congresos educativos han abordado referentes de estándares internacionales como flexibilidad curricular, desarrollo de competencias, innovación educativa, generación y uso de la tecnología, acreditación internacional y aprendizaje de lenguas extranjeras.

El impacto de la reforma educativa en los docentes

En primer lugar, hay que considerar el entorno jurídico-político educativo de la docencia. En México, el artículo tercero constitucional es la máxima ordenanza jurídica de la educación, que inspira la teleología y sentido de todo quehacer educativo. Además de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley General de Educación (LGE) y la Ley General de Servicio Profesional Docente (LGSPD) establecen la normativa legal. La Secretaría de Educación Pública (SEP) es el órgano rector nacional. Las secretarías de educación de los estados federados también pueden emitir leyes particulares. Las universidades públicas tienen su propia ley orgánica y reglamentos de operación, mas siempre vinculados con las leyes superiores que las regulan.

Los planes sexenales de desarrollo y los programas sectoriales derivados son documentos no estrictamente legales, pero sí facultativos y orientadores de la educación. Por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 tenía como meta una Educación de Calidad (Meta III), de la cual se derivó la evaluación del desempeño docente para maestros del nivel básico, ordenada en el artículo 52 de la LGSPD y obligatoria por lo menos cada cuatro años.

La mayoría de los docentes de educación básica entrevistados no están de acuerdo con esta evaluación de desempeño, argumentando que responde a una serie de medidas de control que atentan contra derechos laborales adquiridos, justificando la reducción de la planta magisterial y el debilitamiento de los organismos sindicales. Otros maestros perciben la evaluación como un mecanismo de control cuyos resultados justificarán la reducción de la planta magisterial y debilitar a los organismos sindicales que los protege: “como ya se ha visto con la Coordinadora en la sección 22 de Oaxaca, o en Guerreo y Michoacán... ¿qué nos espera a nosotros? Pero, bueno, tenemos qué apechugar, si no vamos a tener consecuencias graves” (Álvaro, MEP025).

En el nivel medio superior, el Sistema Nacional de Bachillerato (SNB), creado por el Acuerdo Secretarial 442 en 2008, es la estructura fundamental para implementar la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS). Los maestros deben cumplir con las certificaciones de mandato y colaborar con los directivos de los centros escolares para alcanzar cada uno de los cuatro niveles de la evaluación. Pertenecer al SNB es un indicador de calidad educativa. Mientras algunos maestros perciben este marco sincrónico como impositivo, otros lo entienden como disposiciones que hay que acatar y cumplir: “No queda de otra, cumples o puedes quedar fuera” (Josefina, MEM07). Las últimas reformas educativas son interpretadas por los docentes más como reformas laborales que como transformaciones educativas de fondo, enfocándose sobre el desempeño didáctico y laboral: “Los maestros tenemos que modificar nuestra manera de hacer las cosas y, pues uno, ya está acostumbrado a trabajar de tal o cual forma tal o cual tema. Ahora nos salen con que debemos enseñar por competencias y tenemos que evaluarnos. A ver si luego no se aprovechan con los resultados” (Federico, MEP12). Se entiende que las reformas educativas necesitan más tiempo, constancia y seguimiento que las que se realizan en otros ámbitos para implementarse con solidez y obtener resultados tangibles que impacten en el desarrollo del país.

Prestigio Social Profesional

El prestigio social profesional es otro ámbito sincrónico de gran relevancia en la constitución de la vocación docente. En México, la docencia tiene un bajo prestigio social en relación con otras actividades profesionales. Por ejemplo, en Puerto Rico, los problemas educativos están presentes de manera cotidiana en los debates públicos y el trabajo de los maestros es primero reconocido socialmente y luego evaluado con base en los resultados académicos de sus estudiantes. En México, el tema educativo no está en el debate público ni es un tema cotidiano en las escuelas.

Este bajo prestigio no se deriva del nivel de ingresos económicos, ya que el ingreso de los profesores “con plaza” en el sistema público, si bien modesto, puede superar el promedio de ingresos de la mayoría de la población. Esto indica que no es el nivel económico el que determina el prestigio, sino su representación social, es decir, el valor y sentido que se da a la profesión docente: como profesión asalariada de segunda o la docencia como fracaso profesional. La representación social mexicana estima que ser maestro es más una necesidad laboral que orgullo social, a pesar del discurso imperante que aboga por reconocer la importancia social de ser maestro.

La desvalorización de la profesión docente ha crecido en los últimos años. Todavía en los años sesenta del siglo XX, el maestro era considerado persona de conocimiento y sabiduría que contaba con el respeto y respaldo de los padres de familia en la educación de los niños y jóvenes.

La Tarea Académica: Enseñar

Cualquier tarea docente, para la realización de su labor sustantiva, incluye un proceso de tres fases: planeación, dinamización y evaluación. Estas actividades implican la organización de recursos temporales, espaciales y materiales, y requieren del docente momentos de tranquilidad para pensar y diseñar en función de los estudiantes a los que enseña. Los maestros normalistas de educación preescolar, primaria y secundaria aprendieron a realizar estas fases en la escuela normal y saben hacerlo, aunque no siempre lo hagan con gusto. En cambio, los profesionistas docentes a menudo deben aprenderlo en la práctica profesional. Algunos asumen estas actividades de manera práctica y como un deber que les corresponde: “He tenido que aprender a planificar y siento que realmente me ayuda a organizarme con los alumnos. Sí es una tarea media enfadosita, pero creo que vale la pena” (Carmen MEB02).

Es fundamental entender que, para trazar un camino en función de metas y objetivos, es necesario planificar. Por ejemplo, para construir, son necesarios los planos y la descripción detallada de los recursos a utilizar. En la docencia, la planeación general de los cursos y la dosificación de las actividades impacta directamente en la didáctica o en la dinamización de las clases. El tipo de evaluación y sus instrumentos se planifica en relación directa con los propósitos. Es decir, todo ha de guardar congruencia en la tarea académica de enseñar. El desarrollo de competencias genéricas, por ejemplo, supone una organización de estructura e infraestructura para su dinamización en los centros escolares, lo cual aplica a todos los niveles educativos y a todas las áreas de docencia en cualquier latitud.

En resumen, tanto en la lingüística como en la pedagogía, la aproximación sincrónica y diacrónica permite un análisis profundo y multifacético. La sincronía revela la estructura y las interrelaciones en un momento dado, mientras que la diacronía desvela los procesos de cambio y evolución. La comprensión de estos dos ejes es vital para analizar fenómenos complejos, y su aplicación al estudio del liderazgo podría ofrecer valiosas perspectivas sobre cómo los líderes y las organizaciones operan en el presente (sincronía) y cómo han llegado a ser lo que son a través de la historia y el desarrollo (diacronía).

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