La Madre Naturaleza como Mentora Política: Un Análisis de Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851 - Madrid, 1921) fue una figura intelectual sobresaliente, moderna y audaz. Su prolífica carrera literaria abarcó ensayos, artículos, crónicas de viaje, cuentos y novelas. Influenciada por el krausismo a través de Francisco Giner de los Ríos, Pardo Bazán fue una impulsora clave del naturalismo francés en España.
Emilia Pardo Bazán y la Cuestión Palpitante
No se pueden entender 'Los Pazos de Ulloa' ni 'La madre naturaleza' sin conocer la polémica que suscitó la serie de artículos publicados por Emilia Pardo Bazán en 'La Época' entre 1882 y 1883, bajo el título de 'La cuestión palpitante'. Estos artículos, que pronto se convertirían en un libro con múltiples ediciones, contenían la reflexión de la autora sobre el naturalismo, tal como fue definido y popularizado por Émile Zola. Las dos novelas mencionadas son, de hecho, la aplicación práctica de lo expuesto en aquellos artículos.
La reflexión de Pardo Bazán y la acalorada polémica que siguió, modificaron sustancialmente su estilo previo, consolidándola como una gran novelista en el panorama literario español de su tiempo. Sin embargo, su adhesión al naturalismo no fue total. Pardo Bazán manifestó su disconformidad con el determinismo y otras características de esta acentuación del realismo hacia los aspectos más crudos del ser humano.
'La Madre Naturaleza': Originalidad y Contraste Ideológico
'La madre naturaleza' es una de las novelas con más personalidad y acierto temático en el corpus narrativo de Pardo Bazán, así como una de sus obras estructuralmente mejor trabadas. A pesar de corresponder al período de mayor influencia naturalista en la escritora, la novela es una prueba de su originalidad al contemplar e interpretar la naturaleza en su relación con lo humano.
Adelantándose a la literatura moderna de psicología profunda y experimentación psicoanalítica, Pardo Bazán mostró una gran preocupación por explorar la realidad humana y sus múltiples prismas. Consideraba que el naturalismo había resuelto mal estos problemas al pretender abarcar de una ojeada lo que era la cara menos auténtica y artística de la realidad.
Pardo Bazán sentía la necesidad de un planteamiento específicamente cristiano y una preocupación por los valores éticos y religiosos de la vida. Partía de supuestos y premisas de la filosofía y teología católicas en torno a un mundo de realidades naturales y sobrenaturales.
"San Agustín acertó a realizar la conciliación del albedrío y la gracia. Para esta conciliación hay un dogma católico que alumbra el problema con clara luz: el del pecado original. Solo la caída de una naturaleza originariamente pura y libre puede dar la clave de esta mezcla de nobles aspiraciones y bajos instintos, de necesidades intelectuales y apetitos sensuales, de este combate que todos los moralistas, todos los psicólogos, todos los artistas se han complacido en sorprender, analizar y retratar."
En 'La madre naturaleza', el procedimiento artístico y la actitud dialéctica de la escritora son los mismos: enfrentar los supuestos del idealismo romántico y del positivismo naturalista con la aparente antinomia de un realismo naturalista y espiritual a la vez. En este enfrentamiento, no es difícil ver la tenaz denuncia de Pardo Bazán hacia corrientes de pensamiento que no concordaban con sus criterios ideológicos y estéticos, como el naturalismo de escuela junto con la filosofía positivista que le sirve de base.
Conviene notar que el naturalismo como método entusiasmó a Pardo Bazán en el mismo grado que la decepcionó como filosofía. En 'Los Pazos de Ulloa' y 'La madre naturaleza', la autora nos dice que se puede luchar contra las fuerzas que determinan la forma de actuar del ser humano. Precisamente en eso consiste el ser humano, y solo desde una alta conciencia y una gran capacidad de civilización se puede luchar. Por eso propone su propia adaptación del naturalismo frente al "seguidismo" ciego de otros novelistas europeos del momento.
Emilia Pardo Bazán naturalismo, feminismo y más
La Relación Incestuosa en 'La Madre Naturaleza' y la Crítica Social
En 'La madre naturaleza', la relación incestuosa entre Gabriel y su hermana Nucha es un elemento central. Sin embargo, no es tanto el incesto lo que interesa a la escritora, sino el trauma que supone para Gabriel al despertar afecciones de largo tiempo reprimidas. Este problema perturbador es el origen de continuos fracasos amorosos para Gabriel, un idealista y soñador, inmaduro sexualmente y en busca de satisfacciones sustitutivas. El desconocimiento de su parentesco exime de culpa a Gabriel y Manuela. Sin embargo, Gabriel reflexiona que, incluso si lo hubieran sabido, "dentro de la ley natural, eso no es un crimen, ni lo ha sido nunca", apoyándose en el relato bíblico del origen de la humanidad. La autora nos invita a reflexionar: ¿debemos dejar actuar a la "madre naturaleza" o el ser humano debe controlar los impulsos naturales, incluso si son puros?
Cuando 'La madre naturaleza' se publicó, no gozó de la estima de los círculos literarios ni del fallo popular como su "hermana mayor" 'Los Pazos de Ulloa'. La sociedad de la Restauración, ideológica y literariamente sectaria, la consideró una novela "turbadora", lo que se tradujo en un silencio casi absoluto de la crítica. Sin embargo, su relevancia como obra naturalista es innegable, aunque atenuada en comparación con Zola. Pardo Bazán, observadora minuciosa de la realidad, sitúa la obra en su Galicia natal, profundizando en el estudio social, psicológico e histórico de los personajes y el ambiente que conocía muy bien.
Elementos Estructurales y Temáticos de la Novela
'La madre naturaleza' está escrita bajo una concepción estructural muy clásica. Presenta los componentes básicos de las novelas clásicas: la narración, que sigue un orden lineal salvo excepciones; la descripción de paisajes y ambientes, que juegan un papel fundamental como envoltorio determinante en los hechos narrados; y la de personajes. El ritmo de la narración es lento, concediendo gran importancia a la descripción del entorno, reflejando la vida amable y tranquila del campo gallego, y mostrando el excelente conocimiento de la flora y fauna rural de doña Emilia. Solo en los capítulos XXVII al XXXIII la narración se acelera vertiginosamente para relajarse en los tres capítulos finales.
La novela no pretende tener un fin moral. El desenlace es amargo, con los principales personajes (Perucho, Manolita, Gabriel, don Pedro) sin conseguir lo que anhelaban. No hay vencedores ni vencidos, todos quedan derrotados y frustrados. Esto no debe interpretarse como un castigo, salvo en el caso de don Pedro.
El análisis sociológico de los diferentes grupos sociales es muy interesante. En la cúspide se encuentra el hidalgo don Pedro Moscoso, cabeza social y económica, con rasgos de los antiguos señores feudales. La mayor parte de los personajes pertenecen a la clase humilde, sumisa pero oportunista. Las viviendas reflejan su estatus: el pazo acomodado de don Pedro, en decadencia simbólica, y la humilde de los pobres.
Un rasgo naturalista es la influencia de la herencia biológica. Los ataques de nervios de Manolita se repiten en ella como antes en su madre. La decadencia familiar lleva al señor rural a buscar esposa en la ciudad, un matrimonio por conveniencia que termina con la muerte de la débil mujer urbana. Este contraste rural-urbano simboliza lo natural frente a lo artificioso.
El uso de la lengua popular es otro elemento naturalista. Pardo Bazán muestra la España rural de finales del siglo XIX. El caciquismo social y político es una peculiaridad destacada, con el señor disponiendo de bienes y personas a su antojo, y los fraudes electorales. La novela también aborda realidades poco agradables, aspectos sórdidos y oscuros, el atraso de las zonas rurales, la ignorancia, las falsas creencias y la preferencia por curanderos frente a médicos. Sin embargo, la autora, aunque altruista, pertenecía a una clase privilegiada, y su visión crítica hacia las clases bajas es notoria.
Pardo Bazán es una maestra de la descripción. Los paisajes sirven de marco idílico al amor puro y natural de los protagonistas y corren paralelos a la evolución de la trama. La descripción de las viviendas marca el estatus económico y moral de los individuos. Hay escenas de gran poder evocador, como la excursión de Manolita y Perucho por paisajes edénicos, que culmina en una unión sexual sugerida por la autora, una ocultación normal en la novela española de la época.
La capacidad para describir las sensaciones experimentadas por los personajes es admirable, reflejo de sus estados de ánimo. La noche de insomnio de Gabriel Pardo en el capítulo XXII es un buen ejemplo, donde los olores, sonidos o roces son percibidos con una intensidad que le impide dormir. La novela también presenta ecos bíblicos, como la escena de Manolita y Perucho bajo el árbol, que recuerda a Adán y Eva.
El desenlace de la novela es significativo. Don Máximo y Gabriel, representantes del progreso, dejan la solución del problema en manos de don Julián, el cura, lo que simbólicamente muestra el poder de la Iglesia en la España del siglo XIX. El dogma, la ortodoxia y las normas sociales triunfan sobre la ciencia y los sentimientos. La autora resalta la pureza y la igualdad entre los amantes. Perucho y Manuela anteponen el bien de su amado al propio. Perucho se marcha a Madrid para cortar la relación incestuosa, y Manuela decide encerrarse en un convento, renunciando a su vida libre, para que Perucho pueda volver al Pazo y disfrutar de su herencia y de la naturaleza.
La Libertad Femenina y la Denuncia Social en la Vida y Obra de Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán fue una mujer que vivió a contracorriente, audaz y transgresora. Su vida fue una constante provocación, simplemente por decidir ser ella misma, sin ánimo de escandalizar. Fue una mujer creyente y, al mismo tiempo, capaz de separarse de su marido y vivir un romance apasionado con Pérez Galdós. Tuvo claro que su amor por la escritura estaba por encima de todo. Esta convicción la llevó a separarse de su esposo, José Quiroga, cuando este le puso trabas a su carrera literaria. Con treinta y tres años, no dudó en dejar de lado una etapa que le había quedado estrecha para sus aspiraciones personales. Pero Emilia no solo quería escribir, quería vivir.
Su singularidad personal y literaria no fue casual. Desde su infancia, marcó una clara diferencia con las niñas de su época. Una mujer que lee la Ilíada o El Quijote de adolescente, políglota y amiga de Francisco Giner de los Ríos, su mentor, apuntaba a una vida poco convencional. A pesar de pertenecer a una familia de alcurnia, su sensibilidad y compromiso social crecieron con los años. Su estatus acomodado le permitió actuar con más libertad, pero nunca fue un refugio.
Su evolución literaria la llevó a ser pionera en España de la novela social, con la clase obrera como protagonista. Para escribir 'La tribuna', su tercera novela, frecuentó durante dos meses una fábrica de tabaco en A Coruña para conocer la situación real de las obreras. Estudió de cerca a las cigarreras, su forma de hablar, pensar, sus conflictos y aspiraciones. Con esta obra, inició su incursión en el naturalismo, con un estilo original e inconfundible que introdujo elementos propios como la espiritualidad y reflexiones trascendentes.
Tras su separación matrimonial, aumentó sus aspiraciones. En 1887, se convirtió en la primera mujer en ocupar la tribuna del Ateneo de Madrid para impartir una conferencia sobre literatura rusa. Años más tarde, obtuvo la presidencia de la sección de Literatura y en 1905 se convirtió en la primera socia femenina. Rompió barreras infranqueables para las mujeres, incluso en Francia, donde fue la primera mujer en hablar en público en la Sorbona de París.
Su compromiso y posicionamiento en la lucha por los derechos de la mujer quedaron patentes en todas sus intervenciones públicas. En un congreso pedagógico en Madrid en 1892, defendió el derecho de las mujeres a acceder a todas las profesiones y a la educación mixta. Atribuía a la maternidad un papel importante, pero temporal: "La maternidad es función temporal, no puede someterse a ella entera la vida". Su pensamiento más radical lo manifestó en 1914: "Yo soy una radical feminista. Creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer". Con esta premisa, se mostró incansable.
Como profesora y conferenciante, llenó aulas y salas. Su convicción, su forma amena y directa, sus conocimientos y su visión original atrajeron a quienes buscaban una voz libre y una mente brillante. Creó la colección 'La Biblioteca de la mujer', donde incluyó 'La esclavitud femenina' de Stuart Mill, defendiendo el derecho a la educación de las mujeres. No dudó en expresar su opinión sobre el estado de la educación femenina: "No puede, en rigor, la educación actual de la mujer llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión".
Criticó los feminicidios y la indiferencia social hacia ellos, inspirando obras como 'El indulto'. Tuvo claro que "la inteligencia no tiene sexo", algo que todavía hoy es necesario recordar. Más de seiscientos cincuenta de sus cuentos giran en torno a esta lacra que le obsesionaba denunciar.
La Lucha por la Igualdad en las Profesiones Jurídicas
En el mundo laboral, fue un largo camino para que las mujeres ocuparan un espacio público. Aunque en la actualidad participan en este ámbito, su responsabilidad principal sigue siendo, en algunos casos, la crianza de los hijos, como una demanda u obligación moral y social. La sociedad sigue confundiendo la sensibilidad propia de la mujer con debilidad. Carol Gilligan sostiene que las mujeres desarrollan capacidades de cuidado, de dar y proteger, casi como un sentido propio de pertenencia y cuidado. El sistema, creado y controlado por hombres, no contemplaba la incorporación femenina.
A finales del siglo XIX, la lucha por la igualdad formal de las mujeres resultó en la adquisición de la ciudadanía, la introducción del principio de igualdad de trato, la promulgación de nueva legislación y el litigio contra la discriminación. En Estados Unidos e Inglaterra, feministas alegaron que las mujeres podían y debían participar en las profesiones, incorporándose al trabajo social y la enseñanza a niños pequeños.
La gran Virginia Woolf argumenta que, en un hombre, la parte femenina debe ejercer influencia, tal como en la mujer el lado masculino. Una gran inteligencia es andrógina, y la mente fecundada plenamente dirige todas sus facultades. Una mente del todo masculina o femenina no puede crear.
El campo de la profesión jurídica era, y sigue siendo, predominantemente masculino. El derecho fue creado por hombres para regular actividades entre hombres. A la mujer le resultaba difícil acceder a la justicia y que se le reconocieran sus pocos derechos. Las mujeres comenzaron a entrar en las profesiones jurídicas a finales del siglo XIX, impulsadas por el movimiento por la igualdad y el movimiento de profesiones modernas.
La Teoría Jurídica Feminista, originada en los años 70, intentó explicar la subordinación femenina en las sociedades modernas y amplió su estudio a la vida de las mujeres en el derecho y las instituciones legales. El análisis feminista del derecho, en relación con el principio de igualdad, plantea interrogantes: ¿qué se considera igual?, ¿igual a quién? y ¿la igualdad puede incluir diferencias?
A continuación, se presenta una tabla que resume las fases de la Teoría Jurídica Feminista:
| Fase 1: Feminismo Liberal | Fase 2: Feminismo de Dominación | Fase 3: Teoría Jurídica Feminista |
|---|---|---|
| Igualdad de oportunidades | Jurisprudencia femenina | Crítica posmoderna del positivismo |
| Igualdad laboral para independencia económica y cultural. | Acepta las diferencias innatas entre hombres y mujeres. | Se deben deconstruir los conceptos tradicionales como derecho-racionalidad, o género-patriarcado. |
| Se exige el reconocimiento de derechos y de diferencias naturales con el hombre. | Las leyes son sexistas y con prácticas discriminatorias. | El género femenino abarca otro tipo de diferencias (lesbianas, negras, pobres, etc.). |
| Propone una reestructuración del derecho machista y patriarcal. | Olsen y Smart dicen que el derecho tiene ideales de neutralidad, objetividad e imparcialidad, que encierra un sesgo machista para ocultar su desigualdad. | |
| Permitió conocer la falta de poder de la mujer y trajo incorporaciones a la ley (delitos sexuales). | ||
| Propone: ética de cuidado y ética de justicia. | ||
| Los matices radicales señalan que el poder de los hombres se reduce al deseo sexual. | ||
| Naffine dice que, si las mujeres insisten en la igualdad, deben imitar al hombre del derecho, como "seudohombres". |
El caso Bradwell es un ejemplo de la marginación de la mujer en la profesión jurídica. La Suprema Corte de los Estados Unidos confirmó una interpretación que negaba a las mujeres el derecho a ejercer la abogacía, a pesar de la garantía constitucional de igualdad de género.
Aunque la mitad de los estudiantes de derecho son mujeres, este número no se refleja en la ocupación de altos cargos. La entrada de las mujeres en las profesiones jurídicas puede significar una feminización de la profesión o una discriminación laboral que influencia el desempeño del trabajo. La pregunta es cuál sería el papel de la mujer en la profesión legal dentro de una estructura ya determinada. La modificación de esa estructura podría reducir el estatus del campo legal, elevar la jerarquía profesional o alcanzar una postura igualitaria o superior a los hombres.
La Madre Naturaleza como Mentor Político: Conclusiones
El desenlace simbólico de 'La madre naturaleza' con los personajes que representan el progreso dejando en manos de la Iglesia la solución, revela el poder de esta institución en la España del siglo XIX. El dogma y las normas sociales triunfan sobre la ciencia y los sentimientos. Esta crítica velada al statu quo político y social de su época, donde las fuerzas de la tradición y el conservadurismo se imponen, demuestra cómo la naturaleza (en este caso, la "ley natural" que justifica el incesto) y la religión se utilizan como argumentos para mantener un orden establecido.
La propuesta de Pardo Bazán de una adaptación del naturalismo, frente al determinismo ciego, sugiere una política de libertad y responsabilidad individual. Su defensa de la lucha contra las fuerzas que determinan el actuar humano, desde una alta conciencia y capacidad de civilización, es una clara declaración política sobre la autonomía del individuo frente a las imposiciones externas, sean estas naturales o sociales. Al abogar por la educación de las mujeres y su acceso a todas las profesiones, así como al criticar la "doma" de la educación femenina, Pardo Bazán no solo era una feminista radical, sino una reformadora política que buscaba una sociedad más justa e igualitaria, donde la inteligencia no tuviera sexo y las personas pudieran vivir con libertad y convicción, fieles a sus propios principios.
