La Jornada Laboral de los Emprendedores: Realidad vs. Mito en un Entorno Cambiante
Desde la Revolución Industrial, la jornada laboral de ocho horas ha sido la regla general, el "trinomio 888" que muchos se resisten a abandonar. Sin embargo, para los emprendedores, hablar de horarios es directamente una quimera. El sueño de dejar un trabajo en relación de dependencia y convertirnos en "nuestros propios jefes" no es tan sencillo como parece, ya que muchos mitos sobre esta forma de trabajar son solo eso, mitos.
Mitos Comunes sobre la Jornada Laboral Emprendedora
"Vas a poder dormir ocho horas diarias"
Quizás, cuando suene el despertador a las seis de la mañana, pienses “seré mi propio jefe y dormiré todo lo que quiera”. Pero esto no es así. La verdad: cuando lees biografías sobre personas exitosas, te das cuenta de que levantarse a las seis es todo un lujo. Un hábito común entre las personas de éxito puede ser el de levantarse a las cuatro o cinco de la mañana. Todo tiene su explicación. Por muy tarde que te acuestes la noche anterior, ocho horas de sueño no son ocho horas. Es necesario estar activo antes de que el resto del mundo lo esté, para así preparar las previsiones del día con eficacia. Ya lo decía Benjamin Franklin: “Ir temprano a la cama y levantarse pronto hace a un hombre saludable, rico y sano”.
"Tendrás más tiempo para trabajar en proyectos personales"
Después de pasar tres meses totalmente inmerso en tu trabajo puedes pensar “cuando trabaje para mí pienso reservarme un tiempo para hacer lo que realmente me gusta: jugar al fútbol, visitar museos o ir al cine”. La verdad: eso que piensas es posible (a medias). Cuando controlas tu propio horario, puedes organizarlo de tal manera que dejes un espacio para tu vida personal. Tienes una mayor flexibilidad. Pero (y es un gran 'pero') no puedes olvidar que aunque trabajes para ti o seas tu propio jefe siempre dependerás de otras personas. Puede que no tengas a nadie por encima, pero siempre habrá clientes, colaboradores o inversores con los que tendrás que estar en sintonía. Además, al no fijar tus horas de trabajo, cada momento del día formará parte de tu jornada laboral.
"Estarás más cómodo trabajando desde casa"
Durante esos días donde la lluvia y el frío nublan tus ventanas, pensarás “qué bien trabajaría hoy desde casa, con mi pijama y mi café caliente”. La verdad: muchos males se esconden bajo la comodidad del pijama. El primero, no es buena idea asociar tu casa, lugar de paz y tranquilidad, con el estrés y las obligaciones de un trabajo. Cuando quieras desconectar solo te sentirás encerrado en tu oficina. Segundo, las únicas cosas con las que te puedes relacionar durante tu jornada laboral son la heladera, la televisión o la computadora (a la que supuestamente ya estás pegado mientras trabajas).
La Realidad de la Jornada Laboral en España y Europa
En contra de los tópicos, nuestro país es uno de los países desarrollados donde más horas se echan en la oficina. La jornada laboral española es la más larga de nuestro entorno, llegando a las nueve horas y veinte minutos. Si comparamos la situación en Europa, España, Italia, Portugal y Grecia están por encima del promedio de los países de la Unión Europea, que encabeza Países Bajos con 30,4 horas por semana, seguido de Dinamarca 33,4 y Noruega 33,8, lo que destruye el mito de que los países del sur de Europa trabajan menos que los del norte.
La jornada de 40 horas semanales se aplica en España desde 1983. Si queremos comparar, la comisión consultiva de convenios colectivos, órgano dependiente del Ministerio del Trabajo, situó la jornada anual de 2022 en 1.740,46 horas. Esto querría decir que en España se trabajaría un promedio de 7,04 horas/día y por tanto, por debajo de las ocho horas establecidas. Se debería intentar hacer el cómputo anual para poder comparar, que serían 52 semanas de cinco días a ocho horas, total 2.080 horas.
Mientras los españoles alargamos la jornada, el resto de los países modernos intentan reducir los horarios laborales sin tocar un ápice del sueldo. Estas medidas se fundamentan en estudios que revelan que es técnicamente imposible concentrarse durante ocho horas de trabajo seguidas. La jornada ideal se establece en seis horas por la mañana, ya que la concentración óptima de un trabajador no excede esa cantidad de horas. Se trata del horario en el que la productividad y eficiencia se concentran al máximo: una cuestión de calidad, no de cantidad.
A continuación, se presenta una tabla comparativa de la jornada laboral semanal en algunos países europeos:
| País | Horas por semana |
|---|---|
| Países Bajos | 30,4 |
| Dinamarca | 33,4 |
| Noruega | 33,8 |
| Promedio UE | ~36-37 (estimado) |
| España | Más de 40 (en la práctica) |
| Italia | Más de 40 (en la práctica) |
| Portugal | Más de 40 (en la práctica) |
| Grecia | Más de 40 (en la práctica) |
Un dato revelador y sorprendente: el día más productivo de la semana es el viernes, por una sencilla razón: muchas empresas tienen horarios reducidos que aumentan la productividad por el deseo de salir antes de trabajar. ¿Por qué no aprovecharse de ese factor?
Productividad y el Impacto en la Salud del Trabajador
España es uno de los países menos productivos de Europa, incluso trabajando más horas. En esta afirmación podemos intuir varios inconvenientes, tanto para la empresa como para el trabajador: menor productividad, absentismo laboral y dificultad para conciliar la vida laboral y familiar. En el año 2000 la productividad española representaba el 85,1% de la de la Eurozona. Pues bien, en el año 2020, solo era de un 81,5%, producto tanto de menos trabajadores per cápita como de una menor productividad. Por último, España es uno de los pocos países que no ha creado un Consejo Nacional de Productividad, tal y como recomienda el Consejo de Europa desde septiembre de 2016.
De nada sirve trabajar sin descanso; es de cajón que no es bueno para la salud. Pero si existen escépticos sobre este tema, la OMS lo dejó claro en noviembre de 2017: el estado mental de los trabajadores debe ser una prioridad en política pública de salud. En un entorno social y laboral cada vez más frenético y estresante se hace cada vez más necesario velar por la salud mental de los profesionales. Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo) el estrés que produce el trabajo supone la pérdida del 3% del PIB de cada país. No merece la pena matarse a trabajar.
La proliferación de dinámicas laborales que empujan a decenas de miles de personas a encadenar empleos de baja intensidad retributiva tiene un impacto devastador pero silencioso: el desgaste físico y psicológico de la fuerza de trabajo. El trabajador que suma horas en diferentes ocupaciones carece de tiempo para la formación continua, sufre un mayor estrés y ve comprometida su salud a largo plazo.
La solución de todo esto, aunque parezca mágica, es trabajar menos, cobrando lo mismo, pero produciendo también lo mismo o más que ahora, y por lo tanto, manteniendo el PIB del país, y eso pasa, ¡oh milagro!, por la I.A. En Suecia llevan años testando el modelo de seis horas y han multiplicado sus beneficios, las bajas se reducen y la productividad aumenta. Los alemanes ya han tomado buen ejemplo de ello. Otro modelo es posible.
La inteligencia artificial y el futuro del trabajo: Oportunidades y desafíos #vidatv #IA
La Metamorfosis del Mercado Laboral y la Precariedad
Las macroestadísticas oficiales tienen un efecto sedante sobre la opinión pública. Cuando las administraciones proclaman la consecución de máximos históricos en materia de cotización a la Seguridad Social, la imagen mental que se proyecta es la de una sociedad próspera y plenamente ocupada. Sin embargo, detrás de estas cifras macroeconómicas tan celebradas en los despachos gubernamentales, se oculta una metamorfosis profunda y mucho menos halagüeña del mercado laboral.
El principal problema de leer los informes económicos de manera literal es que confunden la cantidad de contratos con la calidad del sustento vital. El incremento sostenido en el número de colocaciones no refleja un aumento de puestos de trabajo sólidos, sino una aceleración de la rotación laboral. A esto se suma el auge imparable de la jornada parcial, que en la práctica obliga a miles de ciudadanos a buscar fuentes de ingresos adicionales para poder cerrar el mes.
En territorios como el gallego, esta tendencia adquiere un rostro perfectamente definido. Las dinámicas laborales han empujado a decenas de miles de personas a encadenar empleos de baja intensidad retributiva. No todas las ramas de la economía sufren este fenómeno con la misma intensidad. Existe una fractura clara entre industrias que ofrecen rutas de estabilidad y aquellas que funcionan como refugios de la temporalidad. Históricamente, ciertos ámbitos ligados a la transformación material, como el sector de la construcción o actividades industriales específicas, han logrado mantener estándares de continuidad que hoy son una excepción. Esta dualidad estructural revela que el crecimiento económico reciente se está sosteniendo de manera artificial. Alimentarlo a base de multiplicar empleos de baja calidad genera una ilusión de prosperidad que se desvanece en el momento en que se analizan los ingresos reales de las familias. La normalización de estas prácticas productivas tiene consecuencias que van más allá del ámbito estrictamente individual.
La Realidad del Emprendedor: Desafíos y Estrategias
En mi artículo anterior, “El mito del trabajo duro: el síndrome del burnout en emprendedores”, les comenté sobre la falsa idea que existe entre los emprendedores de nuestra generación de que el “trabajo duro” y sin descanso es sinónimo de éxito y cómo creerme esta mentira me hizo tomar pésimas decisiones hasta el punto de poner en riesgo mi propia salud. Afortunadamente, creo estar en rehabilitación del burnout y el trabajolismo.
Para los emprendedores más devotos, el "trinomio 888" no es más que un mito. Hay currantes incansables que no saben lo que es un horario ni una jornada. Sin vacaciones y sin descansos, terminarían por no enterarse ni del día en el que viven, si no fuera porque se lo dice su smartphone. Podrían incorporarse fácilmente al club de políticos que, como Trump o Merkel, duermen la friolera de entre cuatro y cinco horas al día.
Ya que para los emprendedores 8 horas de trabajo al día no tiene mucho sentido, solo queda recomendarles otro tipo de tríada. David Carulla propone en el blog Canasto.es una combinación de trabajo, ocio y descanso que satisfaga tanto a emprendedores, como a sus clientes y empleados. La propuesta pasa primero por tomar consciencia del tiempo que se invierte y en qué se invierte. Con esa información sobre la mesa es muy fácil ver en qué se está fallando: ¿se duerme poco? ¿El ocio brilla por su ausencia?
Lo bueno que siempre se dice del emprendedor, es que es el dueño de sus horarios, pero luego llegan los clientes y se cargan este planteamiento. Para organizarse, hay que tirar de experiencia, ajustar los procedimientos con clientes y colaboradores y conjugarlo todo con la disponibilidad de los empleados. Parece complicado, incluso demasiado parecido a hacer malabares… pero cuando todo encaja, emprender se convierte en algo maravilloso, incluso cumpliendo el trinomio 888.
Delegar para el Éxito
A mediados del año pasado, estaba pasando por mi etapa de burnout más oscura. En medio de una de las peores semanas de mi vida, habíamos organizado un workshop estratégico interno de día completo, donde estábamos los tres socios junto a un consultor amigo mío, como facilitador externo. En una parte del workshop teníamos que identificar nuestro problema más crítico. Finalmente llegamos a la conclusión de que el problema más serio que teníamos era el exceso de responsabilidades que yo estaba teniendo. Había un exceso de trabajo urgente que aparentemente solo yo podía hacer. Esto me impedía enfocarme en cualquier cosa que agregara valor en el mediano o largo plazo, que es lo que se supone que un real líder en una organización hace.
Al final, hicimos un listado de todas las tareas que yo realizaba en aquel momento y también más o menos cuántas horas me llevaba hacerlas. Así terminamos mapeando un enorme listado de actividades. Y con ese listado, de-construimos los grandes procesos que solía ejecutar y determinamos, tarea por tarea, qué era realmente indispensable que hiciera yo para armar un plan de cómo delegar todo lo demás en el corto y mediano plazo.
Razones para no delegar y cómo superarlas:
- Conocimiento especializado: Porque son cosas que requieren un know how muy especializado o difícil de externalizar de momento por el tamaño de la organización.
- Estrategia interna: Porque es algo estratégico que no puede salir del equipo interno. Acá entran otras esas cosas que forman parte de la propuesta de valor única y del sello como organización.
- Visión personal: Porque sencillamente es parte de lo que viniste a hacer a este mundo. Hay ciertas cosas que sabes bien que nadie hará por ti.
Identificar todas estas cosas requiere, no solo de un entendimiento de tu objetivo y estrategia como empresa, sino de una auto observación seria, que no sucede de la noche a la mañana. Si identificas tus tareas clave, lo que sobra es todo lo delegable. En efecto, si lo piensas bien, hay un montón de tareas que uno hace en el día a día que las puede hacer otra persona más capacitada para eso que tú, más rápidamente que tú y muchas veces por un valor hora más barato que el tuyo. Esto te libera tiempo para actuar sobre las cosas que realmente te permiten generar enormes cantidades de valor agregado en el mediano y en el largo plazo.
Para algunos emprendedores puede ser difícil aceptar esto. Yo creo que en algunos círculos persiste una idealización de la figura del Self Made Entrepreneur multifacético que las hace todas y lo da todo por conseguir el tan preciado éxito las 24 horas del día. Un concepto que -vale decir- ha sido generosamente ensalzado por referentes de la cultura Startup como Elon Musk, Gary Vaynerchuk y tantos otros.
Cambiando el Paradigma
En este proceso, cambiar el mindset es fundamental. Una de las cosas que más me ayudó en esa labor fue leer un libro de Tim Ferriss llamado "Four Hour Workweek", donde explica que la perspectiva occidental de trabajar como loco y ser exitoso, está obsoleta. Según este autor, el éxito verdadero no se trata de acumular más y más riquezas a costa de tu tiempo, sino de tener los medios para materializar el estilo de vida que tú quieras y el tiempo necesario para disfrutarlo.
Entre los diversos métodos que Tim presenta en su libro, habla de la ley de Pareto. Este principio, también conocido como la ley del 80/20, señala que el 20% del esfuerzo, genera el 80% de los resultados. Se aplica en todo ámbito, por ejemplo, el 20% de tus esfuerzos en un día de trabajo, realmente es lo más productivo y genera el 80% de los beneficios. El resto de tus esfuerzos, así como el resto del día por lo general, son tareas que no aportan tanto valor.
Entonces sugiere enérgicamente que nos preguntemos ¿cuál es el 20% de productividad y cuál es el 80% de acciones con menos valor, que realizamos en nuestra jornada de trabajo? y ¿cuáles de esas cosas se pueden delegar?
Lo que inevitablemente nos obliga a pensar sobre el cambio del paradigma respecto de las jornadas laborales, ¿realmente estoy haciendo algo útil o estoy inventando trabajo para poder cubrir la jornada laboral? ¿Cuántas veces has estado inventándote cosas que hacer solo porque es horario de oficina, en lugar de cuestionarte si lo que estás haciendo tiene algún sentido?
Cómo dejar de hacer todo yo (en la práctica)
- Reviso y clasifico mis tareas diarias: Es muy importante tener bien definido el objetivo a lograr y en base a eso, puedes analizar cada una de tus acciones, tareas y actividades. Me pregunto qué es lo realmente necesario, estratégico y que aporta valor a la empresa que tengo que realizar yo y solo yo, y qué no.
- Delego: Me costaba delegar porque era perfeccionista, no confiaba en las otras personas, y pensaba que todas las cosas las iba a hacer bien solo yo, siendo que no soy ninguna experta en todo. Es por eso que comprendí que es imposible hacer cosas medianamente ambiciosas y grandes, solo. Cuando delegas, debes realizar un proceso de mentoreo, donde no solo creces tú, sino también los demás. Cuando el trabajo es compartido, los beneficios del trabajo también lo son.
- Soy más consciente con los plazos: Según la Ley de Parkinson, "el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine". Si te doy una tarea y te doy un mes de plazo, inconscientemente la vas a estirar para entregarla en un mes, ya sea inventando más trabajo o procrastinando. Si te digo que tienes que tenerla en una semana, vas a estresarte positivamente para tenerla en una semana.
- Entreno mi capacidad de liderazgo: Este es el paso más largo, ya que nadie nace siendo líder. En la actualidad, trabajar con un coach ejecutivo ayuda a desarrollar y fortalecer las habilidades de liderazgo en pos de mejorar la forma de guiar la empresa y trabajar con otras personas.
La Cultura de la Eficiencia y el Bienestar Laboral
Un lema: pasar de la cultura de la presencia a la cultura de la eficiencia. Aunque cada vez hay una mayor concienciación sobre este tema, todavía queda mucho camino por recorrer. Aún nos encontramos con muchas empresas en las que está mal visto irse a casa antes que el jefe, cuando no debería ser así. En otros países, por el contrario, alargar la jornada laboral es un indicador de que el empleado es ineficaz, no realiza correctamente sus tareas y por eso se tiene que quedar más tiempo.
Desde ARHOE defendemos que en el trabajo, más que el número de horas, lo que importa de verdad es la efectividad de esas horas. Los empresarios tienen que dirigir por objetivos y motivar a sus empleados. Somos uno de los países que más horas trabajamos; sin embargo, a diferencia de otros como Suecia, Alemania o Francia no somos los más productivos. Es decir, el mito de ‘cuantas más horas se trabajan, mejor’ es absolutamente falso. Su manifiesto comienza con la afirmación «el tiempo es un bien único e insustituible, al que debemos dar el máximo valor». En cambio, algunos empresarios todavía no lo tienen en cuenta.
Según un estudio del IESE, las empresas que implantan horarios racionales incrementan la productividad en un 19% y disminuyen en un 30% el absentismo laboral. En cuanto a la jornada continua, desde mi punto de vista no hay dudas de los beneficios para los empleados. Estamos convencidos de que con una jornada continua se aprovecha mejor el tiempo, ya que se evitan las largas paradas al mediodía para comer. Esto, unido al ahorro energético, es una ventaja indudable para las empresas. Cuando alguien sabe que le quedan diez o doce horas por delante hasta llegar a casa, se relaja, mientras que si tiene una jornada intensiva rinde al 100% desde el principio. Las personas no somos máquinas. A partir de un determinado número de horas el rendimiento disminuye considerablemente.
Al fin y al cabo, todo se reduce al bienestar en el trabajo: si eres feliz, trabajarás mejor. Y si para ser feliz necesitas más horas de ocio o tiempo para dedicarte a ti mismo, adelante, hazlo. Calentar la silla hasta que dé la hora no te va a hacer sentir mejor contigo mismo.
Desafíos de los Pequeños Empresarios en Francia
Los pequeños empresarios en Francia afrontan una realidad diferente a la que tiene el imaginario popular, donde la riqueza y el éxito suelen asociarse a la figura empresarial. Uno de cada cinco responsables de una micro, pequeña o mediana empresa sobrevive mensualmente con ingresos inferiores al SMIC -el salario mínimo interprofesional del país vecino que es de unos 1.800 euros brutos al mes-, según la cadena de noticias TF1. A través de testimonios directos, el reportaje muestra las dificultades cotidianas y la motivación que impulsa a muchas personas a emprender, aun a costa de graves sacrificios personales.
Mientras la opinión pública tiende a estigmatizar a quienes dirigen empresas, el sindicato de los Independientes (SDI) revela que el 50% de los líderes de microempresas no recibe ni siquiera el SMIC. Las restricciones económicas y la presión fiscal impiden a muchos ampliar sus plantillas o mejorar su situación. Aunque la fiscalidad promedio se ha reducido en los últimos años, TF1 señala que las grandes empresas logran beneficiarse de deducciones fiscales inalcanzables para las pequeñas.
La gestión empresarial en este contexto exige que los emprendedores tengan una polivalencia casi inhumana. “Hay que ser un pulpo... Haces la contabilidad, prospección, das instrucciones, atiendes a clientes… Siempre varios frentes a la vez”. Lamentan que la parte administrativa ocupe demasiado tiempo: “Demasiadas normas, normas que dicen cosas completamente diferentes, normas sobre normas…”.
Anne-Gaëlle Perrot, directora de comunicación de BGE Réseau, apunta en TF1 que “ser jefe de empresa es el oficio más complejo, exige más competencias diferentes y no se enseña”. En respuesta, han surgido redes de apoyo empresarial, donde expertos como Elmina Montlouis-Calixte recuerdan la importancia de la viabilidad financiera: “No tiene sentido pasarse diez años desarrollando la empresa si no logras generar dinero para poder pagarte un sueldo”. A pesar del auge en el emprendimiento, la creación de empresas no garantiza la supervivencia. Perrot advierte: “De las 70.000 personas que acompañamos cada año, para más del 60% es sencillo crear su empresa, pero la dificultad está en lograr que continúe”. En Francia, el crecimiento del empresariado no se traduce necesariamente en prosperidad ni en estabilidad.
