Greta Thunberg: Un Icono Global y su Estilo de Liderazgo en la Lucha Climática
Si pedimos a diez jóvenes que mencionen un referente femenino en el mundo, hay pocas dudas. La adolescente Greta Thunberg aúna en torno a su nombre y sus acciones todo un conjunto de factores que la han convertido en un icono global, algo del todo inédito cuando el bombardeo de información en medios de comunicación y redes parece todos los días a punto de tener su propio ‘big bang’. Analizamos su trayectoria y su relevancia desde el punto de vista sociológico y feminista.
Mensajes sencillos y directos, un activismo a prueba de ‘fakes’ y de campañas de desprestigio, y una preocupación por el medio ambiente que crece exponencialmente entre la juventud, son solo algunos de los factores que han ido engrandeciendo la lucha de esta joven contra el cambio climático.
Orígenes del Activismo y el Nacimiento de "Fridays for Future"
Nacida en Estocolmo, Greta Thunberg convirtió en “superpoderes” su diagnóstico de Síndrome de Asperger y Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Hace tan solo unos años, tras inculcar en su familia y en su entorno un estilo de vida respetuoso con el medio ambiente, decidió manifestarse todos los viernes frente al Parlamento sueco para reclamar a los responsables políticos un compromiso firme para frenar la crisis climática.
Así nació el movimiento global ‘Fridays for Future’ (“Viernes para el futuro”). En 2018, con 15 años, comenzó un movimiento de huelga estudiantil no asistiendo a la escuela los viernes como protesta contra el cambio climático frente al Parlamento sueco en Estocolmo. Esta acción en poco tiempo se viraliza a través de las redes sociales y se construye un creciente movimiento internacional, principalmente estudiantil, que se manifiesta para reclamar mayores medidas nacionales, internacionales y globales para evitar el calentamiento global y el cambio climático.
Greta, pese a multitud de dificultades, abrió sus propias fronteras y decidió viajar por el planeta para estar donde consideraba que debía estar: allí donde se toman las grandes decisiones. Su periplo la ha llevado de la Asamblea de Naciones Unidas en Nueva York, enfrentándose al ‘escéptico’ presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hasta la última Cumbre del Clima (COP25) celebrada en Madrid. Siempre de la mano de sus coetáneos, los más jóvenes, apoyando el mensaje desde abajo y firme en su crítica a quienes solo aparentan y nada hacen.
El Síndrome de Asperger como "Superpoder" y Estrategias de Liderazgo
Su perfil psicológico como líder de la próxima generación es frecuentemente comentado. A los 11 años se deprimió y finalmente le diagnosticaron con síndrome de Asperger. Con coraje, Greta ha transformado lo que algunos consideran una enfermedad en un superpoder para despertar a la humanidad del letargo contra el cambio climático. Y lo ha hecho siguiendo cuatro estrategias claves asociadas al síndrome de Asperger:
| Estrategia Asociada al Asperger | Descripción | Ejemplo en el Activismo de Greta |
|---|---|---|
| Intereses Específicos Intensos | Tener intereses muy específicos y dedicarles mucha energía hace que sean realmente excepcionales en aquello que les interesa. | Desde que tenía 11 años, Greta mostró interés por el cambio climático y centró toda su energía en él. |
| Rutinas y Coherencia | Se autoimponen rutinas que siguen con precisión, lo que genera credibilidad y un modelo a seguir. | Ha decidido no viajar en avión para evitar la huella de carbono, viajando en catamarán o tren, lo que refuerza su mensaje. |
| Expresión Contundente y Repetitiva | Expresan sus ideas de forma contundente y repetitiva, cuestionando a los líderes mundiales y reprochando la inacción de manera categórica. | Pregunta repetidamente: «¿Cómo os atrevéis?» o afirma: «Me habéis robado mis sueños de niña». |
| Comunicación Directa y Focalizada | Se centran en conversaciones que están directamente relacionadas con sus intereses, mostrando una comunicación irónica, directa y a veces sarcástica. | Critica la hipocresía de líderes que remarcan que «los jóvenes son la esperanza» mientras han pasado «30 años de inacción». |
Todo este protagonismo es difícil de asimilar para una adolescente como Greta, que no está acostumbrada a ser el centro de atención ni a hablar en público. Ella misma habla de la dificultad de este cambio cuando afirma: «Toda mi vida había sido invisible, la niña invisible al fondo que no dice nada. De un día para otro la gente me escucha. Es un contraste extraño. Es difícil».
Análisis Sociológico y Feminista de su Impacto
Greta Thunberg viene a constatar algo que ya sucedió con la Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai, pese a que los fines son muy diferentes: la admiración y empatía que despiertan en la gran mayoría de la sociedad las experiencias vitales de adolescentes, casi niñas, que dan una lección de moral y constancia en sus guerras contra la injusticia. Malala lo consiguió por la fuerza con la que resurgió del intento de asesinato que sufrió y por cómo convirtió su tragedia personal en un revulsivo para la conciencia social. El caso de Greta es diferente en sus orígenes y objetivos, pero ha sido igual de efectivo.
Su mensaje, su vida, su particular carisma, han sido manipulados, falseados, burlados y denostados. Ha tenido que hacer frente también a otra lucha en ocasiones igual de despiadada: la de la igualdad. Ser mujer, como le sucedió a Malala, también ha sido un obstáculo en su misión pero al mismo tiempo la ha transformado en un arma contra la intolerancia y el machismo. Al final, de manera inconsciente o no, Greta es también un símbolo feminista y un referente imprescindible.
La socióloga Natalia Simón explica que Greta Thunberg ha representado el papel de futuro hecho presente con un discurso más consistente que el de muchos adultos y un coraje frente a las críticas recibidas de una juventud con ideales. En este sentido, Greta supone un arquetipo muy distinto respecto de los convencionalismos dominantes, ya que define un cambio en doble dirección: intra-generacional e inter-generacional. Ser mujer y joven puede haberla perjudicado, pero también beneficiado. Refuerza sus afirmaciones con información científica produciendo un efecto cultural de revulsivo ante la apatía de los jóvenes y la superficialidad que se les atribuye. Es a través de su juventud y su feminidad, precisamente, como genera un desafío al liderazgo de las generaciones que envejecen y se aletargan ante la evidencia de un mal que han de sufrir las generaciones futuras y se ven como problemas lejanos. El resumen es que Greta “pone en valor la juventud”, la urgencia de ocupar un papel de “movilización y compromiso” para las generaciones más jóvenes.
A partir del modelo de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos, el liderazgo transformador debe entenderse como un fenómeno de interacción social especial que no puede quedar reducido a una cualidad psicológica, ya que se trata de un hecho social. Del discurso de Greta Thunberg, resalta su poder de persuasión y el modo que como líder transformadora representa a las niñas, niños y adolescentes, interpela, motiva y muestra una particular capacidad para elaborar discursos que empoderan a las niñas y niños para ejercer sus derechos, e impulsar acciones en ámbitos de clara incidencia política.
Greta como líder transformadora no solo busca dar cuenta de la acción de protesta de este grupo, sino que insta e interpela a un cambio. Greta nos demanda políticas públicas y acciones de apoyo explícitas a quienes vivimos en este planeta. Claramente Greta se coloca y adopta un rol de protectora tratando de sustentar desde la ejemplaridad su conducta como líder, es claramente una activista que denuncia los incumplimientos no solo del Estado, especialmente de las y los gobernantes y de los responsables del Congreso por su inacción, sino que da cuenta de la responsabilidad de las personas adultas por no haber actuado más activamente.
Reconocimiento y Críticas al Liderazgo
Greta Thunberg apareció en la portada de Time, que la nombró «líder de la próxima generación» por su activismo político contra el cambio climático. Muy pocos jóvenes a la edad de 16 años consiguen este reconocimiento por su liderazgo. Amnistía Internacional ha otorgado a Greta el premio anual de Embajador de Conciencia. Considerada como «un referente importantísimo para la sociedad», Greta llega a España a la cumbre del clima que reúne a líderes políticos, científicos y empresarios de todo el mundo con casi 25.000 asistentes.
Sin embargo, su estilo inusual también ha generado una ola de críticas y ataques personales invocando problemas de salud mental. Su mensaje, su vida, su particular carisma, han sido manipulados, falseados, burlados y denostados. El presidente Donald Trump bromeó sobre su cara de felicidad y la Primera Ministra Theresa May no veía con buenos ojos que Greta faltara a la escuela como protesta contra el cambio climático.
Hay voces que argumentan que Greta es una figura pública construida con precisión quirúrgica, como un personaje mediático más que como un sujeto histórico. No surgió de la nada; fue lanzada, y ese lanzamiento fue cuidadosamente orquestado por quienes entienden que en la era posverdad, lo que importa no es lo que se dice, sino cómo se dice. Apareció en escena como una heroína de cuento moralista: adolescente, frágil, sincera, con un diagnóstico de trastorno del espectro autista que le otorgaba cierta pureza moral, como si la diferencia neurológica fuera garantía de honestidad política.
La palabra líder proviene del inglés antiguo lǣdan, que significa guiar, conducir, dirigir, pero está emparentada con el latín ducere, que quiere decir conducir. Originalmente, era un término técnico, usado en contextos militares o políticos, para designar a quien asume responsabilidad operativa y moral frente a un grupo organizado. En este sentido, el líder no era quien tenía carisma ni quien inspiraba, sino quien sabía qué hacer, cómo hacerlo, y cuándo hacerlo. Sin embargo, esa noción ha sido distorsionada hasta la ininteligibilidad. El líder ya no se define por su capacidad de conducción institucional, ni por su conocimiento técnico, ni siquiera por su claridad argumentativa. Ahora se define por su supuesta «visión», por su «inspiración», por su «capacidad de conectar emocionalmente». No se requiere competencia ni efectividad, sino afectividad. Nada de guías, en vez de eso, consuelo. Porque impera el miedo. Este giro subjetivista del concepto de liderazgo tiene raíces profundas en el romanticismo del siglo XIX, donde la figura del genio, del elegido, del iluminado interior se convierte en modelo de conducta. Así, la palabra liderazgo se vacía de contenido y se llena de emotividad. Ya no se trata de saber hacia dónde ir, sino de hacer sentir bien a quienes te siguen. Y con esto, ya estamos: convertir el liderazgo en una forma de terapia.
El Papel de Greta frente al Liderazgo Político
Resolver el problema del cambio climático no está en el terreno de los académicos, investigadores y expertos, que llevan décadas alertando de forma racional, con datos y hechos probados, de las consecuencias para el planeta de nuestro estilo de vida, pero que no han conseguido mover conciencias. Tampoco está en el terreno de las celebridades y los activistas, que ponen la carga emocional capaz de movilizar al planeta, como ha hecho Greta Thunberg con un discurso y una personalidad que han tenido mucho más éxito que los de otros campeones de la lucha contra el cambio climático, como Al Gore.
Ahora mismo, la responsabilidad de reducción de los gases de efecto invernadero está en manos de los políticos, que deberían representar el equilibrio entre lo racional y lo emocional, entre los intereses del corto plazo y las necesidades del largo. Esos son los líderes que deberían preocuparnos y los que deberían actuar. La clase política se ha atascado en las palabras. Su falta de capacidad para llegar a consensos a escala nacional y a escala global impide pasar de las declaraciones a las acciones, de los hashtags a los hechos.
Y es en esa gigantesca falta de liderazgo global por parte de las personas que deberían representar los intereses de la sociedad en su conjunto, que emergen figuras como la de Greta. Este vacío de liderazgo genera frustración, especialmente a los más jóvenes, y abre espacio para que una adolescente con trenzas, buena voluntad y convicciones firmes sea el referente del planeta, aunque lo haga desde una perspectiva emocional (fundada en evidencias científicas, por supuesto). Sin embargo, Greta no debería llenar el vacío político. Su espacio es otro: el de la perspectiva emocional, que nos ayuda a entender las cifras y nos motiva a exigir responsabilidades; el del discurso inspirador y las palabras claras.
Aunque no debemos olvidarnos de todos los científicos y activistas que han alertado y alertan sobre los riesgos del calentamiento global, es muy probable que sin Greta no habría tantísima conciencia sobre los riesgos del cambio climático. Ha puesto palabras, emociones y rostro a un problema que la humanidad debe abordar para su supervivencia. En una charla en Madrid durante la COP25, Al Gore comparó a Greta con el niño que, como en el célebre cuento El Traje Nuevo del Emperador, señala con el dedo y avisa de que el emperador está desnudo. «¿Por qué nos la creemos?», dice el exvicepresidente, premio Nobel y activista contra el cambio climático, «Porque sabemos que dice la verdad».
A diferencia de Al Gore, Greta no forma parte del establishment y, aunque arrojen dudas sobre su entorno o sus orígenes, no está manchada por intereses políticos o económicos que pongan en cuestión sus palabras. Quizá por eso es más fácil crear un movimiento a su alrededor que al de un exvicepresidente del país que más CO2 ha emitido en la historia de la humanidad. Un líder y una figura inspiradora no siempre son lo mismo. Una personalidad que nos mueve con un discurso apasionado no tiene por qué ser quien nos señale los pasos a seguir, quien asuma el liderazgo. Por eso muchos de los críticos de Greta yerran el tiro cuando la cuestionan como líder. Nunca lo ha sido.
Ni Greta ni otras personalidades mediáticas que la acompañan en su lucha tienen la potestad de las decisiones, acordar los marcos regulatorios, crear las políticas públicas y estimular las acciones privadas. Son figuras inspiradoras de un movimiento que quiere empujar a los líderes políticos (globales, nacionales, locales) a actuar. Es indudable que Greta cree en la causa y esa autenticidad hace que millones de personas conecten con ella. Greta no tiene que demostrar nada a nadie, no tiene que proponer nada ni tener más papel que señalar con el dedo. Las decisiones las tienen que tomar los políticos, esa es su función, la razón de su existencia.
