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Comunicación

Análisis Profundo de '28 Años Después': Un Reinicio Radical del Cine de Infectados

by Admin on 16/11/2025

Casi tres décadas después, Danny Boyle nos entrega la tercera entrega de la saga que inició en 2002. Pero, en un alarde de originalidad y atrevimiento, Boyle no ha querido rodar la típica secuela tardía. Además ha vuelto a contar con Alex Garland escribiendo el guión. Ambos nos llevan a un Reino Unido post-apocalíptico y casi medieval. Ya mismo recorremos “la tierra de nadie” en un particular viaje al “corazón de las tinieblas” del mundo que nos espera en ‘28 años después’.

Un Retorno Inesperado y Arriesgado

Hace casi veinte años se estrenó ‘28 semanas después’ (Juan Carlos Fresnadillo, 2007), la secuela de ‘28 días después’ (Danny Boyle, 2002). Y la idea de rodar una tercera entrega rondaba las cabezas de sus creadores: Danny Boyle y Alex Garland. Incluso había un título: ‘28 meses después’. Pero, finalmente, diferentes intereses y motivaciones personales les llevaron a posponer la idea. Después de que cada uno se enfrascara en sus propios proyectos, Boyle y Garland retomaron la empresa. Los dos tenían ganas de rodar una nueva continuación… pero no quería hacer una secuela a medio cocinar o un film irregular. Ambos tenían que hacer una película y/o nuevo capítulo que realmente mereciera la pena.

Habiendo siendo la Fox adquirida por Disney, los derechos de la franquicia pasaron a Sony. Así pues, Boyle tuvo que convencer a los nuevos propietarios para que le dejaran hacer el tercer film. Por su parte, Garland se puso a escribir y, para sorpresa de todos, terminó desarrollando ¡una nueva trilogía! De hecho, las dos primeras partes ya están rodadas y acabadas. Me refiero a la presente ‘28 años después’ y ‘The Bone Temple’. Esta última dirigida por Nia DaCosta. Eso sí, la tercera parte todavía no está filmada y queda a expensas de cómo funcionen en taquilla estas dos primeras películas.

¿Qué Hace a '28 Años Después' Diferente?

Conviene avisar al espectador que ‘28 años después’ no es una secuela al uso. Aquí no hay nostalgia barata, no hay menciones a los films precedentes ni tampoco a personajes o situaciones. Si acaso, una brevísima cita sobre lo que podría haber acontecido después de ‘28 semanas’, pero poco más. ‘28 años después’ es un film que ciertamente arriesga. Y lo hace no solo en su concepción, también en el lore preestablecido en las dos películas previas. Incluso presenta una mezcla de géneros bastante burra. La propuesta va desde el “coming of age”, pasando por el “survival” puro y duro, y hasta contiene gotas de “folk horror”. Como vemos, un coctel totalmente inesperado. Podéis creerme cuando digo que todo esto no decepciona. Aunque, de cara a ciertos sectores, puede resultar demasiado “experimental” y alejada de lo esperado en la saga.

Queda claro que Boyle y Garland se han tirado a la piscina. Y, si bien es cierto que algunas de sus ideas pueden ser muy locas, también presenta su particular guiño al cine zombi de Romero. En esta ocasión más evidente a nivel de gore y body horror. En cualquier caso, el realizador británico ha querido ofrecer al espectador una cinta que rompe bastante con el convencionalismo. Él mismo dice que lo empujó a esto la “secuela” de otra franquicia… concretamente ‘Mad Max: Furia en la carretera’ (George Miller, 2015). Por consiguiente, si finalmente hacía ‘28 años después’, tenía que arriesgarse a ofrecer algo nuevo. Y lo cierto es que el film también tiene cierta dosis de road movie. De hecho, sus personajes están viajando durante un buen trecho del metraje.

La EVOLUCIÓN del ZOMBI en el CINE y la TELEVISIÓN

Aspectos Técnicos y Artísticos Destacados

Los mayores atributos de la película residen en su capacidad dramática e intensidad visual. Hasta el punto de que el escaso humor (procedente de un personaje concreto e incluso de su “bizarro” final) es un arma de último recurso guardada como oro en paño. El resultado final puede provocar rechazo en un sector del público que, probablemente, estuviese esperando algo similar a lo que el cine post-apocalíptico suele ofrecer. Ahora bien, es digno aplaudir a Boyle y Garland por entregar una propuesta que se atrever a ir más allá de los planteamientos mínimos del cine de infectados/zombis.

Esta producción ha sido la más cara de la trilogía. Su coste se ha elevado hasta los 75 millones de dólares y ese resultado se ve en pantalla. El deseo de Boyle de rodar en escenarios completamente reales del Reino Unido le ha salido excelente. El director consigue así un tipo de terror a plena luz del día. Esas secuencias de los infectados corriendo a toda velocidad son sencillamente impresionantes. Atención porque algunos de los planos se han rodado con iPhone 16, pero no la película entera. Se ha utilizado un enfoque de rodaje plano a plano con resultados visualmente estimulantes e incluso impactantes. Para la fotografía ha vuelto a contar con Anthony Dod Mantle, con quien ya trabajar en la primera entrega.

Por otro lado, y por primera vez, la música no la ha compuesto John Murphy. Ni siquiera el mítico Main Theme. Sin duda, es una decisión tremendamente experimental. Boyle ha optado por la joven banda Young Fathers para componer un score repletísimo de canciones pop. Además el poema de Rudyard Kipling, “Boots”, es casi el Main Theme cobrando una importancia ciertamente inquietante. Estamos ante un poema dedicado a los militares británicos que sufrieron estrés postraumático después de la segunda guerra bóer. Boyle lo usa junto con imágenes de soldados y el resultado final es tremendo.

Elenco y Personajes

En el elenco se recurre a un reparto de actores totalmente estimable. Para empezar tenemos a Alfie Williams que interpreta a Spike, un joven que se inicia dentro de su comunidad con el propósito de alcanzar la mayoría de edad. Alfie tiene un papel protagonista ciertamente convincente. El actor encarna a un chico que tiene que madurar en un mundo duro y terrorífico. A su padre lo interpreta un barbado Aaron Taylor-Johnson. En su caso estamos ante un actor físico al que el tiempo ha tratado bien y que creo que ya antes era bastante mejor que las críticas que le hacían. Aquí, y como padre de Spike, quiere que su hijo esté totalmente integrado en la sociedad en la que viven.

La madre es interpretada por Jodie Comer en un papel que en manos de algún otro guionista podría haber sido peor escrito. La actriz británica se desenvuelve de forma maravillosa en un rol que tiene un peso emocional grande de cara al final. Sin entrar en detalles, Jodie saca mucho jugo de su personaje a lo largo de la aventura. También está Ralph Fiennes, quien tiene un pequeño papel como el Dr. Ian Kelson, un superviviente tratado de lunático que vive en tierra firme en un extraño santuario construido de huesos. Su performance es tremendamente humanista y llena de tristeza (atención a ciertas miradas).

Un Film Experimental y Arriesgado

Acabo esta crítica de 28 años después, no estamos ante la típica secuela tardía que sólo busca el guiño y el homenaje facilones. En esta ocasión se nos ofrece un film totalmente “experimental”, arriesgado e incluso puede que bizarro. Es de justicia decir que Danny Boyle ha querido dotar a esta “tercera parte” de un tono específico y de una mezcla de géneros bastante curiosa. Por su parte, la escritura de Alex Garland se nota inspirada.

Han pasado veintitrés años desde el estreno de 28 días después (2002), la película de Danny Boyle escrita por Alex Garland que renovó el género de los zombies -perdón, infectados- y que imaginó un Londres vacío y distópico asolado por una pandemia de rabia. Si los zombies de George A. Romero se movían con andares fentanílicos, en el universo de Boyle los infectados empezaron a esprintar como Usain Bolt.

La película fue un éxito pero ellos acabaron tarifando. Se habían conocido a finales de los noventa. Danny Boyle había leído la -magnífica- novela La playa, escrita por Garland, y acabó adaptándola: Leonardo DiCaprio en Tailandia. Después Garland escribió el guión de 28 días después, valga la redundancia. Una segunda entrega se puso en manos de Juan Carlos Fresnadillo, por aquello de no repetirse. Fue en Sunshine (2007), cuando una desavenecia sobre el final de la película provocó su divorcio.

Análisis Profundo de la Trama y los Personajes

28 años después arranca, efectivamente, veintiocho años después de que al Reino Unido le asolara una pandemia -no la del Brexit- que obligó a poner en cuarentena todo el país. No, miento. La primera secuencia nos traslada al inicio de la epidemia, con una secuencia algo torpe y atropellada con teletubbies, niños, sangre y un siempre a mano "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Porque de religión va un poco también la cosa. De religión y de roles heredados y de padres y de madres y de la vuelta a una sociedad estamental y de ritos rudimentarios y de creencias y de tribus y demás.

Veintiocho años después, el último pueblo -o no, quién sabe- sobrevive como los galos, atrincherados y rodeados de estacas en una isla de Escocia, desde la que sólo se puede acceder al resto de Reino Unido a través de un caminillo que cruza un estrecho y que desaparece cuando sube la marea. No se puede atravesar a nado, debido a las corrientes, lo que es muy útil para mantener alejados a los infectados. En esto, los zombis submarinos de Lucio Fulci llevarían ventaja: no se pierdan esta secuencia de un zombi peleando a puñetazos con un tiburón.

Los supervivientes han recreado una sociedad medieval en la que las mujeres recolectan y cantan canciones y los hombres aprenden a disparar con el arco. Gran acierto el de Boyle, todo hay que decirlo, de enhebrar esta primera parte de la película con secuencias de películas bélicas, totalitarias y medievales, al ritmo del poema Boots de Rudyard Kipling, que emula la alienación de un soldado en la guerra. En cualquier guerra. El problema es que el recurso queda rápidamente abandonado.

En este poblado medieval, Spike (Alfie Williams) es un niño de doce años que debe pasar un rito de iniciación. Acompañado de su padre (Aaron Taylor-Johnson), deberá cruzar el camino, llegar a Reino Unido, matar un par de infectados y volver convertido en un hombre. Por el camino se encuentran con infectados -o una especie de mutantes- obesos que comen gusanos, con infectados anoréxicos que llevan tiempo sin comer y con una especie de infectados alfa, que son mucho más grandes, mucho más salvajes y están mucho mejor dotados -genitalmente- que el resto. Porque los infectados han vivido una especie de involución y ahora se organizan como grupos de neandertales, lo cual es una decisión muy interesante, porque viene a plantear los peligros de una sociedad que se deja llevar por sus instintos primarios, que son violentos, territoriales y desiguales, en los que el macho alfa supone la gran amenaza. Hasta aquí todo bien. 28 años después engancha, explota el suspense y contiene subtexto.

Sin embargo, a mitad de metraje -o un poco antes- los creadores toman una decisión muy arriesgada que convierte la película... en otra cosa. La madre de Spike, Isla (Jodie Comer), lleva años encamada por lo que todos creen que es una enfermedad psiquiátrica. Al principio parece que la mujer está infectada, pero sólo -sólo- son cefaleas incapacitantes. Y este personaje tendrá una importancia capital en la deriva del film, que pasará a convertirse en un drama familiar al estilo de Terrence Malick y que acabará con una reflexión sobre la muerte, con osarios monumentales -al final uno de los primeros signos civilizatorios complejos tiene que ver con la ritualidad funeraria- y extrañas disquisiciones místicas. Y con chavs vestidos de teletubbies de por medio. También hay un momento interesante de sororidad interespecie, que quizás se podría haber explotado un poco más, y que apunta a una nueva vía sobre la evolución de la saga. Y aparece Ralph Fiennes en un papel mengeliano. Hay comedia, hay terror, hay drama y hay sorpresa; todo lo que ocurre resulta inesperado. Al menos, no se puede tachar a Garland de complaciente o de haberse quedado en su zona de confort. Pero a costa de la verosimilitud y el tono y la coherencia emocional de unos personajes difíciles de entender más allá de la locura.

El Impacto Visual y la Innovación Técnica

Boyle siempre ha defendido que la mejor manera de rodar una película es utilizando el dispositivo que le venga mejor a la historia. En 28 días después utilizó una cámara con una resolución baja incluso para la época (2002) porque le daba a la cinta la sensación que él pretendía transmitir. La película está grabada en Ultra Panavisión 70, con una relación de aspecto de 2.76:1. Esto quiere decir que el ancho es mayor, por lo que el campo de visión es mucho más amplio de "lo normal". Boyle quiere retratar los paisajes naturales de la zona, por ello el uso de esta relación de aspecto, ya que permite que se vea más, y de los teléfonos móviles como principal soporte de grabación porque son ligeros y se pueden utilizar con mayor comodidad sin modificar la naturaleza con grandes artefactos.

La historia de Spike comienza con un power ranger de juguete en su mesita de noche y acaba con unos pseudo power rangers de carne y hueso ayudándole en su camino. Ha hecho su transición a la vida adulta. Danny Boyle dirige una película sobre personas sanas intentando sobrevivir en un mundo con infectados, sobre cómo un virus perdura 28 años y qué cambios efectúa sobre los infectados de la primera entrega para poder hacerlo. 28 años después es una película de terror con toques cómicos, dramáticos y brutales que da pie dos entregas más de la saga.

Conclusión

En resumen, '28 años después' es un film que rompe con los convencionalismos y ofrece una experiencia cinematográfica única y arriesgada. A pesar de las posibles controversias, la película destaca por su intensidad visual, capacidad dramática y la innovación en su propuesta narrativa.

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