Montoneros, ERP y la Juventud Peronista: Militancia y Conflicto en la Argentina de los Años 70
Montoneros fue una de las organizaciones guerrilleras que surgieron y ganaron protagonismo entre las décadas de 1960 y de 1970 en Argentina, al calor de las revueltas e insurrecciones populares contra los gobiernos militares que se sucedieron entre 1966 y 1973 en el país. En sus orígenes, impulsado por jóvenes provenientes de la derecha católica y nacionalista, se autodefinía como continuadores de la “resistencia peronista” -el movimiento popular que sostuvo al peronismo, proscripto desde 1955-.
La periodista y escritora María O’Donnell, autora del libro Aramburu. El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros (Editorial Planeta), afirma que el asesinato del militar marcó un antes y un después en la historia argentina. De acuerdo con Julieta Pacheco, investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani, esa primera acción definió dos cuestiones que fueron decisivas en la naturaleza de la naciente organización: “El desarrollo de una estrategia armada y la adhesión a un programa peronista”. No pasó mucho tiempo hasta que Montoneros sufriera su primer contragolpe por parte de la policía. En su artículo académico, Pacheco sostiene que, además de las actividades armadas, el grupo pretendía impulsar lo que ellos llamaban “lucha de masas”, para lo cual apostaron a la construcción y desarrollo de organizaciones sindicales y estudiantiles que tenían como fin la transformación social.
La Juventud Peronista y la Transición Política
La Juventud Peronista (JP) jugó un papel crucial en la articulación de las organizaciones armadas con el movimiento peronista y la sociedad. Con el comienzo de la transición democrática, Montoneros trabajó por la victoria electoral del peronista Héctor J. Cámpora, que se concretó finalmente en marzo de 1973. Fue entonces cuando comenzaron las tensiones, debido a que el ala derecha del peronismo comenzó a ampliar su poder dentro del gobierno a la sombra del presidente interino Raúl Lastiri y de su suegro, el ministro de Bienestar Social, José López Rega.
En la mencionada entrevista, María O’Donnell aborda el tema de la relación entre Montoneros y Perón y la define como un vínculo marcado por la tensión. Mientras que el secuestro de Aramburu los colocó como interlocutores del líder del movimiento que se encontraba en el exilio, ese diálogo se enturbió a partir del regreso de Perón al país. “No es que la relación entre ellos choca con el regreso de Perón, cuando él los echa de la plaza ese 1 de mayo. En los últimos meses de 1973, las tensiones siguen en aumento, con Montoneros resistiéndose a dejar las armas e insistiendo en el objetivo de la “patria socialista”, aun cuando entonces el llamado de Perón era el de la pacificación nacional y la reconstrucción democrática.
Perón falleció el 1 de julio de 1974, lo que habilitó la asunción presidencial de su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, también conocida como “Isabelita”. Eso inclinó el Gobierno aún más a la derecha bajo la influencia de López Rega, quien por entonces ya era el asesor de mayor confianza de la presidenta. La ruptura entre el peronismo en el gobierno y la conducción de Montoneros agudizó la violencia política, en un escenario polarizado, por un lado, por la guerrilla peronista y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y por el otro por la Alianza Anticomunista Argentina, una organización parapolicial también conocida como Triple A, que estaba ligada a López Rega. Así lo resume Confino: “Durante los gobiernos de Perón y de Martínez de Perón, se construyó en el país un estado de excepción que fundamentó un recorte de libertades individuales y un endurecimiento de la legislación represiva y la censura en el discurso hipercrítico del ‘flagelo de la violencia’ y de la ‘infiltración del enemigo marxista’.”
El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)
Contemporáneamente a la campaña de Cámpora, el 14 de enero de 1973, Roberto Mario Santucho, el jefe del PRT-ERP, encabezaba en Córdoba una reunión clandestina con el fin de elaborar la política de la organización frente al proceso electoral. La conclusión era clara y definitiva: acribillar la salida electoral y continuar la guerra contra las FFAA. En su marco de alianzas no participarían ni Montoneros ni las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) más cercanas el peronismo. Así por lo menos se lo dijeron durante una reunión celebrada a fines de enero.
Frente a este panorama, a principios de febrero, Santucho comenzó a diseñar con Juan Ledesma (alias Capitán “Pedro”) el asalto al Batallón de Comunicaciones 141 de Córdoba. “Pedro” estuvo al frente de la Compañía Decididos de Córdoba y entre tantas acciones militares, participó en el copamiento de la Guarnición Azul (enero de 1974); intervino en la planificación del ataque al Batallón Depósito de Arsenales 121 y tras ascender a jefe del Estado Mayor del ERP planificó el asalto al Batallón Depósito de Arsenales 601 en Monte Chingolo (diciembre de 1975). El domingo 18 de febrero, a las 3.30, un comando de cuarenta miembros del PRT-ERP irrumpió en el Batallón de Comunicaciones 141, en Córdoba, contando con la complicidad del conscripto Félix Roque Jiménez (declarado días más tarde “traidor a la Patria”), y robó una cantidad importante de armas. Según relató el general de división Alcides López Aufranc, jefe del Estado Mayor del Ejército, la organización político-militar se había alzado con 63 subfusiles PAM-1, 11 PAM-2, 107 pistolas 11.25, 4 subfusiles Halcón MP.45 , 1 subfusil Halcón ML-63 9×19 mm, 1 curioso rifle Winchester .44, una escopeta lanzagases, 2 revólveres 32 especial, 1 pistola Beretta 9×19 mm, municiones y otros enseres de uso militar.
La Plata: Epicentro de la Militancia Juvenil y Peronista
Inspirada por las rebeliones populares de esos años e impulsada por el elemento estudiantil, que buscaba poner a prueba su fibra militante, la estrategia consistente en orientar los esfuerzos hacia la conformación de una base de poder y reclutamiento localizada en los barrios, prosperaría durante el período marcado por la vuelta de Perón, la apertura electoral y la "acción de masas" de Montoneros.
Según el testimonio de G. Chaves, incorporado a la JP platense a comienzo de los '60, “Montoneros llegó a La Plata en el año 1972, ya había mucho trabajo en los barrios, en las villas. La lucha armada la iniciamos antes que Montoneros. Teníamos un comando, que no tenía nombre, y hacía prácticas de tiro, apoyo de conflictos, robo de armas. Nuestra idea era incorporarnos a la FAP, tuvimos conversaciones pero no se concretó. Cuando entramos en conversación con los Montoneros, nadie sabía quienes eran. Al principio acá no tenían nada, había un grupo de Descamisados en Ensenada, una célula de FAR, que estaban en un proceso de peronización. Se resolvió en asamblea pasar a Montoneros con armas y bagaje. Un grupo monto se instaló en La Plata, eran fundamentalmente de Descamisados, ya incorporados a los montos. Esto nos dio proyección nacional.”
Hacia 1971 el área del Gran La Plata, que incluía el partido de La Plata, Berisso, Ensenada y con menor integración, Magdalena y Brandsen, era considerada un polo provincial con identidad y dinámica propia. Como rasgo general del conjunto se destacaba una nítida diferenciación e interacción entre sus zonas urbanas y rurales. El partido de La Plata, formado por el casco urbano y periferia barrial, poseía una importante diversidad. Al ser capital provincial, su mayor actividad económica se concentraba en el sector terciario. En el sector secundario, además de la actividad industrial, se destacaba la construcción. Fuente tradicional de mano de obra para los sectores populares instalados en la periferia platense, su dinámica se basó tanto en la obra pública como en los emprendimientos privados. El sector primario sobresalía por la producción hortícola y frutícola organizada en las clásicas "quintas". Estas unidades productivas, de escasa tecnificación, emplearon a los trabajadores semirrurales y se irían consolidando para satisfacer el consumo urbano.
Datos Demográficos de La Plata (Censo 1970)
| Total Población | Ubicación | Características |
|---|---|---|
| Cercano a 400.000 personas | Casco urbano y periferia barrial | Decremento en tasa de natalidad, aporte migratorio mayormente joven. |
| La mitad de la población | Afueras del casco urbano (periferia barrial) | Dos grandes zonas diferenciables: noroeste (mayores perspectivas de crecimiento, baja densidad) y otros. |
| Reducción de la población económicamente activa. | ||
La estrategia de "ir a los barrios" por parte de la JP platense, tanto en la etapa previa como durante su articulación con Montoneros, estuvo orientada desde el primer momento hacia la periferia platense. Los testimonios lo destacan, y los datos empíricos lo corroboran, el elemento socioeconómico que caracterizaba a los barrios platenses en los '70 era su particular homogeneidad y la escasa cantidad de "espacios de marginación".
Los testimonios permitieron precisar las zonas donde la juventud concentró sus actividades; comenzando por Los Hornos, para muchos el lugar de mayor "trabajo territorial". Un joven trabajador y estudiante concentrado en la militancia barrial explica: "En Los Hornos estaba la villa, actualmente mucho mas grande, en 143 y 57. Prácticamente era la única de La Plata" (EA-Asuaje). Otro militante describe: "Nosotros la llamábamos la villita, tenía 150 metros por 100 metros y vivían en su mayoría paraguayos. Eran albañiles todos. Había un tucumano que, por sus rasgos, hoy podríamos caracterizar como villero, el resto era casi clase media baja. Nosotros la llamábamos la villa como un hecho folclórico. Los asados eran muy frecuentes, no había chicos desnutridos. Salvo casos extraños no había delincuencia, robarse la ropa de la cuerda, por ahí sí, pero no mucho más". Por otro lado, Tolosa, que tenía a su vez dos villas reconocibles bajo la influencia de JP/Montoneros. "Era parecida a una villa actual, pero tenía dos manzanas. Iba de 15 a 17 y de 532 a 530. No la comparemos con las grandes villas de ahora. Si bien la gente laburaba, el que era vago era vago, pero había laburo. Siempre laburo no formal. Es cierto que para el que tenía un oficio vivía medianamente bien, comparado con lo que es hoy (EA-José H.). "Yo conocía más o menos el lugar, fui uno de los que inició el trabajo en lo que fue la villa del Arroyo del Gato, la zona de Ringuelet. La villa era distinta, no estaba el cartonero de hoy. El hombre de la villa era más bien un trabajador de changas, que podía hacer changas. Por ahí no tenía un trabajo regular trabajaba en la construcción o hacía changas". (EA-Kaltenbach).
La ubicación global del área donde la JP platense desplegó su influencia se da a través del cruce entre secciones electorales y delegaciones municipales. La militancia, como parte de su actividad partidaria, utilizaba de manera fluida la división zonal que suponía el término de secciones electorales; nueve en el partido de La Plata. Por otra parte, en ese momento, las delegaciones eran siete. Hacia el sudoeste y sudeste del Casco Urbano: Villa Elvira, Melchor Romero y Los Hornos y hacia el noroeste: Tolosa, Gonnet, City Bell y Villa Elisa. Cruzando ambas informaciones concluimos: la quinta sección abarcaba la totalidad de Villa Elvira y casi todo Los Hornos; la sexta, comprendía la totalidad de Tolosa, Gonnet, City Bell y Villa Elisa y parte de Los Hornos y Melchor Romero y la séptima formada exclusivamente por Melchor Romero. Es difícil sostener y demostrar una localización y expansión de las UB Montoneras platenses en base a un plan estratégico de la organización Montoneros, como algunos testimonios lo sugieren; su localización geográfica dependió de la presencia de los sectores populares peronistas en el Partido de La Plata.
La situación material de los barrios donde transcurrían las actividades diarias de la militancia era evaluada como "buena"; a sus ojos, la pobreza no se presentaba como un fenómeno masivo y denigrante. Pero, para una joven militante oriunda de la ciudad, era fácil comprobar la existencia de una demanda acumulada, decisiva para impulsar las movilizaciones, destinada a cubrir el equipamiento barrial básico. "El asfalto, el agua, las cloacas, el gas. Nosotros que trabajábamos mucho con las cuestiones reivindicativas en el barrio en esa época, notábamos que no había nada de eso. Los barrios eran todas calles de tierra, todo barro, poca gente que tenía agua corriente, tenían agua de bomba. Iba creciendo la ciudad y tampoco crecía rápido la electricidad, cloacas" (EA-Marta S.). Intentar cubrir la infraestructura básica barrial, poco desarrollada, fue el eje de una de las iniciativas centrales de la JP platense a lo largo de todo el período en que se mantuvo activa. Más adelante, con la llegada al gobierno provincial de muchos de los dirigentes juveniles durante la gobernación de Oscar Bidegain, estas iniciativas tomaron forma institucional.
Este potencial desarrollo de la movilización barrial basado en necesidades materiales, se fue articulando con otros elementos más intangibles. En primer lugar, la existencia de un activismo sindical desencantado, por una larga serie de derrotas, replegado en los barrios y ligado, aunque no exclusivamente, a la tradicional combatividad obrera y peronista. "Durante los ‘60 se pierden una serie de huelgas. Una huelga importante en 1971 había sido derrota. En general habían sido negociadas y traicionadas por los dirigentes. Se puede decir que la clase obrera estaba derrotada. Entonces vos te encontrabas, con activistas sindicales que habían estado en las huelgas perdidas, que eran peronistas, pero que no tenían tradición de trabajo territorial; algo en la época de la resistencia, pero en general era más sindical. Gente con conciencia política". (EA-Cieza).
En segundo lugar, los grandes acontecimientos de masas de fines de los años '60 no se habían replicado en la zona en términos concretos. "Cuando se habla de Cordobazo y Rosariazo, acá no pasaba un carajo. Lo único que hubo fue esa huelga petrolera del '71, que fue derrotada. Eso si, cuando había algo estábamos todos. Y, no necesitabas mucho para movilizar. Hasta la vagancia del barrio se prendía, se iba a la política" (EA-Cieza). En tercer lugar, estaba la cuestión de la identidad peronista entre los sectores populares y su relevancia como factor explicativo en el proceso de movilización en ciernes. Una interpretación sobre las características de ésta ensaya E. Salas, afirmando que tuvo, durante los años de proscripción, un importante papel como mecanismo de "resistencia cultural". Según este criterio, en el universo familiar y barrial, el peronismo, se mantuvo "latente", en tanto pudo, aunque débil y simbólicamente, reactualizar sus elementos festivos, aptos para la reafirmación e integración identitaria pero, por otro lado, confrontativos y tendientes a la ruptura.
Algunos testimonios sirven para aclarar este entramado ambivalente. "Tengo dos hechos grabados en mi memoria política. Una vez que fuimos a lo de Monopoli [un histórico "puntero" peronista de la zona] a una fiesta del día del niño. Mientras jugábamos en el barrio, cayeron desde un avión volantes reclamando la vuelta de Perón, ubico esto en el '64. Son hechos que no tienen nada que ver, sin embargo, marcaban un nivel de politización, en mi caso, pero había miles como yo. No éramos gobierno, pero festejábamos el día del niño desde la unidad básica y, por otro lado, sabíamos qué significaba el Perón vuelve" (EA-Hugo G.). "Yo no terminé la primaria. Cuando íbamos con mis hermanos a la escuela, era todo una peregrinación, no andaba el colectivo. Llevábamos unos libros que nos habían dado Perón y Evita y teníamos problemas. Mi viejo dijo, no van más a la escuela, esos son unos gorilas" (EA-Oscar A.).
Si bien, retrospectivamente, esta acción es evaluada por el entrevistado en sus aspectos negativos: "Que ignorancia la del viejo, porque uno si se preparaba podía haber dado mejor la lucha" (EA-Oscar A.), podemos afirmar que este tipo de experiencia, formaba parte de la autoconciencia peronista de esta franja o sector de la militancia radicalizada, que se veía a sí misma como constitutiva de ese peronismo latente. Poseedora de una sensibilidad intransferible en relación a Perón, que evaluaban como una figura insuperable en términos políticos, suponían que tenían con él, canales personales de comunicación. "La mayoría de la gente como yo creía que Perón era un mago. Gardel con tres guitarras. Para nosotros, Perón era una cosa muy fuerte. Cuando estábamos cajoneados, y no nos salían las cosas, lo escuchábamos y decíamos, me está hablando a mí. Así, si veníamos cansados de laburar en la construcción, íbamos a laburar al barrio".
Otro rasgo de este peronismo latente y operante a nivel de las redes familiares y barriales, es el que se menciona en los diferentes testimonios como una actitud de "naturalidad" hacia las prácticas clandestinas. "Yo soy nacido en el '55. Me acuerdo en mi infancia de ir en las noches de invierno a la casa de un compañero en forma clandestina, con mi hermano y con mi viejo; que decía callate la boca. En el sesenta y pico íbamos a ver diapositivas, era como una operación militar. Solía venir un amigo de mi papá que decía: me tengo que quedar a dormir, tengo que guardarme acá. Mi viejo no contaba nada. Yo veía que este amigo dejaba algo en el ropero, tal vez algún fierro, un arma".
Un elemento específico de La Plata, resultó de las interacciones entre el centro, espacio propio del activismo estudiantil, donde la presencia obrera marcaba los picos más altos del enfrentamiento social y se verificaban la gran mayoría de las operaciones armadas, y la periferia. Así, para los militantes estudiantiles y barriales, el casco urbano, se configuró en un escenario donde cobraron visibilidad el conflicto político y sus actores. La "generación" que se disponía a ingresar a los avatares de la radicalización, pudo experimentar los fenómenos reales de la política en las calles de la ciudad: el enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, las luchas obreras y estudiantiles, la pasión popular que despertaban los actos masivos del peronismo.
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La Represión de la Dictadura y la "Contraofensiva"
Con la llegada del gobierno de facto encabezado por Jorge Rafael Videla tras el golpe de marzo de 1976, los militares acorralaron tanto al ERP como a Montoneros, ambos con fuerzas muy disminuidas. La cúpula de Montoneros se fue al exilio, como también lo hicieron los militantes que pudieron eludir a la represión.
“La jefatura montonera pronosticaba un aumento de la conflictividad sindical para 1979 y pretendía dirigirlo disponiendo la entrada clandestina de las y los militantes desde el extranjero para realizar atentados y acciones de propaganda en el país. Entre 1979 y 1980, más de 200 montoneros y montoneras ingresaron en secreto con el objetivo de alimentar el descontento social que, suponían, existía con el régimen militar que gobernaba en Argentina desde el golpe de Estado del 24 marzo de 1976. Y concluye: “La Contraofensiva no alcanzó los resultados pronosticados”.
Retorno a la Democracia y Enjuiciamiento
Con la apertura de la transición a la democracia en Argentina luego de la Guerra de las Malvinas, los antiguos militantes montoneros, incluyendo parte de los jefes, comenzaron a regresar al país. Varios más de esos líderes caerían o pasarían a la lista de desaparecidos en el último año de la dictadura, y otros se reincorporaron al Partido Justicialista. En diciembre de 1983, el flamante presidente democrático Raúl Alfonsín ordenó el enjuiciamiento simultáneo de las cúpulas militares y de las organizaciones guerrilleras, incluyendo los jefes montoneros Mario Firmenich, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía y Rodolfo Galimberti, entre otros.
