Un viaje desde Fiaso a Barcelona: la odisea de un soñador
Dicen que la infancia te marca para toda la vida, a pesar de que, en mi caso, fue una etapa que no encontró espacio para desarrollarse. Nací en África, en un pueblo llamado Fiaso, Ghana, un martes de 1988. Cuando era un niño no tenía mucho con lo que disfrutar y, por lo tanto, tuve que fabricar mis propios juguetes. Cuando tenía sed, tenía que ir al río para conseguir agua. En mi casa no había nada; si quería comer pescado, tenía que ir a pescar al río.
Todo empezó un día, mientras jugaba al fútbol con mis amigos después de cuidar a los animales. De repente vi un avión que volaba. «Y pensé: ¿cómo puede haber un avión allá arriba? Si yo cojo cualquier cosa, la lanzó al aire y cae a tierra, ¿cómo es que ese avión no cae?». Lo comparé con los juguetes que había construido y que había tenido que arrastrar por tierra si quería que se movieran. A partir de ese día empecé a pensar que el mundo no podía acabarse en la frontera de mi lugar de nacimiento. Así que, empecé a pensar en ir más allá de mi pueblo.
Yo concebía al hombre blanco como un dios, porque Europa era considerada como un paraíso, y pensaba que "hombre blanco" era sinónimo de inteligencia, de médico, ingeniero…en resumen, de ser superior. Un par de años más tarde, conseguí un trabajo en un pueblo cercano. Después de esto, me trasladé a la segunda capital del país y, finalmente, llegué al puerto de la capital, Accra. Allí tuve la suerte de ver la televisión por primera vez en mi vida. Aquel día estaba el "Barça" en la televisión. Como trabajaba en el puerto, a menudo veía ferries, coches y máquinas en general. A partir de ese momento, mi interés por conocer a la raza blanca aumentaba cada vez más. En aquella época, yo sólo era un niño analfabeto de 12 años que soñaba con un continente al que no podía ir. Trabajaba soldando chapa; tenía unas manos y un cuerpo muy pequeños y estables que me permitían entrar dentro de la compleja maquinaria y realizar soldaduras que no eran nada simples.
El Cruce del Desierto del Sahara: Un Desafío Inhumano
Un día oí hablar de Libia. Me dijeron que si me trasladaba allí, recibiría un buen salario, cosa que me parecía imposible porque, hasta aquel momento, en Accra, trabajaba sólo por comer un bol de arroz al día. A menudo, me digo a mi mismo: «¿Cómo pude sobrevivir?» Un ejemplo de esto, tuvo lugar en el desierto del Sáhara. Éramos 56 personas en tres coches Land Rover (eso son 18 en cada coche), cruzando el desierto entre las dunas. De repente, tuvimos que bajar de los coches porque los conductores «tenían que ir a buscar gasolina» y no iban a tardar mucho. Nunca volvieron. Fuimos abandonados en medio del desierto.
A pesar de esto, un chico aseguró que conocía el camino correcto, y por lo tanto, decidimos seguirlo. Aprovechó la ocasión para hacernos pagar dinero, de lo contrario, no nos guiaría. Pasaron los días y, con el grupo, nos enfrentábamos cada vez a más contratiempos. No teníamos comida ni agua. «Una de las cosas que he aprendido de esta experiencia, es que el cuerpo humano es verdaderamente sabio; se adapta a cualquier situación». Después de 21 días llegamos a la otra parte del Sáhara. «Me rendí varias veces durante el viaje. Ya no tenía esperanza. Aquellos fueron momentos difíciles».
Con el tiempo, creo que el peor momento llegó cuando llevábamos 18 días andando por el desierto. Nos quedamos sin comida y agua. No teníamos nada. Cuerpos muriendo delante de mí… No tenía ninguna esperanza de mantenerme vivo. El caso es que, 3 días antes, nuestro «líder» también había abandonado al grupo llevándose nuestras cosas y dinero. Afortunadamente, vi un cadáver en una gran roca. Espantado, me acerqué y miré en sus bolsillos. Llevaba una cantimplora llena de agua. “Aquello salvó mi vida.
Libia: Cuatro Años de Penurias y un Plan de Huida
Una vez llegamos a Libia, las cosas fueron peor de lo que esperábamos. En aquel momento, el país estaba controlado por Gadaffi. Los inmigrantes negros eran maltratados. “Un perro tenía más valor que un inmigrante negro”. Estuve en Libia durante 4 años. Pude ahorrar suficiente dinero para huir del País.
«Te llevaremos, solo tardaremos 45 minutos», aseguraron. Jamás pude comprobar esta información. El problema con las mafias viene de muy atrás. No son solo ellas, hay muchas más personas involucradas (los policías de día, trabajan para las mafias por la noche). «Fuimos duramente maltratados»: durante el día, los policías hacían su trabajo. Por la noche se convertían en perversos. Aún así, la mafia nos facilitó material y equipamiento para que pudiésemos construir nuestros propios barcos.
La mortífera política de refugiados de Europa | DW Documental
La Travesía del Mediterráneo: Un Viaje Mortal
Una vez terminados los barcos, tuve el valor de subir en uno de ellos. Yo no sabía nadar. Nos costó dos intentos adentrarnos en el océano. En el primer intento, el barco colapsó contra las olas y murieron 10 personas. Después de este intento fallido, volvimos al desierto. Recuerdo que perdí los zapatos por lo cual tuve que caminar descalzo durante 1 mes. 33 días después, la mafia nos consiguió nuevos materiales y construimos 2 barcos nuevos. Éramos 60 de nosotros para cada barco. y esta vez, el otro barco se hundió. El nuestro, en cambio, nos llevó a Fuerteventura (la tierra prometida).
Llegada a Fuerteventura y el Comienzo de una Nueva Vida
Un amigo mío me dijo: «¡levántate, hermano! ¡Caminemos!». Chocamos contra las rocas y el barco volcó justo delante de la orilla. Pensé que iba a morir. Afortunadamente, llegué a tierra y me sentí realmente aliviado. Las olas me arrastraban hasta la arena. Ni siquiera pude estirar las piernas debido a que había estado sentado en el barco durante 24 horas. No podía andar ya que mis pies estaban llenos de cicatrices. Mis compañeros caminaban hacia una carretera iluminada y me centré en seguirlos.
La policía apareció junto a «La Cruz Roja» y los medios de comunicación. Estaban atendiendo a mis compañeros y les proporcionaban mantas. Luego, gritaron: «Mira, ahí hay otro». La Cruz Roja me recogió y me cubrió con mantas. A continuación, tuvimos que firmar varios documentos y nos llevaron a la Oficina de La Cruz Roja. Más tarde nos llevaron al hospital y los médicos me hicieron lo que llaman «Test de la muñeca» para conocer mi edad.
Estuve en prisión aproximadamente un mes. Cada dos o tres días, me enviaban a una habitación pequeña y oscura donde me interrogaban. Tuve la suerte de escuchar que después de este periodo, el Estado de España me daba la posibilidad de residir en España. Después de esto volé a Málaga en un pequeño avión, donde me preguntaron a qué ciudad me gustaría trasladarme. No conocía España ni las ciudades más importantes. Entonces, recordé que, cuando estaba en Accra, había visto un partido en la televisión en el que jugaba el Barça. Así pues, dije «Barça». Ellos entendieron lo que quería decir. Me dieron un sándwich de atún, una botella de agua, un plátano y un billete de ida.
Barcelona: Un Nuevo Comienzo
Estuve en Barcelona por primera vez en el invierno del año 2005. Cuando llegué me sentí muy feliz de no pedir la dirección de la Oficina de la Cruz Roja a la ciudad. Anduve mirando con atención todas las cosas. Los coches, las casas… todo era nuevo y maravilloso. Recuerdo que saludaba a todo el mundo en la calle, como se hace típicamente en África. La gente me miraba de una manera extraña… Finalmente, se hizo oscuro y no tuve tiempo de ir a la oficina.
Me desperté el día siguiente. Estaba alrededor de «la Meridiana» sentado en un banco. Me encontré con una mujer que paseaba lentamente. Me levanté y me acerqué a ella educadamente. Le mostré todos los documentos que traía, le expliqué quién era y le pregunté dónde podía encontrar la Oficina de la Cruz Roja. Ella casi no hablaba inglés y no me entendía. No obstante, parecía interesarse por mis explicaciones. Me cogió la mano y llamó a su marido, que sí hablaba inglés. Hablé con él con facilidad. A continuación, la mujer me invitó a almorzar y me dio su número de teléfono.
Me dirigí hacia la Plaza de España siguiendo las indicaciones que aquella mujer, Montserrat Roura, me había dado. Una vez allí me sentí muy estresado. No sabía cómo interpretar el mapa del metro. De repente, escuché una voz femenina detrás de mí. Me asusté mucho puesto que en Libia los chicos no pueden hablar con las chicas. Su nombre era Eva y me ayudó mucho. Me mostró donde estaba la Cruz Roja y me recomendó que fuera yo solo (en caso contrario no me aceptarían). Fui enviado a un complejo deportivo donde pasé 3 noches. Pero la cuarta noche, fui expulsado y volví a la calle. Dormí en bancos durante otro mes. Fue realmente agotador.
Por eso, decidí llamar a Montserrat (me había dado su número de teléfono hacía un tiempo) y le expliqué la situación. Después de una larga conversación, decidió que ella y su marido hablarían con la Cruz Roja. Una nueva vida comenzó para mí. El primer día, después de la cena, mi nueva madre vino a darme las buenas noches y me besó al frente. Apagó la luz y marchó. Mi primera noche fue muy dura. No pude dormir, lloraba. No comprendía por qué había tenido que vivir un viaje tan horrible para, finalmente, estar seguro en mi nuevo hogar. Fue la primera vez que alguien me besó. Sentí que alguien me quería después de mucho tiempo.
Reflexiones y Futuro
Finalmente, llegué a una conclusión: la pregunta no tendría que ser «¿por qué?» sino «¿para qué?» «¿Para qué me iba a servir esa experiencia?». La respuesta estaba clara: «ahora tengo que comunicar e informar de mi experiencia para concienciar a los otros sobre el lugar del que procedo. Tiene que haber una manera de mejorar nuestras condiciones en Ghana y, lo más importante, tengo que evitar que otras personas sufran la misma experiencia que yo. Empecé a estudiar catalán y español y pude aprobar mis exámenes de bachillerato. Después empecé mi grado de química durante 2 años en la Universidad de Barcelona, que tuve que dejar porque no podía trabajar como mecánico de bicicletas (para pagarme los estudios) y realizar las prácticas y los estudios de química al mismo tiempo, y me cambié a la carrera de Relaciones Públicas y Marketing.
Cronología del Viaje
| Evento | Año/Período | Descripción |
|---|---|---|
| Nacimiento en Fiaso, Ghana | 1988 | Infancia en un pueblo sin recursos, marcado por la necesidad de fabricar juguetes y buscar agua y alimento. |
| Inspiración del avión | Infancia | Visión de un avión despierta el deseo de explorar más allá de la frontera de su pueblo. |
| Trabajos iniciales y llegada a Accra | Adolescencia | Trabajo en pueblos cercanos y traslado a la capital, Accra, donde ve la televisión por primera vez. |
| Salida hacia Libia | ~12 años | Atracción por la promesa de un buen salario en Libia, a pesar de ser un niño analfabeto. |
| Cruce del Desierto del Sahara | - | Abandono por parte de los conductores, 21 días sin comida ni agua, liderado por un guía que los estafó. |
| Estancia en Libia | 4 años | Maltrato a inmigrantes negros bajo el régimen de Gadaffi, ahorrando para huir. |
| Primer intento de cruce marítimo | - | Construcción de barcos con la mafia, el primer intento resulta en el colapso y la muerte de 10 personas. |
| Segundo intento de cruce marítimo y llegada a Fuerteventura | - | Construcción de dos nuevos barcos, uno se hunde, el otro llega a Fuerteventura. |
| Llegada a España y Málaga | 2005 | Atención de la Cruz Roja, prisión temporal y posterior traslado a Málaga. |
| Traslado a Barcelona | Invierno de 2005 | Decide ir a "Barça", llega a Barcelona y experimenta el choque cultural. |
| Encuentro con Montserrat y Eva | Después de llegar a Barcelona | Ayuda crucial para encontrar la Cruz Roja y conseguir alojamiento. |
| Comienzo de una nueva vida y estudios | Después de la integración | Adopción por Montserrat, estudios de catalán, español, bachillerato, química y luego Relaciones Públicas y Marketing. |
