Emprender las de Villadiego: Origen y Significado de una Expresión Ancestral
El idioma español está lleno de expresiones y dichos populares que utilizamos en nuestro día a día, sin saber a veces cuál es su origen o significado real. Uno de estos dichos es la expresión 'tomar las de Villadiego', una frase que se utiliza para referirse a alguien que huye o se escapa rápidamente de una situación comprometida. O lo que es lo mismo: largarse de improviso, de forma atropellada con prisas y sin decir nada ni dar una explicación.
Esta expresión nos la encontramos en algunas de las obras más importantes de nuestra literatura. Aparece en La Celestina y debió de ser muy popular, ya que la encontramos frecuentemente en nuestros clásicos. Fernando de Rojas la emplea en La Celestina cuando en el Acto II Sempronio dice a Pármeno: «Apercíbete a la primera voz que oyeres a tomar las calzas de Villadiego» y responde el otro «Leído has donde yo; en un corazón estamos. Calzas traigo y aún borceguíes desos lugares que tú dices, para mejor huir que otro». Así, tenemos que Cervantes la trae a colación en el Capítulo XXI de la primera parte del Quijote cuando dice que el barbero después que fue derribado de su asno por Don Quijote, «puso los pies en polvorosa y cogió las de Villadiego». En La Gran Sultana emplea otra variante: «pondré pies en polvorosa y tomaré las calzas de Villadiego».
Teorías sobre el origen de "Tomar las de Villadiego"
Existen diversas teorías sobre el origen de esta expresión, pero la más aceptada es la que la relaciona con las persecuciones de judíos en la Edad Media. No obstante, exploraremos también otras conjeturas interesantes.
La teoría judía: Villadiego como ciudad refugio
Villadiego, una importante población castellana en la actual provincia de Burgos, fue fundada por el Conde Don Diego Rodríguez Porcelos en la segunda mitad del siglo IX. Villadiego fue un gran centro de negocios y tuvo una importante comunidad judía desde el siglo X. Los judíos eran pecheros del rey, es decir, tenían que pagar el impuesto conocido como “Cabeza de pecho de los judíos”. Consistía en un tributo anual en reconocimiento del señorío real por la protección que la monarquía les dispensaba.
En tiempos del Rey Fernando III el Santo, fundador de la Catedral de Burgos junto con el obispo Mauricio, la comunidad judía de Villadiego era muy importante. Así que, en plena época de persecuciones antisemitas, el rey Fernando III el Santo (1199-1252), para no ver mermadas sus arcas, otorgó una carta-encomienda en 1223 prohibiendo su apresamiento y señalando penas para los que hicieran daño o sometieran a vejaciones y maltratos a los judíos. La carta fue ratificada por su hijo Alfonso X El Sabio en 1255, lo que supuso largos años de tranquilidad bajo el favor real.
Villadiego pasó a ser una ciudad refugio para los judíos. Allí, eso sí, debían vestir unas calzas amarillas, identificándose con ellas como protegidos del monarca. Cuando la persecución a los judíos se intensificó en otros lugares como Toledo o Burgos, estos salían huyendo hacia Villadiego, donde se sentían a salvo de cualquier vejación o maltrato. Por supuesto, dejaban su vestimenta habitual para lucir el amarillo salvador. Dicho de manera llana: tomaban las de Villadiego, como los monjes toman los hábitos. De ahí la variante "tomar las calzas de Villadiego".
En la puerta de atrás de la iglesia parroquial de San Lorenzo, una tablilla aún recuerda el privilegio real con su inscripción de «Iglesia de asilo». El investigador de la localidad relata que «los judíos llegados a la ciudad entraban por esa puerta y salían por la principal ya con las calzas». La mayoría de estudiosos se muestran de acuerdo con esta versión.
Todo esto acabó en 1492, cuando fueron expulsados todos los judíos de España por los Reyes Católicos. Son pocos los vestigios del pasado judío de Villadiego. El convento agustino de San Miguel se levanta sobre los terrenos que anteriormente ocupara el barrio judío; el recinto de la judería quedaba delimitado por muros que aún hoy se conservan en parte, y la iglesia se levantó sobre la antigua judería. La plaza mayor porticada con portales dobles de Villadiego es un vestigio del pasado judío del pueblo. Fueron éstos con sus quejas los que motivaron la construcción de un segundo soportal para que pudieran deambular sus posibles clientes en caso de lluvia.
Tabla: Protección Real a la Comunidad Judía de Villadiego
| Año | Monarca | Evento / Decreto | Impacto para los Judíos |
|---|---|---|---|
| 1223 | Fernando III el Santo | Carta-encomienda prohibiendo el apresamiento y señalando penas para los maltratadores. | Villadiego se convierte en ciudad refugio, protección real. |
| 1255 | Alfonso X el Sabio | Ratificación de la carta-encomienda de su padre. | Prolonga años de tranquilidad y favor real. |
| 1492 | Reyes Católicos | Expulsión de los judíos de España. | Fin de la protección y la comunidad judía en Villadiego. |
🕎 HISTORIA de los JUDÍOS
Otras explicaciones del dicho
Diversas teorías tratan de explicar el origen de esta frase. La coincidencia con el hecho de que en el pueblo existiese antiguamente una industria espartera artesanal, lleva a algunos a suponer que “las de Villadiego” alude a las alpargatas de Villadiego, o a las alforjas fabricadas en el mismo pueblo, que eran muy utilizadas para salir de viaje en aquellos tiempos. Pero no parece muy lógico pensar que cuando alguien huye se cargue con equipaje.
No falta quien busca en Villadiego referencias a una persona y no a un lugar. Sebastián de Covarrubias sospechaba que un tal Villadiego se debió de ver en algún aprieto y sin tiempo, con las calzas en la mano, se fue huyendo cual gamo asustado. Autores como Sbarbi, dan fe de una copla que decía que Villadiego era un soldado romano que compartía celda con San Pedro y que cuando un ángel se les apareció en mitad de la cárcel para decirle al santo que huyera de allí, este, obediente y agobiado por las prisas, cogió las calzas de su compañero de prisión por error y salió pitando.
En la acepción de ir y no volver, también se recuerda que hubo un aventurero de Villadiego que se alistó en las huestes de los conquistadores de América y se fue con ellos a probar fortuna. En cierta ocasión, mandó el capitán al animoso explorador de Villadiego con algunos soldados a someter una tribu rebelde de indios; fueron, es verdad, pero no regresaron, sin duda abatidos por los nativos.
La opinión de Cejador, a quien “no satisfacen los cuentos que se traen para declarar esta frase”, propone que Villadiego alude a Diego que, en el refranero español, es el prototipo de ladino y socarrón y que “las de Villadiego” es irse donde van y vienen los ladinos, esquivando el peligro y escapando como ellos.
La Villadiego medieval
Villadiego, cabeza del partido judicial de su nombre, poblada a finales del siglo IX por el conde Diego Porcelos, el fundador de Burgos. Villadiego ha conseguido conservar buena parte de su núcleo urbano de origen medieval. Su forma almendrada estuvo condicionada por la muralla que ceñía su perímetro. La plaza mayor es amplia y porticada, y en ella se levanta el monumento a uno de los hijos ilustres de la villa, Enrique Flórez. De la plaza arranca una calle, también porticada, que conduce al Arco de la Cárcel.
En Villadiego hubo una importante comunidad judía desde el siglo X. El barrio judío se encontraba donde hoy está el convento agustino de San Miguel, la iglesia se levantó sobre la antigua judería. La existencia de la Aljama de los Judíos de Villadiego en el siglo XV se encuentra citada en documentos de la Real Chancillería de Valladolid. Para ellos se hicieron en la desaparecida iglesia de San Juan de Mediavilla de Villadiego en 9 de octubre de 1415 las famosas Ordenanzas de los Hebreos de Villadiego.
Se sabe que algunos judíos de Villadiego eran muy ricos, pues, había entre ellos arrendadores de los tributos del Rey. Hay noticia de que en 1292 la judería del lugar, tributó 17.307 maravedíes y que había arrendadores de los tributos del rey, por lo que se cree que esta comunidad debía de ser muy importante y sus impuestos también.
El cronista burgalés Luciano Huidobro Serna buscó sin éxito documentación en el propio lugar sobre esta expresión, al igual que ha hecho Antonio Martínez en los últimos años. «Hay muy poca», se lamenta el investigador, que culpa a las tropas francesas de la invasión napoleónica de la quema de los archivos de la localidad. Sin embargo, resalta que «lo de las calzas es verídico» por lo que la versión de los judíos refugiados «es la más creíble».
