El Negocio Global de las Armas: Un Análisis Profundo de su Impacto y Mecanismos
El comercio de armas es uno de los emprendimientos corporativos más exitosos del mundo. Constituye un sector oscuro que en España, por ejemplo, alcanza el 1% del PIB, mueve miles de millones de euros y se prevé que duplique su porcentaje sobre el PIB en siete años. Es un sector sensible por múltiples razones: el volumen de negocio que supone, las características de las compañías que lo integran, de avanzado nivel tecnológico, y el misterio por los secretos militares que atesora. Este ámbito no solo involucra a la élite política y militar, sino también a una compleja red de empresas, instituciones financieras y think tanks que influyen en las decisiones políticas a nivel global.
La pandemia global de la COVID-19, por ejemplo, puso de manifiesto la ineficiencia de las fuerzas armadas al lidiar con una crisis global, desviando recursos destinados a la salud e impidiendo una respuesta apropiada. La pandemia, siendo una cuestión sanitaria, fue gestionada bajo un prisma de securitización. El rol de las fuerzas armadas estuvo presente no solo con la intervención del ejército en tareas sanitarias o logísticas, sino también con su presencia disuasoria en las calles o incluso discursiva. Esta respuesta militarizada en las crisis sociales no solo existe en relación con los riesgos de salud global como las pandemias, sino que también se aplica en muchos otros ámbitos, como sucede con las políticas migratorias o el cambio climático.
La Securitización y la Cultura del Miedo
La securitización considera todos los aspectos sociales, humanos o ambientales como amenazas de seguridad con soluciones militares. Este enfoque, que lleva al uso extensivo de la lógica de seguridad militar, es un mecanismo que activa el miedo. Un miedo que se materializa en amenazas y enemigos: miedo al cambio climático, miedo a las crisis económicas, miedo a la incertidumbre, miedo a lo desconocido, miedo al "de fuera", al "otro", al migrante. Este miedo justifica la preparación militar ante cualquier amenaza a nuestra seguridad, confirmando la necesidad de defendernos y promoviendo la necesidad de armarnos.
Esto ocurre porque los gobiernos suelen tener una visión tradicional militar y política de la seguridad, para la cual el punto de referencia es el Estado, y en la que las amenazas existenciales son aquellas que afectan los elementos constitutivos del Estado y su soberanía, ignorando el enfoque de seguridad humana de las Naciones Unidas. Los discursos legitiman el miedo global, y las narrativas convierten en norma la sociedad del miedo, la cultura del miedo, la cultura de defensa en la que lo normal es disparar antes de preguntar y armarse para poder disparar. La fuerza real de las armas se basa en la generación de desconfianza y miedo, y de hecho, para eso sirven.
Quienes participan y se benefician de este negocio, los que fabrican, compran, exportan, financian e inventan armas, son hoy en día considerados gente respetable, empresarios como cualquier otros, que se dedican a negocios que generan progreso, empleo y seguridad. El negocio de las armas es habitual, legal, legítimo y, a ojos de cualquiera, una actividad como cualquier otra. Inventar, fabricar y vender armas es considerado algo normal, del mismo modo que lo es el uso de la fuerza armada para conseguir objetivos políticos e incluso humanitarios. La guerra se muestra como normal e inevitable.
Conflictos Armados y el Rol de las Armas
Si nos fijamos en los datos aportados por algunos de los principales institutos sobre conflictos, vemos que la guerra es algo “normal”. Según la Uppsala University, desde hace décadas existen 50 conflictos armados activos que han producido más de 150.000 muertes relacionadas con combates solo en 2019. Conflictos que generan decenas de miles de víctimas propias de la violencia organizada, atribuibles exclusivamente a los enfrentamientos armados inherentes a estos conflictos. Por citar dos de las guerras más mediáticas, en Siria se contabilizan al menos 384.000 muertes relacionadas con la violencia armada y en Yemen 233.000, a las que hay que sumar los miles de personas que mueren en su huida de la guerra y la miseria provocada por los conflictos. A estas cifras cabría añadir al menos los 79,5 millones de víctimas de desplazamientos forzados que contabiliza el ACNUR.
Los conflictos armados tienen dos características principales: requieren de gran planificación y organización, y necesitan ineludiblemente de su principal herramienta, las armas. Si bien es cierto que la existencia de armas, ejércitos, compañías militares privadas y grupos armados de diversa naturaleza no son la causa de las guerras, no podemos dejar de considerar que las guerras no serían posibles sin los más de 27 millones de militares y paramilitares que hay en el mundo, ni sin los miles de mercenarios y guerrilleros que están entrenados y preparados para el combate.
El Caso de Yemen: Un Ejemplo de las Consecuencias
La guerra de Yemen sigue destruyendo las vidas de civiles años después de que las fuerzas huzíes se hicieran con la capital del país, Saná, en 2015. Poco después de la caída de Saná, una coalición encabezada por Arabia Saudí intervino para restaurar el gobierno del país reconocido por las Naciones Unidas. Desde que estalló el conflicto, la población civil ha soportado la carga de la violencia en Yemen. Además de causar miles de muertes y heridas, las partes del conflicto han exacerbado una crisis humanitaria ya de por sí grave, producto de años de pobreza y mal gobierno, y han causado un inmenso sufrimiento humano.
Todas las partes del conflicto han cometido graves violaciones de derechos humanos. La coalición encabezada por Arabia Saudí ha llevado a cabo numerosos ataques aéreos indiscriminados y desproporcionados en zonas civiles: han alcanzado viviendas, escuelas, hospitales, mercados, mezquitas, bodas y entierros. De igual modo, Amnistía Internacional ha documentado casos en los que las fuerzas huzíes han bombardeado indiscriminadamente zonas civiles y han utilizado armas poco precisas.
El conflicto de Yemen ha sido alimentado en gran medida por una serie de países que siguen suministrando armas a las fuerzas de la coalición dirigida por Arabia Saudí. Estas ventas suman ya más de 18.000 millones de dólares estadounidenses desde que comenzó el conflicto. Habida cuenta del riesgo sustancial de que estas armas se utilicen para cometer o facilitar violaciones graves del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, los Estados, en virtud del Tratado sobre el Comercio de Armas (y en virtud también de la legislación tanto de la UE como nacional), tienen estrictamente prohibido seguir suministrando armas a los miembros de la Coalición para su uso en Yemen. Amnistía Internacional está haciendo campaña para detener estos flujos de armas. A consecuencia de la intensa presión ejercida por activistas de todo el mundo, muchos países de Europa han anunciado suspensiones de futuras ventas de armas.
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El Ciclo Armamentista y la Economía de Defensa
La guerra necesita de preparación, al menos desde un punto de vista económico. Es aquí donde aparece el complejo militar-industrial y la economía de defensa. La economía de defensa es definida como el conjunto de medidas que generan la transformación de la estructura económica de un país para abordar sus necesidades de seguridad y defensa; es esa parte de la economía que incorpora políticas industriales militares relacionadas con el sector de las empresas productoras de armas. Por su parte, el término complejo militar-industrial empezó a utilizarse a raíz del discurso de despedida del presidente estadounidense Eisenhower en 1961, cuando se refirió a la enorme influencia del lobby del sector industrial militar en la Casa Blanca.
El complejo militar-industrial es, por tanto, el conjunto de empresas y organizaciones gremiales militares que tratan de influir en las decisiones políticas de un Estado relacionadas con la compra de armamento. Como sus ingresos dependen de los presupuestos militares, una de sus principales acciones está encaminada a aumentar esta partida en los presupuestos públicos anuales. Un complejo industrial que ha evolucionado de la fabricación de armamento convencional a combinar la producción armamentística utilizando la tecnología más avanzada con la contribución de los servicios de seguridad, produciéndose así una transformación del complejo militar-industrial hacia productos y servicios que dan respuesta a las necesidades identificadas por la lógica de la securitización. Esto da pie al surgimiento de un nuevo mercado y sector donde empresas de armas tradicionales comparten espacio con estas nuevas empresas del sector de seguridad.
Resulta lógico, por tanto, que el complejo militar-industrial tenga, entre sus principales intereses, impulsar políticas de aumento del presupuesto militar para asegurar su negocio presente y futuro. Por si no fuera suficiente, también existe una red de think tanks sobre seguridad, localizados en los principales centros de toma de decisiones políticas. Solo en Bruselas se cuentan por cientos los lobistas de las empresas militares cuya función es, entre otras, influir a políticos y funcionarios en la elaboración de leyes relacionadas con la industria militar. Entre sus objetivos está mostrar que fabricar, vender armas, promocionarlas y publicitarlas es una actividad normal, equiparable a cualquier otro sector económico.
Fases del Ciclo Armamentista
Dentro de la economía de defensa tiene lugar el ciclo armamentista o ciclo económico militar, la ruta económica que sigue la fabricación de armas, desde la decisión de tener presupuestos públicos militares para su adquisición hasta su uso final. Es un ciclo que engloba todos los aspectos relacionados con la estructura militar de un país: políticas de seguridad y de defensa, estrategia de defensa nacional, modelo militar, infraestructura, instalaciones, equipamiento y las dimensiones militares necesarias. El ciclo armamentista empieza con los discursos y argumentos que legitiman la necesidad de poseer armas y ejércitos y, así, justificar los elevados niveles de militarización y armamento.
- Gasto Militar: El primer estadio del ciclo armamentista es el gasto militar, el presupuesto destinado a sufragar los gastos de los ministerios de Defensa y demás políticas de apoyo a la industria militar, operaciones militares de todo tipo e incluso de cuerpos paramilitares. Los presupuestos militares también sirven para mantener y fomentar el sector económico militar a través de fondos para la I+D, como ocurre con el European Defence Fund que prevé destinar 13.000 millones de euros del presupuesto comunitario de 2021-27 para I+D militar europeo. En tanto en cuanto los prácticamente únicos clientes de las empresas de armas son los gobiernos de los estados, es de vital importancia mantener elevados niveles de gasto público militar para conseguir más y mayores contratos.
- Industria Militar: La industria militar forma parte de la siguiente fase del ciclo armamentista. Las primeras 100 empresas armamentísticas están produciendo armas por valor de alrededor de 400.000 millones de dólares americanos cada año, según la base de datos SIPRI Top 100. En cuanto a su origen, las principales empresas de armas proceden de países con elevados gastos militares y exportaciones de armas: el 57% son de Estados Unidos, el 9,5% de Rusia, el 22% de Europa Occidental, pero también las hay de Japón, Israel, India y Corea del Sur.
- Exportaciones de Armas: Las exportaciones de armas se situarían en la siguiente fase del ciclo. El volumen anual mundial de exportaciones es desconocido y los datos facilitados por los estados son incompletos. Aun así, se puede estimar que solo los estados miembros de la UE y EE. UU. exportaron alrededor de 200.000 millones de euros en armas en 2018. Una cantidad que muestra una evolución al alza, a pesar de las leyes de control del comercio de armas de la UE y los Estados Unidos, o del propio Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas. Todas ellas tienen criterios limitantes a la autorización de licencias a la exportación a países en conflicto armado o donde se vulneren los derechos humanos. A pesar de ello, es habitual la exportación de armas a la mayor parte de países inmersos en conflictos armados, como Arabia Saudí, EAU, Israel, Egipto, Turquía, Irak, Afganistán, entre otros. Solo de la UE, el 22% de las exportaciones de armas tuvieron como destino países en conflicto armado y un 25% países en tensión. La interpretación de que un país esté en conflicto armado es subjetiva y soberana; cada gobierno decide en base a su información e intereses qué países están en conflicto armado, sin necesidad de seguir ningún criterio objetivo o de referencia internacional -que no existe- ni el que puedan sugerir los informes de departamentos universitarios especializados en paz y conflictos.
- Financiación: Finalmente, cabe mencionar un aspecto de gran relevancia en el ciclo armamentista: la financiación del sector empresarial militar. Según la base de datos Worldwide Armed Banks del Ciclo Económico Militar del Centro Delàs de Estudios por la Paz, hay constancia de que 37 de las principales empresas de armas del mundo -con Boeing, Honeywell, Lockheed Martin y General Dynamics como destacadas- han recibido financiación por 903.000 millones de dólares, con la participación de más de 500 bancos de 50 países. Las principales entidades financieras que participan en el negocio de las armas son de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Y los diez primeros puestos del ranking de los principales financiadores de la industria mundial son: Vanguard, Black Rock, Capital Group, State Street, T. Rowe Price, Bank of America, JP Morgan Chase, Wells Fargo, Citigroup y Morgan Stanley.
Justificación del Gasto Militar y la "Guerra Global contra el Terror"
Antes y durante el ciclo armamentista, es necesario justificar el gasto público militar a la ciudadanía y evitar controversias de origen ético y moral relacionadas con la fabricación y exportación de armamento. Para ello se realizan continuos análisis de seguridad y defensa en estados y organismos multilaterales del ámbito militar y de seguridad, cuyo objetivo principal es identificar qué amenazas a la seguridad existen en cada momento, cuál es la probabilidad de que ocurran y de qué manera se debe responder frente a ellas. Entre ellos se encuentran algunos de gran actualidad, como los brotes globales de enfermedades infecciosas, las pandemias y epidemias; la pobreza y la desigualdad; las violaciones de los derechos humanos; y la globalización, la interdependencia y los cambios en los equilibrios económicos. También existe una visión añadida en los análisis de amenazas y riesgos a la seguridad de carácter político. Es decir, todas las doctrinas occidentales consideran a Rusia y Oriente Próximo como lugares de especial preocupación desde un punto de vista securitario. Con todo ello se dibuja un mundo plagado de amenazas de las que defenderse, en el que toda precaución es poca.
Pero, ¿son útiles las estructuras militares para hacer frente a estas amenazas? Solo con el caso del terrorismo internacional, que ha justificado buena parte de las intervenciones militares en el exterior de los últimos años con la expansión de la guerra global contra el terror, podemos ver que la amenaza de la que con mayor facilidad pudiera justificarse un sistema de defensa, ni siquiera ha conseguido mediante la utilización de las intervenciones militares reducirla o eliminarla, sino más bien al contrario, aumentarla. De hecho, la guerra global contra el terror, iniciada en Afganistán en 2001 para acabar con la amenaza terrorista de Al Qaeda tras el 11-S, continuó en Irak en 2003 y continúa en el Sahel en la actualidad. Dos décadas después, el resultado no puede ser más negativo. El análisis de la seguridad nunca es neutral desde el punto de vista moral o político, no es una dimensión dada, objetiva e incuestionable.
España en el Negocio de las Armas
Esta es la radiografía de un sector oscuro que llega al 1% del PIB de España, que mueve miles de millones de euros y que en 7 años pasará a doblar su porcentaje sobre el PIB. Es un sector sensible por muchos motivos: el volumen de negocio que supone, las características de las compañías que lo integran, de avanzado nivel tecnológico y el misterio por los secretos militares que atesora. Por si fuera poco, hay un componente sobre el que se ha arrojado muy poca luz: ¿quién maneja los hilos del negocio de las armas en España? ¿Cuáles son las familias que se dedican al negocio armamentístico? ¿Quién está detrás de las principales compañías del sector? ¿Por qué aparecen morteros españoles en la guerra de Yemen o por qué el yate blindado de un magnate árabe arriba a la ría de Vigo para poner una antena de 6 millones de euros? En este libro se exponen las principales magnitudes mundiales del comercio de armas y los conflictos que se alimentan con el tráfico ilícito de armamento.
Exportaciones Españolas y Destinatarios Problemáticos
En el ranking de países exportadores de armamento España no forma parte del grupo de los más importantes, formado por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, China, Alemania y Rusia. Éstos concentran el 84% de las exportaciones realizadas (datos de 1997). Sin embargo, España es la novena potencia exportadora de armas del planeta. En 1997, según el gobierno, se superó la cifra de 95.000 millones de pesetas por venta de armamento y material de doble uso, gracias a unos contratos sustanciosos conseguidos con Tailandia (venta de un portaaviones por parte de la empresa pública Bazán, que representó unos ingresos de 48.405 millones de pesetas), Turquía e Indonesia (venta de aviones y piezas de recambio por parte de CASA). Este hecho ha permitido al estado aumentar su importancia en el ranking mundial.
Algunos de los principales destinatarios del material militar español son países caracterizados por su desprecio de los derechos humanos. En estos países se practican malos tratos y tortura a los detenidos, se realizan ejecuciones extrajudiciales y desapariciones, y la pena de muerte no está abolida. Algunos de ellos, como Angola e Irán, estaban sujetos al embargo por parte de Naciones Unidas en el momento de realizar la importación. Otros, como Indonesia y Turquía, tienen conflictos internos.
| País Destinatario | Características / Situación en el momento de la importación | Productos / Observaciones |
|---|---|---|
| Angola | Sujeto a embargo por Naciones Unidas | Material militar |
| Irán | Sujeto a embargo por Naciones Unidas | Material militar |
| Indonesia | Conflictos internos, desprecio de derechos humanos | Venta de aviones y piezas de recambio (CASA) |
| Turquía | Conflictos internos, desprecio de derechos humanos | Contrato por 300.000 millones de pesetas (CASA, Bazán, INDRA, Santa Bárbara) |
| Tailandia | Alto volumen de ventas | Venta de un portaaviones (Bazán) por 48.405 millones de pesetas |
Este hecho hace patente una vez más la falta de voluntad del estado para cumplir los compromisos tomados. También va en esta dirección la información publicada en los medios de comunicación sobre el contrato firmado, este año, por un valor de 300.000 millones de pesetas (considerado el más importante que ha realizado España), con el gobierno turco en el que van a participar distintas empresas españolas, entre ellas CASA, Bazán, INDRA y la Empresa Nacional Santa Bárbara.
