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Comunicación

El Liderazgo de Ancianos: Significado, Características y Rol Bíblico en la Iglesia

by Admin on 20/05/2026

A pesar de todo lo que se dice sobre este tema en el Nuevo Testamento, la doctrina bíblica sobre el liderazgo de los ancianos ha sido lamentablemente mal comprendida. Una pregunta muy común entre muchos cristianos con respecto a sus congregaciones es: ¿por qué aún no tenemos ancianos? Esto también nos lleva a preguntarnos ¿qué son los ancianos y qué dice la Biblia sobre ellos?

Es imperativo recordar que Dios “no es Dios de confusión” (1 Corintios 14:33), y por ello es por lo que es necesario conocer sobre cómo Dios espera que la iglesia de Su Hijo se organice. La identidad y eficacia de cualquier iglesia están directamente relacionadas a la calidad de su liderazgo. Esto es por lo que las Escrituras remarcan la importancia de un liderazgo de la iglesia calificado y marca estándares específicos para evaluar a aquellos que sirvan en esta posición.

Definiendo el Rol del Anciano Según las Escrituras

Desde el punto de vista bíblico, el centro de atención del liderazgo de toda iglesia es el anciano. Un anciano es parte de la pluralidad de hombres bíblicamente calificados que pastorean y supervisan en conjunto la iglesia local. La palabra traducida “anciano” se usa cerca de veinte veces en Hechos y las epístolas en referencia a este grupo único de líderes que tienen la responsabilidad de supervisar al pueblo de Dios.

Como numerosos pasajes en el Nuevo Testamento indican, las palabras anciano (presbuteros), obispo (episkopos) y pastor (poimen) hacen referencia a la misma responsabilidad. En otras palabras, los obispos y pastores no son distintos de los ancianos; simplemente los términos son diferentes maneras de identificar a la misma gente. Las calificaciones para un obispo (episkopos) que se encuentran en 1 Timoteo 3:1-7, y las de un anciano (presbuteros) en Tito 1:6-9 son inconfundiblemente paralelas.

De hecho, en Tito 1, Pablo usa ambos términos para referirse al mismo hombre (presbuteros en el v. 5 y episkopos en el v. 7). Estos términos se usan de manera intercambiable en Hechos 20. En el versículo 17, Pablo reúne a los ancianos (presbuteros) de la iglesia de Efeso para darles un mensaje de despedida. En el versículo 28 dice: “mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos (episkopos), para apacentar (poimaino) la iglesia del Señor”.

Primera de Pedro 5:1-2 también usa los tres términos en el mismo contexto. Pedro escribe: “Ruego a los ancianos (presbuteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad (poimaino) la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando (episkopeo) de ella, no por fuerza, sino voluntariamente”.

Los diferentes términos, entonces, indican varias características en el ministerio, sin variar los niveles de autoridad o separar las responsabilidades, como algunas iglesias proponen. Aunque se lo pasa por alto, es sumamente significativo que el Señor no designó un solo hombre para liderar a su iglesia. Jesucristo dio a la iglesia pluralidad de liderazgo. El Nuevo Testamento muestra que la conducción pastoral de muchas de las primeras iglesias se asignaba a un grupo de ancianos.

Este es el único modelo para el liderazgo de la iglesia dado en el Nuevo Testamento. En ningún lugar de las Escrituras se encuentra una asamblea local regida por la opinión de la mayoría o un solo pastor. Una y otra vez, se hace referencia a una pluralidad de ancianos en cada una de las iglesias. En ningún lugar del Nuevo Testamento hay una referencia a una congregación dirigida por un solo pastor.

Características Esenciales y Requisitos de los Ancianos

El liderazgo exige aptitudes, y mucho más cuando se trata de liderar la grey de Dios, de pastorear a Su pueblo. La importancia de las aptitudes aumenta en proporción a la importancia de quienes se lidera. Y si alguien es importante para Dios son aquellas personas que Cristo “ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28b). Por ende, las calificaciones de los ancianos son importantes y deben revisarse continuamente.

Los requisitos para los ancianos se encuentran en 1 Timoteo 3:2-7 y Tito 1:6-8. De acuerdo con estos pasajes, el anciano debe de ser:

  • Irreprensible
  • Marido de una sola mujer
  • Sobrio
  • Prudente
  • Decoroso
  • Hospedador
  • Apto para enseñar
  • No dado al vino
  • No pendenciero
  • No codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro
  • Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad
  • No un neófito
  • Que tenga buen testimonio de los de afuera
  • Dueño de sí mismo
  • Sensible
  • Capaz de exhortar en sana doctrina y de rebatir a aquellos que la contradicen
  • Irreprensible como administrador de Dios
  • Que no sea iracundo
  • Amante de lo bueno
  • Justo y santo

El requisito global que es apoyado por el resto es que sea “irreprensible”. Es decir, debe de ser un líder que no pueda ser acusado de nada pecaminoso, ya que tiene una reputación sin mancha. El anciano debe ser irreprensible en su vida matrimonial, su vida social, su trabajo y su vida espiritual. De esta manera, tiene que ser un modelo de piedad, para que así pueda legítimamente llamar a la congregación a seguir su ejemplo (Filipenses 3:17).

Carácter Personal y Reputación

Cinco de las calificaciones tienen que ver con carácter personal y reputación:

  1. Irreprensible: El anciano debe ser irreprensible. En su vida no cabe la sugerencia de desobediencia a las Escrituras, o la posibilidad de acusación. No solo debe ser irreprensible, sino que debe parecer ser irreprensible.
  2. Sobrio: El anciano debe demostrar una vida ordenada y buen comportamiento. Que sea amable y que las personas lo estimen.
  3. Prudente: El anciano debe caracterizarse por ser paciente, tierno y lleno de gracia. No debe imponerse ni pisotear los sentimientos de la gente. Su vida y sus palabras deben reflejar un carácter sujeto a su salvador, deben demostrar mansedumbre.
  4. Amante de lo bueno: El anciano debe desear cumplir la voluntad de Dios en cada decisión.
  5. Justo y santo: Estas cualidades reflejan una vida moral y espiritualmente íntegra.

Autodisciplina

Un hombre no puede liderar y pastorear a otros mientras no haya aprendido a liderarse y pastorearse a sí mismo. Esto es autodisciplina. Cuatro cualidades en particular muestran esto (1 Timoteo 3:2-7, Tito 1:6-9):

  1. Dominio Propio: El dominio propio es la esencia del autocontrol. Un anciano debe poder controlarse a sí mismo y debe caracterizarse por tener un estilo de vida disciplinado. Él no vive su vida de momento a momento basado en los deseos de la carne o como reacción a las circunstancias de la vida. Todo esto se mantiene en su lugar mediante el consistente ejercicio de disciplinas espirituales tales como como la lectura y la meditación en las escrituras, y la oración.
  2. No dado al vino: El autocontrol debe ser evidente en el área de los apetitos. Un anciano no debe ser esclavo del alcohol, claro está, pero también debe ser libre de todo exceso y adicción, ya sea a la comida, a las drogas, a la televisión, la internet o cualquier cosa que controle su vida.
  3. Que no ame el dinero: Un anciano debe controlar sus recursos y no que estos lo controlen a él. Se trata del amor por lo que el dinero puede comprar.
  4. No soberbio ni iracundo: Un anciano debe controlar sus emociones. La beligerancia en situaciones difíciles demuestra el fracaso en uno de los aspectos centrales del autocontrol.

El Anciano que gobierna, enseña y predica bien, es digno de apoyo financiero (i.e. “doble honor”, cf. 1 Tim. 5:17-18), de tal forma que pueda servir a la iglesia de manera más completa.

Funciones y Responsabilidades del Liderazgo de Ancianos

La responsabilidad principal de un anciano es la de servir en la administración y el cuidado de la iglesia (1 Timoteo 3:5). Esto conlleva un gran número de obligaciones específicas. Como supervisores espirituales del rebaño, los ancianos tienen que determinar la política de la iglesia (Hechos 15:22); supervisar la iglesia (Hechos 20:28); ordenar a otros (1 Timoteo 4:14); gobernar, enseñar y predicar (1 Timoteo 5:17; cf. 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 3:2); exhortar y refutar (Tito 1:9); y actuar como pastores, siendo un ejemplo para todos (1 Pedro 5:1-3).

Estas responsabilidades ponen a los ancianos en el corazón del trabajo de la iglesia del Nuevo Testamento. Si queremos entender lo que significa ser un anciano cristiano y cuál es su tarea, debemos comprender las imágenes pastorales que utiliza la Biblia. Como cuidadores de las ovejas, los ancianos deben proteger, alimentar y conducir el rebaño y deben ayudar a cubrir las muchas necesidades prácticas que tienen las ovejas.

Proteger al Rebaño

Una parte importante de la tarea de los ancianos según el Nuevo Testamento es proteger a la iglesia local de los falsos maestros. Cuando Pablo estaba por dejar Asia Menor, convocó a los ancianos de la iglesia en Efeso para darles una exhortación final. Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. . . “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por ejemplo, los ancianos en Jerusalén se encontraron con los apóstoles a fin de discernir el error doctrinal: “Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto” (Hechos 15:6).

Alimentar al Rebaño

A diferencia de los modernos ancianos de comité eclesial, en el Nuevo Testamento se requería a todos los ancianos que fueran capaces para enseñar (1 Timoteo 3:2). Al enumerar los requisitos de los ancianos en su carta a Tito, Pablo declara que el anciano debe ser “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9). Pablo recuerda a los ancianos de Efeso que les ha enseñado a ellos y a la iglesia todo el plan y propósito de Dios: “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27). Ahora llegaba el momento de que los ancianos hicieran lo mismo.

Guiar al Rebaño

En lenguaje bíblico, pastorear a una nación o a cualquier otro grupo de personas significa conducir o gobernar (2 Samuel 5:2, Salmos 78:71,72). Según Hechos 20 y 1 Pedro 5, los ancianos deben pastorear a la iglesia de Dios. Por lo tanto, pastorear a una iglesia local significa, entre otras cosas, conducir a la congregación. Pablo escribió a la iglesia de Efeso: “Los ancianos que gobiernan (orientan, dirigen, administran) bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Timoteo 5: 17). En Tito 1:7, Pablo insiste en que el candidato a ser reconocido como anciano debe ser moral y espiritualmente irreprochable, porque será “administrador de Dios”. Un administrador es alguien que atiende las cosas de una casa, alguien que tiene una responsabilidad formal sobre los sirvientes, sobre las posesiones y aun sobre las finanzas del amo. Los ancianos son mayordomos de la casa de Dios, la iglesia local. Los ancianos también son llamados “obispos”, lo cual significa que supervisan y administran la iglesia. Pedro usa la forma verbal “apacentar” cuando exhorta a los ancianos: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros… Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella” (1 Pedro 5: l, 2).

Autocuidado en las personas mayores

Ayudar a Satisfacer las Necesidades del Rebaño

Además de las categorías amplias y más conocidas que hemos mencionado: proteger, alimentar y conducir el rebaño, los ancianos también tienen la responsabilidad de satisfacer las diversas necesidades prácticas de las ovejas. Por ejemplo, Santiago instruye a los miembros enfermos de la congregación a llamar a los ancianos de la iglesia: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor” (Santiago 5:14).

Trabajo con Esfuerzo y Sacrificio

Cuando se considera el ser anciano de una iglesia como una posición de prestigio o como un cargo en una comisión eclesial, habrá muchos voluntarios para ocupar ese sitio. Pero cuando se lo percibe como un trabajo pastoral exigente, pocas personas corren a ofrecerse. Para que los “fabricantes de tiendas” puedan sobrevivir en tres trabajos de tiempo completo (el empleo, la familia y el servicio en la iglesia) deben llevar un estilo de vida sacrificial. Los fabricantes de tiendas han de llevar una vida modesta y deben encontrar descanso y recreación, literalmente, en el ritmo del servicio a Cristo (Mateo 11:28). Deben estar dispuestos a renunciar a cierta cuota de éxito en sus carreras y a parte de las diversiones, a cambio del privilegio de ganar el premio del que habla el apóstol (Filipenses 3:14).

El Liderazgo Plural y Colegiado

El liderazgo compartido no debiera ser un concepto novedoso para un cristiano familiarizado con las Escrituras. El liderazgo en equipo está enraizado en las enseñanzas del Antiguo Testamento de los ancianos de Israel, y en la manera en que Jesús fundó el apostolado. El patrón constante que se observa a través del Nuevo Testamento es que cada congregación local de creyentes estaba pastoreada por una pluralidad de ancianos establecidos por Dios. El Apóstol Pablo dejó a Tito en Creta y le dio instrucciones de “establecer ancianos en cada ciudad” (Tito 1:5). Santiago dio instrucciones a sus lectores de “llamar a los ancianos de la iglesia” para orar por aquellos que estuvieran enfermos (Santiago 5:14). Cuando Pablo y Bernabé estaban en Derbe, Listra, Iconio y Antioquía, “constituyeron ancianos en cada iglesia” (Hechos 14:23).

En la primera epístola de Pablo a Timoteo, el apóstol hace referencia a “los ancianos que gobiernan bien” en la iglesia en Efeso (1 Timoteo 5:17; ver también Hechos 20:17, donde Pablo se dirige a “los ancianos de la iglesia” en Efeso). El libro de los Hechos indica que había “ancianos” en la iglesia de Jerusalén (Hechos 11:30; 15:2, 4; 21:18). Puede ser que cada anciano en la ciudad tuviera un grupo específico al que supervisaba de una manera especial, pero la iglesia era vista como una, y las decisiones se tomaban a través de un proceso colectivo y en referencia al grupo, y no a las partes individuales.

Se puede decir mucho de los beneficios de un liderazgo compuesto por una pluralidad de hombres piadosos. Su consejo y sabiduría en conjunto ayudan a asegurar que las decisiones no son la voluntad o están al servicio de un solo individuo (cf. Proverbios 11:14). Si hay división entre los ancianos a la hora de tomar decisiones, todos los ancianos deberían estudiar, orar y buscar la voluntad de Dios conjuntamente hasta que se alcance el consenso. De esta forma, la unidad y armonía que el Señor desea para la iglesia comenzará con aquellos que ha escogido para pastorear Su rebaño.

Ancianos: Un Concilio de Iguales con Liderazgo Diferenciado

Por definición, el liderazgo por medio de ancianos es una estructura de gobierno colegiado en el que todos los miembros tienen la misma posición, autoridad y responsabilidad. Hay diferentes nombres para designar esta organización de gobierno. Formalmente se la describe como conjunta, corporativa o colegiada. En términos contemporáneos, se define como liderazgo múltiple, colegiado, compartido o en equipo.

Un aspecto de Liderazgo bíblico -sumamente importante pero muy mal comprendido- es el principio de “primero entre iguales” (ver 1 Timoteo 5:17). Por no haber comprendido este principio, en algunos casos el gobierno de los ancianos resulta trágicamente ineficaz para el cuidado pastoral y el liderazgo. Aunque los ancianos deben actuar en conjunto, como un equipo, y comparten igual autoridad y responsabilidad por la conducción de la iglesia, no todos los ancianos son igualmente dotados ni tienen igual conocimiento bíblico, habilidad de conducción, experiencia ni dedicación a la tarea.

Por lo tanto, aquellos ancianos especialmente dotados para el liderazgo o la enseñanza, naturalmente van a sobresalir entre los ancianos como líderes y maestros de ese cuerpo de líderes. El principio “primero entre iguales” fue tenido en cuenta por nuestro Señor en su trato con los doce apóstoles. Como líder natural, principal vocero del grupo, y hombre de acción, Pedro desafió, estimuló, fortaleció y movilizó al grupo. Sin él, el grupo hubiera sido menos eficaz. Si bien estaba rodeado por otros once apóstoles que eran sus iguales, Pedro llegó a ser más fuerte, más equilibrado y más protegido de su carácter impulsivo y sus temores. A pesar de su notable liderazgo y sus habilidades retóricas, Pedro no tenía ningún rango jerárquico por encima de los once restantes.

Estos no eran subordinados de Pedro. No todos los ancianos entregarán su tiempo únicamente o de forma sustancial a la obra del ministerio y serán apoyados económicamente por eso, pero algunos sí.

La Responsabilidad de la Iglesia Hacia sus Líderes

Aunque los ancianos tienen responsabilidades de peso hacia la familia de la iglesia, las Escrituras dejan claro que dicha familia, a su vez, tiene la obligación de responder de buen grado y con gozo a los líderes que Dios ha colocado. En el pasaje citado anteriormente, Hebreos exhorta a la iglesia: “Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta.

Como sucede con los líderes en cualquier otro contexto, los ancianos de la iglesia estarán expuestos en ocasiones a la crítica y la oposición. Es necesario concederles honor (1 Ti 5:17) y protegerlos de los ataques injustos: “No admitas acusación contra un anciano, a menos de que haya dos o tres testigos” (5:19). Al mismo tiempo, los ancianos que pecan sin arrepentirse recibirán una reprensión pública (5:20). Aparte de la obligación general de la iglesia de responder con disposición al liderazgo de los ancianos, está la responsabilidad particular de proveer materialmente para aquellos que trabajan en el ministerio de la Palabra (1 Ti 5:17-18; cf. 1 Co 9:1-14). Finalmente, la iglesia tiene la obligación de orar por sus líderes. El autor de Hebreos pide oración por sí mismo como líder (He 13:18). Pablo frecuentemente expresa su compromiso de orar por los creyentes, y pide también que las iglesias oren por él (1 T).

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