El Gran Negocio del Cambio Climático: Lucro en la Crisis Ambiental
Definitivamente hemos convertido el cambio climático en el mal de nuestro tiempo. El calentamiento global parece tener la culpa de todo y hemos acabado por hacer de él un cóctel en el que se mezclan todos los problemas ambientales.
La Mercantilización de la Crisis Climática
La competitividad por la catástrofe en tiempos de crisis se ha convertido en un espacio más de negocio. Los falsos discursos sobre nuestra adaptación a la nueva situación y la mitigación del calentamiento global forman parte de la competición mercantil que alimenta el «¿quién frena primero?».
En el cambio climático me temo que empieza a suceder algo parecido: se ha convertido en un negocio y eso complica -y explica- mucho las cosas, porque la rentabilidad no se obtiene de la solución del problema, sino de su existencia.
El Consenso y la Negación Financiera
El consenso en torno a la gravedad del cambio climático actual forma parte de lo políticamente correcto y refleja lo intocable del orden capitalista vigente. Pese a que es fácil pensar que la manera de frenar la carrera de destrucción ecológica y social es un giro radical hacia un modelo antagonista, nada semejante está en los planes de los gobiernos y las grandes cumbres.
La economía extractiva y el libre mercado no han necesitado del negacionismo para afrontar el cambio climático. Un informe publicado por The Guardian señala que “estas organizaciones tienen una línea coherente en materia de cambio climático: que la ciencia es contradictoria, los científicos están divididos, los ambientalistas son charlatanes, mentirosos o locos, y si los gobiernos tomaran medidas para evitar el calentamiento global estarían poniendo en peligro la economía mundial sin una buena razón”.
Anualmente estas empresas gastan miles de millones de dólares en campañas negadoras del Cambio Climático. En 2005 una investigación reveló que la petrolera británica Exxon Mobil financiaba a investigadores para que elaboraran informes tendientes a minimizar los efectos del Cambio Climático. Otros grandes donantes son los hermanos Charles y David Koch, propietarios de Koch Industries, dedicadas al negocio del petróleo, papel y productos químicos en más de 60 países. Esta empresa tiene varias denuncias en los Estados Unidos por derrames de petróleo y vertido de productos químicos cancerígenos en los ríos.
El Precio de la Naturaleza y los Mercados de Carbono
Que el cambio climático supone grandes pérdidas económicas es irrebatible. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, en los últimos 40 años se han perdido 458.970 millones de euros por catástrofes climáticas en una treintena de países en Europa. Sin embargo, tampoco hay duda de que el cambio climático se ha convertido en un grandísimo negocio.
Un ejemplo ilustrativo es que el mercado de emisiones de CO2 ha hecho ganar entre 400 y 500 millones de euros a las industrias cementeras, ladrilleras y azulejeras, que venden sus derechos de emisión sobrantes a las eléctricas y refinerías. Emitir una tonelada de dióxido de carbono cuesta unos seis euros. Menos que un menú en una casa de comidas. Cuando en teoría el sistema estaba diseñado para que los derechos de emisión oscilaran entre 25 y 30 euros.
Los mercados de carbono, los green bonds, cat-bonds y los multicat-bonds o los weather derivatives son instrumentos financieros que se han creado al albor del marco conceptual que sitúa a la naturaleza como un bien de mercado. Esta tendencia se inició en el año 2009 en un documento para las negociaciones de las Naciones Unidas en la COP15, donde apareció por primera vez el término “soluciones basadas en la naturaleza”. Todos estos mecanismos no solo permiten tasar la naturaleza, sino que la convierten en un bien de mercado, con el que se puede comerciar y especular.
Tabla: Pérdidas por Catástrofes Climáticas en Europa (Últimos 40 Años)
| Región | Pérdidas Económicas (millones de euros) |
|---|---|
| Europa | 458.970 |
El economista francés Michel Husson, plantea un dilema: crecimiento y consecuencias climáticas desastrosas o reducir el PIB y recesión con consecuencias sociales. Por ello es que no es posible pensar un “capitalismo verde” como sostienen algunos grupos ecologistas, ambientalistas o seguidores de Al Gore.
Mecanismos Voluntarios de Corrección y la Paradoja de la Destrucción
Ha habido una tendencia a la flexibilización y a la implementación de los mecanismos voluntarios, que son menos estrictos y tienen menos control. “Las empresas están asumiendo cada vez más medidas de offsetting, lo que significa que pueden destruir mientras paguen por el derecho a destruir”, afirma la investigadora Nele Mariën, coautora de La Naturaleza en Venta.
El mecanismo de offsetting o de compensación consiste en que un país o empresa reduce sus emisiones de gases de efecto invernadero para compensar las emisiones efectuadas en otro lugar. Esta reducción se puede llevar a cabo de diversas maneras: por un lado, incluyendo medidas reductoras o, por otro, medidas compensatorias. Estas últimas pueden abarcar actividades como llevar a cabo proyectos de energía renovable, o plantar árboles, que es el mecanismo más frecuente al ser el más barato. “Lo que está ocurriendo es un problema de acaparamiento de tierras y de uso de la tierra. Dedicar la tierra a la agricultura es menos rentable que plantar árboles, lo que podría tener un impacto en el precio de los alimentos”, afirma Frédéric Hache, cofundador y director ejecutivo del Green Finance Observatory.
Otra de las políticas para mitigar el impacto de las corporaciones son las listas de clasificación vinculadas a incentivos económicos. En este sentido, en el año 2020 se aprobó la Regulación Taxonómica de la Unión Europea, que supuso la creación de la primera “lista verde” del mundo para las finanzas. La Unión Europea catalogó el gas y la energía nuclear como sostenibles el pasado mes de febrero, lo que ha creado un grandísimo revuelo entre organizaciones ecologistas y algunos países miembro. “Si consideramos que las finanzas tienen un rol clave en las negociaciones sobre el cambio climático, entonces ponemos a las finanzas en el centro, y el resultado es que negocian el precio de la conservación a través de subsidios o tratados financieros”, critica Hache.
El investigador cree que veremos, a partir de este año, un “mercado de la destrucción de la diversidad”. Por ejemplo, imaginemos que una empresa quiere llevar a cabo un aeropuerto en el sur de España, en un hábitat de flamencos. Según esta regulación, se podrá llevar a cabo, a condición de que se recree un hábitat de flamencos en las inmediaciones. Lo importante es que sea equivalente económicamente.
El Agua: Oro Líquido del Negocio Climático
Para los inversores en el cambio climático la clave habita en el agua. Las emisiones de carbono son invisibles. Pero los glaciares que se derriten, el agua que se evapora o las lluvias que caen torrenciales son el auténtico rostro del cambio climático.
A partir de 2006, después de que Al Gore presentara el documental Una verdad incómoda y que el deshielo en el ártico alcanzara en aquellos días su nivel récord, la industria financiera “reaccionó” a su manera. En solo dos años se lanzaron 15 fondos que invertían en agua y sus aledaños. En un suspiro reunieron 13.000 millones de dólares (9.492 millones de euros) y los grandes de la industria Goldman Sachs, UBS o Credit Suisse ficharon a analistas hídricos. El agua iba a ser el petróleo de la nueva centuria, dijeron. En verdad, “una puerta abierta al hidrocolonialismo”, ironiza Gustavo Duch, coordinador de la revista Soberanía Alimentaria.
Según los analistas del banco privado Julius Baer, solo en Suiza hay bajo gestión 50.000 millones de francos (40.900 millones de euros) en fondos asociados al calentamiento global. “Y han crecido” -afirma la entidad helvética- “más de un 30% anual durante los últimos cinco años”.
“No existe ningún sustituto del agua a ningún precio. Y no se puede fabricar”, narra, en el libro Windfall, John Dickerson, un antiguo analista de la CIA y fundador del fondo especializado en agua Summit Global Management. Bajo este escenario, el agua se siente huérfana -carece de una legislación que la proteja internacionalmente- y los inversores han puesto el ojo en ella. Uno de los resultados es un boyante negocio que mueve más de 300.000 millones de dólares (219.000 millones de euros) y cuyos beneficios se reflejan en los principales índices de Wall Street. En los últimos diez años -describe la gestora Fidelity- el S&P Global Water ha dado más dinero a los inversores que el petróleo, el gas o las materias primas.
“Colonialismo verde”: indígenas desplazados por la conservación de la naturaleza | DW Documental
La “Hipoteca Basura” Climática y los Seguros
“Si no se corrige el desequilibrio entre las inversiones en altos y bajos contenidos de carbono, los riesgos relacionados con el cambio climático podrían herir al sistema financiero mundial como lo hizo en 2008 la crisis de las hipotecas subprime". Esta es la predicción de Julian Poulter, director del Asset Owners Disclosure Project, una organización que protege los fondos de pensiones de sus miembros de las consecuencias del calentamiento global.
Los más típicos son los bonos catástrofe (cat bonds) y los derivados climáticos. Ambos son productos finales de un proceso conocido como securitización que transforma factores de riesgo con los que no es posible comerciar, como las catástrofes naturales o las relacionadas con el clima, en activos financieros comercializables. Para los autores del artículo “Un enfoque para los derivados de conservación de especies”, la extinción de especies es un nicho lucrativo y asegurable, no una pérdida de biodiversidad que habría que intentar frenar. La envergadura de las cifras las proporciona el grupo Swiss Re, uno de los principales proveedores mundiales de reaseguros y seguros que publica, desde 1970 y de manera anual en su revista Sigma, las pérdidas que han supuesto las catástrofes humanas, naturales y, como categoría aparte, los terremotos. En dicho informe se observa un incremento muy acusado de catástrofes naturales desde 1990.
Impacto de los Eventos Climáticos Extremos
En los últimos años, los eventos más caros para las aseguradoras han sido provocados por huracanes, lluvias torrenciales, tifones o sequías. En definitiva, por el clima.
- 2005: Huracán Katrina (cataclismo), inundaciones en Suiza e India, fuertes tormentas en Dinamarca, Reino Unido, Canadá y China.
- 2017: Huracanes Harvey, Irma y María, inundaciones en Perú y Sri Lanka, fuertes tormentas en Australia y China, tormentas de granizo en Alemania y olas de frío en Francia.
- 2020: Inundaciones en China, Japón e India, fuertes tormentas en Nicaragua, Japón, India y Alemania.
Estos datos no son totalmente precisos, ya que la industria del seguro está más desarrollada en economías de las llamadas avanzadas. Por ejemplo, en los años revisados por Swiss Re se recogen muy pocos datos del continente africano, lo que significa que los desastres climáticos son, de hecho, mucho más frecuentes. “Sin embargo, estos cat bonds deberían ser regulados para asegurar que la aseguración se mantiene continua y asequible para la gente”, comenta el investigador francés Frédéric Hache.
El Origen del Problema: Revolución Industrial y Capitalismo
Si bien es cierto que nuestro planeta ha sufrido ciclos de calentamiento y enfriamiento a lo largo de su historia geológica producidos por causas naturales, los actuales procesos de Cambio Climático y Calentamiento Global tienen su origen en el siglo XVIII como consecuencia de la Primera Revolución Industrial, que no solo incrementó la cantidad de gases de invernadero (dióxido de carbono, metano, óxido nitroso) en la atmósfera, sino que también aceleró la destrucción de ecosistemas a fin de contar con materias primas y tierras para la conquista colonial.
Fue a partir de la Revolución Industrial y la consolidación del sistema capitalista que las clases dominantes pudieron dominar a la naturaleza y a otros seres humanos superando los límites de los siglos anteriores. El desarrollo tecnológico permitió llegar a todos los rincones del planeta, explotar recursos antes inaccesibles y causar destrucción inimaginable.
Empresas y Emisiones: Los Mayores Contaminantes
Los estudios han mostrado que el 80% de las emisiones de dióxido de carbono entre 2016-2022 corresponden a tan sólo 57 empresas del cemento o del sector de los combustibles fósiles. El sector energético, debido a su uso de energías sucias -petróleo, carbón y gas-, es uno de los mayores contribuidores al calentamiento global. Unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales. En concreto, la empresa española más contaminante es Repsol, cuyas emisiones declaradas suponen el 62% de todo el Ibex y está entre las 50 peores del mundo.
Shell recientemente recortó sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero y en la actualidad está apelando contra una sentencia de 2021 de un tribunal neerlandés que le ordena reducir sus emisiones absolutas de carbono, incluidas las procedentes de los productos del petróleo y el gas que vende, en un 45% para 2030.
Consecuencias y Oportunidades del Calentamiento Global
El calentamiento global aumenta la posibilidad de padecer alergias, incrementa los déficits nutricionales, multiplica la exposición de la población a catástrofes ambientales y enfrenta a millones de seres humanos al desabastecimiento de agua y alimentos. Frente a esta situación, la industria actúa de dos formas: adaptándose o innovando. Y ambas pueden ser muy lucrativas.
El negocio abarca casi todo. Desde energías renovables (solar, eólica, marina) hasta sistemas para manipular el clima (geoingeniería).
Ganadores del Calentamiento Global
- Eficiencia Energética: Compañías de gas natural comprimido y licuado, empresas relacionadas con el ahorro de energía en la industria (Fanuc, Rockwell Automation o Delta Electronics).
- Automoción: Fabricantes de coches híbridos como General Motors, Honda, Ford y Toyota.
- Agricultura y Alimentación: Compañías como Cargill (negocio del grano), Monsanto/Bayer/Basf (semillas genéticamente modificadas) o Yara (fertilizantes) obtienen beneficios récord.
- Iluminación: La industria de la iluminación por LED se espera que crezca significativamente.
- Construcción: Especialmente en mercados desarrollados.
- Comercio Electrónico: Su baja huella de carbono permite a los distribuidores mejores precios.
- Acaparamiento de Tierras: Países e inversores acaparan tierras en África y Latinoamérica para asegurarse reservas acuíferas ante la previsible carestía de agua.
- Explotación del Ártico: El deshielo abre paso a la explotación de petroleras como Repsol y a nuevas rutas de navegación y comercio.
El Rol del Estado y las Soluciones Necesarias
Los mecanismos para cuidar la naturaleza están cada vez más privatizados, son cada vez más flexibles, voluntarios y, además, generan beneficios para las corporaciones. Para Frédéric Hache, “lo que está claro es que hay ambición o no la hay [por parte de los Estados], da igual la herramienta que se use, pero pensar que estos instrumentos abordan el cambio climático es tremendamente naíf”.
El Acuerdo de París es un tratado internacional sobre el cambio climático jurídicamente vinculante. La aplicación del Acuerdo de París requiere una transformación económica y social, basada en la mejor ciencia disponible. Aunque es necesario aumentar en gran medida las medidas relativas al cambio climático para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, los años transcurridos desde su entrada en vigor ya han dado lugar a soluciones con bajas emisiones de carbono y a nuevos mercados.
Desde Greenpeace pedimos a gobiernos y empresas un cambio real. La inacción no es una opción. La solución a la actual crisis climática que afecta nuestro planeta pasa por acabar con el capitalismo explotador del ser humano y de la naturaleza. Solo a través de la instauración de un sistema socialista basado en la igualdad y la solidaridad podremos llevar adelante la reconversión hacia formas de energía limpias y renovables, una forma de producción que respete los ciclos naturales sin agotar nuestros recursos, acabar con la pobreza y las desigualdades sociales y de género, y lograr un estilo de vida que no esté basado en el lucro y en el consumismo desmedido.
