La Gran Divergencia: De los orígenes históricos a la era de la Inteligencia Artificial
La expresión "Gran Divergencia" ha adquirido un renovado interés en la historiografía económica y en el análisis de las tendencias globales actuales. Inicialmente, se refería a la disparidad en las trayectorias de desarrollo entre Europa y Asia que llevó a la Revolución Industrial en Occidente. Sin embargo, en el siglo XXI, este concepto ha evolucionado para describir una nueva forma de polarización global, marcada por la concentración de poder económico, tecnológico y político en pocas manos, impulsada en gran medida por la inteligencia artificial (IA).
La "Gran Divergencia" histórica según Kenneth Pomeranz
La nueva historiografía sobre el Oriente asiático ha puesto en cuestión la idea de que las economías europeas tuvieron un desempeño excepcional en los siglos previos a la Revolución Industrial. En cambio, se insiste en el carácter abrupto y tardío de la divergencia en sus trayectorias de desarrollo.
Kenneth Pomeranz, profesor de Historia de Asia Oriental en la Universidad de Chicago, en su influyente libro "La gran divergencia" (publicado por primera vez en 2000), se hizo una pregunta fundamental: ¿por qué la Revolución Industrial ocurrió en Inglaterra y no en China? Su conclusión, que generó un enorme debate, es que no hay una gran diferencia cultural que explique la ventaja de la que ha disfrutado Occidente hasta hoy.
Similitudes entre Europa y China hasta el siglo XVIII
Según Pomeranz, China y Europa eran dos áreas de desarrollo muy similares hasta el siglo XVIII en su grado de prosperidad, estilo de vida, extensión de los mercados y otras variables económicas básicas como la esperanza de vida. Los estándares de vida eran bastante comparables, con variaciones enormes entre unas zonas y otras. Por ejemplo, las condiciones de una aldea en el interior de China podían parecerse más a las de una aldea polaca que a las del norte de Italia.
Pomeranz argumenta que, al comparar áreas desarrolladas (como Suzhou con Ámsterdam) o áreas más pobres (como Gansu con Polonia), se encuentran estándares de vida bastante comparables. Los chinos vivían tantos años como los europeos, sus estándares nutricionales eran, en promedio, ligeramente superiores, y sus posesiones básicas, como la ropa, también eran comparables. Sus mercados funcionaban de manera similar, con una capacidad parecida para hacer cumplir contratos y proteger la propiedad frente al Estado o vecinos depredadores.
Tanto Europa como China tenían una agricultura de alto rendimiento, mucha comercialización y producción artesanal, pero poca industria en el sentido moderno. Eran mundos que dependían principalmente de fuentes de energía no fósiles, donde las cuatro grandes necesidades básicas (alimentos, combustible, fibras textiles y energía) provenían de la tierra. A medida que las poblaciones crecían y los niveles de consumo aumentaban, estas áreas sofisticadas enfrentaban presiones, ya que cada acre utilizado para cultivar alimentos no podía proporcionar combustible o alimentar animales. Las limitaciones eran las mismas en ambos lados del mundo.
El papel del comercio y sus límites
Las áreas más ricas y densamente pobladas comerciaban con áreas más periféricas, generalmente menos pobladas y con menores niveles de consumo per cápita. Estas últimas proporcionaban productos intensivos en tierra (madera, grano, etc.) a cambio de productos artesanales, sobre todo textiles. Este patrón se observaba en el delta del Yangtsé, que intercambiaba telas por arroz, y en Inglaterra y Holanda, que comerciaban con el Báltico para obtener grano y madera a cambio de productos textiles.
Sin embargo, este modelo tenía sus límites. Con el tiempo, las regiones periféricas también experimentaban crecimiento demográfico, sus mercados se volvían más densos y empezaban a producir sus propios productos artesanales, como telas. Esto reducía el excedente de grano que enviaban y sus productos empezaban a competir con los de las áreas más ricas, empeorando los términos de intercambio para estas últimas. Por ejemplo, en la región del bajo Yangtsé, en 1850, un trozo de tela de algodón servía para comprar la mitad de arroz que en 1750. Las posibilidades de crecimiento se veían fuertemente restringidas.
Pomeranz sugiere que el desarrollo natural no conducía inevitablemente a la industrialización, sino que tendía a estabilizarse, como ocurrió en el delta del Yangtsé o en lugares como el norte de Italia o Bélgica, que alcanzaron un techo en su sofisticación artesanal y comercial.
Los factores clave de la divergencia europea
Pomeranz argumenta que la "gran divergencia" que inició la industrialización en Gran Bretaña no era inevitable y fue el resultado de una serie de casualidades históricas. Dos factores clave sacaron a Europa, y particularmente a Inglaterra, de ese callejón sin salida del progreso:
- Acceso al carbón: El carbón ofreció una nueva fuente de energía no limitada por la tierra. Un acre de mina de carbón produce mucha más energía que un acre de bosque. Esto impulsó a Europa de manera determinante.
- Acceso a las Américas (los "acres fantasma"): La expansión en las Américas proporcionó tierras adicionales para la producción de materias primas como el algodón, que de otro modo habría requerido enormes extensiones en Europa. Si no hubieran tenido acceso a esas tierras, Europa habría necesitado el equivalente a tres "Inglaterras" adicionales solo para producir la cantidad necesaria de lana o algodón.
El carbón y la máquina de vapor
Aunque China tenía grandes reservas de carbón, no las aprovechó de la misma manera. La tradición científica europea, si bien ayudó, no fue el factor determinante. Los conocimientos sobre presión atmosférica que permitieron la creación de la máquina de vapor ya eran conocidos por los chinos e incluso los romanos, quienes usaban versiones rudimentarias para trucos mágicos. Lo que hizo viable la máquina de vapor en Europa fue su uso directo en las minas de carbón.
La máquina de vapor de Newcomen, la primera en uso generalizado, era extremadamente ineficiente (utilizaba mil calorías para producir solo siete calorías de trabajo útil). Sin embargo, en una mina de carbón, donde la energía era barata, tenía sentido usarla. En China, donde las principales reservas de carbón estaban en áreas remotas, transportar el carbón era costoso, haciendo inviable el uso de una tecnología tan ineficiente en otras industrias.
Una vez que una tecnología es útil, hay un incentivo para mejorarla. La máquina de vapor se fue perfeccionando y haciéndose más eficiente y segura en Europa. Pomeranz sugiere que si el carbón de Inglaterra hubiera estado tan alejado de las rutas comerciales como en China, el mundo podría haber permanecido en una situación preindustrial por mucho más tiempo, dificultando la inversión en experimentación y la salida de ese ciclo.
Los "acres fantasma" y la red comercial colonial
Los "acres fantasma" son una metáfora de Pomeranz para describir cómo Europa, y particularmente Inglaterra, accedió a recursos mucho más allá de su propio territorio a través del comercio colonial. En 1830, la cantidad de algodón que fluía desde el sur de los Estados Unidos a Inglaterra habría requerido el doble de la superficie cultivable de Inglaterra para producirse allí. De manera similar, la madera necesaria para reemplazar el carbón que Inglaterra usaba habría requerido un área de bosque casi del tamaño de toda Inglaterra.
El Imperio británico, al tener acceso a estos "acres fantasma", pudo obtener los recursos de América sin agotar sus propias tierras, una ventaja enorme que les permitió mantener el crecimiento sin los límites que enfrentaban otras partes del mundo como China.
Aunque los chinos eran activos en el mar (Zheng He llegó hasta África Oriental), no colonizaron a gran escala. Esto se debió en parte a la falta de apoyo estatal, ya que China controlaba una enorme variedad de zonas ecológicas dentro de su propio territorio y no necesitaba colonizar áreas lejanas. Además, había menos competencia entre los estados chinos y sus vecinos en comparación con la constante rivalidad entre los estados europeos, lo que impulsó la expansión colonial europea.
Factores geográficos y epidemiológicos también jugaron un papel. Las corrientes oceánicas facilitaban el viaje de regreso de América a Europa. Y las poblaciones indígenas en las Américas no tenían resistencia a las enfermedades europeas, lo que provocó tasas de mortalidad catastróficas y debilitó su resistencia a los europeos, abriendo el camino a la colonización.
Impacto del trabajo de Pomeranz
El libro de Pomeranz fue recibido con entusiasmo en China, a menudo por motivos nacionalistas, y generalmente de forma positiva en Europa y Estados Unidos. Actualmente, existe un consenso considerable sobre la descripción del libro acerca de cómo eran las cosas y cómo evolucionaron, aunque el debate persiste sobre las razones exactas. Pomeranz rebate el argumento neoliberal de que las instituciones de mercado correctas resuelven problemas, señalando que China también tenía instituciones bastante libres en el siglo XVIII, y que la simple demanda no siempre genera una solución creativa.
Este mapa ilustra las diferencias de desarrollo económico global, reflejando en parte las trayectorias de la Gran Divergencia.
El cambio de liderazgo y la "Gran Divergencia" en el siglo XXI
Mientras que durante años se nos prometía una convergencia global, impulsada por la globalización y el cambio tecnológico, las previsiones de economistas como Michael Spence ("La convergencia inevitable", 2012) y Richard Baldwin ("La gran convergencia", 2016) no contemplaron la naturaleza volátil de las nuevas fuentes de poder. Capital, tecnología y talento no se distribuirían de forma homogénea, sino que se concentrarían exponencialmente en unos pocos territorios y corporaciones.
En el siglo XXI, no va a haber convergencia, sino una gran divergencia. Jamás ha habido tal acumulación de poder político, económico y tecnológico en tan pocas manos, con la notable excepción de la China actual.
La era tecnolibertaria y la concentración de poder
La asunción presidencial de Donald Trump simbolizó un cambio de liderazgo hacia una era tecnolibertaria, con un anuncio sin precedentes: una inversión de 500.000 millones de dólares en infraestructuras de IA (el proyecto Stargate). Liderada por empresas como OpenAI, SoftBank y Oracle, esta iniciativa busca construir un vasto ecosistema de centros de datos para el desarrollo de modelos avanzados de IA. Esto marca el inicio de una era de desregulación, aceleración tecnológica y proyectos faraónicos que incrementará brutalmente la concentración de capital, tecnología y poder.
Grandes corporaciones como Meta y Microsoft están realizando inversiones masivas. Mark Zuckerberg (Meta) anunció la construcción de un gigantesco centro de datos, del tamaño de gran parte de la isla de Manhattan, para atender a 1.000 millones de usuarios de IA, con una inversión superior a 60.000 millones de dólares. Microsoft anunció otra inversión similar de 80.000 millones. Todo esto tensiona la competencia por recursos energéticos. Trump, en Davos, declaró que construirá las infraestructuras energéticas necesarias para la IA, incluso recurriendo a procedimientos de emergencia, para consolidar a EE. UU. como la "capital mundial de la IA y las criptomonedas". El consumo energético será colosal, lo que lleva a las grandes corporaciones a redirigir su atención hacia el desarrollo de reactores nucleares modulares.
EE.UU vs CHINA: La BATALLA GLOBAL por DOMINAR la INTELIGENCIA ARTIFICIAL
El "misil" chino y el desafío a la hegemonía estadounidense
En este escenario de aparente hegemonía estadounidense, irrumpe DeepSeek, un modelo chino de IA que parece superar a las versiones más avanzadas de ChatGPT. DeepSeek es gratuito, de código abierto y su entrenamiento es increíblemente barato. Su llegada cuestiona, de repente, todo el modelo de inversión americano en IA, causando una volatilización de un billón de dólares en el Nasdaq en pocas horas.
Este evento plantea la pregunta de si un emprendedor chino, con recursos modestos, puede batir a la industria tecnológica occidental. Kai-Fu Lee, ex presidente de Google China, destaca la capacidad de copia, perfección y escalado ultrarrápido de los ingenieros chinos. Este "misil" chino ha golpeado el buque insignia de la flota americana, Nvidia, poniendo en duda si DeepSeek se convertirá en el diseño dominante de la IA global y si el mundo confiará datos sensibles a un modelo de IA conectado a superordenadores chinos.
Infografía ilustrando la competencia entre diferentes modelos de IA, reflejando el actual panorama de la Gran Divergencia tecnológica.
Un mundo polarizado en 2035
El mundo en 2035 no será convergente. Se anticipa una "guerra de las galaxias" entre dos bloques antagónicos: un imperio americano tecnolibertario con ansias expansionistas y un conglomerado alternativo autocrático con despliegue de control social digital, que pivotará sobre China y sus satélites. Esta polarización extrema y acumulación brutal de poder parece inevitable. La vieja Europa, en este contexto, podría convertirse en una tierra de nadie, una zona de frontera, un magma permeable, desorganizado y empobrecido, abonado a populismos y extremismos.
| Modelo/Iniciativa | Origen | Características clave | Impacto |
|---|---|---|---|
| Proyecto Stargate (infraestructuras IA) | EE. UU. (Trump, OpenAI, SoftBank, Oracle) | Inversión de $500.000 millones, ecosistema de centros de datos para IA avanzada, desregulación. | Acelera la concentración de capital, tecnología y poder en EE. UU., consolidándolo como "capital mundial de la IA". |
| Centro de datos de Meta (Zuckerberg) | EE. UU. | Inversión de $60.000 millones, centro de datos gigante para 1.000 millones de usuarios de IA. | Demuestra la capacidad de inversión masiva de las grandes corporaciones para el liderazgo en IA. |
| DeepSeek | China | Gratuito, código abierto, entrenamiento increíblemente barato, supera a versiones avanzadas de ChatGPT. | Desafía el modelo de inversión occidental en IA, provoca volatilidad en el mercado tecnológico, muestra el potencial chino. |
La "Gran Divergencia" social y el impacto de la IA
La promesa de que el crecimiento económico se traduciría en un mejor nivel de vida para todos se ha desvanecido. La economía ha seguido creciendo en muchas partes del mundo, pero la seguridad material de la mayoría no lo ha hecho al mismo ritmo. La OCDE ha formulado con claridad que el crecimiento de la productividad laboral se ha desacoplado del crecimiento de la remuneración real mediana. Producir más ya no garantiza cobrar mejor.
Esta brecha entre productividad y remuneración típica se ha ampliado drásticamente desde finales de los años setenta, especialmente en Estados Unidos, debido al aumento de la desigualdad salarial y a una mayor parte de la renta capturada por el capital en lugar de por el trabajo. Cuando esta situación persiste, la desigualdad deja de ser un efecto secundario para convertirse en una estructura. Los datos de la World Inequality Database muestran que la participación del 10% más rico en la renta sigue siendo extraordinariamente alta a escala global.
La IA como acelerador de la desigualdad
La "Gran Divergencia" no solo separa ingresos; separa vidas. La OCDE advierte que, en un país promedio, pueden hacer falta cuatro o cinco generaciones para que un niño nacido en una familia pobre alcance el nivel medio de ingresos. Esto no es movilidad social; es herencia de la desigualdad. Esta fractura se manifiesta en la vivienda, la salud y otros aspectos fundamentales de la vida.
La inteligencia artificial, aunque no es la única causa de la debilidad del mercado laboral, profundiza esta fractura. Si una nueva tecnología multiplica la productividad pero no se traduce en más empleo de calidad ni en una mejora equilibrada de oportunidades, no corrige la fractura, la agrava.
Indeed muestra que, a principios de 2026, las vacantes que mencionan habilidades de IA crecían con fuerza, desacoplándose de la tendencia general del mercado. Sin embargo, Revelio Labs encontró que las ofertas de empleo de entrada con alta exposición a la IA son las que más han caído desde enero de 2023. Un aumento de 10 puntos porcentuales en exposición a IA se asocia con una caída del 11% en la demanda de puestos de entrada, mientras que para los puestos no junior se asocia con un aumento del 7%.
Esto significa que la IA no está golpeando a todos por igual. Muchas de las tareas que hoy automatiza o acelera la IA eran precisamente las tareas por las que empezaban los jóvenes (redactar borradores, análisis preliminares, ordenar información, documentar, apoyar procesos). Si estas capas desaparecen o se estrechan, no solo se reducen vacantes, sino que se rompe la escalera de aprendizaje sobre la que se construían carreras enteras. El mercado se vuelve más eficiente para la empresa y más inaccesible para quien aún no ha tenido su primera oportunidad real.
El FMI y la OIT advierten que la IA puede aumentar la desigualdad de renta laboral si complementa más a los trabajadores con mayores ingresos y cualificación, al tiempo que eleva los retornos del capital. El efecto más probable no es una automatización total del empleo, sino una transformación desigual de tareas y ocupaciones, con una exposición particularmente significativa en trabajos administrativos y de oficina.
La necesidad de un nuevo liderazgo empresarial
La gran cuestión política y empresarial de esta década no es cuánto crecerá la economía gracias a la IA, sino quién capturará ese nuevo valor. Si el beneficio queda concentrado en accionistas, grandes plataformas y una minoría de perfiles hipercualificados, mientras el resto compite por menos puestos, alquileres más caros y trayectorias más frágiles, entonces la inteligencia artificial no será una palanca de prosperidad compartida.
La salida no pasa por demonizar la tecnología, sino por humanizar la empresa y reorientar la economía hacia un propósito. Necesitamos un modelo en el que las empresas no midan su éxito solo por el beneficio trimestral, sino también por su capacidad de generar valor social, ampliar oportunidades, fortalecer a las clases medias, cuidar a sus trabajadores, respetar a sus proveedores y contribuir a una sociedad más cohesionada. Humanizar las empresas significa volver a poner a la persona en el centro de la decisión económica, asegurando que la innovación sirva para elevar la vida de la mayoría, no solo para concentrar rentabilidad en unos pocos. El desafío no es solo crecer, sino crecer sin dejar a la mayoría atrás, lo que exige un nuevo liderazgo empresarial: más consciente, más valiente y más humano.
