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Comunicación

Liderazgo comunitario de colectivos feministas en América Latina: Un camino hacia la equidad y la justicia

by Admin on 24/05/2026

Los movimientos de mujeres y feministas han desempeñado un papel fundamental en nuestras democracias. De manera persistente y constante, han luchado por la equidad y la justicia, levantando, presentando y dando seguimientos a propuestas que garantizan y promueven los derechos de las mujeres en un mundo que, durante mucho tiempo, ha marginado sus derechos y perpetuado la discriminación de género.

Ya no hay duda de que el siglo XX ha sido un momento transformador en la vida de las mujeres. Ejemplo de ello, es el derecho a elegir y ser elegidas, que, en el caso de las mujeres de muchos países latinoamericanos, recién accedieron a ello en la segunda mitad del siglo XX.

También es preciso destacar como hecho trascendente la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra La Mujer -"Convención de Belém do Pará"- de 1994, que permite identificar lo que se entiende por violencia contra la mujer.

Pese a esto, es importante mencionar también que en América Latina siguen existiendo dificultades para el pleno ejercicio de nuestros derechos, lo que justifica el gran trabajo que queda aún por hacer en esta materia desde el Estado, las organizaciones sociales y los movimientos políticos.

Desde el 2011, la iniciativa Atenea ha buscado fortalecer el acceso paritario, condiciones igualitarias y garantías para el pleno y efectivo ejercicio de los derechos políticos de las mujeres en América Latina, que también comprende la participación de la sociedad civil en la vida política y pública.

La iniciativa Atenea identificó la necesidad de una comprensión amplia e integral del ejercicio de los derechos políticos de las mujeres, que también comprenden la participación de la sociedad civil en la vida política y pública. "Hablar de movimientos, hablar de activismo también es hablar de derechos políticos... ".

En 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing se defendía la incorporación de una perspectiva de género como un enfoque fundamental y estratégico para alcanzar los compromisos en igualdad. Hoy, 25 años después, se reconocen los avances logrados, pero el horizonte sigue siendo el mismo: incorporar la perspectiva de género en los proyectos y programas dedicados al desarrollo de los países, a los fines de alcanzar sociedades equitativas.

El Feminismo Comunitario: Una propuesta radical desde América Latina

El feminismo comunitario es un movimiento político y teórico que surge en Bolivia hacia fines del siglo XX y se expande por otros países latinoamericanos y caribeños. Constituye un tipo de feminismo latinoamericano que se caracteriza por la radicalidad y originalidad de sus planteos políticos y teóricos.

Como movimiento político, reclama un cambio radical del orden patriarcal-capitalista-racista-colonial que ha sojuzgado históricamente no sólo a las mujeres sino también a los hombres y la naturaleza, reproduciendo un sistema de discriminaciones, opresiones y violencias construido sobre los cuerpos de las mujeres. Plantea la necesidad de refundar políticamente un nuevo orden basado en la igualdad, complementariedad y reciprocidad entre los hombres y las mujeres y con la naturaleza.

Como movimiento teórico, intenta construir una nueva teoría social que interprete la historia, la memoria, los valores y la forma de vida comunitaria no capitalista de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Propone reconceptualizar categorías teóricas como patriarcado, reciprocidad, memoria, comunidad, pueblo, cuerpo-territorio y autonomía de los cuerpos, entre otras.

Colectivamujeres: Sumando la agenda feminista a los reclamos de las mujeres negras

Colectivamujeres nació en 2009, tras entender que era necesario sumar la agenda feminista a los reclamos de las mujeres negras. Queremos que en Uruguay se admita que el racismo existe y que lleva a que algunas personas no tengan acceso a educación y no cuenten con las mismas oportunidades. También queremos que se asuma que vivimos en una sociedad sexista que dificulta el pleno goce de derechos de las mujeres. Tenemos la convicción de que juntas somos más fuertes.

Liderazgos comunitarios de mujeres en Urabá: Resistencia y construcción de paz

La región de Urabá, en el occidente del Departamento de Antioquia (Colombia), se ha construido históricamente en medio de la confrontación de intereses por el territorio, por el uso y apropiación de este, lo que ha desencadenado algunos conflictos que a su vez han mediado las formas de sociabilidad en la región. De forma paralela y por diversas razones, también se han expresado con vehemencia procesos contestatarios y de resistencia que han sostenido otras posibilidades de vida más allá de la violencia, que han construido dinámicas organizativas y liderazgos sociales y comunitarios orientados hacia la denuncia, la defensa de los Derechos Humanos y la autogestión de los territorios.

Este artículo, resultado de la investigación “Liderazgos comunitarios de mujeres e incidencia política para la construcción de paz territorial en el territorio CORDUPAZ” describe los procesos de liderazgo comunitario de las mujeres y las expresiones de incidencia política a nivel local. Estos liderazgos se han configurado en medio de las afectaciones que ha dejado el conflicto en sus vidas y también como respuesta a las violencias basadas en género y las relaciones patriarcales dominantes que aún se imponen en la cotidianidad del territorio. Nos enfocamos en la experiencia de la Red Juntas Somos Más, creada en el año 2020 en el marco del Programa Justicia para una Paz Sostenible, financiado por USAID.

La Red Juntas Somos Más: Un tejido de organizaciones por la defensa de derechos

La Red Juntas Somos Más es una red en la que confluyen 13 organizaciones cada una con trayectorias diferentes: Asociación de Mujeres Trabajadoras de Chigorodó (ASOMUTRACH), Asociación de Productoras/es de La Rosita (APROROSITA), Colectivo de Mujeres Visibles de Urabá (COMUVIU), Asociación de Mujeres de Mutatá (ASOMUT), Asomujeres Impulsadoras de Desarrollo Granja Casanova (AMIGRAC), Asociación de Víctimas de Chigorodó (ASOVICHI), Asociación de Mujeres con Proyección y Futuro de Vigía (ASOMUPROFUVI), Asociación Mujeres en Proyección (ASOMUPRO), Corporación Integral Familias Campesinas en Busca de un Mejor Futuro (CORINFACAMFU), Asociación de Productoras Agropecuarias Caminos de Paz (AGROCAMPAZ), Asociación de Mujeres Roca Fuerte de Caucheras (ASMUROFUO), Asociación Cultural de Mujeres y Hombres Sembradores de Futuro (ASOCOMHSENFUT) y Cabildo Indígena de Chigorodó.

En el análisis de los hallazgos presentados en este artículo se retoma la categoría liderazgo comunitario de mujeres, que si bien no ha tenido una construcción teórica como tal porque los estudios se centran más en la categoría liderazgo, de acuerdo con Reyes (2013) esta última ha tenido amplios desarrollos desde la psicología social y la administración; no obstante, ha sido poco lo teorizado alrededor del liderazgo comunitario y, mayor aún, el liderazgo comunitario de mujeres, siendo la que permite dar cuenta de la práctica cotidiana de las mujeres que asumen este rol. Para su comprensión, se retoman los aportes que realizan Marcela Lagarde y Maritza Montero.

En primer lugar, Lagarde (1999) llama la atención sobre las dificultades que ha tenido la participación de las mujeres de forma autónoma, siendo en el siglo XX cuando se empieza a dar una ruptura y a asumir un liderazgo propio y alrededor del reconocimiento de lo que implica ser mujer. Por otro lado, Montero (2006) define el liderazgo comunitario como un proceso complejo “de carácter activo, participativo y democrático, que fortalece el compromiso con la comunidad, genera modos y modelos de acción, asumiéndose como un servicio”.

Metodología de la investigación

Esta investigación se realizó desde el paradigma socio crítico, que permite orientar el análisis a partir de la realidad concreta, haciendo reflexiones teóricas e identificando las mediaciones que entreteje la realidad social, lo que la hace cambiante y contradictoria (Habermas, s.f.). En términos operativos, se definieron tres técnicas para la recolección de información e intercambio de ideas con las participantes: entrevista estructurada, grupo focal y taller (este último se denominó al interior de la investigación como encuentros locales).

La entrevista estructurada tuvo como objetivo caracterizar a las mujeres participantes (64 en total), con un total de 52 preguntas distribuidas en seis componentes temáticos: sociodemográfico, socio-familiar, socioeconómico, organizativo, riesgos y medidas de autocuidado. Para el grupo focal se definió un grupo de seis participantes, las cuales tenían en común la participación directa en la revisión y construcción de propuestas de los planes de desarrollo municipales del periodo de gobierno vigente, con la finalidad de identificar las propuestas y ausencias respecto al tema de género y mujeres. Al igual que el grupo focal, el taller recopiló varios datos y reflexiones principalmente cualitativos, por medio del diálogo a partir de preguntas abiertas o provocaciones con ejemplos y casos hipotéticos trabajados a modo de carrusel, lo que permitió optimizar el tiempo para abordar diversas dimensiones del tema en cuestión.

Para el procesamiento y análisis de la información se construyó una matriz categorial y se utilizó el software Atlas ti para un manejo más riguroso del volumen de información generada. Si bien la investigación es cualitativa, también se contó con insumos cuantitativos que fueron organizados a partir de tablas y gráficos de Excel y que permitieron obtener datos precisos y numéricos, sobre todo, para la caracterización. La selección de la muestra se realizó desde un tipo de muestreo no probabilístico, específicamente, el muestreo por cuotas (Supo, 2014) porque el punto de partida para seleccionar las lideresas comunitarias fue que estuvieran vinculadas a las organizaciones que integran la Red Juntas Somos Más. Las integrantes del proceso de investigación fueron seleccionadas por las mismas mujeres de la Red, a partir del conocimiento interno de sus procesos, de forma que cada organización tuviera representación con varias integrantes. El tamaño de la muestra fue de 64 mujeres.

Características sociodemográficas de las lideresas

Durante la investigación siempre estuvo el interés por conocer la vida de las mujeres que, más allá de la labor de liderazgo, tienen unas condiciones sociales, familiares y económicas similares, las cuales condicionan su rol como lideresas. Para ello, se realizó una caracterización de la cual se presenta una síntesis en este documento.

Identidad de género y orientación sexual

  • En la Red la mayoría de las integrantes son mujeres (96,8%), aunque también existe la participación de hombres (1,56%) e intersex (1,56%).
  • Con el mismo porcentaje, se reconocen desde una identidad de género femenino, masculino y no binario, respectivamente.
  • En el caso de la orientación sexual, el 1,56% se reconoce como bisexual y el 85,9% como heterosexual; el 9,3% de las participantes decide no responder a esta pregunta.

Experiencia de conflicto armado

  • De este grupo de líderes, el 92,19% han sido víctimas del conflicto armado (81,25% reconocidas por alguna entidad).

Rango etario

  • El rango etario de los liderazgos se concentra en la edad adulta con el 93,66%, desagregada en dos rangos etarios: el 14,06% mayores de 60 años y el 79,6% entre 29 y 59 años. Solo un 6,25% de ellas tienen entre 17 y 28 años.

Trayectoria educativa formal

  • El porcentaje más alto se encuentra en el nivel secundaria completa y nivel técnico con el 46% de las participantes.
  • Le sigue el 28,1% que se encuentra por debajo de la secundaria completa (ninguno, primaria incompleta, primaria completa, secundaria incompleta).
  • En un porcentaje menor, el nivel profesional y el nivel de posgrado con 12,5% y 4,69% respectivamente.

Composición familiar

  • Predominan los hogares nucleares y extensos con el 48,45% y 43,73% respectivamente.
  • También se registran hogares de familias sin núcleo con 6,24% y, en menor porcentaje, los hogares compuestos con el 1,56%.

Débora: Liderazgo y maternidad en equilibrio

La investigación permitió entender la dimensión familiar en las lideresas comunitarias de Urabá como un factor motivador en dos vías; por un lado, la posibilidad de extender hacia afuera el cuidado, el apoyo, la gestión que realizan a nivel familiar, como algunas lo manifiestan, el liderazgo empieza en casa; de otro lado, la motivación para superar experiencias vividas al interior de la familia, superar hechos y aprovecharlo para que no se repitan, un acto de justicia. No obstante, también se interpelan estos liderazgos cuando las relaciones familiares están atravesadas por el vínculo de la maternidad, con reclamos por la falta de presencia, por distribuir el tiempo entre las labores de cuidado y las labores comunitarias: cuando se ejercen liderazgos no se puede estar todo el tiempo con la familia, representando dificultades y reclamos en algunas oportunidades por parte de sus hijos o parientes (Conversación personal, 2021). Esto permite inferir que los liderazgos comunitarios de mujeres cuestionan el rol exclusivo de cuidadoras que ha impuesto la lógica patriarcal.

Condiciones socioeconómicas y desafíos para el liderazgo

En la caracterización por la actividad económica y sus ingresos, se evidenció con los datos, la vulnerabilidad en la que se encuentran algunas mujeres y a su vez la necesidad de un enfoque diferencial en las políticas públicas que reconozcan las otras actividades que históricamente le han sido asignadas a este grupo poblacional. Al respecto, se clasificaron tres tipos de actividades económicas:

“Emprendimiento” con el 42,1%, lo que significa actividades por cuenta propia que generan ingresos y la ausencia de relaciones contractuales, seguido del 28,1% que afirman dedicarse al “empleo informal” para la generación de ingresos, entendido este como la actividad por la que se recibe ingresos, pero no hay relación contractual de por medio y, en ese sentido, tampoco existen garantías laborales ni subordinación a las leyes y normas laborales (por ejemplo, para determinar el salario o el pago por la actividad realizada, la afiliación a salud, ARL y pensión).

Nivel de ingresos mensuales

Al revisar el nivel de ingreso, se encontró que 71,43% de las participantes tienen ingresos económicos mensuales por debajo del salario mínimo legal vigente (SMLV) para el año 2021 ($ 908.526), es decir, entre 100.000 y 699.999. De este porcentaje, el dato más alto lo ocupa el rango menos de $100.000 con el 30,1%, seguido de los rangos entre $100.000 y $399.000 y entre $400.000 y 699.000 con 20,63% cada una. Por otro lado, el 28,5% registra ingresos económicos mensuales entre $700.000 y más de $1.000.000.

Protección social

En términos de protección social, la afiliación al régimen de salud se establece principalmente a través del régimen subsidiado con el 62.5% y del contributivo con el 37,5%. Respecto a la cotización en el sistema pensional, sólo el 26,5% de las participantes afirma estar vinculada al sistema de pensión, frente a un 71,8% que no. Cruzando esta variable con el rango etario, se encuentra que de las 9 integrantes en el rango de edad 60 o más, es decir, en una edad que ya debería estar pensionada, 8 no han cotizado para pensión y solo 1 si lo ha hecho.

Lo anterior deja ver la tendencia a la informalidad que existe en el escenario laboral para las mujeres y, en particular, para las mujeres lideresas, pues si bien las condiciones de precarización laboral en Colombia afectan a toda la población, hay más desventajas cuando se es mujer. Un factor que influye en este panorama tiene que ver, entre otros asuntos, con el papel histórico que se le ha asignado a la mujer a labores domésticas y de cuidado, lo que ha dificultado mayor equidad en el mundo del trabajo y mejores garantías en términos de derechos sociales.

Y precisamente sobre esta variable, la caracterización nos muestra que el 75% de las integrantes tiene a cargo labores de cuidado no remuneradas en su hogar, asociadas al cuidado de hijos, adultos mayores, cuidado de familiares enfermos y labores domésticas, a las que se dedica entre 30, 50, 80 horas semanales o una dedicación de tiempo completo de acuerdo a las respuestas obtenidas. Otros estudios en el país han alertado sobre este panorama y han posicionado el tema en la agenda pública.

Las mujeres continúan asumiendo obligaciones de cuidado, mientras emprenden la defensa de derechos, por lo cual en sus hogares confluyen el trabajo doméstico, el espacio de convivencia familiar y el ejercicio de liderazgo. Estas condiciones socio económicas reflejan un panorama complejo para el ejercicio del liderazgo comunitario que intenta sortear las demandas de tiempo de la labor comunitaria y de la familia (que no son remuneradas), al tiempo que se busca generar ingresos para la reproducción de la vida.

Para los procesos colectivos, el reto resulta más complejo, pues varias mujeres invierten su tiempo, capacidades, recursos y energía sin tener la posibilidad de obtener un ingreso básico, por lo menos no para la mayoría. Estas circunstancias han llevado a colectivos de mujeres a conformar iniciativas productivas basadas en modelos de economía solidaria, con la expectativa de generar ingresos dignos para todas las integrantes que participen en el proyecto. Si bien todas han enfrentado dificultades de distinta envergadura, algunas se han convertido en experiencias exitosas, que además han logrado preservar saberes como la gastronomía, la medicina tradicional, la agricultura orgánica, las artesanías y las expresiones artísticas ancestrales.

La incidencia política en los procesos de liderazgo comunitarios de mujeres se reconoce como una forma acción política (Barreto, 2018), como el uso de los mecanismos de participación oficiales y por derecho constitucional, que van desde el voto hasta ocupar los cargos de representación política.

La agenda 2030 marca a los Estados, en este sentido, una serie de objetivos que deben asumir. Por un lado, la necesidad de trabajar junto con otros actores sociales -otros niveles de gobierno, sectores sociales y privados-, para lograr soluciones efectivas a las problemáticas de la desigualdad y la violencia que sufren las mujeres. El papel de los Estados es esencial, como vemos. El desarrollo será de la persona y de todas las personas. Una sociedad será desarrollada si las personas que la componen alcanzan su pleno desarrollo. [1] ONU - MUJERES.

tags: #liderazgo #comunitario #de #colectivos #feministas #en

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