El Círculo de Empresarios y la sombra del fascismo: Un análisis crítico de sus propuestas y raíces ideológicas
El Círculo de Empresarios, una institución con profunda influencia en el debate económico español, ha sido objeto de análisis por sus posturas ultraliberales y, en ocasiones, controvertidas. Fundado en 1977, este "centro de pensamiento y debate" se autodefine como un promotor del libre mercado, la libre empresa, y el reconocimiento del valor social del empresario como "creador de empleo, riqueza y bienestar general", así como del fomento del espíritu emprendedor. Su lema, "Ideas para crecer", encapsula su visión de que el crecimiento es la respuesta a los desafíos colectivos, buscando la creación de empleo y riqueza, la lucha contra el déficit y la deuda, y la consolidación del Estado del Bienestar.
Sin embargo, un examen más profundo de sus propuestas y discursos revela ciertas resonancias con movimientos ideológicos de corte más autoritario. Este artículo explora la relación entre las ideas del Círculo de Empresarios y los paralelismos históricos con el fascismo, tanto en su vertiente italiana como en el nacionalsocialismo alemán y el primer nacionalsindicalismo español.
Preocupaciones actuales del Círculo de Empresarios: Absentismo, corrupción y pensiones
En el panorama actual, el Círculo de Empresarios ha manifestado su preocupación por varias problemáticas clave que, según ellos, lastran la economía española. Una de estas es el absentismo laboral, que, de acuerdo con sus estimaciones, representa un coste total que oscila entre el 3% y el 5,4% del PIB, equivalente a entre 47.500 y 81.600 millones de euros anuales. Ante estas cifras alarmantes, el think-tank ha instado a impulsar un pacto a nivel nacional contra el absentismo, considerando "imprescindible" una respuesta "coordinada y ambiciosa" para reducirlo, proteger el sistema sanitario y reforzar la competitividad económica.
Las estadísticas de la Seguridad Social muestran un crecimiento del 73% en las horas no trabajadas por incapacidad temporal desde 2019, un ritmo muy superior al 17% de aumento en el total de horas cotizadas. Para el Círculo, es necesario "corregir disfunciones, reforzar la gestión sanitaria y administrativa de las IT, revisar los incentivos existentes y mejorar los procesos de control y reincorporación". También ponen el foco en las enfermedades de difícil diagnóstico, la repetición de procesos y la larga duración de estos, señalando que en España se superan los 38 días de media, frente a los 25-30 días en países como Alemania o Países Bajos, y más del 16% de los procesos se prolonga más de un año.
Otra gran preocupación es la corrupción, que el Círculo de Empresarios califica de "realidad estructural que mina la confianza ciudadana y las bases de nuestro sistema democrático y económico". Alertan sobre el peligroso impacto que la corrupción tiene en la imagen del país, vital para la captación de inversión. El manifiesto del Círculo recuerda la caída de España en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, pasando del puesto 36 al 46 en 2024, lo que refleja un "deterioro significativo de la confianza internacional en nuestras instituciones". En este sentido, plantean aplicar a la esfera pública algunos de los controles internos que hoy se aplican con eficacia en el ámbito empresarial, insistiendo en que "España merece instituciones íntegras, empresas responsables y una sociedad que valore la transparencia y la rendición de cuentas como pilares esenciales de su prosperidad".
Finalmente, el Círculo de Empresarios ha generado polémica al proponer el retraso de la edad de jubilación hasta los 70 años para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. Esta postura no es nueva; ya en el pasado, la institución instó a realizar recortes sociales, se opuso a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y abogó por abaratar el despido.
Tabla Comparativa: Posturas del Círculo de Empresarios vs. Promedio Europeo
| Indicador | Círculo de Empresarios (Estimación/Propuesta) | Promedio en países europeos (Alemania, Países Bajos) |
|---|---|---|
| Coste del absentismo (% PIB) | 3% - 5,4% | Datos varían, pero la preocupación es generalizada. |
| Días de baja por IT (media) | 38 días | 25-30 días |
| Procesos de IT > 1 año | > 16% | Inferior |
| Edad de jubilación (propuesta) | 68-72 años | Varía según el país, con tendencias al alza. |
| Salario Mínimo Interprofesional | Oposición a la subida | Regulaciones y debates constantes. |
Raíces y evoluciones del fascismo: Un acercamiento ideológico a la clase obrera
Para comprender mejor las resonancias ideológicas, es fundamental analizar cómo el fascismo, tanto en sus orígenes como en sus manifestaciones modernas, ha buscado un acercamiento a la clase obrera, a menudo a través de discursos populistas y retóricas aparentemente "izquierdistas".
El fascismo italiano de Benito Mussolini: Relativismo y represión obrera
El fascismo italiano fue un movimiento profundamente transversal, que agrupó desde aristócratas pro-monárquicos hasta obreros industriales. A pesar de la creencia extendida sobre una vertiente izquierdista dentro del movimiento, a menudo reforzada por la militancia de Benito Mussolini en el Partido Socialista Italiano antes de fundar el Partido Nacional Fascista, la realidad histórica muestra una clara oposición a los intereses obreros.
Las escuadras fascistas, lideradas por Mussolini y financiadas por grandes industriales y terratenientes, tenían como objetivo liquidar las organizaciones obreras en los años previos a la Marcha sobre Roma (octubre de 1922). Esta estrategia implicaba dos dinámicas simultáneas: la "guerra civil de movimientos", que incluía reventar huelgas, asesinar dirigentes sindicales e incendiar periódicos de izquierdas; y la "guerra civil de posiciones", que buscaba contrarrestar la propaganda socialista, anarquista y comunista mediante la demagogia populista. Todo ello con el objetivo de provocar "la destrucción de todo el contratejido institucional laboriosamente levantado por el movimiento obrero durante décadas", culminando con la marcha de los fascios sobre Roma.
La retórica fascista solía emplear la palabra "libertad", pero con un significado particular. Por ejemplo, al proclamar la "liberación" de la cooperativa socialista del puerto de Génova en 1922, se decía: "¡Genoveses! En cuanto, en vez de una única cooperativa con derecho de exclusividad, tengamos varias, las huelgas ya no serán necesarias ni tan frecuentes, y dejarán de arruinar y desacreditar nuestro puerto. ¡Vivan las cooperativas libres y múltiples! ¡Viva la libertad!" Para los fascistas, "libertad" significaba "liberar" las relaciones sociales entre propietarios y trabajadores de las imposiciones logradas por la organización y la lucha de clases obrera, restaurando así las relaciones "naturales" y "normales" de capital/trabajo.
La justificación ideológica de los fascistas italianos, más allá de la demagogia, radicaba en el relativismo epistemológico. Mussolini afirmaba: "El fascismo es un movimiento súper relativista porque nunca ha intentado revestir su complicada y vigorosa actitud mental con un programa concreto, sino que ha triunfado siguiendo dictados de su intuición individual siempre cambiante. […] Si el relativismo significa el fin de la fe en la ciencia, la decadencia de ese mito, la ciencia, concebido como el descubrimiento de la verdad absoluta, puedo alabarme de haber aplicado el relativismo al análisis socialista. […] Nosotros los fascistas hemos tenido el valor de hacer a un lado todas las teorías políticas tradicionales, y somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas. Basta con tener una mira fija: La nación."
Este relativismo ideológico permitió a Mussolini, a finales de 1921, escribir en su periódico Il Popolo d’Italia: "En materia económica somos liberales en el sentido clásico de la palabra". Además, en un escrito periodístico de 1920, pregonaba: "El capitalismo está a penas en el principio de su historia […] La verdadera historia del capitalismo empieza ahora […] Hay que abolir el estado colectivista". Es sumamente ilustrativo que, en la víspera de la Marcha sobre Roma, los dirigentes de la Asociación Bancaria y de la Confederación de la Industria y de la Agricultura donaran más de 20 millones de liras para financiarla, lo que demuestra a quién debía Mussolini su ascenso al poder.
El "socialista" Hitler y la eliminación del ala obrera
De manera similar a los fascistas italianos, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) hizo de la demagogia populista orientada a las clases medias y obreras una de sus señas de identidad. Sin embargo, a diferencia de los Camisas Negras, el NSDAP sí contaba inicialmente con un "ala izquierda" relativamente fuerte. El programa del NSDAP de 1920 exigía la estatalización de todos los trust, la abolición de las rentas de quienes no trabajaran, la destrucción de la esclavitud generada por los intereses bancarios y la comunalización de los grandes almacenes, entre otras medidas.
Esta retórica abiertamente obrerista permitió a Hitler atraer a un significativo número de socialistas a sus filas. No obstante, Hitler encuadraba sus discursos contra una supuesta élite financiera global judía, a la que acusaba de impedir el progreso de los trabajadores alemanes tras las sanciones del Pacto de Versalles. Criminalizaba a pequeños empresarios, banqueros o abogados judíos que habían tenido éxito, tachándolos de usureros sin escrúpulos.
El ala obrera y "socialista" del partido estaba representada por la organización paramilitar S.A. Esta organización, sin embargo, desapareció a causa de las purgas realizadas durante la "Noche de los Cuchillos Largos", en la que se asesinaron decenas de personas pertenecientes a las S.A., incluidos los hermanos Otto y Gregor Strasser, principales representantes de esa facción obrerista del nazismo.
Aun después de deshacerse de esta vertiente izquierdista, Hitler seguía conservando una retórica explícitamente "socialista" de manera puntual. Por ejemplo, en un discurso de 1941 ante trabajadores de una fábrica de armas, afirmó: "En esos países [las democracias occidentales aliadas] gobierna el capital, o sea, en último extremo, un grupo de unos centenares de hombres que poseen capitales incalculables y que, a consecuencia de la singular construcción de la vida estatal, son más o menos independientes y libres […] piensan ante todo en la economía libre y al decir economía libre piensan en la libertad no sólo de hacer capital, sino ante todo, de emplear libremente ese capital. Lo cual significa estar libre de la vigilancia del estado, es decir, del pueblo […] están en posesión de todas las fábricas y de sus acciones y que en último término gobiernan con ellas a esos pueblos. La masa no le interesa lo más mínimo."
A pesar de esta oratoria populista, Hitler sabía en beneficio de quién debían dirigirse las políticas económicas del Reich. Ante la alta burguesía alemana, se presentaba como un convencido liberal partidario de la preservación de la propiedad privada y de las relaciones de producción jerarquizadas, donde primaran "las duras leyes de selección económica de los mejores y de la aniquilación de los más débiles". Tras salir de la cárcel, y con su partido aún insignificante, Hitler se dedicó a dar conferencias ante grandes industriales y banqueros para ganarse su confianza y apoyo económico. En estas conferencias, evitaba la palabra "socialismo" y criticaba efusivamente toda intromisión del estado en los asuntos económicos de las empresas, extendiendo esta crítica a los sindicatos obreros y oponiéndose frontalmente a la lucha de clases.
Entre 1929 y 1935, Hitler recibió ingentes cantidades de dinero de la oligarquía económica alemana, como los Thyssen, Krupp y Abs, además de importantes donaciones de empresas como IG Farben y Friedrich Flick. Una vez en el poder, ilegalizó todas las organizaciones sindicales y envió a sus líderes a campos de concentración, implementando la "Ley para la ordenación del trabajo nacional", que, según el filósofo Karl Korsch, provocó "una auténtica dictadura del capital sobre el trabajo en las mismas empresas además de fortalecer el poder del empresario y la aniquilación de todas las conquistas obreras conseguidas por estos durante la República de Weimar."
El nacionalsindicalismo español: Crítica al liberalismo y control estatal
En España, el nacionalsindicalismo fue un movimiento político marginal durante la II República, que buscaba emular al fascismo italiano y, en menor medida, al nacionalsocialismo alemán. Miguel Ángel Perfecto, en su obra El nacionalismo franquista, distingue dos fases en el primer nacionalsindicalismo español. En este período, el fascismo español proponía convertir las empresas en un apéndice del Estado autoritario mediante la sindicalización obligatoria de obreros y patronos, buscando acabar con la lucha de clases y poner la economía al servicio de la patria.
En esta fase, el fascismo español intentó un acercamiento con el anarco-sindicalismo, inspirándose incluso en los colores rojo y negro de la CNT para su bandera falangista. Aspectos del catolicismo social, como el valor del trabajo y el sacrificio, se unían a la crítica al "capitalismo rapaz". Sin embargo, las normas programáticas de la Falange, en su punto 8, especificaban que "el Estado nacionalsindicalista permitirá toda iniciativa privada, compatible con el interés colectivo, y la protegerá y estimulará". Esto ilustra cómo, a pesar de una vertiente obrerista que apelaba a la clase obrera, esta siempre quedaba supeditada a intereses superiores impuestos de manera vertical y arbitraria.
Los intelectuales fascistas criticaban el liberalismo económico y el individualismo, considerándolos el germen que creaba el escenario perfecto para el crecimiento de ideas revolucionarias marxistas y anarquistas. Ramiro Ledesma, siguiendo una línea intelectual modernista, criticaba la burguesía liberal y capitalista, su forma de vida y la libertad política que, según él, trasladaba todo el poder a magnates capitalistas y oligarquías partidistas, excluyendo a la gran masa. José Antonio Primo de Rivera, en 1935, también arremetía contra el liberalismo económico y político, afirmando que "el fenómeno del mundo es la agonía del capitalismo. Pues bien, de la agonía del capitalismo no se sale sino por una urgente desarticulación del propio capitalismo: el capitalismo rural, el capitalismo bancario y el capitalismo industrial, el capitalismo hace que cada hombre sea un rival por el trozo de pan."
A pesar de estas críticas al liberalismo, la alternativa social y económica propuesta por el nacionalsindicalismo estaba lejos de cualquier visión revolucionaria. Emulando a la Italia fascista, dibujaban una sociedad con una economía mixta, donde capital y trabajo se implicaran por igual en la producción, bajo un estado corporativista y autoritario con alto control de la economía y un nacionalismo industrial y agrario. La premisa era que "el nuevo Estado no puede abandonar su economía a los simples pactos y contrataciones que las fuerzas económicas libren entre sí", lo que dio origen a los "sindicatos verticales", de afiliación obligatoria para patronos y obreros, coordinados jerárquicamente para recoger los intereses de las diferentes clases sociales.
