Charles de Gaulle: El Liderazgo que Forjó la Grandeza de Francia
Charles de Gaulle no solo es el francés más influyente del siglo XX, sino que sigue influyendo en la política y la sociedad francesas de forma muy notable. De hecho, en una encuesta hecha hace unos años en Francia para saber quién era el personaje más importante de la historia moderna del país, De Gaulle salió elegido por una abrumadora mayoría. Muchos de los franceses que lo eligieron argumentaron que salvó el honor de Francia. Otros iban más lejos aún, diciendo que “nos hizo más grandes”.
No deja de sorprender que en estos tiempos en los que se espera que los políticos sean sencillos, humildes e incluso serviles, se admire a De Gaulle, que era todo lo contrario. Una explicación de por qué De Gaulle inspira tanta admiración es que tuvo una vida heroica y llena de aventura, algo que brilla por su ausencia en el panorama político actual, en el que los líderes de los partidos suelen tener biografías tremendamente aburridas.
De Gaulle fue un personaje especial, que luchó por el poder, anhelándolo, pero no el poder por el poder sino que, cuando logró la victoria, lo disfrutó con un espíritu de poner en práctica sus ideas con el sentimiento de que lo disfrutaran mejor otros afines que tuvieran oportunidades, de construir, de crear en una dirección acertada para la historia y porvenir de su gran patria. Él supo ser grande, no solo en estatura (era bien alto) porque medía casi dos metros, sino porque siempre con voluntad y espíritu, tuvo grandeza de decir que servía y defendía la grandeza de la Gran Francia. Fue consecuente en ello, en todas las crisis en que se vio envuelto.
Pablo Pérez López, catedrático de Historia Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, en su libro "Charles De Gaulle. El estadista rebelde", recoge algunas de las razones que explican por qué se sigue considerando al militar francés un líder digno de admiración: "Evoca la idea de rebeldía, de no permitir que los acontecimientos adversos nos derroten y nos arrastren, de grandeza de espíritu, de empeño por sacrificar el bien propio en pro del común, de brillantez intelectual y de capacidad de lucha".
Biografía sobre Charles De Gaulle
Orígenes y Formación de un Líder
Nacido en Lille en 1890 en el seno de una familia católica de clase media, Charles De Gaulle estudió la carrera militar entre 1909 y 1912. El pequeño Charles fue un gran lector y se interesó especialmente desde temprano en la historia de Francia, formando parte de una familia que se había opuesto en su momento a la Revolución Francesa de 1789. Ingresó al Ejército en 1908 y mostró un gran interés en la estrategia militar, a partir del estudio de las guerras de Francia con Alemania en el siglo XIX. Como militar destacó por su conducta, carácter y resistencia; sirvió en Francia, bajo Pétain, de quien reconocería: “Me enseñó el arte del mando”.
La primera etapa de la larga vida de Charles de Gaulle fue una preparación persistente, sistemática y decidida para el año 1940, un momento crucial de la trayectoria de Francia en el siglo XX y de la propia vida de quien se convertiría en uno de sus principales líderes de todos los tiempos. Él siempre estuvo claro que son los ciudadanos, y no el Estado y menos aún los gobiernos, el fundamento de la vida social y política a quien debía de responder. Ahí su diferencia con los demás.
Charles de Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial.
"Una Cierta Idea de Francia": Liderazgo en Tiempos de Crisis
Son bien conocidas las palabras con que Charles de Gaulle comienza sus Memorias: “Me he hecho siempre cierta idea de Francia”. Eligió la carrera de las armas para hacerlo. La Gran Guerra de 1914 pareció ser su ocasión de oro. Le sorprendió como joven capitán, le causó repetidas heridas físicas de las que se restableció y una moral más difícil de sobrellevar: fue hecho prisionero en Verdún, y vivió encerrado los dos últimos años de la guerra. Había perdido su gran oportunidad.
Rehizo como pudo su carrera, en buena parte a la sombra de Pétain, el héroe de Verdún, que debió defenderle de la mala acogida que los profesores de la Escuela Superior de Guerra depararon a ese oficial engreído que discrepaba de sus doctrinas estratégicas. Convencido de que había que crear un ejército vertebrado por divisiones blindadas, publicó un libro sobre ello. Le hicieron caso en Alemania, pero no en Francia. Buscó influir en política para conseguir que se le escuchara.
Contaba ya cincuenta años cuando su país entró de nuevo en guerra con la Alemania de Hitler. Convencido de que la guerra sería larga, cuando el gobierno estaba ya en Burdeos, negoció una estrecha alianza con el Reino Unido para continuar la guerra desde el Imperio. Reynaud lo propuso a su gobierno, que rechazó la medida. Había vuelto a fracasar.
La Resistencia y la Francia Libre
Cuando el mariscal Philippe Pétain firmó el humillante armisticio con Alemania, De Gaulle, obsesionado con la idea de que su destino era salvar Francia, decidió exiliarse en Londres y ponerse al frente de lo que entonces iba a llamarse la Francia libre. No solo fue condenado a muerte por las autoridades de Vichy, sino que su autoridad para erigirse como representante de la Francia que luchaba contra Adolf Hitler fue también puesta en duda en numerosas ocasiones por los propios aliados.
A pesar de que Franklin D. Roosevelt reconoció no soportarle y de que sacaba de quicio a otro gran líder de su tiempo como era Winston Churchill, este último dijo de él que era un hombre "con actitud para el sufrimiento" y que eso era bueno para la guerra. Pero después de luchar contra viento y marea logró regresar a una Francia liberada de los alemanes en 1944 para liderar a los franceses como había soñado.
El 18 de junio pronunció su primer discurso, fundacional y decisivo, que pocos escucharon en su momento pero que se convirtió en un documento histórico emotivo y valioso. En esa alocución radial reconocía la derrota de las fuerzas francesas, advirtiendo que se había formado gobierno en su país, que se había puesto en contacto con Alemania para acordar un cese del combate: “Pero, ¿está dicha la última palabra? ¿Está perdida la esperanza? ¿La derrota es definitiva?”, se preguntaba retóricamente: “¡No! Francia no está sola. Tiene un gran Imperio y puede hacer bloque con el Imperio británico que controla el mar y continúa en la lucha. Puede, como Inglaterra, utilizar sin límites la inmensa industria de los Estados Unidos”.
La entrada triunfal de De Gaulle en París el 26 de agosto de 1944.
La entrada triunfal de De Gaulle en París el 26 de agosto de 1944, vitoreado por miles de franceses, es uno de los momentos más gloriosos de la historia del país. Convenció a Churchill de que era posible, pero no a las autoridades de su país que le privaron de la nacionalidad y le condenaron a muerte. No le importó: a través de un mar de dificultades consiguió que su farol tuviera éxito: Francia terminó la guerra combatiendo entre los vencedores y aspirando a recuperar su grandeza.
El Estadista de la V República
Si bien De Gaulle forja su perfil de héroe durante la Segunda Guerra Mundial, el de estadista surge a partir de 1958. Francia, al borde del colapso por la guerra de Argelia, necesita ser salvada de nuevo. De Gaulle, que tenía un concepto altísimo sobre la historia de Francia como potencia y civilización, así como de su grandeza, se propuso lograr que la figura del presidente de la república encarnara claramente dicha grandeza.
Su retorno al Eliseo como Primer Ministro marcó un claro contraste con el periodo anterior, y uno de sus legados más importantes fue la creación de la V República, que recibió un amplio apoyo ciudadano y que rige hasta hoy. Bajo la nueva Constitución de 1958 asumió como Presidente de la República Francesa, cargo que ostentó hasta abril de 1969. Para entonces, los ejes del ideario político gaullista eran, principalmente, la necesidad de fortalecer las instituciones políticas del país, el valor de la independencia nacional y la justicia social.
Pragmatismo al Servicio de una Visión
De Gaulle fue un líder sumamente pragmático, pero este pragmatismo siempre estuvo al servicio de una visión de país. Esto contrasta con muchos líderes modernos, que, esclavos de las circunstancias, modifican constantemente sus discursos para reflejar los cambios de humor social que les indican las encuestas. De Gaulle siempre tuvo “una cierta idea de Francia” y, para alcanzarla, buscó convencer a sus compatriotas.
El pragmatismo de De Gaulle se vio reflejado en su realismo. Cuando las circunstancias cambiaban, estaba dispuesto a modificar sus políticas para lograr el objetivo deseado. Esto sucedió por ejemplo con su política sobre Argelia. Defensor del imperio, cuando se dio cuenta de que ya no existía margen para que este territorio continuase formando parte de Francia, optó por alcanzar un acuerdo con los independentistas. Esto le permitió posicionar a Francia como defensora de las ex colonias y del tercer mundo en general, ganando así influencia internacional.
El realismo de De Gaulle también se vio reflejado en su política exterior. Siempre se opuso a la ideologización de las relaciones internacionales y, por el contrario, buscó alcanzar la paz y la estabilidad en el sistema internacional a través del equilibrio de poder. Años después, Richard Nixon y Henry Kissinger, quienes admiraban al general francés, aplicarían esta misma visión para aliarse con la China comunista y enfrentar de esta manera a la Unión Soviética desde una posición de mayor fuerza.
De Gaulle como Presidente de la V República.
Un Liderazgo con Sentido de Estado
Esta forma de entender la patria es clave durante la Segunda Guerra Mundial, pero también cuando acaba el conflicto porque permite entender qué es hoy Francia y por qué se le considera uno de los ideólogos de la Unión Europea actual. “La era de los continentes organizados sucede a la colonial”, dijo De Gaulle tras solucionar el conflicto de Argelia, uno de esos en los que se vio obligado a cambiar de opinión.
El pensamiento estratégico del General Charles de Gaulle lo proyecta al nivel de los grandes estadistas del siglo XX. Rechazó el rol que le pretendían asignar a Francia como parte del juego en la división del mundo en un esquema bipolar. Afirmó la plena soberanía de su país respondiendo a la clásica concepción francesa creada en el siglo XVI por Jean Bodino en los Seis Libros de la República; rechazó el “liderazgo” de Estados Unidos en el mundo occidental y el “privilegio” que tenía ese país en financiar con su propia moneda los déficits de su balanza de pagos; y entre otros planteos garantizó la independencia nacional de su país con una política nuclear que legitimó su lugar entre los cinco países permanentes del Consejo de Seguridad. Fue el artífice de la reconciliación franco-alemana en 1963.
Cualidades del Líder Según De Gaulle
En el libro “El filo de la Espada” creado y elaborado por De Gaulle en 1932, pasó a ser un manual de liderazgo, del que lo hizo propio, llevándolo a la realidad, cuando se desempeñó como líder político y Estadista Presidente. Este “manual” definía tres cualidades cruciales que había de tener o poseer el líder para desarrollarse con éxito hacia la victoria propuesta: Inteligencia, Instinto y Persuasión revestida de autoridad.
Las tres cualidades son muy importantes y necesarias, pero muy crucial debe mencionarse la del Instinto, en donde para el gran César lo llamaba o lo atribuía a su “Suerte”, Alejandro Magno lo llamaba su “Esperanza”, y Napoleón su “Estrella”. En el caso de De Gaulle, esa facultad instintiva, le permitía tener visión de la realidad, indicándole cómo funcionan las cosas, por muy complejas que estas fueran, dando lugar a ir al fondo de las mismas. Por su lado la Inteligencia le proporcionaba el mejor conocimiento, aunque teórico, pero el Instinto el sentir práctico y concreto del asunto, por lo que era muy preciso de resolver lo esencial. Cuando un líder, decía De Gaulle, “logra el equilibrio correcto entre la inteligencia y el instinto, las acciones políticas estarán en el camino correcto, logrando ver más allá del presente.
De Gaulle no vivía el presente, poseía un talento especial de ver más allá que sus contemporáneos, y así lo hizo cuando en el plano militar propuso en 1934 que la victoria en caso de la guerra que avizoraba con los alemanes, estaría en función en la “movilidad y capacidad de ataque”. Los franceses (el Mariscal H.F. Pétain) no la acogieron, por lo que el 14 de junio de 1940 inició el hundimiento francés ante el avance alemán, ante lo que De Gaulle que se había retirado hasta Inglaterra indicó: “Francia ha perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra”, lo que llegó al corazón de los franceses, convirtiéndole en el hombre que mantuvo encendida la llama del alma francesa, en el doloroso periodo de la resistencia, hasta lograr la victoria. De Gaulle fue aclamado como su salvador.
| Cualidad | Descripción | Ejemplo Histórico |
|---|---|---|
| Inteligencia | Conocimiento teórico y profundo, capacidad de análisis. | Sus estudios sobre estrategia militar y su habilidad para diagnosticar situaciones complejas. |
| Instinto | Visión práctica y concreta, habilidad para ir al fondo de las cosas. | Su propuesta de un ejército basado en la movilidad y capacidad de ataque en 1934. |
| Persuasión revestida de autoridad | Capacidad de convencer y guiar a otros con firmeza y convicción. | Sus discursos radiales desde Londres que unificaron la Resistencia. |
Un Pensador y Escritor
Además de ser un hombre de acción, De Gaulle fue un pensador y un escritor. Lejos de pensar que los libros eran una mera herramienta de marketing, escribió para reflexionar y transmitir su visión. Fue, de hecho, un gran escritor. Sus ensayos sobre liderazgo y relaciones cívico-militares ("El filo de la espada") y sus memorias ("Memorias de guerra" y "Memorias de esperanza") son considerados clásicos de la lengua francesa. La cultura política de De Gaulle acarició el poder pero jamás fue adicto a las vanidades. Su última consigna fue ser enterrado en el cementerio de Colombey-les-deux-Eglises, su pueblo: “Mi tumba será la misma en la que yace mi hija Anne, y donde un día también descansará mi mujer. Inscripción: Charles de Gaulle. Nada más”.
De Gaulle murió en 1970, poco después de cumplir su último deseo de visitar España. “Que viejo está Franco”, comentó poco después de una audiencia privada con él, aunque paradójicamente le sobrevivió cinco años. La muerte y el funeral de De Gaulle en la catedral de Notre Dame fue “uno de los momentos más intensos de emoción colectiva en la historia de la Francia moderna”, como bien lo describe Julian Jackson, autor de una de sus biografías más destacadas.
La tumba de Charles de Gaulle en Colombey-les-deux-Eglises.
