Características del Liderazgo de Jesús
Tiene sentido buscar en la persona de Jesús elementos que iluminen y den una luz propia al hecho del liderazgo. Enviado por el Padre, vemos al Hijo como una persona que sume vitalmente una misión y acompaña a sus discípulos.
Siguiendo el evangelio de Juan, observamos valores propios del estilo de llevar adelante la misión con sus seguidores: amor y servicio; verdad y transparencia; el testimonio de las obras; la radicalidad del seguimiento.
Características Bíblicas de un Líder
El Liderazgo Ignaciano y su Relación con Jesús
Entendemos por «Liderazgo ignaciano» a los principios y valores que configuraron a san Ignacio de Loyola como un hombre capaz de liderar, gobernar y dirigir una organización como la Compañía de Jesús, que ha prosperado y cumplido con su misión durante cerca de 500 años, implicando a sus miembros de manera personal e inspirando transformaciones duraderas. Pero lo ignaciano, ese adjetivo que hoy añadimos a este liderazgo le añade una insistencia en el autoconocimiento, con honestidad, sinceridad y lealtad, con verdad y sin autoengaños.
Plantea una adecuada gestión de sentimientos y emociones, lo cual quiere decir que se han de saber identificar y comprender, con ánimo de ser dueño de uno mismo, sin miedo a reconocer debilidades, cultivando lo positivo de uno, viviendo desde las emociones positivas, examinándose y centrándose con libertad interior en las cosas buenas.
Elemento importante del liderazgo ignaciano es el amor, que se va colando en las historias, en los acontecimientos y en las personas, que busca huecos donde seguir creando, engendrando vida. Un buen líder ignaciano genera espacios diversos en los que surge la esperanza y donde el sufrimiento no derrota; lugares en los que las personas se mantienen con dignidad, aún en situaciones de injusticia.
Asimismo, en un buen líder ignaciano debe prevalecer la indiferencia, que es una invitación continua a ser libre de los apegos del corazón y de las amenazas exteriores, para servir sólo a Dios y a su causa.
Cualidades Espirituales Definitorias de un Líder de Iglesia
¿Quieres ser un líder de iglesia? Considera algunas cualidades espirituales definitorias que el libro de los Hechos enumera como importantes al elegir a un posible líder de iglesia:
1. Experiencia Personal con Jesús
Una experiencia personal con Jesús es la primera y más importante cualidad que se espera de un líder de iglesia. La persona tenía que ser compañera de Jesús antes de poder convertirse en líder de su rebaño. Un potencial líder debía haber sido testigo de Jesús «desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba» (v. 22). El Jesús completo.
2. Testimonio del Señor Crucificado y Resucitado
Esta es otra cualidad que la iglesia debe buscar en su liderazgo. La resurrección no puede aislarse de la cruz. La cruz reivindica el plan redentor de Dios sobre el pecado, y la resurrección ofrece la esperanza de la novedad. No se puede ser cristiano, y mucho menos líder cristiano, sin experimentar el poder de la cruz y del sepulcro vacío.
Incluso tan solo unas pocas semanas después del fin de semana de la crucifixión, los discípulos insistieron en esta afirmación del Señor crucificado y resucitado como algo esencial para el discipulado cristiano. Dar tal testimonio no significa solamente veracidad teológica o certeza doctrinal. Los incluye, pero más aún exige que los líderes cristianos caminen con Jesús diariamente, que hablen con él, que le supliquen por sí mismos y por los demás, y que experimenten el poder mediador del Sumo Sacerdote celestial.
3. Buena Reputación
La buena reputación es una cualidad en la que la iglesia apostólica insistía en la elección de sus líderes. Vemos esto en el nombramiento de diáconos para atender las necesidades rutinarias de la iglesia de Jerusalén (Hechos 6:1-7), y en la selección de Bernabé (Hechos 11:24, 25) para investigar los acontecimientos milagrosos en Antioquía y para dirigir la iglesia allí. En ambos casos, la iglesia quería personas buenas y de confianza.
Primero, bondad significaba «de buena reputación» como personas íntegras. Su trabajo requería el manejo de dinero: los diáconos de Jerusalén estaban a cargo del cuidado de los necesitados (Hechos 6:1-7); Bernabé y Pablo fueron enviados a llevar fondos desde Antioquía para los pobres de Judea (Hechos 11:29-30).
En segundo lugar, la bondad requería equidad: tratar con todos los segmentos de la iglesia en pie de igualdad, sin hacer distinción entre razas ni etnias, ni género ni tribu, ni en Jerusalén, ni en Antioquía. Bernabé era tan bueno en esto que la iglesia de Antioquía fue quizás el primer cuerpo corporativo en derribar todas las paredes de separación; como resultado, creció en grandes proporciones; fue allí que nació el nombre cristianos (Hechos 11:26).
4. Madurez Espiritual y Sumisión
Este es otro elemento que la iglesia primitiva buscaba en su liderazgo. Estos términos no describen un proceso político, sino una madurez espiritual, no un anhelo de poder, sino una sumisión a un llamado más alto, no una competencia por puestos en la administración, sino la voluntad de ser usados por el Espíritu como mediadores de su gracia.
Ese líder cristiano espera de rodillas por claridad acerca de la tarea y por poder para llevarla a cabo. Un líder cristiano tiene la sabiduría para distinguir entre lo esencial y lo periférico, entre las compulsiones del Reino y lo que concierne a sí mismo, entre las personas y las cosas.
| Cualidad | Descripción |
|---|---|
| Experiencia con Jesús | Relación personal y testimonio de su vida. |
| Testimonio de la Resurrección | Creencia y experiencia del poder de la cruz y la resurrección. |
| Buena Reputación | Integridad y confianza en el manejo de responsabilidades. |
| Madurez Espiritual | Sumisión al llamado de Dios y mediación de su gracia. |
