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Comunicación

La Capacidad Emprendedora: Definiciones y Dimensiones Clave Según los Estudiosos

by Admin on 25/05/2026

La Relevancia del Emprendimiento y su Impacto Socioeconómico

Desde el año 2000, el término emprendimiento ha adquirido gran relevancia por su importancia en el desarrollo de la economía de un país. Mediante el emprendimiento se generan varios beneficios para la sociedad, como la creación de nuevas empresas, la mejor distribución de la riqueza, la disminución de la pobreza, el incremento de los ingresos, nuevas fuentes de trabajo y la ampliación de la red empresarial (Leiva, 2008).

El fortalecimiento de la capacidad emprendedora es un factor importante dentro de los niveles económicos, sociales y culturales de un país, ya que aumenta la iniciativa, generando aportaciones de conocimiento que ayudan a mejorar el desempeño individual en la sociedad (Duarte, 2013). Fuentes y Sánchez (2010) manifiestan que el protagonista de la generación de nuevas ideas, del desarrollo de la innovación, y responsable de mantener un bienestar personal en la sociedad es el emprendedor, la persona que determina el progreso de la creación de empresas. El emprendimiento es considerado como base para el desarrollo del país, ya que se crean nuevas fuentes de trabajo, promoviendo la inclusión y reduciendo así la pobreza (Messina y Hochsztain, 2015).

Debido a la participación de los ecuatorianos en temas de emprendimiento, y a que los mismos se consideran capaces para incursionar en nuevos negocios, indicadores internacionales han posicionado a Ecuador como un país con bastos niveles de emprendimiento. De acuerdo al crecimiento económico que surge en el país, existe un ambiente con oportunidades de nuevos proyectos. Según el reporte del GEM (Global Entrepreneurship Monitor) 2015 en Ecuador, un 72% de las personas se consideran con capacidad para emprender y un 87% de los ya emprendedores se perciben competentes para seguir desarrollando sus habilidades.

Definición de Emprendimiento y Capacidad Emprendedora

¿Qué es el Emprendimiento?

El emprendimiento actualmente se ha convertido en un amplio campo de investigación en el área científica, estudiantil y organizacional (Herrera C. E., 2012). Gutiérrez (2015) define el emprendimiento como la actitud y capacidad que tiene una persona para enfrentar retos, realizar nuevos proyectos y alcanzar nuevas metas. Es el actuar enfocado en las diversas oportunidades para la generación de valor, solucionando problemas y beneficiando económicamente a la sociedad (Sanabria, Morales y Ortiz, 2015). Para la Real Academia Española (RAE), emprender significa «acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro».

Debido a la complejidad de su estudio, el emprendimiento se analiza desde cuatro perspectivas principales: la de comportamiento, psicológica, económica y de procesos (Rodríguez A., 2009). De acuerdo con Orrego (2009), el emprendimiento también es estudiado desde un enfoque filosófico, haciendo referencia a otras ciencias como la sociología y la antropología filosófica.

En este contexto, Acosta (2015) considera al emprendedor como el actor principal de generar dichos aspectos positivos, ya que tiene la iniciativa y capacidad para aprovechar las oportunidades, asumir riesgos y motivar a las personas para cumplir con sus objetivos. De hecho, Osorio, Gálvez y Murillo (2010) manifiestan que el emprendedor es quien maneja las situaciones, convirtiéndolas en ventajas competitivas para innovar.

La Capacidad Emprendedora en Detalle

El emprendedor, para iniciar sus propósitos y lograr el éxito, deberá tener desarrollada su capacidad emprendedora y conocimientos referentes a las actividades que ejecuta. Marulanda, Montoya y Vélez (2014) definen a la capacidad emprendedora como la habilidad, destreza y conocimiento que tiene una persona para asumir riesgos y aprovechar las oportunidades de negocios del entorno en el que se desarrolla. Tarapuez y Botero (2007) hacen hincapié en su relación con la capacidad empresarial, ya que se enfoca en la creación de empresas.

Una persona con capacidad emprendedora es racional y se enfoca en realizar de manera eficiente su trabajo bajo la excelente toma de decisiones frente a los beneficios que pueda generar. Es por eso que se le relaciona con un buen perfil para la creación de empresas (Rusque, 2005). Su capacidad depende de la creencia que tenga de su nivel de conocimiento, habilidades y del entorno en el que se encuentra (Rodríguez y Prieto, 2009).

La competencia emprendedora implica desarrollar un enfoque vital dirigido a actuar sobre oportunidades e ideas, utilizando los conocimientos específicos necesarios para generar resultados de valor para otras personas. Aporta estrategias que permiten adaptar la mirada para detectar necesidades y oportunidades; entrenar el pensamiento para analizar y evaluar el entorno, y crear y replantear ideas utilizando la imaginación, la creatividad, el pensamiento estratégico y la reflexión ética, crítica y constructiva dentro de los procesos creativos y de innovación; y despertar la disposición a aprender, a arriesgar y a afrontar la incertidumbre.

Rasgos y Dimensiones Clave de la Capacidad Emprendedora

Los diferentes estudios sobre la capacidad emprendedora han incluido las características psicológicas de las personas que emprenden. La actitud emprendedora es la conducta de administrar los recursos para generar unos resultados, según la actividad en que se desarrolla. El emprendedor se enfrenta a innumerables obstáculos que pasan por la falta de cultura emprendedora, falta de recursos y falta de conocimientos y consecuentemente inseguridad en el terreno empresarial. Por tanto, es importante que sea capaz de hacer lo necesario para alcanzar sus objetivos y combatir los obstáculos.

Se debe señalar que los rasgos de la personalidad del emprendedor pueden ser permanentes, mientras que el comportamiento o actitud se puede cambiar y adaptar al entorno o, a su vez, se logra que sean duraderas (Mora, 2011). Esta relación que existe entre los rasgos de la personalidad y el comportamiento es amplia, ya que los rasgos son factores determinantes del comportamiento de cada individuo.

Dimensiones Psicológicas y del Comportamiento

López, Montilla y Briceño (2007) explican que existen rasgos distintivos de la personalidad que se relacionan con la capacidad emprendedora, los cuales son: psicológicos (motivación, asunción de riesgo y control) y no psicológicos (sucesos infantiles, experiencia y antecedente familiar). Mavilla, Tinoco y Campos (2009) la asocian con la realización personal, planificación, relación social (bienestar individual y colectivo); creatividad (solucionar problemas y crear éxito). Trujillo, Girola, Figarella y Navas (2002) manifiestan que la innovación es otro factor que determina la capacidad emprendedora ya que en un sentido amplio es el desarrollo de la creatividad frente a la solución de problemas. Estas soluciones aumentan la competitividad, siendo así el generador del cambio (Espíritu, González y Alcaraz, 2012).

La literatura científica ha empezado a converger en un grupo determinado de rasgos que integran la personalidad emprendedora:

  1. Locus de Control Interno: Las personas con un locus de control interno alto piensan que ellos son capaces de controlar los resultados, por lo que dedicarán más esfuerzo y persistencia hacia los resultados deseados, lo que, a su vez, debería ayudar a iniciar una aventura empresarial y a mantenerla exitosamente. Por el contrario, las personas con locus de control externo pueden ser más pasivas.
  2. Autoeficacia: La autoeficacia se refiere a la convicción de que uno puede organizar y ejecutar efectivamente acciones para producir unos resultados. Refleja la percepción para realizar un trabajo o tarea concreta. La autoeficacia afecta a la elección de la acción y a la cantidad de esfuerzo ejercido. La iniciativa empresarial conlleva importantes riesgos y dificultades, por lo que parece claro que los emprendedores necesitan altos niveles de autoeficacia (Martínez, Mira y Gómez, 2012).
  3. Propensión al Riesgo: Los individuos con puntuaciones altas en esta dimensión estarán inclinados a comportamientos de alto riesgo, es decir, considerarán las alternativas cuyas consecuencias finales puedan alejarse de su marco de expectativas de resultados. La actividad emprendedora implica, por definición, asumir riesgos de algún tipo. La propensión al riesgo es, junto con la proactividad y la innovación, una de las tres dimensiones de la llamada orientación emprendedora. La tolerancia y actitudes positivas hacia el riesgo predicen la formación de intenciones emprendedoras.
  4. Proactividad: Se refiere a la tendencia a iniciar y mantener acciones que directamente cambian el ambiente circundante. Las personalidades proactivas identifican oportunidades y actúan sobre ellas, muestran iniciativa, realizan acciones directas y perseveran hasta que consiguen un cambio significativo. La proactividad es otra de las dimensiones indispensables en la denominada orientación emprendedora, lo que supone perseverancia, adaptabilidad y disposición para asumir la responsabilidad ante el fracaso.

Otras Habilidades y Cualidades

El mundo empresarial está marcado por la presencia de individuos excepcionales que, a través de su visión, determinación y habilidades únicas, logran destacar como emprendedores exitosos. Una persona emprendedora debe ser una gran comunicadora, capaz de transmitir a su entorno ideas de manera veraz, clara y persuasiva. La pasión es una de las cualidades de emprendimiento por antonomasia. La capacidad de generar ideas innovadoras es esencial para sobresalir en entornos competitivos. La motivación es la cualidad que impulsa al emprendedor a superar obstáculos y alcanzar metas.

Otras características que definen a un emprendedor exitoso incluyen: Visión y Creatividad (ver oportunidades donde otros ven desafíos), Resiliencia (capacidad de sobreponerse a los fracasos), Pasión por su trabajo, Enfoque al cliente, Gestión Financiera y Planificación, Liderazgo y Trabajo en Equipo, y Capacidad para Identificar Oportunidades (estar atentos a las tendencias y cambios del mercado).

A continuación, se presenta una tabla resumen de capacidades emprendedoras clave:

Tabla de Capacidades Emprendedoras Clave

Capacidad Descripción
Autoconfianza Creer en sí mismo y en la posibilidad de conseguir metas personales.
Orientación al Logro Persistencia para conseguir metas y objetivos personales.
Asunción de Riesgos Predisposición a no evitar situaciones que impliquen incertidumbre o riesgo potencial.
Expectativa de Control Capacidad de la persona para asumir la responsabilidad de sus propias acciones.
Tolerancia a la Frustración Capacidad de persistir a pesar de las dificultades o retrasos.
Orientación Comercial Preferencia por las relaciones interpersonales laborales.
Trabajo en Equipo Capacidades organizativas y de coordinación.

Factores Influyentes y la Perspectiva de Género en la Capacidad Emprendedora

En el desarrollo de la capacidad emprendedora no solo influyen situaciones personales o del entorno, también está el aspecto organizacional que afecta directamente de manera positiva o negativa en las decisiones que pueda tomar (López, Romero y Díaz, 2012). El ambiente laboral y las condiciones en las que se desarrollan son el medio que motiva su participación y confianza (Periz, Peris y Ribeiro, 2010). Desde un enfoque económico, la capacidad emprendedora está relacionada con el rendimiento de la empresa, sector o país, y desde la perspectiva sociológica se centra en rasgos personales (Suárez y Pedrosa, 2016).

El campo del emprendimiento asocia tradicionalmente atributos como el riesgo, la creatividad y la conquista a los hombres, siendo esta práctica más masculina y ocasionando una división del trabajo que delega a las mujeres a cumplir con su rol en el hogar. Se reconoce que el rol de la mujer viene enmarcado en la sociedad como aquella que debe cuidar de su hogar y educar a sus hijos, orientándolas a ocupar su tiempo cumpliendo este rol y mentalizándolas a dejar en menor grado la incursión en el campo laboral.

El Impacto del Género en la Capacidad Emprendedora

Un factor importante que distingue la capacidad emprendedora desde la perspectiva de género es la percepción de la oportunidad; a diferencia de los hombres, si las mujeres sienten que tienen capacidad y creen que llegarán al éxito, ellas se verán motivadas (Pineda Duque, 2014). Sin embargo, la falta de confianza y el miedo a fracasar obstaculizan su visión y se limitan a emprender debido al riesgo (Reyes, Pinillos y Soriano, 2014). Ventura y Quero (2013) mencionan que los hombres son más destacados en la cultura de los negocios y la capacidad que tienen para emprender debido a la absoluta confianza que poseen.

La autoeficacia percibida se destaca como el reconocimiento de la propia capacidad emprendedora que se posee, generando emociones positivas (Martínez, Mira y Gómez, 2012). Para los hombres, esta está relacionada con sus frustraciones laborales y por estabilidad económica. En cambio, las mujeres la relacionan con la carencia de oportunidades laborales y el sentido de inferioridad frente a los hombres (Alvarez, Noguera y Urbano, 2012).

En este sentido, Díaz, Hernández, Sánchez y Postigo (2010) resaltan que se han realizado investigaciones enfocadas en el género, comparando las capacidades y comportamientos entre hombres y mujeres en el sector empresarial. Los estudios anteriores se centraban en la participación de los hombres emprendedores, pero se han ido enfocando también en la mujer debido a su creciente presencia en el campo del emprendimiento y la generación de proyectos exitosos (Escamilla y Caldera, 2013).

Un estudio empírico realizado en la ciudad de Machala, Ecuador, con el propósito de analizar la dependencia que tiene el nivel de capacidad de emprendimiento de las personas en relación al género, reveló hallazgos significativos. Mediante la aplicación de un cuestionario validado por Flores (2003) a 982 individuos, se obtuvo que el género masculino tiene una mayor capacidad emprendedora que el género femenino. Específicamente, se estableció que la capacidad emprendedora está determinada por la condición de género en la ciudad de Machala, ya que el género masculino obtuvo una media de capacidad de 80.71, valor mayor que el de las mujeres, que fue de 70.48.

Estos resultados confirman lo indicado por Reyes, Pinillos y Soriano (2014) en relación a las diferencias significativas por razón de género, aunque su estudio también incluye la iniciativa, proactividad y creatividad de las personas.

Desarrollo y Desafíos de la Capacidad Emprendedora

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Emprendedor no se nace, se hace. Por eso, es muy importante la formación y la voluntad de afrontar el sacrificado reto de hacerlo. La formación tiene un papel clave en el desarrollo de las competencias emprendedoras. Realizar cursos, talleres o programas educativos en emprendimiento proporciona conocimientos fundamentales y herramientas prácticas para la gestión empresarial. Convertirse en un emprendedor exitoso implica un constante proceso de aprendizaje, adaptación y mejora tanto a nivel personal como profesional.

Formación y Adquisición de la Capacidad Emprendedora

Para fortalecer la capacidad emprendedora, es necesario estimular a nivel individual y familiar, experiencias y capacidades que lo diferencien del colectivo (Terán y León, 2010). Más de la mitad de los proyectos emprendedores fracasan por la personalidad de las personas que los llevan a cabo. Para que un proyecto empresarial tenga éxito es necesario conocer las competencias emprendedoras de la persona o personas que van a estar al frente del mismo.

Además de la educación formal, el desarrollo de habilidades emprendedoras también se nutre del networking (las redes de contacto son vitales para el crecimiento de un negocio) y la experiencia práctica. Es crucial cultivar una mentalidad emprendedora, que implica encontrar un propósito y definir una visión, desarrollar un plan de negocios bien estructurado, y saber cómo conseguir financiación, ya que acceder a financiamiento es esencial para la mayoría de los emprendedores.

Desafíos Comunes en el Camino Emprendedor

El camino del emprendimiento no está exento de desafíos. Algunos de los más comunes incluyen la incertidumbre financiera, la competencia intensa en muchos mercados saturados, y el desafío de encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida personal, ya que el emprendimiento puede ser absorbente.

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