Amaya Arzuaga: Del glamour de las pasarelas al sabor de la Ribera del Duero
Amaya Arzuaga, una figura icónica que ha sabido transformar su visión creativa desde el mundo de la moda hasta el universo de la alta gastronomía y el enoturismo, representa un ejemplo de reinvención y éxito empresarial. Su trayectoria, marcada por la audacia y la búsqueda constante de la excelencia, la ha llevado a consolidar un legado multifacético que hoy florece en la Ribera del Duero.
Una trayectoria deslumbrante en la moda
Desde muy joven, Amaya Arzuaga mostró un interés innato por la moda. Cansada de la uniformidad en el vestir, se matriculó en la Escuela Superior de Diseño de la Universidad Politécnica de Madrid, tras lo cual se incorporó a la empresa textil familiar, Elipse, en 1992. No tardaría en lanzar su propia colección en 1994, debutando en la Pasarela Gaudí y, un año después, arrasando en la Pasarela Cibeles. Su estilo personal, transgresor y vanguardista, la llevó a conquistar las pasarelas internacionales.
En 1996, hizo historia al ser la primera española en desfilar en solitario en la London Fashion Week, un hito que la proyectaría a Milán, Nueva York y Tokio, hasta alcanzar la cúspide en París. A lo largo de su carrera, sus diseños, que se vendían en boutiques de medio mundo, se caracterizaron por:
- Materiales de extrema calidad, como la piel ceñida al cuerpo.
- Asimetría y volúmenes exagerados.
- Superposición de piezas.
- Una paleta cromática moderna y vanguardista, pero totalmente ponible.
Su éxito no pasó desapercibido, recibiendo importantes reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2005 y el Premio Nacional de Diseño de Moda en 2013. Este último galardón, dotado con 30.000 euros, destacó su estilo propio, innovador y contemporáneo, forjando un proyecto empresarial reconocido en las pasarelas internacionales más importantes. Además, Arzuaga también incursionó en el diseño de vestuario para películas, como 'Carne Trémula' de Pedro Almodóvar, y colaboraciones con espectáculos como 'Pasión Gitana' de Joaquín Cortés.
Reconocimientos en el mundo de la moda
| Año | Reconocimiento | Notas |
|---|---|---|
| 1999 | Premio a la Diseñadora del Año en España | |
| 2005 | Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes | |
| 200X | Premio a Empresaria Joven de Expansión | Por la creación y éxito de su firma |
| 2013 | Premio Nacional de Diseño de Moda | Primera mujer en recibir este galardón |
El giro hacia la hostelería y la Ribera del Duero
A pesar de su éxito rotundo en la moda, Amaya Arzuaga decidió bajarse de las pasarelas en 2017. Esta decisión, tomada en un contexto de cierta crisis económica pero no creativa, reflejaba su deseo de explorar nuevas facetas y dedicarse a la empresa familiar. "Siempre supe que no quería dedicarme eternamente a la moda. Mi meta era retirarme a los 40 y por circunstancias fue un poquito más tarde, pero siempre tuve claro que quería hacer otras cosas en la vida", confiesa. Se mudó del madrileño barrio de Salamanca a la finca La Planta, un entorno natural privilegiado de 1.400 hectáreas en plena Ribera del Duero, para implicarse en el día a día de Bodegas Arzuaga Navarro, ocupándose del hotel familiar.
El detonante de este cambio fue un incidente durante un desfile: "Un día antes de empezar un desfile hubo un fallo durante el minuto de blackout en el que se prueban luces y sonido y aquello se alargó como cuatro. Se me hicieron eternos y dije: 'Yo no quiero estar más aquí'". Este giro no implicó arrepentimiento, sino una evolución natural: "En la moda llegué hasta donde podía llegar. No era mala, pero tampoco la mejor y cuando dejé de disfrutar del camino, supe que tenía que cambiar de vida."
La influencia paterna fue clave en su afición por la cocina y el mundo del vino. Sus primeros recuerdos son gastronómicos, y su padre, Florentino Arzuaga, un amante de la buena mesa, les inculcó desde pequeños la importancia de educar el paladar. La despedida de las pasarelas coincidió con una ampliación de la bodega, y Amaya propuso crear un restaurante gastronómico en el nuevo espacio. Su padre aceptó, con la condición de que ella se encargara.
Hotel & Spa Amaya Arzuaga y el restaurante Taller
Así nació Taller, un restaurante de alta costura gastronómica que en solo dos años consiguió una estrella Michelin. Amaya se implicó en cada detalle, desde la decoración del espacio, con piezas de diseño de los hermanos Campana y Tom Dixon, hasta la concepción de los túneles de luz que conducen al gastronómico y al wine bar, aportando un contrapunto psicodélico al sobrio estilo castellano del edificio. El complejo también alberga un completo spa, las instalaciones de la bodega y un restaurante tradicional, ofreciendo una experiencia enoturística integral.
El nombre "Taller" evoca su pasado en la moda: "Un taller es movimiento, creatividad constante. Siempre he pensado que todo puede cambiar, mejorar y que si no evolucionas, te mueres. Por eso quise que llevara ese nombre: un espacio de búsqueda y transformación continua. De error y de ensayo".
En Taller, Amaya aplica su creatividad en la dirección gastronómica. En 2019, obtuvo su primera estrella Michelin, y este año, la luminaria verde que reconoce su compromiso con la sostenibilidad. La propuesta culinaria, ahora liderada por la chef salmantina Sara Ferreres, se centra en una cocina castellana actualizada que valora los productos de su huerta y finca, sin cerrarse a incorporar otros que complementen sus platos. El equipo de sala, predominantemente femenino, está encabezado por Irene González, quien dirige una impresionante bodega con 700 referencias.
Taller ofrece dos menús degustación, Reserva y Gran Reserva (10 y 15 pases por 120 y 165 euros sin maridaje, respectivamente), además de una opción de carta (ticket medio de 80 euros). Los aperitivos se degustan en la cava y frente a la cocina vista. Algunos de los platos destacados incluyen:
- El icónico Huerto ecológico, donde los brócolis forman parte de la vajilla.
- Espárrago de Tudela de Duero escalfado con crema de chalota.
- Guisantes lágrima con quisquillas y una emulsión de cecina de jabalí de la finca.
- Pichón de Bresse acompañado de arroz de caza.
- Chuletilla de lechazo con mollejas caramelizadas y cremita de patatas a la importancia.
La chef Sara Ferreres, quien estudió fotografía y diseño gráfico, ha encontrado en Taller la oportunidad de brillar en el mundo de la gastronomía, aportando equilibrio y coherencia entre el menú y la finca. La sostenibilidad es un pilar fundamental, con huerto propio, panales, gallinas que se alimentan con restos de verduras, compost, placas solares y una depuradora que devuelve agua potable al río, reflejando una economía circular.
La Finca La Planta: Origen y visión
Adquirida en 1982 por la familia Arzuaga, La Planta es una reserva cinegética de caza mayor de 1.400 hectáreas, donde conviven jabalíes, ciervos, muflones, gallinas, ovejas, monte, huertos y viñedos (463 hectáreas de Bodegas Arzuaga Navarro, la mayoría cultivadas en ecológico). Es un lugar único donde la naturaleza y la producción de vino se entrelazan. El nombre de la finca proviene de una encina milenaria y del vino más popular de la bodega, La Planta.
En este entorno, se ofrecen catas en plena naturaleza, con productos de kilómetro cero, como huevos de sus gallinas o tortilla de chorizo de jabalí, e incluso experiencias a bordo de un barco eléctrico por el río Duero. La familia Arzuaga siempre ha fomentado el amor por el vino, y la visión de Florentino Arzuaga, padre de Amaya, fue clave para la creación de la D.O. Ribera del Duero en 1982.
Amaya, aunque no es enóloga, aporta su conocimiento en moda al negocio familiar a través de la imagen, el diseño de espacios, catas y experiencias, complementando la visión clásica y técnica de los bodegueros. Su objetivo es seguir desarrollando proyectos y explorando nuevas ideas, siempre con la filosofía de no aburrirse y seguir cultivando, como la tierra y la vida. Su gran ambición es conseguir una segunda estrella Michelin para Taller, un camino que afronta con la misma exigencia y pasión que la llevó a la cima de la moda.
