La empresa de Indias: Quién respaldó a Cristóbal Colón en su viaje a un Nuevo Mundo
A 528 años de la llegada de los españoles a América, aún existen controversias, dudas y misterios sobre el gran protagonista de esta historia: Cristóbal Colón. Desde la larga polémica sobre el lugar de su nacimiento -aunque muchos historiadores sostienen que Colón era genovés- hasta dónde están realmente enterrados sus restos: si en España o en República Dominicana.
Pero ¿quiénes fueron las figuras clave que hicieron posible su ambicioso proyecto de navegación? La historia tradicional a menudo simplifica este aspecto, atribuyendo el mérito principalmente a una figura. Sin embargo, la realidad fue más compleja, involucrando a varias personas y años de arduas gestiones.
Pie de foto: Cristóbal Colón fue uno de los hombres más importantes de la historia.
Los primeros años de Colón y su proyecto
Trazar un perfil biográfico de Cristóbal Colón, sobre todo durante los primeros años de su vida, plantea el problema de las incertidumbres y lagunas que aún hoy siguen existiendo. Los indicios más verosímiles plantean que probablemente Cristóbal Colón nació en Génova, hacia 1450, en el seno de una familia de modestos menestrales, con intereses comerciales.
En una primera etapa de su juventud, Colón compaginó su dedicación a la manufactura -la de su padre- con los primeros contactos con el mar, probablemente como grumete. Hacia 1473 debió abandonar la ciudad de Savona, donde residía su familia, y parece ser que fue entonces cuando empezó a trabajar en el activo comercio genovés, viajando hasta las colonias de esta ciudad en el Mar Egeo -como la isla de Chío-.
En 1476, Colón llegó a Portugal, al parecer, de una forma rocambolesca: como superviviente del naufragio en un combate naval entre mercantes y corsarios. También frecuentó las rutas portuguesas por la costa occidental de África, visitando San Jorge de Mina, la gran factoría portuguesa en Guinea. Y quizá conociese las Islas Canarias.
Su mujer, D.ª Felipa Monis de Perestrello, pertenecía a la clase alta portuguesa de fines del siglo XV. Por otro lado, el suegro de Colón, al que no llegó a conocer al haber fallecido antes del matrimonio, tuvo una participación muy directa en la colonización de las islas atlánticas.
La concepción de la "empresa de Indias"
En la elaboración de ese proyecto se conjugaron múltiples factores. La influencia de su hermano Bartolomé, que, aunque sea olvidada a menudo por la historiografía, tuvo un peso considerable. La formación de Colón era autodidacta aunque su hijo Fernando dijera que había estudiado en la Universidad de Pavía. La historiografía tradicional mantiene que las ideas de Colón se asentaban sobre tres bases teóricas y científicas que integraron las premisas esenciales de su proyecto. Il Milione, dictado por Marco Polo, en una edición de 1485. Toscanelli hablaba de la viabilidad de una navegación hacia la China por el oeste; un trayecto que se vería aún más facilitado porque podrían realizarse escalas en la mítica isla de Antilia y en Cipango (Japón). Colón conoció esta documentación -pues reprodujo algunas expresiones de forma casi literal-, bien porque se la remitiese el propio Toscanelli, o la consiguiese en la corte lusitana aprovechando sus contactos, o incluso por conductos menos confesables.
Pero estos planteamientos, fueran de Colón o Toscanelli, contenían importantes errores que, en último extremo, fueron los que impulsaron el proyecto y permitieron un éxito en modo alguno esperado. ¿Cuáles fueron esos errores? El segundo aspecto en cuestión era la estimación de la masa continental emergida. Ptolomeo afirmó que cubría 180º, mientras que para Marino de Tiro era de 225º, a lo cual se añadieron otros 28º a partir de la descripción de Marco Polo y 30º más que sería la distancia entre Japón y China.
Primeros intentos de financiación
No se sabe la fecha -aunque debió ser entre 1483 y 1485-, ni tampoco demasiados detalles sobre la primera oferta que Colón le hizo al rey de Portugal. Eran momentos de fuerte efervescencia en la empresa descubridora de Portugal. Juan II encargó el análisis de este proyecto a una junta de expertos que desestimó su viabilidad. Demetrio Ramos justifica el rechazo portugués en que Colón pretendía seguir el paralelo de las Islas Canarias para llegar a Cipango, lo que podría suponer la violación del Tratado de Alcaçovas (de 1480) por parte de Portugal, ya que éste concedía a Castilla las Islas Canarias «ganadas e por ganar» y lo que se encontrara podría entrar en ellas.
Subastarán carta que escribió Cristóbal Colón al descubrir América | ¡Qué Chulada!
Para realizar lo que el mismo Colón denominó «la empresa de Indias» era menester el apoyo de un rey o de un noble poderoso. Colón, ya viudo, llegó a Castilla hacia mediados de 1485 con su hijo Diego. Se dirigió hacia Palos de La Frontera, un puerto andaluz del condado de Niebla, al borde de la ría del Río Tinto y frente a la barra del Saltés. Allí entró en contacto con el Monasterio de La Rábida, donde el monje franciscano fray Juan Pérez se convertiría en un valioso defensor de su causa.
El papel del Monasterio de La Rábida
La visita a La Rábida también ha dado lugar a diversas controversias. Desde luego no fue una visita por azar, pues este monasterio no se encontraba en ninguna ruta habitual de comunicación. Algunos historiadores de los siglos XVI y XX han cuestionado que Colón visitase en 1485 el monasterio de La Rábida, y han datado dicho primer contacto unos años más tarde, en 1491.
Pie de foto: El Monasterio de La Rábida fue un punto clave en las gestiones de Colón.
Las gestiones ante los Reyes Católicos
Tras su primera estancia en Palos, Colón inició sus gestiones ante los Reyes Católicos en Córdoba, donde residía la Corte por su cercanía al frente granadino. La primera impresión causada por el proyecto colombino no resultó favorable. Tras valorar como inviable el viaje-proyecto, la comisión emitió una resolución contraria a las pretensiones de Colón. Aunque no es posible determinar a ciencia cierta las causas de dicho dictamen, algunos autores afirman que el factor decisivo fue que Isabel la Católica no quería violar los términos del Tratado de Alcaçovas. No obstante, otros autores señalan un segundo motivo: los reyes no deseaban dispersar sus recursos en otro proyecto que no fuera el de la conquista del reino de Granada.
Pese a la resolución negativa de la Junta, Colón no se desanimó y volvió a entrevistarse con los Reyes Católicos en Málaga, a finales del verano de 1487. Los años 1487 y 1488 debieron ser especialmente duros para el descubridor. La noticia de que Bartolomé Díaz había doblado el Cabo de Buena Esperanza, demostrando definitivamente que existía comunicación marítima entre los océanos Atlántico e Índico y, por tanto, una vía para llegar a Asia por mar, hizo temer a Colón que su proyecto fuese abandonado definitivamente.
Por ello, intentó agilizar los trámites en los distintos frentes. Escribió a Juan II de Portugal y éste le contestó invitándole a ir a Lisboa. Con esta carta se entrevistó de nuevo con los Reyes Católicos, quienes aplazaron su decisión definitiva y le dieron una subvención. No se sabe a ciencia cierta si Colón llegó a realizar un nuevo viaje a Portugal a finales de 1488; de todos modos, si lo hizo, la respuesta debió ser igualmente negativa.
Pie de foto: Colón en la corte de Fernando el Católico. Xilografía según un óleo de Wenzel Von Brozik.
La decisiva intervención de fray Juan Pérez y Luis de Santángel
A finales del año 1491, Cristóbal Colón parecía a punto de renunciar al sueño que llenaba todos sus pensamientos desde hacía acaso una década. Con 40 años recién cumplidos, había consumido en vano los últimos seis haciendo gestiones ante el gobierno de Castilla en busca de apoyos para la expedición. Pese a que no faltó quien le secundase, los consejeros de los reyes y los expertos de la junta formada en Salamanca en 1486 se mostraban escépticos, cuando no hostiles, a un proyecto inusitado.
Cuando a fines de 1491, justo antes de lanzar el asalto a Granada, los reyes lo recibieron en Santa Fe y de nuevo rehusaron garantizarle el apoyo a su empresa, el genovés decidió abandonar la corte y marchó a Huelva, al monasterio de la Rábida. Fue entonces cuando fray Juan Pérez, el monje de la Rábida que lo había acogido en 1485 y que desde el principio había creído en su plan, decidió hacer una última gestión. Pérez había sido confesor de la reina Isabel y confió que ella le atendería. En efecto, la reina lo recibió, y aquella conversación fue decisiva para que la reina volviera a llamar a Colón y para que éste, en una audiencia en Santa Fe justo después de la rendición de Granada, convenciera a los monarcas de que apoyaran su empresa.
Las influencias de Medinaceli quizá fueron las que hicieron decantarse en favor de Colón a personalidades como el cardenal Mendoza, el contador real Alonso de Quintanilla o fray Diego de Deza, preceptor del príncipe D. Juan. Pero el factor definitivo llegó con la intervención de Luis de Santángel y Mallorca. Este judío converso, escribano de ración y prestamista de la Corona de Aragón, tenía una excelente relación con el Rey Fernando y una considerable influencia económica.
En 1486, el navegante genovés conoció a Don Luis de Santángel y este se entusiasmó del proyecto y lo convenció de intentarlo de nuevo, convenciendo a los reyes de que lo volvieran a escuchar. Esta vez el proyecto se presenta con el apoyo del escribano, cuando lo expone ante la corte y además se ofrece a financiarlo, convenciendo a los reyes de aceptar las condiciones que ponía el navegante.
Pie de foto: Luis de Santángel, el financiero clave.
Isabel I de Castilla: la gran impulsora
Sin dudas, la gran mujer en la vida de Cristóbal Colón fue la reina Isabel de Castilla, que gobernó el reino desde 1474 a 1504. Cristóbal Colón presentó en 1486 su proyecto a los reyes Católicos para crear una nueva ruta hacia las Indias por el océano Atlántico. En aquel momento, su idea no era prioridad para el reino, pero fue Isabel quien le dio a Colón el apoyo financiero y la bendición que necesitaba para su expedición.
De lo que sí hay registros es de que Cristóbal Colón congenió mucho mejor con Isabel I que con su marido el rey Fernando II de Aragón. "Hay un cronista que dice que Colón hacía reír a la reina Isabel, que la encandilaba. Hablaba y ella se quedaba con la boca abierta encantada de escucharlo. Y debe haber sido así, Colón era un hombre atractivo que sabía vender muy bien su idea", describe Consuelo Varela.
El Almirante supo seducir a la reina con tres promesas que a ella le interesaban: convertir al cristianismo a mucha gente, engrandecer sus tierras y conseguir muchas riquezas. Isabel fue indudablemente la mujer clave que impulsó y apoyó a Colón en su aventura. El resto ya es historia conocida.
Pie de foto: Isabel la Católica fue una mujer clave para que Cristóbal Colón pueda llevar a cabo su sueño.
Las Capitulaciones de Santa Fe y la financiación
En Santa Fe, Colón se cuidó de hacer encajar su empresa con el clima de exaltación religiosa que acompañaba el fin de la Reconquista. Según afirmó, el viaje a la India permitiría llevar ayuda a los cristianos de aquel continente, trabajar por la conversión de los infieles y, además, utilizar los beneficios económicos de la expedición, que se preveían ingentes, para financiar una cruzada que liberara Jerusalén de los musulmanes.
En cualquier caso, los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se dejaron convencer e incluso aceptaron, después de un amago de retirada por parte del genovés, las desorbitadas exigencias de éste en términos de autoridad personal, tal como quedaron plasmadas en las Capitulaciones de Santa Fe, suscritas el 17 de abril de 1492.
Sin duda debieron de pensar que poco importaban tales concesiones en una empresa de resultado tan incierto y, por otra parte, ésta tampoco les iba a resultar gravosa económicamente, pues el presupuesto, de unos dos millones de maravedíes, quedaba cubierto por un préstamo realizado por un funcionario del rey, Luis de Santángel, por la propia aportación de Colón (gracias a un préstamo particular) y por la contribución forzosa de la ciudad de Palos, que debió proporcionar dos de las tres carabelas de la expedición.
La interpretación de las Capitulaciones de Santa Fe ha dado origen a diversas controversias. Algunos investigadores propugnan que tuvieron carácter de concesión graciosa de Isabel y Fernando. Otros, en cambio, explican que tenían más bien un carácter de contrato. La diferencia entre ambas concepciones radica en que en el primer caso, los monarcas podían modificar las condiciones de la gracia; mientras que en el segundo, el contrato estaba amparado por el Derecho Natural, que obligaba a su cumplimiento incluso a los reyes. Esta cuestión ya se suscitó en tiempos de Colón y de su heredero directo, y entonces tuvo una gran importancia y fue debatida en enconados pleitos.
Detalles de la financiación
De su fortuna personal, y sin intereses, Luis de Santángel anticipó 1,140,000.00 maravedís, de la cantidad que los Reyes tenían que aportar a la empresa para armar la flota expedicionaria. En el Archivo de Simancas se conservan los originales de sus libros de cuentas, donde consta que el préstamo no se canceló sino al cabo de mucho tiempo con rentas castellanas, forma de reintegro que se adoptó siguiendo la línea marcada por los Monarcas de excluir a la Corona aragonesa de toda participación en los asuntos relativos al Nuevo Mundo.
Francisco Martínez Martínez, en su obra “El descubrimiento de América” dice “… la excelente reina castellana no pudo empeñar, ni mucho menos vender, sus joyas, dado que no podía disponer de ellas, al estar depositadas en Valencia“. Es el secretario del rey, Luís de Santángel, quien firma las Capitulaciones, y están guardadas en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona.
Además, el genovés ya había financiado parte del viaje mediante un préstamo de su amigo, el florentino Juanoto Berardi. Debido a una sanción, la Corona había obligado a la villa de Palos (Huelva) a construir dos naves para el almirante. El resto se financió con unos 1.157 maravedís, entre otras cosas.
Aquí se presenta una tabla resumen de las principales fuentes de financiación:
| Fuente de Financiación | Aportación (Maravedíes) | Notas |
|---|---|---|
| Préstamo de Luis de Santángel | 1,140,000 | Anticipado de su fortuna personal, sin intereses. |
| Préstamo de Juanoto Berardi | Parte del viaje | Amigo florentino de Colón. |
| Aportación de la villa de Palos | Dos carabelas | Obligación forzosa por sanción real. |
| Otras fuentes menores | ~1,157 | Incluye otras contribuciones menores. |
Las concesiones a Colón
En primer lugar, se reconoció a Colón el título de Almirante en todas las islas y tierras «que por su mano e yndustria se descubrieran o ganaran», como dice el mismo documento. Sus prerrogativas serían iguales a las del Almirante de Castilla, y las obtendría con carácter hereditario para sus sucesores. Y se le permitió «contribuir con la octava parte en la armazón de navíos que fueran a tratar y negociar a las tierras descubiertas. Todas estas concesiones estaban condicionadas por el éxito de la empresa.
Pocos días después, el 30 de abril del mismo 1492, los Reyes Católicos ampliaron aún más dichas gracias, convirtiendo en hereditario el título de Virrey y reconociéndole la categoría de «Don». En conjunto, son unas concesiones exorbitadas, que contrastan con la política autoritaria de los Reyes Católicos, intentando limitar las prerrogativas de los poderes internos de sus reinos. De hecho, le reconocieron a Colón -tal como afirma Chaunu, «un inmenso e ilimitado señorío, de tradición feudal, salvo la soberanía de los Reyes, que quedaba muy recortada en sus atribuciones». En ningún momento se especificaron objetivos geográficos. Las referencias a Catay, Cipango o las Indias siempre se encuentran en documentos privados.
La preparación de la expedición
Entre los documentos expedidos por los Reyes Católicos el 30 de abril de 1492 sobresale una provisión dirigida a los vecinos de Palos de la Frontera, que les ordenaba servir con dos carabelas durante doce meses, en virtud de unas penas impuestas con autoridad. El costo de la expedición fue estimado en 2.000.000 de maravedíes, más el sueldo de Colón. Colón comunicó las órdenes reales que traía para las otras autoridades de los demás puertos del Atlántico andaluz, conminándoles a que le auxiliasen en cuanto fuera menester.
En estas condiciones, resultó fundamental la ayuda que le prestaron los hermanos Pinzón, cuya amistad le procuraron los monjes de La Rábida. Los Pinzón eran marinos que habían ganado grandes riquezas y prestigio como comerciantes de salazones -desde los mares del norte hasta Italia-, como corsarios e, incluso, por haber participado en las recientes guerras contra Portugal. Si bien Colón mandó embargar unos barcos en Moguer, no los debió utilizar. Al parecer, fue Martín Alonso Pinzón quien contrató los barcos definitivos, pues él conocía bien las condiciones de los navíos de la región, y es posible que los hubiera tenido a su servicio.
Pie de foto: Representación de la Pinta, la Niña y la Santa María.
Las embarcaciones fueron: la Santa María, que tenía una eslora de 29 metros, tres palos, velamen redondo y un tonelaje que Morrison estimó en más de 100 tm. de arqueo -capacidad de carga de 100 toneles-, y que, en cambio, Molinari afirmó que era de 325 tm. La Pinta tenía una eslora de 22 metros, tres palos, velamen redondo y la mitad de tonelaje que La Santa María. La Niña tenía una eslora de 24 metros, desplazaba un tonelaje algo menor que La Pinta. Tenía tres palos con velas latinas, pero fueron cambiadas en la escala de Canarias por otras redondas.
Según Alicia Gould, partieron 87 tripulantes y otros 9 marinos. No obstante, otros investigadores han elevado la cifra de expedicionarios hasta 120 hombres. En su mayor parte, la tripulación estaba compuesta por hombres de mar andaluces, muchos de ellos de Palos, con experiencia en navegación atlántica.
