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Los Valores Evangélicos Fundamentales Propuestos por Jesús

by Admin on 14/05/2026

Como personas, se nos enseñan valores que debemos seguir, ejemplos como la honestidad o la humildad. Pero, ¿sabemos cuáles son los valores que debemos tener como cristianos? En este artículo, deseamos ayudarte a entender cuáles son los valores que Jesús nos enseñó para aplicar a nuestra vida como cristianos e Hijos de Dios.

Los valores cristianos son los principios que están fundamentados en la palabra de Dios y vividos de manera plena por Jesús. El gran paso adelante, dado por el Nuevo Testamento con relación al Antiguo, puede ser descrito como el paso del cumplimiento exterior de las leyes hacia la interiorización de valores, del cumplimiento de la letra de la ley hacia la libertad del Espíritu. Jesús nos desafía a ir más allá de todas las leyes, reglas, principios, y aún de los diez mandamientos, a fin de que nos volvamos totalmente responsables de nuestros actos. Nos presenta al mismo Jesús como modelo de la verdadera libertad y aclara los valores por los cuales Él vivió.

El Gran Valor Evangélico: El Amor y la Persona

Básicamente, existe solo un VALOR en el Evangelio: el valor del amor y la compasión-justicia del corazón. Podríamos expresar esto de otra forma, y decir que el único valor del Evangelio son las PERSONAS. Las personas son más importantes que el dinero, el "status", la sabiduría, el poder o cualquier otra cosa del mundo. Para Dios solo hay un gran valor: las personas. Es por eso que hablamos de amor, compasión, justicia.

Jesús vivió en una sociedad judaica donde los valores predominantes eran los del Antiguo Testamento y valores muy mundanos: dinero, poder, "status", egoísmo de grupo. Jesús respondió a cada uno de esos valores mundanos, presentando el valor divino correspondiente. Si dividimos el único gran valor que es el amor en cuatro, es para corresponder a los cuatro valores predominantes del mundo:

El Valor de Repartir frente al Dinero y las Posesiones

El área de la vida que abarca todo aquello relacionado con el dinero y con la posesión incluye el tipo de casa en que vivimos, la comida que comemos, la ropa que usamos y todos los otros bienes materiales que utilizamos, así como la compra venta y producción de los mismos. Una gran parte de los dichos y parábolas de los cuatro Evangelios, especialmente el de Lucas, se refieren al dinero y a las posesiones.

Jesús adoptó una posición inflexible contra el valor mundano del dinero: no se puede servir a ambos, a Dios y al dinero (Mt 6, 24). Es necesario escoger uno u otro, nadie puede tener ambos. Aquellos que escogen el dinero se excluyen a sí mismos del Reino. Jesús llamó "ricos" a aquellos que escogen el dinero en vez de Dios. "¡Ay de aquellos que son ricos!" (Lc 6, 24). La única calificación posible para esto que se encuentra en los Evangelios es la calificación implícita en la parábola de Lázaro y el hombre rico (Lc 16, 19-31).

¿Qué deben hacer entonces los ricos? Deben simplemente dejar de ser ricos. Deben pasar por una conversión fundamental, dejar el dinero y volverse hacia Dios. Necesitan desligarse de su riqueza y luego probarlo en la práctica, distribuyendo, compartiéndola con los necesitados. Jesús puso esto de forma muy simple y directa: "vende tus bienes y comparte el producto con los pobres" (Mt 6, 19-21; Lc 12, 33-34). Este consejo es para todos los que desean ser sus discípulos, a todos los que quieren seguirlo. El valor evangélico aquí es el de REPARTIR. El objetivo de esa repartición no es simplemente probar nuestro despego de las cosas materiales, sino asegurar que los pobres sean alimentados, que cada uno pueda tener lo que necesita, y que nadie sufra necesidades. En otras palabras, repartir es simplemente el amor, la compasión y la justicia, vividas en el área del dinero y de los bienes.

La Dignidad Humana frente al Estatus Social

En la sociedad de Jesús, las personas eran tratadas con diferentes grados de honor y dignidad, o con poco o ningún respeto, de acuerdo con el status o posición ocupada en la sociedad. Lo que las personas más valoraban, era el status, y el hecho más importante con relación a cualquier otra persona era su posición en la escala social. Jesús contestó de modo incisivo ese valor mundano.

Lo que Jesús exige es que abandonemos toda la preocupación por el status y el prestigio. Debemos satisfacernos con el último lugar, no porque deseemos especialmente el último lugar, sino porque nuestro lugar en la sociedad no es lo más valioso para nosotros. Jesús demostró esto claramente en su propia vida. Trató a todos con igual respeto y honra. Se mezcló con los parias de la sociedad: mendigos, proscritos, prostitutas y recolectores de impuestos. Favoreció a los pobres y a todos los que eran despreciados y maltratados por la sociedad (Lc 6, 20-23). Trató a las criaturas con el mismo respeto que a los adultos, y a las mujeres les dio el mismo trato que a los hombres. El valor opuesto a este, el valor evangélico, es la DIGNIDAD HUMANA. Esto significa que una igual dignidad, respeto y honra deben ser conferidos a TODAS las personas humanas, porque TODAS son hechas a imagen y semejanza de Dios. A los ojos de Dios, somos iguales en status, dignidad y valor.

Esto es la base de toda verdadera humildad. Si basamos el respeto propio en nuestra dignidad de seres humanos, conferida por Dios, reconociendo que compartimos esa dignidad con todos los otros seres humanos, tendremos una humildad verdadera y liberadora. El respeto por la dignidad humana es la base del amor y de la justicia en las relaciones sociales. Amar a todos en nuestra sociedad es tratar a todos con igual respeto. Practicar la justicia es corregir los errores de la discriminación, el preconcepto, el privilegio, y trabajar para que haya verdadera igualdad, verdadera fraternidad en la Iglesia y en la sociedad.

La Solidaridad Humana frente al Egoísmo Grupal

La raza humana está dividida en grupos sociales, tales como: naciones, tribus, clanes, familias, culturas, clases, razas, religiones y sectas religiosas. El problema no es el hecho de que haya grupos sociales ni aún su solidaridad, sino el egoísmo de un grupo frente a los otros grupos, algo mucho más serio, peligroso y perjudicial. Jesús contradice este valor social.

Él salió fuera de su propio grupo religioso, social y cultural, para abrazar a toda la raza humana como a sus hermanos y hermanas, como a sus parientes y vecinos. El mandamiento del Antiguo Testamento de amar al prójimo había sido interpretado siempre en el sentido de vivir en solidaridad con aquellos que están próximos, los miembros de nuestro grupo social (ver Lev 19, 16-18). Jesús contradice esto con su bien conocido mandamiento: "Ama a tus enemigos". Prójimo es todo otro ser humano, inclusive los de fuera del grupo, incluso aquellos que son tus enemigos, que te odian, aquellos que te ofenden (Lc 6, 27-35). El hecho de considerar a la SOLIDARIDAD PARA CON LA RAZA HUMANA como un valor, no significa que ya no valoremos la lealtad y la solidaridad para con nuestro grupo social, sino que la solidaridad humana se hace MÁS IMPORTANTE para nosotros que cualquier solidaridad de grupo.

Esto me posibilita trascender las limitaciones de los varios grupos sociales que me definen y me clasifican. Mi primera lealtad es para con la familia humana. Paradójicamente, es esta lealtad básica para con la raza humana la que hace de mí un cristiano, un seguidor de Jesucristo, que se identificó con todos los seres humanos. "Todo lo que hiciereis con el menor de mis hermanos a mí lo haréis". Descubrir a Cristo o a Dios en otro ser humano es trascender todas las otras cosas que yo puedo tener en común con aquella persona y experimentar muy simple y profundamente la humanidad que tenemos en común.

El Poder como Servicio frente a la Dominación

La mayoría de nosotros tiene un cierto poder y autoridad, algún tipo de responsabilidad para con otra persona. El poder no es solo un factor en la política y en la sociedad, sino también un factor en la Iglesia, en los conventos, en las parroquias, en las familias, en las asociaciones. Jesús llamó a sus discípulos y les dio esta lección: "Como ustedes saben, los que son considerados como jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños; y los poderosos las oprimen con su poder. Pero entre ustedes no ha de ser así. Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, que se haga el siervo de todos." (Mc 10, 42-44).

Existen dos maneras diferentes de ejercer el poder y la autoridad: la diferencia existente entre dominación y servicio, entre desear ser servido y desear servir, entre usar el poder como opresor y usar el poder como libertador. Nosotros sabemos que el Espíritu de Dios nos está inspirando cuando dejamos de dominar a los otros de alguna manera, y cuando no sentimos más la necesidad de autoafirmarnos controlando todo lo que ellos hacen. La experiencia liberadora de superar nuestro egoísmo incluye la experiencia de servir a las personas porque las amamos, y no porque nosotros deseemos su admiración, reconocimiento y gratitud. Estos son los valores que deben transformar nuestra vida espiritual y especialmente nuestro esfuerzo en dirección a Dios en la oración.

Tabla 1: Valores Mundanos vs. Valores Evangélicos Propuestos por Jesús

A continuación, una comparación de los valores prevalentes en la sociedad de Jesús y sus contrapartes evangélicas:

Área de Vida Valor Mundano Prevalente Valor Evangélico Propuesto por Jesús
Dinero y Posesiones Riqueza, acumulación, alto "patrón de vida" Repartir (generosidad, compartir con los necesitados)
Relaciones Sociales Estatus, prestigio, jerarquía social Dignidad Humana (igualdad, respeto mutuo)
Grupos Sociales Egoísmo grupal, lealtad exclusiva al grupo Solidaridad Humana (amor al prójimo y al enemigo, trascendencia de grupos)
Poder y Autoridad Dominación, opresión, control Servicio (liderazgo como servicio a los demás)

JESUS SUS VALORES......................TODOS SOMOS CRISTIAN@S

Las Virtudes Teologales Fundamentales

Los valores que Dios propone son la fe, la esperanza y la caridad. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad (1 Cor. 13).

La Fe: Confianza en Dios y sus Promesas

La fe es un don de Dios, y hay que pedirla, como lo hicieron aquellos primeros seguidores de Jesús. La fe es un principio de poder. Dios tiene el poder de ayudarnos y generalmente trabaja de acuerdo a nuestra fe. Cuando tienes fe en Cristo, crees en Él como el Hijo de Dios y el Unigénito del Padre en la carne. Lo aceptas como tu Salvador y Redentor y sigues Sus enseñanzas. Crees que tus pecados pueden ser perdonados a través de su Expiación.

  • La fe es la prueba de las realidades que no se ven (Hebr. 11, 1).
  • El que cree en Él no será condenado, el que no cree se condenará (Mc. 16, 16).
  • Pero que la pida con fe, sin vacilar (Sant. 1, 6).
  • Sin la fe es imposible agradar a Dios (Hebr. 11, 6).
  • El justo vivirá por la fe (Rom. 1, 17).
  • La fe, si no tiene obras, está muerta (Sant. 2, 17).

Para crecer en fe, necesitamos descubrirla y experimentarla, porque no es suficiente con saberla. Ayudar a descubrir esa presencia, a aceptar ese don, y con ello es posible que muchas cosas cambiarán en la vida. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz (Jn. 3, 33).

La Esperanza: Perseverancia en las Pruebas

La esperanza es la confianza duradera en que el Señor cumplirá sus promesas para contigo. Se manifiesta en confianza, optimismo, entusiasmo y perseverancia paciente. Es creer y esperar que algo ocurrirá. Cuando tienes esperanza, trabajas a través de las pruebas y dificultades con la seguridad de que todas las cosas obrarán juntas para tu bien. La esperanza te ayuda a conquistar el desaliento.

  • Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Rom. 5, 2).
  • La esperanza es una segura y sólida ancla de nuestra alma (Hebr. 6, 19).
  • Persuadido de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido (Rom. 4, 21).
  • Porque nuestra salvación es objeto de esperanza (Rom. 8, 24).
  • Debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres (2 Ne. 31:20).
  • La esperanza de los malos se perderá (Prov. 10, 28).

La esperanza no falla, por la fuerza del Espíritu Santo (Rom. 15, 13). Es vivir para la eternidad por Dios que no miente (Tit. 1, 2).

La Caridad: El Amor Puro de Cristo

La caridad es el amor puro de Cristo e incluye el amor ilimitado de Dios por todos sus hijos. Debemos esforzarnos por desarrollar ese tipo de amor. El amor de Dios, más que definirlo, hay que vivirlo, hay que mostrarlo. No es suficiente decirle a alguien “Dios te ama”. Hay que decirle con hechos lo importante que es para nosotros.

  • “Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios (1 Jn. 4, 7).
  • “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado (Jn. 15, 12).
  • “Y el amor consiste en vivir de acuerdo a sus mandamientos (2 Jn. 1, 6).
  • La caridad es el vínculo de la perfección (Col. 3, 14).
  • Si no tengo caridad, nada soy (1 Cor. 13, 2).
  • La caridad no acaba nunca (1 Cor. 13, 8).

Infografía: La Caridad según 1 Corintios 13

  • La caridad es sufrida, es benigna.
  • La caridad no tiene envidia, la caridad no se jacta, no se envanece.
  • No se comporta indebidamente, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal.
  • No se regocija en la maldad, sino que se regocija en la verdad.
  • Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Al orar sinceramente por el don de la caridad, esfuérzate por vivir rectamente y servir a otros. Poco a poco podrás sentir una preocupación sincera por el bienestar y felicidad de otra gente. Evitarás sentimientos negativos de odio, envidia, lujuria o codicia. Evitarás juzgar, criticar o decir cosas negativas de ellos. Trata de entender a la gente y sus puntos de vista. Sé paciente con ellos y trata de ayudarles cuando tengan problemas o estén desanimados. La caridad, como la fe, lleva a la acción.

JESUS SUS VALORES......................TODOS SOMOS CRISTIAN@S

Otras Virtudes Cristianas Esenciales

Además de las virtudes teologales, otras cualidades son esenciales en la vida del cristiano, reflejando el carácter de Jesús.

La Virtud: Pureza de Pensamientos y Acciones

La virtud se origina en tus pensamientos y deseos más íntimos. Es un patrón de pensamiento y comportamiento basado en normas morales elevadas. Las personas virtuosas son limpias y puras espiritualmente. Se enfocan en pensamientos justos y edificantes y sacan de sus mentes los pensamientos indignos que llevan a acciones inapropiadas. Obedecen los mandamientos de Dios. Oran por fortaleza para resistir la tentación y hacer lo que es correcto.

  • Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por medio de su gloria y virtud (2 Pe. 1, 3).
  • Añadid a vuestra fe virtud; y a la virtud, conocimiento; y al conocimiento, templanza; y a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor (2 Pe. 1, 5-7).

La Paciencia: Aceptar la Voluntad y el Tiempo de Dios

La paciencia es la capacidad de soportar el retraso, problemas, oposición o sufrimiento, sin llegar a enojarse, frustrarse o estar ansioso. Es la habilidad de hacer la voluntad de Dios y aceptar su tiempo. Cuando eres paciente, eres resistente a la presión y eres capaz de enfrentar la adversidad de forma calmada y con esperanza. La paciencia está relacionada con la esperanza y la fe.

La Humildad: Sometimiento a la Voluntad del Señor

La humildad es la disposición de someterse a la voluntad del Señor y darle el honor de lo que se logra. Incluye la gratitud por sus bendiciones y el reconocer tu necesidad constante de su ayuda divina. Lo opuesto a la humildad es el orgullo, que está condenado en las escrituras. Ser orgulloso significa poner más confianza en uno mismo que en Dios o en sus siervos. Cuando humildemente confías en Dios y reconoces su poder y misericordia, puedes tener la seguridad de que sus mandamientos son para tu bien.

  • "Y si los hombres vienen a mí les mostraré su debilidad" (Eter 12:27).
  • El que se humilla será enaltecido en el Reino de los cielos (Mt 18, 4).

Jesús: Modelo de Vida y Plenitud Humana

Jesucristo es el hombre perfecto y nos revela el ideal de la perfección humana. Él es un apasionado del hombre. En la persona misma de Jesucristo, todos los valores alcanzan su cima. Él vivió su ideal, movido por una conciencia totalmente lúcida del porqué de su existencia, en clave de misión. Nunca perdió el sentido de lo esencial. Se compromete a fondo (Jn 18, 37), amando al Padre y a los hombres. Era fiel a su palabra, amigo de sus amigos y enemigos, hombre de una sola pieza. No se arredra ante la incomprensión, no se deja vencer por la fatiga (Jn 13, 1).

Su donación de sí mismo al Padre y a los hombres se expresa en su querer supremo del Padre (Jn 4, 34), en su afán de agradarle en todo (Jn 8, 29). Se retiraba a la soledad del desierto adonde se dirige para orar (Mc 1, 35; 9, 2), y donde fue tentado. Era sumamente sensible ante las realidades que tocan la vida de los hombres. Amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro (Jn. 11, 5). Estaba atento a las bodas de Caná, a la piscina de Betesda para ser curado (Jn 5, 6), y a la cananea que desea ardientemente la curación de su hija (Mt 15, 28). Se compadecía de las multitudes que estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor (Mt 9, 36). También se apiadaba de la vergüenza de la mujer sorprendida en flagrante adulterio (Jn 8, 1-11).

En el comienzo de su ministerio, Jesús anuncia la venida del Reino de Dios, acompañándolo con señales; «proclama que ha sido enviado a anunciar a los pobres la buena noticia (Cf. Lc 4,18), dando a entender, y confirmándolo después con su vida, que el Reino de Dios está destinado a todos los hombres», empezando por los más pobres y pecadores, invitando a la conversión (Cf. Mc 1,15). Él inaugura y anuncia el Reino de Dios para cada persona. La fe cristiana nos muestra a Jesucristo como la verdad última del ser humano, el modelo en el que el ser hombre se despliega en todo su esplendor ontológico y existencial.

Imagen: Jesucristo: Verdad Última y Modelo Perfecto

La Transmisión y Recreación de los Valores Evangélicos

Dios no solo crea un mundo, un jardín hermoso, un ambiente donde nacer y desarrollarnos. También nos ofrece valores para la vida y nos va llevando de la mano con delicadeza, en diálogo, con llamadas de atención, pero siempre atento, presente, cercano. En esta línea apunta la encíclica del papa Francisco Fratelli tutti (3 de octubre de 2020).

Los valores cristianos que aún se pueden reconocer en la tradición cultural de los pueblos se fundan en el acontecimiento salvífico del bautismo, en el hecho de ser estos pueblos mayoritariamente bautizados. Por el bautismo el hombre se incorpora a la Iglesia de Cristo y se constituye persona en ella: así descubre en plenitud su dignidad de imagen viva de Dios, de hijo suyo en la familia universal de los hijos, en la que todos son hermanos.

La Eucaristía es el sacramento de la caridad, que crea comunión y educa para la comunión; la vida eucarística de un pueblo tenderá a expresarse espontáneamente como solidaridad y amistad social (cf. Ecclesia in América, 35). Los valores evangélicos encarnados en la cultura han sido y son transmitidos sobre todo por la piedad popular. De un paciente y esclarecido esfuerzo para vincular y enraizar la piedad popular en la liturgia, de su referencia explícita a la Eucaristía dominical, puede surgir un nuevo vigor de la vivencia cristiana en el seno de las comunidades eclesiales y en el orden secular. Sería la realización más plena del vínculo entre culto y cultura.

La Iglesia ha depositado siempre su confianza en la capacidad racional del hombre para buscar y alcanzar la verdad, para comprender el sentido de la realidad y descubrir la presencia de Dios en el cosmos y en la historia personal y colectiva. Una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas.

Es necesario presentar la persona humana como el centro de toda la vida social y cultural, resultando en ella: la dignidad de ser imagen y semejanza de Dios y la vocación de ser hijos en el Hijo, llamados a compartir su vida por toda la eternidad. Estos valores pueden ser recreados como alternativa a los modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y la dignidad del hombre. Anunciarlo integralmente en nuestros días exige coraje y espíritu profético (Aparecida, 480).

“Recomenzar desde Cristo… Esta propuesta enlaza la nueva evangelización, entendida principalmente como evangelización de la cultura, con la primera y fundante, que supo encarnar hondamente valores cristianos en la vida de nuestros pueblos. Creemos que hace falta que todos pongamos nuestro granito de arena y empecemos a cambiar la situación desde casa, en la familia, desde pequeños. Necesitamos reconocernos hermanos todos, hijos amados de un mismo Padre y llamados todos al encuentro con él.

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