La Teoría de Schumpeter sobre el Emprendimiento y la Destrucción Creativa
En el mundo empresarial actual, el emprendimiento ha experimentado un auge significativo. El emprendedor es aquel individuo que identifica oportunidades donde otros no las ven, y se dedica a desarrollar su idea.
En este contexto, diversas teorías del emprendimiento buscan definir qué implica emprender y qué cualidades debe poseer un emprendedor. Estas teorías, enfocadas en la economía, la psicología y la sociología, intentan identificar los rasgos distintivos de las personas emprendedoras.
Una de las teorías más influyentes es la de Joseph Schumpeter, quien en 1912 desarrolló una teoría que establece que la creación de nuevas empresas como factor de desarrollo económico depende del empresario, quien realiza una combinación novedosa de los factores productivos tradicionales: tierra, trabajo y capital.
El Emprendedor como Motor de la Innovación
Schumpeter afirmó que el desarrollo económico de una sociedad es impulsado por la innovación. Según su teoría, la innovación es impulsada por los emprendedores que, buscando aumentar sus beneficios, querrán introducir nuevos y mejores productos, procesos o modelos de negocio para reemplazar a los anteriores al satisfacer mejor las necesidades de los clientes.
Así, al buscar beneficios, los empresarios generan innovaciones que consiguen hacer progresar a la sociedad, creando nuevas tecnologías y destruyendo a las anteriores. A este proceso, Schumpeter lo llamó “destrucción creativa”.
Un ejemplo lo tenemos en el mundo de la música: la cinta de casete fue sustituida por el CD, que a su vez fue reemplazado por el reproductor mp3, que recientemente ha sido sustituido por servicios de streaming como Spotify. Cada nueva innovación supuso una mejora, a la vez que acabó con el modelo anterior.
La Destrucción Creativa: Un Concepto Clave
Joseph Alois Schumpeter aludía al “proceso de mutación industrial que incesantemente revoluciona a las estructuras económicas desde dentro, destruyendo a las viejas y creando a las nuevas”. En su mejor momento en la empresa Kodak trabajaban 145.300 personas en todo el mundo. En Instagram solo trabajaban 15 personas.
Schumpeter entiende la Destrucción Creadora como el hecho esencial del capitalismo, es decir, como la experiencia genuina de la civilización capitalista. Esta civilización es el resultante de los procesos de modernización, los cuales suponen la tendencia al cambio radical en todas las dimensiones socioeconómicas; una tendencia vinculada significativamente al emprendimiento.
No obstante, en los últimos años, la Destrucción Creadora ha sido entendida de dos nuevas maneras, ambas complementarias de lo que dijo Schumpeter. Por un lado, como deseo, según lo cual cada uno ha de destruir y crear las condiciones de su propia vida. Por otro lado, como principio crítico, por el que el mencionado hecho esencial se concibe como un postulado para cualquier teoría crítica de la modernidad. Las dos comportan, pues, sendas filosofías políticas.
Esta tesis doctoral está divida en tres partes. En la primera, justifico la idea schumpeteriana según la cual la Destrucción Creadora es el hecho esencial del capitalismo y añado que ha entrado en una nueva fase durante las últimas décadas, a la que llamo “infoindustrial”. Considero el paso del emprendedor fáctico al emprendedor mítico y, siguiendo a ciertos autores marxistas (D. Harvey, B. Jessop, etc.), presento al neoliberalismo como una gramática autoritaria que no puede identificarse ni con el capitalismo ni con el emprendedorismo. Esto me lleva a discutir algunas tesis célebres de M. Foucault, en concreto las de la gubernamentalidad y el pastorado, pero también la idea de Homo Œconomicus tal como lo han presentado el intelectual francés, algunos de sus seguidores actuales (W. Brown, P. Dardot, C. Laval, etc.) y los economistas convencionales desde el siglo XIX.
Las principales ideas de esta parte son dos y están latentes a lo largo de la tesis. Por un lado, siguiendo expresamente a Schumpeter, sostengo que donde hay capitalismo hay Destrucción Creadora y que, en condiciones capitalistas, no cabe suponer que impere por doquier una suerte de racionalidad unívoca. Por otro lado, desarrollando la obra de este autor -y en especial la Trilogía de Harvard, esto es, la obra que redactó al final de su vida en EEUU- en el contexto de la filosofía política y las sociedades capitalistas contemporáneas, señalo que actualmente nos encontramos ante la consolidación de lo que llamo “el mito del emprendedor”.
En la segunda parte de la tesis se responde de forma razonada si hay un pensamiento original en la Trilogía de Harvard. Descartada una respuesta afirmativa, analizo cada una de las hipótesis más fundamentadas sobre las fuentes y la elaboración del pensamiento maduro de Schumpeter, que son tres. La primera, que es la dominante entre economistas, reza que dicha trilogía supone una suerte de adaptación retórica de los escritos juveniles de nuestro autor, cuando no una excentricidad. Entre quienes han sostenido está lectura destaca P. Samuelson, pero también cabe mencionar a autores como F. A. von Hayek y I. Kirzner.
La segunda, actualmente sostenida por algunos historiadores del pensamiento económico, como E. S. Reinert y Y. Shionoya, apunta a que Schumpeter fue, si no un disimulado miembro de la Escuela Histórica Alemana, un economista humanista tradicional. La tercera, sostenida desde sus tiempos de Harvard por autores tan próximos a él como P. Sweezy y subrayada por estudiosos del pensamiento marxista como T. Bottomore, sugiere que Schumpeter fue un crítico del marxismo cuya obra madura es, en cierto modo, una reconstrucción del pensamiento de Marx.
Me sirvo también de los análisis de estas hipótesis para exponer y argumentar la escisión histórica en la academia occidental entre las disciplinas “filosóficas”, “económicas” y “políticas”, así como, de forma más concreta, la formación de la obra schumpeteriana.
En la tercera parte, partiendo ya expresamente de Schumpeter como reconstructor de Marx, comento lo que entiendo por el significado histórico de la Destrucción Creadora y su proyección actual. Explico qué es la visión según Schumpeter, diferenciando entre dos visiones que éste advierte en la historia del pensamiento económico, y cómo y por qué la Destrucción Creadora nos permite ver el capitalismo.
En este sentido, expongo la concepción schumpeteriana de la historia y, retomando críticamente algunas ideas de autores como G. Lukács, M. Berman y D. Harvey, no sólo justifico que el personaje Fausto de Goethe es un arquetipo de la Destrucción Creadora, sino que el poeta alemán ya ve lo que Schumpeter teoriza a través de su reconstrucción de Marx. Goethe, así, es una referencia clave para el estudio del capitalismo desde una perspectiva schumpeteriana.
Por otro lado, comento y discuto algunos intentos contemporáneos de codificar dicha visión, la experiencia genuina del capitalismo, lo que permite verlo, a fin de posibilitar, presuntamente, la optimización de cualquier sociedad. Asimismo, argumento que dichos intentos, los cuales son especialmente promocionados por la OCDE, responden en buena parte a lo que considero el criterio civilizatorio básico del capitalismo, esto es, la sofisticación de la unidad contable.
En todo caso, no obstante, subrayo que la Destrucción Creadora no puede sino implicar un compromiso con la tragedia, pues conlleva “políticas fáusticas”.
La presente tesis doctoral se encuadra en una defensa y una radicalización de la lectura documental de Schumpeter frente a las lecturas revisionistas o neoschumpeterianas, esto es, las que lo presentan como a una suerte de profeta y pretenden actualizar su obra como si de un aparato de ingeniería se tratara. Asimismo, trata una serie de cuestiones que resultan pertinentes para las investigaciones y los debates abiertos en el marco académico en el que dicha tesis se ha realizado; de forma general, responder a "¿qué es el capitalismo?".
Por tales razones, este trabajo comporta una reivindicación de Schumpeter para las Humanidades, así como la articulación filosófica de cuatro fenómenos capitalistas que él puso sobre la mesa y que todavía están por explorar, a saber: el emprendimiento creador, el crédito moderno, el fin de la sincronización de la producción y los paradigmas tecnoeconómicos. El estado actual de tales fenómenos es constitutivo de la fase infoindustrial del capitalismo y de los compromisos actuales -más o menos tácitos o enfáticos- bien con el mito del emprendedor, bien con las políticas fáusticas.
Schumpeter te explica...la destrucción creadora
El Emprendedor "Austríaco" vs. el Emprendedor Schumpeteriano
El análisis de Joseph A. Schumpeter marca claramente una escisión con la Escuela Neoclásica y con la Escuela Austríaca. Durante su formación académica en la Universidad de Viena en el inicio del siglo XX, donde cursó derecho, participó de seminarios promovidos por Eugen von Böhm-Bawerk, además de ser contemporáneo de Ludwig von Mises. Pero, Walras y su teoría del equilibrio general influenciaron significativamente en Schumpeter, dejando fuertes marcas neoclásicas en su teoría.
Schumpeter compartía de las ideas de equilibrio general, sin embargo, como el autor consideraba la realidad dinámica - con incertezas, pérdidas, comportamiento del emprendedor etc -, él formuló una explicación teórica para el cambio del sistema walrasiano. Pero, el problema básico continuaba inalterado: Schumpeter creía en el equilibrio de largo plazo.
Schumpeter, así como los autores de la EA, en especial Kirzner, tiene una visión diferenciada de la competencia tratada por la teoría dominante. La competencia no se da solamente por precios en un sistema atomizado, sin poder de mercado. Sin embargo, para Schumpeter, la competencia que importa en el mercado es la competencia por la innovación, por el descubrimiento, sea de mercancía, de tecnología, de fuente de oferta o del tipo de organización.
En ambos autores, el protagonista del mercado es el emprendedor, el cual fue excluido del análisis por los Neoclásicos. […] la función del emprendedor es reformar o revolucionar el sistema de producción a través del uso de una invención o, de manera más general, de una nueva posibilidad tecnológica para la producción de una nueva mercancía o para la fabricación de una antigua en forma moderna, por medio de la apertura de nuevas fuentes de suprimento de materiales, nuevos canales de distribución, reorganización de la industria, y así por delante. (SCHUMPETER, 1961, p.
Este concepto es el mismo utilizado por Kirzner. Se percibe, de esta forma, la identificación de la función empresarial con el proceso competitivo. En ambos conceptos, es el estado de alerta que el emprendedor tiene para oportunidades hasta entonces no percibidas que le posibilita alejarse de la rutina; es solamente bajo condiciones de desequilibrio que su papel emerge.
Pero, para Schumpeter, la esencia de la actividad empresarial es la capacidad de alejarse de la rutina, de destruir estructuras existentes, de alejar el sistema del flujo regular y circular el de equilibrio. Para nosotros, por otro lado, el elemento crucial en la actividad empresarial es la capacidad de ver oportunidades inexploradas cuya existencia previa significaba que la regularidad inicial del flujo circulear era ilusoria - que, lejos de estar en estado de equilibrio, representaba una situación de desequilibrio inevitablemente destinada a ser perturbada. (KIRZNER, 1986, p.
Schumpeter considera el mercado en un estado de equilibrio, en el cual la acción del emprendedor perturba el flujo circular, generando un desequilibrio. Para Schumpeter, el emprendedor es la fuerza perturbadora y desequilibradora que quita el mercado de la somnolencia del equilibrio; para nosotros, el emprendedor es la fuerza equilibradora cuya actividad reacciona a las tensiones existentes y suministra las correcciones por las cuales las oportunidades inexploradas están clamando. (KIRZNER, 1986, p.
El proceso de mercado, para Schumpeter, es iniciado por la actividad empresarial, o sea, por la acción de los líderes, los innovadores, los pioneros. Estos generan logros, desequilibrando el mercado. Esta perturbación temporal del equilibrio lleva a la sociedad a un nivel más elevado del desarrollo, aumentando el bienestar económico. El nuevo equilibrio se da por la acción de los imitadores, que llevan a la economía al estado de reposo.
[…] en la visión austríaca, el emprendedor es quién ftrabaja con las incertezas del mundo real, y emprendedores de éxito cogen logran beneficios al tener éxito en llevar recursos, costes y precios más cerca del equilibrio. Sin embargo, Schumpeter comienza su teoría no en el mundo real, pero sí en la tierra ficticia del equilibrio general, el cual él insiste ser la realidad fundamental. Solo que en el mundo del equilibrio, en el mundo de la inmutabilidad y de la certeza, no existen emprendedores y no existen logros. En este mundo, la única función del empreendedorismo, por deducción lógica, es innovar, perturbar un equilibrio pre-existente. El emprendedor no puede hacer ajustes, pues todo ya está ajustado […]. Su única función prescrita, por lo tanto, es ser perturbador e innovador. (ROTHBARD, 1987, p.
Schumpeter consideraba la actividad empresarial el motor del desarrollo económico. Para Kirzner, la actividad empresarial es importante al posibilitar el funcionamiento del mercado, siendo el desarrollo económico una posibilidad consecuente de ese proceso.
La condición de acceso perfectamente libre a una nueva esfera de actividad, sin embargo, puede, en la realidad, hacer imposible cualquiera acceso. Es difícilmente concebible la introducción, desde el inicio, de nuevos métodos de producción y nuevas mercancías en condiciones de perfecta e inmediata competencia. Significa eso también que lo que llamamos de progreso económico es incompatible con la competencia perfecta. (SCHUMPETER, 1961, p.
Para Kirzner, la cuestión de incompatibilidad entre progreso económico y competencia perfecta es una cuestión inocua. «En la medida en que una economía tiene un potencial para el progreso […], ningún equilibrio puede ser imaginado hasta que ese potencial haya sido explorado.» La teoría de la competencia perfecta no considera el mercado como un proceso; por lo tanto, no hay como pensar esta estructura de mercado con el suceso de progreso.
Concordamos con el punto de vista de Schumpeter de que las condiciones de competencia perfecta deben estar ausentes para que el progreso tecnológico ocurra. Pero, para nosotros, esa verdad es, simplemente, un caso especial (aunque importantísimo) de la proposición más general, que afirma que la ausencia de condiciones de competencia perfecta (o, en cuanto a eso, cualquiera conjunto de condiciones de equilibrio) es necesaria para que ocurra ajuste de mercado de cualquier tipo que sea (incluso el más simple ajuste de precios). (KIRZNER, 1986, p.
Para Kirzner y para la EA, Schumpeter estaba equivocado en su concepción sobre el emprendedor. Este es, en realidad, el agente coordinador inherente al proceso de mercado, actuando con serenidad y creatividad con el objetivo de alcanzar su beneficio empresarial, el lucro.
Teorías Complementarias de la Innovación
Además de la teoría de Schumpeter, existen otras teorías de la innovación que complementan su visión:
- La Teoría de Drucker: Para Drucker, la innovación es el proceso mediante el cual los emprendedores identifican nuevas oportunidades de negocio y crean soluciones para satisfacer las necesidades de los clientes.
- La Teoría de la Difusión de la Innovación de Rogers: Se centra en el proceso mediante el cual las innovaciones se extienden en una sociedad, a través de diferentes grupos: innovadores, primeros seguidores, mayoría precoz, mayoría tardía y rezagados.
- La Teoría de la Innovación Disruptiva de Christensen: Destaca la importancia de estar atentos a las tecnologías emergentes y de tener una mentalidad innovadora para adaptarse a los cambios en el mercado.
- La Teoría de la Innovación de Porter: Se centra en el papel de la innovación en la creación y mantenimiento de ventajas competitivas, a través de la diferenciación de productos y servicios, mejores procesos de producción y nuevos modelos de negocio.
Empresa y Empresario: Una Evolución Histórica
Empresa y empresario son dos conceptos que durante toda la historia siempre han ido de la mano. En realidad, hasta bien entrado el siglo XX, la empresa era el empresario y el empresario era la empresa. solo recientemente se ha separado la propiedad y el control de la empresa.
Empresa: Conjunto de factores productivos (humanos, técnicos y financieros) organizados y coordinados por la dirección de la empresa, dedicada a la fabricación y venta de bienes y servicios y que busca alcanzar ciertos objetivos. Estos objetivos los establece el empresario, persona que además coordina los factores productivos.
A lo largo fundamentalmente del siglo XX, aparecieron una serie de teorías que intentaban explicar la figura del empresario en ese momento y con las que podemos ver la evolución que dicha figura tuvo a lo largo de ese siglo.
- Teoría del empresario-riesgo de Knight: No se puede ser empresario sin asumir riesgos.
- Teoría del empresario innovador de Schumpeter: Ser empresario era un innovador y por tanto, el motor del cambio tecnológico y del crecimiento de la economía.
- Teoría del empresario descubridor de oportunidades de Kirzner: El empresario es una persona que descubre nuevas oportunidades en el mercado.
Así pues, todo emprendedor es empresario pero hay muchos empresarios que no son emprendedores.
Schumpeter y la Crisis Económica Actual
Ante este contexto de incertidumbre económica, muchos economistas y expertos en I+D han comenzado a vislumbrar la posibilidad de adoptar las teorías del economista austriaco Joseph Alois Schumpeter para convertir la recesión en una oportunidad para cambiar el modelo económico actual o al menos readaptarlo a los nuevos tiempos.
Schumpeter es conocido por sus teorías sobre la importancia vital del empresario en los negocios, éste entiendo como un emprendedor entrepreneur-; una figura de vital importancia dentro del sistema económico, ya que su papel es el de estimular la innovación y la inversión que determina el aumento y la disminución del éxito empresarial. Para Schumpeter el capitalismo estable es una ficción ya que sin los emprendedores el sistema capitalista no puede funcionar.
Schumpeter, que llegó a ser ministro de Finanzas austríaco entre 1919 y 1920, afirma que debemos adaptarnos a lo que necesitan los consumidores. Para ello necesitamos la figura del emprendedor. Bajo esta afirmación nace el concepto de destrucción creativa, planteada por el austriaco como respuesta a la visión neoclásica de la competencia perfecta.
Así pues, cuanta más destrucción mayor eficiencia y mayor empeño por entender y asistir a los consumidores. Schumpeter se muestra rotundo: Los intentos por detener la destrucción creativa del emprendedor, frustra el progreso económico.
A día de hoy las medidas adoptadas para paliar la crisis parecen estar encaminadas hacia la fórmula de capitalismo de Estado en el que prima producir y vender, pero lo cierto es que, a priori, la alternativa más eficiente es la de la confiar en ambas dudas, es decir, conjuntar las medidas estatales con las necesidades del mercado.
Debemos conseguir que el motor de la innovación no se pare ya que de ese modo saldremos fortalecidos frente a la crisis. Se podría pensar que ante la situación actual es muy difícil emprender y confiar en la I+D, pero lo cierto es que apostar por esta cultura empresaria supone un gran abanico de posibilidades y oportunidades.
