Startups españolas: del boom de la inversión al estallido de la burbuja
La inversión en startups en España ha experimentado un crecimiento notable, alcanzando los 3.050 millones de euros en el conjunto de 2025. Aunque no supera el récord de 4.500 millones registrado en 2021, este incremento del 60% refleja una clara recuperación tras el estallido de la burbuja que se produjo a raíz de la pandemia de coronavirus.
Según Orla Browne, directora de Insights en Dealroom, "España es uno de los ecosistemas digitales que más crece en toda Europa, especialmente si tenemos en cuenta el valor acumulado de todas las startups, que es de 123.000 millones de euros en el conjunto del país y de 51.000 millones en la ciudad de Barcelona".
Radiografía del ecosistema español: Madrid, Barcelona y más allá
El ecosistema español suma un valor de 123.000 millones de euros y el de Barcelona 51.000 millones. Un dato relevante es que la inversión de capital riesgo en el ecosistema de Madrid superó a Barcelona en 2025, no siendo la primera vez que esto sucede. Las startups madrileñas captaron 1.200 millones de euros, mientras que las barcelonesas acumularon 1.100 millones.
En cuanto al número absoluto de rondas de inversión, Barcelona superó a Madrid, con el 27% del total de operaciones frente al 24% registrado en la capital española. En otras ciudades, la inversión fue más moderada: 229 millones en Valencia, 206 millones en San Sebastián, 68 millones en Bilbao o 63 millones en Elche. Málaga, a menudo considerada un ejemplo de transformación digital, registró una inversión de 7 millones de euros, evidenciando que su tejido empresarial de startups aún está en fase de creación.
La Ley de Startups y el panorama actual
La startup española en fase inicial ahora cuenta con un contexto regulatorio más favorable gracias a la Ley de Startups, que simplifica la fiscalidad y facilita la atracción de talento internacional.
El consenso entre analistas e inversores apunta a que 2026 será el año en que España produzca varios nuevos unicornios, especialmente en tecnología climática e IA aplicada a la industria.
El consejo repetido por los gestores de fondos más activos en España es que una startup que quiera levantar capital hoy necesita demostrar tracción real -métricas de retención, ingresos recurrentes- antes de buscar su primera ronda significativa.
La inteligencia artificial como motor de inversión
El informe "The Spanish Tech Ecosystem Report 2026", elaborado con la colaboración de Kfund, Endeavor, Wayra, SpainCap, GoHub Ventures, BBVA Spark y Enisa, destaca el posicionamiento de España en la industria de la inteligencia artificial (IA). España es el sexto país de Europa cuyas startups han recibido una mayor inversión en este campo desde 2020, sumando 3.300 millones de euros.
A la cabeza de la industria de la IA se encuentran, por este orden, Reino Unido, Francia, Alemania, Suecia y Suiza. De hecho, la inteligencia artificial ha atraído más de 2.000 millones de euros desde 2020, situando a España como el quinto país europeo por volumen de inversión en esta vertical. La IA tiene aplicaciones reales y rentables probadas, y el ecosistema tecnológico es más maduro.
El mes de marzo del año 2000 es una fecha grabada a fuego en la mente de muchos inversores de empresas tecnológicas y startups. Fue la culminación de un frenesí en el sector tecnológico que desembocó en desplome, y eso que el estallido de la burbuja puntocom no había hecho más que comenzar.
Al igual que hace 25 años, la inteligencia artificial se perfila como la tecnología con mayor potencial. "De entrada hay una tecnología que parece que ha venido para quedarse y tendrá una gran penetración. Entonces fue Internet y hoy es la Inteligencia Artificial (IA). A esto hay que sumarle un inicio con muchas noticias virales: proyectos innovadores, millones de usuarios sumándose a esta tecnología en solo unas semanas, el caso de ChatGPT...", se observa.
En solo unos meses se ha vivido una guerra económica entre civilizaciones por controlar lo que en el futuro parece que estará al frente de casi todo.
La burbuja de las puntocom y sus lecciones
El siglo pasado se despidió en medio de una fiebre tecnológica que prometía inaugurar una nueva era en la economía mundial. El 17 de noviembre de 1999, Terra se estrenó en bolsa con una subida del 213%. Como una epidemia, la nueva economía se apoderó del mundo de los negocios. Había dinero, y mucho, en busca de ideas. Los fondos de capital riesgo hacían cola ante emprendedores con proyectos que prometían convertirse en el Amazon español.
La burbuja se infló y se infló y se infló... El apellido puntocom se transformó en una maldición. De la euforia se pasó a la más absoluta desilusión. Los días de vino y rosa se acabaron de la noche a la mañana. La búsqueda del "pelotazo" fue uno de los pecados de algunas de estas empresas. La mecánica seguida era muy parecida: conseguir en la primera ronda de financiación lo mínimo para cubrir el primer año de operación para evitar diluir el valor de las participaciones accionariales. Confiaban en conseguir más fondos en una segunda ronda, cuando la empresa tuviera una valoración superior.
Se calcula que el fenómeno de Internet español pulverizó entre 1.000 y 2.000 millones de euros en cinco años. Unos pocos pioneros se enriquecieron gracias al boom de Internet. Muchos más quedaron atrapados tras el pinchazo de la burbuja tecnológica. No pocos volvieron a la economía tradicional, después de la aventura en busca de El Dorado.
Uno de los aspectos positivos del estallido de la burbuja ha sido la posibilidad de separar la paja del grano. Hoy, el dinero ha vuelto a Internet.
¿Estamos ante una nueva burbuja?
La pregunta se repite durante los últimos años: "¿En España sí hay burbuja en proyectos de internet?". Según algunos expertos, se cumplen las tres condiciones indispensables. La primera es una subida generalizada de precios, evidenciada por las altas valoraciones de estas compañías. La segunda es la retroalimentación de los procesos: "Hay business angels e inversores que han visto rentabilidades en startups y quieren participar… Hay gente reinvirtiendo y llamando a otros para que lo hagan". Esa circunstancia se suma a la tercera: los mecanismos artificiales de creación de oferta.
François Derbaix, business angel y fundador de varias startups, coincide en esta visión, calificando la burbuja como "estructural". La industria del capital riesgo para startups cuenta, según explica, con una rentabilidad media negativa del 7%. "Es decir, en cinco años te has gastado el 50% de tu fondo", precisa.
Sin embargo, hay profesionales que rechazan la existencia de esa burbuja. Iñaki Arrola, fundador del fondo Vitamina K, reconoce un incremento en el capital, pero no cree que ello lleve a una burbuja. En lo que todos coinciden es en la abundancia de capital dispuesto a invertir en startups en España. Pese a esa creencia, las cifras corroboran que no todo el capital llega a ser depositado en proyectos, y que las inversiones de fondos profesionales actuales están aún alejadas de los niveles del año 2000, cuando la inversión de fondos alcanzó los 288 millones de euros.
"No hay día en que no perciba cierta obsesión por la financiación", señala un inversor. Aún con una preocupación creciente en España, esta no es la única en un mercado tecnológico global. Lo que ocurre al otro lado del Atlántico puede influir en el mercado nacional. Al contrario de lo sucedido en el año 2000, hoy las compañías valen miles de millones de dólares sin aún haber pisado el parqué. Los llamados unicornios, compañías que valen más de 1.000 millones de dólares, ya no son excepcionales.
Se están asumiendo riesgos “irracionales” y, por tanto, se va a perder “muchísimo dinero de gente que se lo puede permitir y de gente que no”. En ese contexto, el diferente perfil de las inversiones puede reducir el impacto. Siendo empresas privadas y no cotizadas, puede que la explosión “no sea tan violenta”, pues la inversión es más profesional. Los efectos de un posible pinchazo son aún desconocidos. Ninguno de los inversores profesionales se atreve a augurar una fecha en la que sucederá, ni qué mercado dejará la tormenta en España. Iñaki Arrola augura “años planos en inversión” en España en caso de explosión.
La emergencia de los unicornios españoles
El ecosistema de empresas tecnológicas de reciente creación (startups) nacional no tiene nada que ver con el que había en los primeros diez años del siglo XXI. Si entonces dicho ecosistema estaba formado por micropymes e infinitas ideas prometedoras que no acababan de salir de los garajes, ahora los proyectos emergentes ganan cada vez más peso en el panorama empresarial español.
La mejor prueba de ello está en la mera existencia de unicornios españoles, es decir, startups tecnológicas nacionales valoradas en más de 1.000 millones de dólares, y en el alza del ritmo de creación de dichas startups. En el inicio de este año se ha producido el hecho sin precedentes de la creación de cuatro nuevos unicornios en el ecosistema empresarial español:
- TravelPerk (agencia de viajes por internet)
- Paack (firma de paquetería)
- Fever (marketplace de experiencias y servicios de ocio)
- Domestika (comunidad online de aprendizaje)
Para que se produjera este salto sin precedentes en el surgimiento de nuevos unicornios durante el primer mes del presente año ha sido necesario que 2022 arrancara con un nuevo récord de la inversión captada por las empresas nacionales. En total, enero cerró con casi 700 millones invertidos en startups españolas.
Como es habitual, la mayor parte de ese capital proviene de inversores extranjeros, que han sido fundamentales para que a día de hoy se pueda hablar de unicornios en España. De hecho, en el pasado 2021 el capital foráneo copó cerca del 80% del total invertido en startups nacionales, un porcentaje que triplicó el del año previo y que evidencia el impulso que se está dando en el ámbito de los unicornios.
La primera gran lección que se puede extraer del mero hecho de que España, y no solo Silicon Valley o Israel, pinte algo en el panorama tecnológico mundial está en la innegable capacidad actual que tienen las compañías jóvenes españolas para captar dinero y retener talento. Quizá el actual es el momento perfecto para impulsar proyectos tecnológicos, más aún ante el salto digital acelerado que el mundo está dando por la pandemia de coronavirus. Por ello, los emprendedores deben ser conscientes de que es difícil que exista otro momento mejor que el actual para convertir esa idea de garaje en un proyecto empresarial capaz de atraer millonarias inversiones.
Unicornios españoles en bolsa
Ese voraz apetito inversor también es positivo para que todas aquellas tecnológicas con opciones de convertirse en unicornios exploren otras vías de financiación, como la de salir a bolsa. El hecho de que ya haya dos unicornios nacionales en el parqué estadounidense es la mejor prueba de que el ecosistema emprendedor nacional no tiene ya nada que envidiar al de otros países tradicionalmente más punteros en el ámbito tecnológico.
La plataforma de pagos Flywire, fundada por el emprendedor valenciano Iker Marcaide, ha sido el último unicornio nacional en debutar en la bolsa estadounidense. En concreto, lo hizo en mayo de 2021 en el selectivo tecnológico Nasdaq. Esta incorporación aumentó el valor de la firma hasta superar los 3.000 millones y tras su colocación en bolsa estuvieron algunos de los bancos de inversión más importantes del mundo, como Goldman Sachs, JP Morgan, Citigroup o Bank of America.
Pero el verdadero honor de ser el primer unicornio en figurar en Wall Street es para Wallbox, firma especializada en aportar soluciones para la recarga de vehículos eléctricos. Arrancó con una valoración de 1.300 millones de dólares y tras la colocación obtuvo más de 200 millones para seguir impulsando su crecimiento internacional.
Lo visto hasta ahora nos muestra que a las startups españolas ya se las toma en serio hasta en EEUU. Además, los inversores están dispuestos a invertir cantidades millonarias para impulsar su crecimiento, lo que quiere decir que confían en su modelo de negocio y en sus perspectivas futuras.
Con todo, lo más importante es que el momento actual no tiene nada que ver con el de inicios de este siglo, que terminó generando la burbuja de las puntocom. Entonces, cualquier empresa que sonara a moderna acaparaba inversiones aunque detrás de sus rimbombantes nombres no hubiera una estrategia empresarial sólida. Ahora no ocurre así. En estos momentos, si se invierte en una empresa es porque se confía en su estrategia. Esto último es la lección más clara que se debe extraer del auge de los unicornios españoles. El hecho de que capten capital evidencia su extraordinario potencial de crecimiento, lo que debe también servir de ejemplo para que de una vez por todas el emprendedor tecnológico español pierda ese complejo de inferioridad que todavía arrastra frente a sus homólogos de otros países.
El papel de las aceleradoras de startups en España
Dentro del ecosistema de startups y emprendedores, las aceleradoras siempre han sido una pieza interesante porque influyen en el desarrollo de una empresa y la conectan con clientes e inversores. En el caso de España, el boom de aceleradoras de startups lo vivimos durante la crisis económica.
Un contexto que vio nacer a Plug&Play Spain en 2012 con una potente propuesta de conexión de las startups aceleradas con Silicon Valley. Una aceleradora es una entidad pública y/o privada que, a través de un programa periódico, trabaja con negocios de rápido crecimiento para acercarlos al mercado, captar clientes y hacerlos crecer en un período de tiempo acotado (unos 4 a 8 meses). Durante el programa de aceleración se intenta ver los puntos débiles y los fuertes de cada startup y potenciar los buenos y mitigar los malos con formación y mentores.
En el año 2010 llegaría Business Booster. Desde que empezó el boom de las aceleradoras en 2010-2011 ha habido de todo. Si consultamos en la plataforma StartupXplore, podemos encontrar catalogadas como aceleradoras 273 iniciativas en España.
Modelos de negocio y financiación
Una aceleradora puede ser 100% gratuita, puede tomar una participación en la empresa a cambio de los servicios prestados (y puede que también inyección de capital en la empresa) o, incluso, pueden tomar comisión de las inversiones que consigan, por ejemplo, en su demo day. Si una aceleradora se queda con una parte de la propiedad de la startup, los servicios prestados y el dinero que inyecta en la empresa son una inversión a futuro que se espera rentabilizar (caso de Plug&Play, por ejemplo). Si no se toma participación en la empresa, entonces hay alguien que está sufragando el programa sabiendo que no le va a generar retorno económico. En el primer caso, la rentabilidad generada permite reinvertir en nuevos programas y, por tanto, en ampliar la cartera de startups aceleradas (y participadas).
Cuando vino el peor momento de la crisis se apuntaron las instituciones públicas, las educativas y las grandes multinacionales con la esperanza de ayudar y que la mayoría de veces escondía la necesidad de ocupar espacios vacíos y el postureo de que la relacionasen con estar contribuyendo a la innovación. Creo que han hecho mucho daño los programas que decían que aceleraban o incubaban porque daban al emprendedor una mesa y ponían a mentorizar a gente que no había tocado una startup en su vida...
En España hemos visto iniciativas sustentadas sobre fondos públicos que, al agotarse dichos fondos, han terminado desapareciendo. Por ejemplo, 4 aceleradoras nacieron en Málaga en 2013 sustentadas sobre financiación de Europa y, en 2015, se cesó la actividad de las mismas al consumirse el presupuesto.
Otro factor a tener en cuenta es el de la generación de valor. Es decir, si se impulsan compañías que, por ejemplo, pueden aportar nuevos productos o servicios a grandes corporaciones que no tienen la agilidad de una startup para innovar. Aquí es donde debería entrar un cambio de paradigma importante, cambiar la RSC que impulsa muchas iniciativas para transformarla en procesos de innovación abierta. Impact Growth, que es de gestión privada, está financiada por fondos europeos y ofrece 100.000 euros a fondo perdido a las compañías aceleradas.
El futuro de las aceleradoras
Con el aumento de oferta, se ha ido tendiendo hacia la especialización como característica diferenciadora. No se trata tanto de que no tengan más sentido los programas de aceleración generales u horizontales, sino que deben mejorar y mucho. Ahora tienen que competir con aceleradoras cada vez mejores y ayudar a escalar a emprendedores que ya "se las saben todas".
En ciudades de 2-3 millones de habitantes como Madrid y Barcelona, donde hay talento, dinero y formación, tiene sentido que haya 1 o 2 aceleradoras generalistas muy buenas. No creo que haya espacio ni capacidad para que haya más de calidad, aunque también sería recomendable una especialización. Valencia, Sevilla, Bilbao... para competir con las dos grandes ciudades e internacionalmente creo que sería más inteligente y realista que apostaran por una verticalización acorde al tejido industrial de cada una.
Hay corporates que buscan repercusión en medios y no piensan tanto en la innovación. Que está muy bien si es tu objetivo, pero creo que el potencial está en ver qué hace gente muy innovadora que puede que ya esté desarrollando soluciones para los problemas que tú, como gran empresa, ya tienes. Poder encontrar ese encaje, es lo que se busca. Las aceleradoras no siempre provienen de los corporates directamente. Hay muchas aceleradoras que se limitan a los impactos en Marketing.
Esta unión entre privados y también con lo público puede ser una vía de futuro pero, evidentemente, debe haber unión. ¿Tiene sentido que Bankia, Banco Santander y BBVA compitan por las startups de fintech? El mercado limpiará progresivamente a las aceleradoras que no aporten valor... y muchas se especializarán por sectores de actividad (fintech, health, agro) e integrando a los corporates...
Tras tres años trabajando con startups, siempre se ha tenido claro que acelerar es un "trabajo de sastre"; es decir, es un trabajo personalizado y de calidad, no de volumen. Por tanto, igual que vivimos un boom de aceleradoras, asistiremos a una reducción de las mismas. Esto hace que las nuevas que llegan al mercado para distinguirse deban focalizarse en un sector o segmento, para así llamar la atención de ese público y a la vez especializarse para agregar valor.
El futuro de las aceleradoras pasará por una brecha cada vez mayor entre las aceleradoras que juegan en "liga de campeones" y las de "segunda división". El futuro debería llevarnos a un número moderado de aceleradoras de alto potencial, con buen capital relacional (alumni, inversores, mentores, grandes empresas...), especializadas en verticales o industrias cercanas a su ubicación geográfica (potencial de desarrollo de negocio), tomando equity a cambio de inversión (rentabilidad de la aceleradora y valoración de los servicios prestados) y con una gran vinculación a empresas que necesitan innovar y necesitan a las startups (haciendo que la aceleradora sea sostenible).
Tendencias emergentes y sectores prometedores
La inversión en tecnología climática creció un 67% interanual en 2025, y los fondos de primer nivel ya tienen a Madrid y Barcelona en el mismo radar que Estocolmo o Ámsterdam. España superó en 2025 el 75% de electricidad de origen renovable, y ese dato no es solo una estadística energética: es el caldo de cultivo perfecto para que una startup de tecnología limpia encuentre mercado, regulación favorable e inversores con mandato ESG. La denominada climate tech acaparó 650 millones de euros en el primer semestre de 2025, con un crecimiento interanual del 67%. Energías limpias, gestión del agua y movilidad verde encabezan las subcategorías con más operaciones cerradas.
Más allá de lo verde, la inteligencia artificial lidera las rondas de inversión en lo que va de 2026. Según el análisis de inversores publicado en febrero de este año, los sectores con mayor interés de capital son IA, legaltech, robótica y ciberseguridad.
El perfil de startup que atrae capital en 2026 ha cambiado respecto al de hace tres años. Ya no basta con tener tecnología propia: los inversores exigen modelos de negocio escalables, capacidad de integración en cadenas industriales establecidas y acceso a datos propios difíciles de replicar. Sectores emergentes como el SpaceTech, el Proptech y el Sportstech están ganando tracción como nuevos verticales de alto crecimiento.
💥¿QUÉ ES LA LEY STARTUP?
| Ciudad | Inversión (millones de euros) | Operaciones |
|---|---|---|
| Barcelona | 1.100 (capital riesgo) / 1.374 (total) | 140 |
| Madrid | 1.200 | 104 |
| Valencia | 229 | |
| San Sebastián | 206 | |
| Bilbao | 68 | |
| Elche | 63 | |
| Málaga | 7 |
