William Shakespeare y las teorías de autoría: ¿Fue Marlowe su mentor o coautor?
La figura de William Shakespeare, el célebre dramaturgo de Stratford-upon-Avon, ha sido objeto de fascinación y debate durante siglos. Sin embargo, detrás de la reverencia universal que se le profesa, existe una persistente corriente que defiende que no fue él el único, ni siquiera el verdadero, autor de las obras que se le atribuyen. Esta corriente, conocida como antistratfordiana, plantea interrogantes sobre la autoría de un corpus creativo reconocido como uno de los legados artísticos más grandes de la humanidad. La sospecha de que William Shakespeare (1564-1616) se atribuía obras que no eran suyas total o parcialmente se arrastra eternamente en los estudios del escritor.
De hecho, la obra de ambos autores ha llevado a especular sobre el verdadero alcance de la obra literaria de Marlowe: ¿Escribió mano a mano con William Shakespeare alguna de las obras del dramaturgo más célebre de la historia? ¿Fue autor de alguna de ellas?
Christopher Marlowe: Una vida de intriga y sospechas
Christopher Marlowe, un dramaturgo isabelino, murió en circunstancias misteriosas en 1593 a la edad de 29 años. Se sabe que nació en febrero de 1564, el mismo año que Shakespeare, pero, en contraste a éste, recibió una educación universitaria en Cambridge. Su época de estudiante está envuelta en irregularidades, muchas que tienen que ver con sus largas ausencias de las aulas hasta el punto en que la institución quería negarle su título de grado.
Sin embargo, el Consejo Privado de la reina escribió a la universidad para que se le otorgara el diploma por sus "buenos servicios" a la corona en "asuntos que benefician a su país", una recomendación que alentó las teorías de que había fungido como espía al servicio de inteligencia de la nación. Fue entonces que Marlowe entró en la escena política, al precisar la corte de Inglaterra de agentes espías que trabajaran para su seguridad. Conocido por su inteligencia y atrevimiento, fue enviado a Francia por los consejeros de su majestad.
No obstante, su vida disipada y su escepticismo religioso le convirtieron pronto en sospechoso de ser doble espía. Espía doble, ateo hereje, conspirador católico, homosexual promiscuo, pederasta incorregible son algunas de las descripciones atribuidas al dramaturgo isabelino Christopher Marlowe. La única imagen que posiblemente representaría a Christopher Marlowe es de un óleo descubierto, en 1952, en el Colegio de Corpus Christi de la Universidad de Cambridge, su alma máter. Retrata a un hombre joven, elegantemente vestido, con melena, mirada ladina y sonrisa seductora. La pintura incluye fechas que coinciden con la edad de Marlowe y el año en que se sabe que se graduó de dicha universidad y un texto en latín: "Quod me nutrit me destruit" ("Aquello que me nutre me destruye"). El sugestivo texto añade a la sensación de ambigüedad del hombre retratado; algo esconde.
Ya sea una ambivalencia sexual, una afiliación al catolicismo proscrito, un ateísmo proselitista, un servicio en secreto a la inteligencia del Estado, todas eran consideradas actividades subterráneas y peligrosas en esa época que varios investigadores asocian con Marlowe.
Marlowe y su impacto en el teatro isabelino
Después de su etapa como estudiante, Marlowe se lanzó al mundo del teatro, un ambiente que también estaba infiltrado por individuos de turbia reputación, actividades ilícitas y cuestionables actividades. Shakespeare era prácticamente un desconocido cuando Marlowe se consagró durante un breve período como el más exitoso dramaturgo del escenario isabelino. Fue uno de los primeros autores ingleses en escribir en verso libre, un estilo que se popularizó en la época y muchos se referían a sus versos como los "poderosos renglones de Marlowe".
Sus obras más famosas son Tamerlán el Grande, El Judío de Malta y el Doctor Fausto, escritas entre 1587 y 1589. Abordaba temas y personajes extravagantes y entretenedores pero también polémicos, como la obra histórica de Eduardo II con la abierta homosexualidad de su protagonista. En una época de estricta censura, a Marlowe le gustaba ver qué tan lejos podía ir con sus escritos y con sus ideas alternativas de sociedad, política y religión.
Alguna de sus obras lo debió haber metido en líos pues, en mayo de 1593, murió violenta y misteriosamente en una taberna en Deptford, al este de Londres. Los peritos que hicieron el levantamiento del cadáver registraron que había muerto instantáneamente de una cuchillada en un ojo tras una pelea de borrachos discutiendo por la cuenta.
La "teoría marloviana": ¿Un Shakespeare en la sombra?
La más llamativa de las teorías de autoría, desde el punto de vista literario, es que Marlowe fingió su muerte y asumió la personalidad de un tal William Shakespeare para seguir escribiendo. Esta teoría no sólo pondría en peligro la mayor industria de la historia de la literatura -la que gira alrededor de Shakespeare- sino que explicaría una serie de circunstancias que los entendidos en la figura del dramaturgo de Stratford consideran poco o nada lógicas respecto a su trayectoria. Por ejemplo, su educación. Marlowe y Shakespeare se habrían conocido años atrás, cuando William abandonó a su esposa e hijos para desaparecer del radar durante siete años.
No deja de sorprender la repentina aparición de Shakespeare como gran autor teatral al tiempo que se anunciaba la muerte de Marlowe. Los estudiosos de la obra de ambos autores no dejan de sorprenderse por la repentina aparición de Shakespeare como escritor de impresionantes obras, al mismo tiempo que se anunciaba el fallecimiento de Marlowe. La versión oficial era que había muerto a manos de un compañero en defensa propia. El sueño de una noche de verano, Romeo y Julieta... eran llevadas a escena por Shakespeare y su compañía con un éxito in crescendo.
Los grandes temas universales que abordaba, el poder, la violencia... incluso con referencias a escenarios italianos que Shakespeare jamás llegó a pisar, no hacen sino abundar en esa llamada teoría Marlowe que va un paso más allá de las que siempre se han barajado. Marlowe, en cierta forma, cumple el papel de candidato perfecto (si obviamos por supuesto la ausencia total de pruebas positivas): aunque también tuvo un origen humilde, no solo tiene más formación que Shakespeare (estudió en la universidad y, demostradamente, viajó al extranjero), si no que también es colorido como de Vere; su vida fue lo bastante romántica como para reemplazar la del aburrido Shakespeare.
Nuevas evidencias y la posición de Oxford University Press
Esta creencia de que Marlowe fingió su muerte queda desmentida con la próxima edición de la obra de Shakespeare de la Oxford University Press, que le otorga por primera vez la coautoría a Marlowe de Enrique VI, Partes 1, 2 y 3. Un comité de 23 académicos de la Universidad de Oxford ha concluido que 17 de las 44 obras firmadas por el Bardo contienen la participación de alguna otra mano, de escritura ajena a él. Ambos autores aparecerán en las páginas titulares de estas tres obras en la nueva edición del canon shakesperiano de Oxford University Press, que será lanzada a finales de octubre.
Gary Taylor, editor de Oxford, explica que "el examen de las obras nos ha llevado a verificar la presencia de Marlowe en las obras de forma suficientemente clara y contundente". "Estamos seguros de que estos dos escritores no se influían mutuamente, sino que trabajaban juntos; los rivales a veces colaboran", atestigua Gary Taylor al anunciar las decisiones del comité de académicos de Oxford. A tenor de Taylor, el estudio de la obra de Shakespeare para determinar si han metido mano otros autores, se basa en el "análisis de textos tradicionales y en el uso de herramientas informáticas para examinar la escritura de los manuscritos".
La experta en Shakespeare Carol Rutter, profesora de la Universidad de Warwick, pone en duda que el Bardo colaborara con Marlowe aunque no descarta su influencia. A tenor de Rutler, el argumento temporal es su razón para rebatir a sus colegas de Oxford. "Cuando se escribían las obras de Enrique VI, Marlowe era un chico que escribía los carteles para el teatro, venía a ser un actor desconocido con quien nadie se hubiese querido aliar". La primera parte de las tres que constituyen Enrique VI, fue publicada en 1591 cuando Marlowe, que murió con 29 años, ya era relativamente conocido. La académica de Warwick aduce lo siguiente: "No niego que Shakespeare colaboró con muchas otras personas para escribir sus obras, pero estas participaciones no hay que buscarlas en otros escritores, sino en los actores con los que colaboraba para escribir las obras que éstos iban a representar en el teatro".
El reconocimiento de este segundo autor en parte de la obra shakesperiana pondría fin a las ideas que Marlowe y Shakespeare fueron la misma persona y a otras teorías que cuestionan la autoría del "Bardo de Avon".
La práctica de la coautoría en el teatro isabelino
También acaba con el mito que Shakespeare escribió solo y fue autor único de la obra que le atribuyen las ediciones anteriores. En realidad, la práctica del teatro isabelino de producir libretos a varias manos era más común de lo que se pensaba. Shakespeare, Marlowe, Thomas Kyd, John Fletcher, Ben Johnson entre varios destacados dramaturgos de la época pudieron haber escrito sus propias obras pero no hay duda de que colaboraron entre ellos con varias otras.
La competencia y la necesidad de producir libretos rápidamente hacían necesaria una distribución eficiente de tareas entre los dramaturgos. Aquellos que se especializaban en soliloquios o escenas trágicas se encargaban de ellas, los que escribían mejor versos cómicos o escenas de acción se podían dedicar a éstas. Además, nunca existía un libreto final. Este se modificaba según las circunstancias, límite de tiempo, la cantidad de actores disponibles, el público al que se le presentaba o si algún evento especial motivaba la inclusión de un monólogo adicional alusivo.
Se sabe que fue una época muy prolífica para el teatro pero el problema para los académicos modernos es que muchos de los textos están perdidos. Por lo general el manuscrito en sí no se consideraba valioso y sólo había una copia para evitar la piratería. En varios casos apenas se conocen los títulos o sobreviven fragmentos o textos severamente editados o adulterados y hay muchas otras anónimas. Gracias, en parte, a los buenos oficios de dos actores colegas de Shakespeare, John Heminge y Henry Condell, que recolectaron y publicaron una edición especial de su obra -conocida como el Primer Folio- es que unas 40 piezas del autor se conocen. Heminge y Condell atribuyeron todas las obras del Primer Folio a Shakespeare pero los análisis subsiguientes han identificado pasajes en el estilo de otros autores contemporáneos.
Ahora, la Oxford University Press añade uno más al canon shakesperiano, Christopher Marlowe, y se cree que unas 17 piezas del bardo se escribieron en colaboración. Esta conclusión se ha logrado a través de estudios académicos tradicionales en combinación con tecnología de punta que analiza la frecuencia y combinación de palabras, expresiones y versos de los diferentes autores y su presencia en los textos. De la misma manera, estas técnicas han identificado la mano de Shakespeare en otras obras que no son parte del canon.
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El problema de la autoría: más allá de Marlowe
La propiedad de su corpus creativo, reconocido como uno de los legados artísticos más grandes de la humanidad, ha sido puesta bajo la lupa a partir del siglo XIX bajo el argumento de que el ser humano y el genio no son compatibles. Debido al origen humilde de William Shakespeare (hijo de un artesano guantero, aparentemente iletrado) no parece posible que hubiera contado con las herramientas y la educación formal necesarias para avalar la cultura e ilustración que ostenta su obra, ni con el conocimiento intestino de los modos de proceder y las costumbres de la aristocracia inglesa que figuran como escenarios para sus tramas dramáticas.
La sombra de la duda sobre Shakespeare no es cosa nueva. La mano de Christopher Marlowe en los manuscritos de Shakespeare se detectó por primera vez en el siglo XVIII. Él no es el único que pudo escribir textos y/o fragmentos atribuidos a Shakespeare. En 1992 se formó la Shakespeare Authorship Trust, una asociación de académicos, actores y estudiosos del dramaturgo, con la intención de identificar lo escrito por él y lo ajeno.
Uno de los argumentos que refuerzan la teoría de que Shakespeare no escribió todo lo que se le atribuye es el hecho de que el inglés no salió de la isla de Gran Bretaña, y si lo hizo, de lo cual no hay pruebas contundentes, fue en pocas ocasiones y por poco tiempo. En cambio, algunas de sus obras se desarrollan en ciudades europeas, especialmente en Italia. No solamente, El mercader de Venecia, en el que las descripciones de la ciudad no se limitan a los canales que alguien le pudo describir, está bajo la sombra de la sospecha, sino que otras obras contienen un conocimiento detallado y profundo de ciudades ajenas a los ingleses del siglo XVI-XVII que no abandonaron su país.
Teorías de autoría alternativas:
A menudo, los razonamientos conspirativos se basan en una prueba por ausencia: que no exista un texto manuscrito inequívoco del autor de ninguna de las obras; que los registros no incluyen algunos momentos básicos de su vida, etc. Pero muy a menudo, estos argumentos necesitan que se niegue o minimice la evidencia que efectivamente sí existe para funcionar. Es cierto que William Shakespeare (1564 - 1616), el hijo del guantero y concejal John Shakespeare de Stratford-on-Avon, nunca realizó estudios universitarios y que apenas pasó de las lecciones de la escuela local (además, los registros de la misma ardieron, así que ni siquiera eso es seguro) antes de marchar a Londres para convertirse en actor y, más tarde, accionista de una compañía teatral. Tras su vida en Londres volvió a su pueblo nativo, viviendo cómoda pero modestamente hasta su muerte, sin volver a escribir y sin dejar en su testamento libros o textos manuscritos.
También es cierto que algunos testimonios de la época parecen corroborar su poca instrucción. Especialmente, la ya famosa declaración de otro dramaturgo, Ben Johnson (c.1572 - c.1637), en la que este afirma que Shakespeare conocía «poco latín y aún menos griego». También es famosa la cita atribuida a Robert Greene, que incluso da titulo a una serie televisiva (Upstart Crow, con el cómico David Mitchell interpretando a Shakespeare), en la que se acusa al dramaturgo de ser un «cuervo advenedizo, embellecido con nuestras plumas». Un tercer escritor, Francis Beaumont (1584 - 1616) afirma en su correspondencia que Shakespeare escribía «sus mejores líneas a la tenue luz de la Naturaleza», es decir «sin instrucción».
Otros argumentos a favor se resumen generalmente en paralelismos textuales, es decir, similitudes estilísticas o semánticas entre la obra reconocida como escrita por Shakespeare y los escritos autentificados del candidato alternativo en cuestión. A menudo estos paralelismos incluyen juegos de palabras y anagramas, en que el personaje real no puede evitar dar pistas de su identidad y del engaño.
Aunque se han postulado más de ochenta candidatos para ser el autor real, destacan tres corrientes principales:
| Teoría | Candidato(s) | Argumentos principales |
|---|---|---|
| Teoría Baconiana | Francis Bacon, Sir Walter Raleigh, Edmund Spenser | Paralelismos entre ideas filosóficas de Bacon, uso de léxico y figuras retóricas propias, información comprometedora sobre la corte isabelina. Se especula que Bacon fue cabecilla de un grupo que usó las obras como vehículo para ideas políticas y filosóficas radicales. Algunos afirman que Bacon era hijo secreto de Isabel Tudor. |
| Teoría Oxfordiana | Edward de Vere, 17º conde de Oxford | Propuesta por J. Thomas Looney. De Vere era un aristócrata con educación y experiencia. Se buscan referencias en las obras a sucesos históricos en los que el conde de Oxford jugó un papel. Se especula que de Vere fue amante de la reina Isabel I y padre de un hijo secreto, e incluso que él mismo era hijo de Isabel. El motivo de ocultar su autoría sería preservar su reputación y proteger secretos reales. |
| Teoría Marloviana | Christopher Marlowe | Marlowe tenía más formación y experiencia viajera que Shakespeare. Su vida fue "romántica" y controversial (espía de la corona, posible agente doble). La teoría sugiere que Marlowe fingió su muerte en 1593 para seguir escribiendo bajo el pseudónimo de Shakespeare, o que sus manuscritos fueron copiados por Shakespeare. Investigaciones modernas (Oxford University Press) han encontrado evidencia de coautoría en obras como Enrique VI. |
| Otras teorías | Lady Mary Sidney, Emilia Bassano, etc. | Algunos especulan que Shakespeare pudo ser una mujer, basándose en la complejidad de sus personajes femeninos. Lady Mary Sidney, condesa de Pembroke, y Emilia Bassano (la "dama oscura" de los sonetos) son candidatas por su intelecto, cultura y experiencias geográficas. |
El cine y la cultura popular alimentan el debate
Estas confabulaciones son tan complejas, y enloquecidas por momentos, que no han pasado inadvertidas para la ficción: varias películas, como Anonymous (2011) de Roland Emmerich, u obras teatrales, como I am Shakespeare (2007) de Mark Rylance, las han hecho motivo de sus tramas. La pieza teatral de Rylance, quien fue director artístico del Shakespeare’s Globe Theatre en Londres, se mofa de diversas teorías, dando a cada personaje puesto bajo sospecha la oportunidad de explicar por qué podría ser el verdadero creador hasta llegar a un clímax delirante en donde se invita al público a proclamarse también como el autor de Romeo y Julieta.
En 2011 la película Anonymous identificaba a Edward de Vere, el 17º conde de Oxford (una casualidad, la del condado con la universidad) como el auténtico autor de algunos de los títulos de William Shakespeare. En el cine, en Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013, Jim Jarmusch), John Hurt interpreta a un inmortal Christopher Marlowe, asegurando ser el verdadero autor de las míticas obras. Al parecer, tanto Jarmusch como Hurt compartían dicha opinión.
La polémica sigue viva
De momento, la polémica sobre si el Bardo lo hizo todo o si no fue así permanece en los círculos académicos. No todas las universidades acatan la autoridad de Oxford. En la de Warwick, por ejemplo, continúan con la controversia tras la contundencia mostrada en Oxford. La profesora de Warwick, Carol Rutler, experta también en la obra shakesperiana, aduce que "lo que han hecho en Oxford no resuelve nada de lo que ya se conocía". En opinión de la académica, "Shakespeare colaboró con muchas personas para escribir sus obras de teatro, pero entre estos muchos colaboradores no figuraba Christopher Marlowe".
Lo cierto es que la autoría de Shakespeare parece que nunca se puso en duda durante su vida, ni siquiera en los dos siglos siguientes a su muerte (al menos no de la totalidad de su obra, ya que siempre ha habido discrepancias y disputas en torno a obras dudosas o mal atribuidas). Es solo cuando, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, comenzó a ser considerado uno de los autores más importantes, si no el más importante, de la lengua inglesa, que empezaron a surgir estas teorías, cuando empezaron a plantearse preguntas. En general y paradójicamente, el principal impulso de estas ideas ha sido, desde mi punto de vista, la exaltación de la figura de Shakespeare.
Desde esa plataforma, hay solo un pequeño peldaño que lleva a considerar que su obra es demasiado grandiosa, demasiado importante, para que la persona, bastante común, que dibujan los documentos conservados pudiera ser el autor. Shakespeare, para muchos, no está a la altura de la obra del bardo, así que se hace necesario inventarse otro.
