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Comunicación

Enrique Shaw: El Camino a la Santidad en el Mundo Empresarial

by Admin on 24/05/2026

¿Puede un gran empresario vivir hasta la heroicidad la vida de las bienaventuranzas? En la teoría es fácil responder a la pregunta, pues todos estamos llamados a la santidad y todos tenemos los medios para poder alcanzarla. Sin embargo, la realidad nos muestra que las listas de candidatos a los altares no están muy llenas de grandes empresarios, quizás porque el estilo de vida al que invita el mundo empresarial hace que no sea fácil. La figura de Enrique Shaw desmonta un prejuicio muy arraigado: que un empresario, por definición, no puede ser santo. Él demostró que se puede. La Iglesia va a declarar santo a un empresario, laico, padre de familia numerosa, militar. Eso es revolucionario.

En tiempos de incertidumbre económica, muchos propietarios de pequeños negocios sienten preocupación porque la situación mundial signifique el cierre de sus empresas. Por fortuna, hay bastantes santos familiarizados con las dificultades de llevar una empresa pequeña y todos estarían encantados de interceder por tu economía.

Enrique Shaw: Un empresario con alma de santo

Enrique Ernesto Shaw nació en París el 26 de febrero de 1921, en el seno de una familia argentina acomodada que se encontraba allí por negocios: su padre era propietario de un banco y su madre pertenecía a una familia de empresarios. Su tío materno, que era sacerdote salesiano misionero, lo bautizó en la capital francesa. Este tío tuvo posteriormente una gran influencia en la vida de Enrique. En 1925 murió la madre y su marido cumplió su último deseo: tomarse en serio la educación cristiana de sus dos hijos, confiándola a los padres sacramentinos.

Desde muy pequeño tuvo acercamiento a la religión. De vuelta en Buenos Aires, Enrique fue alumno de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Buenos Aires, y más tarde ingresó en la Escuela Naval Militar, donde realizó labores apostólicas. La Marina le dio una formación que marcaría toda su vida: disciplina, método y orden. Fue el marino más joven graduado en la historia naval argentina y, además, destacado oficial en sus años en la Armada. Los informes de los superiores de Shaw en sus destinos navales mostrarían que había adquirido buenos hábitos y conceptos en su formación. Lo describen como un líder que inspiraba confianza en sus subordinados y que sabía trabajar en equipo. Era laborioso, autónomo, entusiasta, reflexivo, conciliador y mantenía la calma en situaciones de crisis. Contaba con el deseo de formarse continuamente. Inicialmente casi no incluyó a la gestión en su repertorio, aunque algunas obras navales se referían a la conducción del personal. Con el tiempo y en sus años de gestión, Shaw leería con detenimiento libros de administración. Recomendaba vivamente la lectura de la obra de Peter Drucker, "La gerencia de empresas".

En 1945, pidió la baja en la Armada Argentina para emprender su vocación y misión católica. Quiso convertirse en obrero, pero el consejo de un sacerdote le abrió otra perspectiva y decidió llevar el Evangelio al empresariado. Si hubiera esperado unos meses habría ascendido a un puesto todavía más prestigioso en el ejército, pero no quiso esperar. Poco antes de dar este paso, un sacerdote amigo le había convencido para que se comprometiera en un nuevo apostolado en su propia familia: el espíritu empresarial. Habiendo entrado en guerra Argentina el 27 de marzo de 1945, Enrique es enviado por el ejército a estudiar Meteorología a la Universidad estatal de Chicago por dos años. Ya previendo su ingreso a la firma Rigolleau, permaneció hasta 1946 en los Estados Unidos realizando una estadía en la empresa aliada de Rigolleau, Corning Glass Works, donde se puso al tanto de las innovaciones y procedimientos de la industria del vidrio.

Enrique se casó con Cecilia Bunge -hija de un prestigioso arquitecto, estudiante de Bellas Artes y catequista en su parroquia- en 1943, en plena guerra mundial. Crearon una verdadera familia cristiana que se alegró con el nacimiento de 9 hijos, uno de los cuales llegaría a ser sacerdote. Como esposo cuidó amorosamente a su esposa Cecilia; ambos participaron en los grupos Nazareth para la formación de la vida conyugal, y se dedicaron a enseñar pacientemente a sus hijos a seguir a Cristo, educándolos amorosamente en el ejercicio de la libertad, y poniendo a toda la familia bajo la protección de la Virgen María.

Entonces, se incorporó a la gestión de la compañía Cristalerías Rigolleau, de la cual llegó a ser gerente general en poco tiempo. En 1946 ingresó como asistente del Gerente de Planta a Rigolleau, una empresa presidida por uno de los tíos de su esposa, Leon Fourver Rigolleau. En 1948 fue designado Gerente de Producción de Tubos, en 1952 asumió como Subgerente de Producción y en 1954, como Subgerente General. Dicha empresa había comenzado como un proyecto familiar, pero a lo largo de los años creció gracias a la llegada de nuevos accionistas y Enrique se preocupó porque no se perdiera el ambiente familiar. En el nuevo trabajo, sintió una fuerte llamada a evangelizar a los trabajadores, a lo que se dedicó de forma ejemplar. Durante su gestión, se preocupó por cada empleado como si se tratara de un hermano. Muchos de sus trabajadores dieron testimonio de su labor humana y cristiana como dirigente de la empresa.

La anécdota que mejor resume la ética empresarial de Enrique Shaw ocurre cuando la producción debe detenerse y, por lo tanto, la empresa deja de generar ingresos. Cuando, en julio de 1962, al agravarse su enfermedad, se hizo necesaria una transfusión de sangre, unos 200 trabajadores de su empresa acudieron espontáneamente al hospital para donar sangre. Enrique rezaba y ofrecía su enfermedad por la conversión de sus seres queridos, especialmente por su padre que estaba alejado de la Iglesia. Tuvo la gran alegría de verlo comulgar y rezar pocos días antes de morir. Como muestra de su devoción mariana, también antes de morir peregrinó a Lourdes, donde rezó por su familia y amigos. El cáncer acompañó a Shaw durante cinco años de enfermedad. Apenas tomaba calmantes. "Decía: 'Sufro y ofrezco mi dolor por los que sufren de verdad. Yo tengo todo'". Muchas veces, estaba doblado de dolor en reuniones y nadie se daba cuenta. No buscaba heroísmo ni aplausos. "Era coherencia plena. Lo que decía, lo hacía".

La Doctrina Social de la Iglesia en la Práctica

Podríamos decir muchas cosas que tenía de especial Enrique Shaw, pero quizás destaca en él un convencimiento pleno del valor de la doctrina social de la Iglesia y un deseo activo de darla a conocer porque estaba convencido que era la mejor vía para humanizar la sociedad y el mundo del trabajo, como paso fundamental para hacer un mundo mejor.

Shaw pensaba que el desarrollo humano era el objetivo principal de la empresa y no la rentabilidad. La rentabilidad era socialmente necesaria tanto para motivar la acción humana, como para cubrir el factor del riesgo. La frase que Shaw repetía sintetiza toda su filosofía: "Yo no quiero echar a nadie como primera opción". Él dijo que si despedían, aunque sea uno solo, él renunciaba.

  • "Que en la empresa haya una comunidad humana; que los trabajadores participen en la producción y, por lo tanto, darle al obrero el sentido de pertenencia a una empresa."
  • "Una vez una obrera me quiso hablar privadamente, para contarme que un superior había querido abusar de ella. La llevé a decirlo ante Enrique Shaw. Y él dijo: 'Hay que despedirlo e ir a juicio hasta las últimas consecuencias'."

Además, fue uno de los impulsores de la creación de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), donde fue su primer presidente. Durante este período, se hizo miembro de la Acción Católica, convirtiéndose en dirigente nacional hasta que fue elegido presidente de los Hombres de la Acción Católica Argentina en 1961. Durante sus años de enfermedad también encontró tiempo para ser tesorero de la primera junta directiva de la Pontificia Universidad Católica Argentina y para participar en la fundación de la rama argentina del Club Serra, organización filantrópica internacional. Shaw propulsó en 1957, junto con otros empresarios, la ley de asignaciones familiares, que sería una imposición legal para los que contrataban mano de obra.

En 2021, el papa autorizó la promulgación del decreto para reconocer sus virtudes heroicas como un "venerable empresario, laico fiel y padre de familia". A finales de 2025, el papa León XIV aprobó su beatificación. Enrique Shaw (1921-1962) probablemente será en algún tiempo canonizado por la Iglesia católica. Es un caso excepcional ya que casi ningún empresario en el pasado ha llegado a los altares.

Pensamiento Empresarial de Enrique Shaw

El pensamiento de Enrique Shaw sobre el rol del empresario se puede centrar en tres ejes:

  1. Las características que debe poseer el ejecutivo.
  2. Su actitud respecto a empleados y trabajadores.
  3. El impacto de los valores cristianos en su desempeño.

Se han extraído sus ideas principalmente de una conferencia ofrecida en 1958 a profesionales de la Acción Católica titulada "El papel de los dirigentes de empresa". Asimismo, son pertinentes su ensayo "Eucaristía y Vida Empresaria" (publicado por ACDE, 1960) y "Y dominad la Tierra".

¿Qué es un empresario eficaz para Shaw?

  • En primer lugar, es el agente motorizador de la organización y el que marca su rumbo.
  • Es quien toma la dirección, solo o en asociación con terceros, asumiendo la iniciativa y al menos parte del riesgo.
  • Se requiere que el empresario sea enérgico y esforzado, contar con la adecuada capacitación, poseer autocontrol y buen juicio.
  • Debe alentar el trabajo en equipo. Sus decisiones no pueden estar basadas exclusivamente en su autoridad y potestad: debe actuar con humildad y apertura a las opiniones externas.
  • Se espera que logre cumplir los objetivos de su empresa, entre los cuales está la rentabilidad.
  • Como norma debe brindar confianza a los inversores o propietarios.
  • Para cumplir su cometido es necesario que seleccione a directivos eficientes (evitando la contratación de familiares improductivos) y obtenga financiamiento.
  • Siempre debe tener en mente aumentar la productividad, logrando el uso eficiente de todos los recursos contratados.

Relación con los empleados

En la visión de Shaw la relación del empresario con los empleados es central, en especial el desarrollo de sus potenciales. A tal efecto marcó la necesidad de que los ejecutivos conocieran y estuvieran atentos a la realidad de los trabajadores. En efecto, tenían que hacer todo lo posible por brindarles condiciones de trabajo correctas. Para lograr un adecuado rendimiento de la fuerza laboral, era importante que fomentaran en sus dependientes iniciativa propia y creatividad. Este empoderamiento debía estar basado tanto en el reconocimiento del aporte que hacían los trabajadores, como en un sistema adecuado de remuneración que tomara en consideración su productividad, la promoción de puestos y las responsabilidades. Adicionalmente debía brindar participación de los trabajadores en cuestiones que hacían a su bienestar e informarles sobre la marcha de la organización.

Dimensión Trascendente

La dimensión trascendente del empresario era sin duda para Shaw la más importante y la que guiaba el resto. El empresario colaboraba con Dios en la creación, generando para la humanidad bienes y bienestar. Su acción ennoblecía a la naturaleza al transformarla y hacerla más útil a la humanidad. Lograr este progreso con eficiencia era un deber moral para los empresarios. Para Shaw el empresario, de encarnar la espiritualidad y valores cristianos, mejoraría su desempeño. La confianza en Dios lo volvía más optimista y con menor temor a tomar riesgos en nuevos emprendimientos. La mansedumbre y humildad cristianas hacían que el empresario fuera calmo, menos irritable y gozara de mayor autocontrol. El estar abierto y el amor al prójimo le permitía comprender la razón de comportamientos deficientes de su personal y perdonar los errores.

Otros Santos y Beatos Empresarios

Un beato es una persona que falleció y la Iglesia Católica la declara como “bienaventurada”, acto previo a alcanzar la canonización. Un santo, por otra parte, es reconocido por la institución oficialmente como un modelo de virtud cristiana que está en el cielo y se puede venerar públicamente por toda la iglesia. Los beatos pueden ser venerados públicamente, pero está limitado a ciertas regiones, diócesis o comunidades específicas.

1. San Abraham de Harrán (350-422)

Fue un monje que se convirtió en empresario para la salvación de almas. Tras saber de un pueblo que necesitaba conversión, abrió un puesto de frutas para poder conocer a las personas. Sin embargo, los aldeanos valoraban sus precios más que su predicación, una predicación que los enfadó tanto que Abraham empezó a temer por su vida... hasta que pagó sus impuestos y los salvó de la prisión para deudores. Así, las personas se convencieron finalmente de que Abraham quería lo mejor para ellos. Pronto, todos se convirtieron y le convencieron para quedarse con ellos como su sacerdote. Así lo hizo durante tres años hasta ser llamado para servir como obispo de una localidad cercana.

2. San Homobono (1111-1197)

Es el patrón de los empresarios, un comerciante de telas casado que consideraba su negocio como una forma de servir a Dios a través de prácticas empresariales justas y generosidad hacia los pobres. Aunque empresario de éxito, sus extravagantes donaciones hacían que su mujer se preocupara por que terminaran en un hospicio. Sin embargo, Homobono confiaba en que Dios proveería, tanto a través de su filantropía como por la dirección que recibía en su robusta vida de oración. Sin ser obispo ni místico, la santidad de su vida ordinaria era tan evidente que Homobono fue canonizado solamente dos años después de su muerte. Un antecedente es San Homobono, un productor y comerciante textil de Cremona del siglo XII, quien popularmente es considerado el Patrono de los Negocios.

3. Santa Margarita de Youville (1701-1771)

Se crio en la pobreza, cosa que no hizo sino empeorar después de casarse con un contrabandista beodo con una moralidad deplorable y un peor sentido empresarial. Lo soportó durante ocho años de matrimonio, durante los cuales dio a luz a seis hijos y enterró a cuatro. Cuando su marido falleció, únicamente dejó deudas a Margarita, así que abrió una tienda para intentar luchar para salir de la pobreza. Como empresaria tuvo el suficiente éxito como para dar más a los pobres de lo que se quedaba para sí; después de siete años, Margarita dejó la tienda para servir a los pobres a tiempo completo con un grupo de compañeras que más tarde se convertiría en las Hermanas Grises de Montreal.

4. San Pedro Wu Guosheng (1768-1814)

Fue un hotelero ruidoso y bullanguero. Tras escuchar de pasada como sus huéspedes hablaban de Jesús, Wu se decidió emocionado a compartir el Evangelio con todo el mundo. Empezó a sacar personas de la calle y las sentaba en su hotel para hablarles del Evangelio. Después de aprender a canalizar su efusividad (para ganar efectividad y también para evitar ser arrestado), Wu estableció su hotel como el centro de la comunidad cristiana en su región y acercó a 600 personas a Jesús. Fue arrestado y asesinado, el primer mártir chino.

5. Santos Luis Martin (1823-1894) y Celia Martin (1831-1877)

Son famosos por ser los padres de santa Teresa de Lisieux, pero son santos por derecho propio. Luis fue un relojero a quien su bajo nivel de latín le impidió estudiar para ser sacerdote; Celia hacía encajes y su frágil salud le impidió entrar en el convento. Se casaron y pronto descubrieron que el negocio de encajes de Celia era tan próspero que Luis decidió vender su tienda de joyería y relojería para centrarse en ayudar a su esposa. Celia dirigía las operaciones desde una oficina en el hogar, mientras que Luis ayudaba en las ventas y en el diseño artístico. Trataban a sus empleados como a la familia y ganaron suficiente dinero como para que, a la muerte de Celia, Luis pudiera retirarse a Lisieux para criar a sus hijas cerca de la familia.

6. Beato Salvador Huerta Gutiérrez (1880-1927)

Fue un hombre casado, padre de 12, que dirigía un taller mecánico en México. Aunque sus inicios fueron pobres, llegó a ser conocido como el mejor mecánico de Guadalajara (el “mago de los coches”) y con el tiempo tuvo ocho empleados. Además de dirigir el negocio, consideraba que parte de su trabajo era formar a sus empleados como buenos hombres y cristianos. Ejemplificaba la vida cristiana visitando el Santo Sacramento todas las mañanas de camino al trabajo. Durante la Guerra Cristera, fue asesinado por su fe, junto con su hermano el beato Ezequiel Huerta Gutiérrez, padre de 10 y famoso cantante. Todos fueron asesinados por odio a la fe, no enlistarse en la guerra o ser “demasiados apacibles” durante el conflicto armado.

7. Venerable Jan Tyranowski (1901-1947)

Esperaba trabajar como contable, pero una enfermedad crónica le imposibilitaba el trabajo de oficina. En vez de eso, se unió a su padre como sastre y dirigió la empresa familiar tras la muerte de su padre. Fue un soltero de clase obrera que vivía con su madre y, a primera vista, nadie especialmente reseñable. Pero también fue un místico cuya labor como líder juvenil cambió la vida de Karol Woytyla y (a través de él) el mundo. Fue declarado Venerable -y por tanto heroico en sus virtudes cristianas- el 24 de abril del 2021 por el papa Francisco.

Tabla comparativa de Santos Empresarios y sus Contribuciones

Santo/Beato Periodo Actividad Empresarial Contribuciones y Virtudes Destacadas
San Abraham de Harrán 350-422 Comerciante de frutas Evangelización a través del comercio, salvación de deudores, conversión de aldeanos.
San Homobono 1111-1197 Comerciante de telas Justicia empresarial, generosidad con los pobres, confianza en la providencia divina.
Santa Margarita de Youville 1701-1771 Dueña de tienda Lucha contra la pobreza, éxito empresarial para la caridad, fundadora de las Hermanas Grises.
San Pedro Wu Guosheng 1768-1814 Hotelero Evangelización a través de su negocio, centro comunitario cristiano, martirio por la fe.
Santos Luis y Celia Martin Luis: 1823-1894
Celia: 1831-1877
Relojería y encajes Trabajo en equipo en el matrimonio, trato familiar a empleados, piedad y vida familiar.
Beato Salvador Huerta Gutiérrez 1880-1927 Taller mecánico Excelencia profesional, formación cristiana de empleados, martirio por la fe.
Venerable Jan Tyranowski 1901-1947 Sastre (negocio familiar) Misticismo, liderazgo juvenil (mentor de Juan Pablo II), humildad en la vida obrera.
Venerable Enrique Shaw 1921-1962 Gerente de Cristalerías Rigolleau Aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia, humanización del trabajo, preocupación por los empleados, visión de comunidad.

Estos santos y santas pueden ayudarte cuando tienes preocupación porque tu economía está en riesgo, ya que ellos pasaron por la misma situación y te entienden.

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