El Autoempleo en España: Consecuencias Sociales y Desafíos en un Mercado Dual
La economía de mercado actual está dominada por grandes grupos empresariales que emplean a decenas de millones de trabajadores asalariados y acumulan miles de millones de euros de beneficios. La inmensa mayoría de mercancías y servicios que necesitamos y consumimos en nuestra vida cotidiana pasan fundamentalmente por el ciclo empresa privada - trabajo asalariado hasta llegar al consumo final. Sin embargo, en España, junto a las grandes y medianas empresas, conviven unos 3 millones de trabajadores autónomos que desarrollan su actividad en los márgenes de las relaciones capital - trabajo, englobando situaciones muy heterogéneas.
El trabajo por cuenta propia ocupa una masa más o menos amplia de trabajadores, muy variable según la situación de cada país, pero importante incluso en las economías capitalistas más avanzadas. Así, en nuestro país el autoempleo tiene una importancia social y numérica relevante. El presente artículo reflexiona sobre la situación social y económica en España y analiza la figura del emprendedor en un contexto social, cultural y económico neoliberal.
La Dualidad del Autoempleo: ¿Convicción o Necesidad?
El mundo del trabajo autónomo, tan a menudo idealizado como la base del emprendimiento y la libertad laboral, es en realidad un ecosistema bastante más complejo del que se percibe. Es crucial para entender verdaderamente el tejido productivo y social de nuestro país distinguir entre los autónomos que emprenden por convicción (emprendedores genuinos) frente a aquellos que lo hacen por simple necesidad, como último refugio ante la falta de alternativas.
Para quienes emprenden por necesidad, el autoempleo no representa una elección estratégica, óptima ni eficiente, sino una tabla de salvación en un contexto de desempleo estructural o agotamiento de prestaciones sociales. Este fenómeno responde al llamado “efecto refugio”, que se produce cuando, ante la escasez de empleos por cuenta ajena, un número creciente de personas se registra como autónomos, no porque hayan detectado una oportunidad de negocio boyante, sino simplemente para poder facturar y obtener algún ingreso. No es coincidencia que este fenómeno se acentúe en épocas de crisis y en regiones con mayores tasas de desempleo.
Lo más preocupante es la composición de este colectivo en España. Según un estudio del Banco de España de 2019, el 26% de los autónomos españoles emprende por necesidad, situando a nuestro país como el cuarto de la Unión Europea con mayor proporción de autoempleo forzoso, significativamente por encima de la media europea. Esta situación se agrava entre los autónomos con estudios bajos, donde el porcentaje aumenta hasta el 30%, y alcanza un alarmante 60% entre los jóvenes. Estos datos desmontan el discurso épico del “emprendimiento juvenil” como motor de cambio y nos enfrentan a una verdad incómoda: para muchos jóvenes y personas con menor cualificación, ser autónomo no es la materialización de un sueño, sino la única puerta de entrada disponible al mercado laboral. Es una manifestación de la frustración y la falta de oportunidades en el empleo asalariado.
Prevalencia y Distribución Sectorial del Autoempleo
En España, el empleo no asalariado comprende actualmente el 16% de los ocupados, ligeramente por encima de la media europea. Durante la Gran Recesión, mientras el empleo asalariado se desplomaba, el número de autónomos mostró mayor resistencia. El informe Flexibilidad en el Trabajo de Randstad del año 2015 evidenció cómo el peso de los autónomos en el mercado laboral español aumentó, situándonos como uno de los países europeos con mayor proporción de trabajadores por cuenta propia, solo superados por Italia y Portugal.
Tradicionalmente, la agricultura ha sido una de las principales bases de la pequeña propiedad, el autoempleo e incluso el autoconsumo, la producción no mercantil. La agricultura, por el contrario, fue el único sector en que el autoempleo y los pequeños productores independientes llegaban a superar en número a los asalariados hasta décadas recientes. Actualmente, es el sector servicios el principal sostén del autoempleo en términos absolutos, suponiendo en torno a 1,4 millones de autónomos “propiamente dichos”, esto es el 72% del total. En parte, este sector se ha nutrido desde el inicio de la crisis por trabajadores despedidos.
La Figura del "Falso Autónomo" y sus Implicaciones
Un aspecto crítico del autoempleo es el fenómeno del “falso autónomo”. La propia legislación, a través del Estatuto del Trabajador Autónomo de 2007, reconoció esta figura con la creación del “Trabajador Autónomo Económicamente Dependiente” (TRADE). Un TRADE es aquel que, dado de alta como trabajador por cuenta propia, factura al menos el 75% a un mismo cliente. En la actualidad, constan formalmente como tales unos 275.000 (en torno al 9% del total de autónomos), de los que el 63,75% manifiestan tener un único cliente.
Esta relación encubre la verdadera relación empresa-trabajador, lo que supone algunas ventajas para la empresa dominante, como la inaplicación de derechos laborales y un aumento de la división entre los trabajadores. Un ejemplo claro del uso de esta política empresarial es el de Telefónica, un gran monopolio nacional, que pasó de tener 74.340 trabajadores en 1993 a 26.110 en 2007, perdiendo dos tercios de su plantilla desde su privatización. Esto se debió en gran medida a la creación de una constelación de contratas y subcontratas, algunas de ellas externalizadas. La gran empresa Telefónica-Movistar genera una red de subcontratas, poniéndolas a competir entre sí para obtener los mayores resultados con el menor coste posible. A pesar de las dificultades, en una de las luchas recientes más significativas del movimiento obrero, 4.000 trabajadores de Telefónica-Movistar y cuatro de las contratas convocaban una huelga conjunta en la provincia de Barcelona.
Las ventajas para las empresas de esta modalidad, unidas a la incertidumbre actual de la evolución del mercado y del consumo, hacen que muchas empresas, para evitar contratar asalariados, recurran en mayor medida al trabajo “free-lance”. Según un estudio de Infojobs-Esade de 2014, el volumen de vacantes para este tipo de puestos se había multiplicado por 10 desde 2008. Existe un efecto sustitución, por el que tareas antes cubiertas por trabajo asalariado pasan a cubrirse con autónomos, en muchos casos en fraude de ley.
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Vulnerabilidades Económicas y Sociales de los Autónomos
La dualidad en la caracterización del autónomo genera una brecha económica significativa entre los diferentes tipos de autónomos y los asalariados. En un trabajo de principios de este siglo, Barton Hamilton evidenció que los autónomos por necesidad obtienen ingresos significativamente inferiores a los que habrían conseguido como asalariados con cualificaciones similares. Esta diferencia, lejos de reducirse con el tiempo, tiende a ampliarse, pudiendo alcanzar el 30% tras diez años de actividad. En España, los autónomos sin empleados declaran ingresos medios un 25% inferiores a los asalariados equivalentes, mientras que los autónomos empleadores ganan hasta un 35% más.
Tabla 1: Comparativa de Ingresos Medios del Autoempleo frente al Empleo Asalariado
| Tipo de Trabajador Autónomo | Comparación de Ingresos Medios con Asalariados Equivalentes |
|---|---|
| Autónomos sin empleados | 25% inferiores |
| Autónomos empleadores | hasta 35% superiores |
| Autónomos por necesidad | significativamente inferiores (hasta 30% menos tras 10 años de actividad) |
La precariedad del autónomo por necesidad va más allá de los bajos ingresos. Se enfrenta a una volatilidad extrema, con meses de facturación nula o mínima, sin la red de seguridad de un salario fijo. Su protección frente al desempleo es limitada y su cobertura social a menudo inferior a la de los asalariados. Además de los falsos autónomos, otra situación en auge con los despidos masivos que ha traído la crisis es la del autónomo “por desesperación”. Estos son trabajadores que pierden su empleo y se quedan en la calle con mínimas perspectivas de conseguir un nuevo empleo estable, decidiendo ocuparse por su cuenta utilizando el dinero de la indemnización del despido. En muchos casos su esperanza se desvanece pronto, perdiendo la indemnización por el camino, ya que el 80% de las iniciativas empresariales fracasa antes de los cinco años.
La investigación actual muestra que el empleo temporal y el autónomo, estrechamente vinculados a la 'gig economy', tienen un impacto negativo sobre el bienestar de los trabajadores, especialmente en términos de salud declarada. Las enormes dificultades de inserción o reinserción laboral de los trabajadores maduros han conducido a que, en muchas ocasiones, tengan que acudir al emprendimiento y al autoempleo como única salida posible a su situación. El desempleado maduro suele emprender o autoemplearse «por necesidad y no por convencimiento».
Barreras y Competencia en el Mercado
Los autónomos enfrentan múltiples obstáculos para su desarrollo. En el ámbito financiero, los bancos, para conceder financiación, les obligan a presentar su plan de negocio y el plan de viabilidad de su empresa, pero aun así las entidades bancarias no consideran la posibilidad de concederles el préstamo que solicitan, ya que las restricciones al crédito han asfixiado muchos pequeños negocios. El acceso al crédito se ha convertido en un hándicap, en muchas ocasiones imposible de superar. Además, la elevada carga impositiva en los ámbitos fiscal y de Seguridad Social disuade, con demasiada frecuencia, al trabajador maduro para emprender o para autoemplearse.
La enorme dificultad y complejidad burocrática y administrativa existente en España tanto para emprender como para que el trabajador se establezca como autónomo ha sido denunciada por la Unión Europea desde 1998. Aunque se han dado algunas respuestas, estas no han sido de la entidad suficiente como para que se haya relativizado esta carga administrativa.
Como proveedores a grandes y medianas empresas, los autónomos son la parte débil de la relación, y sus márgenes menguan a costa del aumento de los de su contraparte. Uno de los ejemplos más claros es el de los pequeños productores agrícolas, que a pesar de unirse para la venta de sus productos, no pueden más que aceptar condiciones negociadas en desigualdad con los grandes distribuidores. “Hay un marcaje férreo a los márgenes del proveedor. Cada gran distribuidor negocia con decenas de productores, el precio lo ponen ellos, e incluyen los descuentos que le van a hacer al consumidor”, según Leocadio Marín. El resultado es un trasvase de la riqueza creada por los pequeños hacia los grandes.
Cuando la relación no es de compra o venta mutua de bienes o servicios, sino de competencia por colocar sus productos en el mercado, son los pequeños el eslabón débil. El desarrollo de la economía capitalista tiende a expulsar de cuotas más amplias del mercado a los pequeños. La competencia por mercados y recursos entre las empresas tiende a la concentración de los mercados en cada vez menos manos. Las grandes empresas son más productivas, pueden vender sus productos más baratos, desplazando a las pequeñas menos competitivas del mercado.
Implicaciones Sociales y Políticas
La evidencia nos ofrece una clara correlación entre las tasas de desempleo, la fortaleza de los sistemas de protección social y el volumen de autoempleo por necesidad. Así, cuando las prestaciones por desempleo son escasas o de difícil acceso, el incentivo a darse de alta como autónomo aumenta considerablemente. Las políticas de fomento del emprendimiento, cuando se conciben como una mera herramienta para maquillar las cifras de desempleo sin analizar la viabilidad de los proyectos, corren el riesgo de financiar actividades condenadas al fracaso, fomentando un “falso emprendimiento” que no contribuye al crecimiento económico.
La clave está en dejar de confundir emprendimiento con supervivencia. Nuestra economía no necesita simplemente engrosar las listas de autónomos para reducir las cifras de desempleo. Lo que realmente necesitamos son oportunidades de empleo de calidad para todos: empleos asalariados estables y dignos para quienes buscan seguridad, y un ecosistema favorable para que los verdaderos emprendedores puedan crear negocios innovadores y generadores de empleo. Seguir aplicando las mismas políticas a realidades tan dispares solo nos condena a perpetuar la precariedad y a desaprovechar el potencial de quienes realmente podrían impulsar nuestra economía.
El Gobierno español no realiza políticas globales e integrales para capacitar a los individuos y principalmente sitúa el marco de actuación en el ámbito educativo, pero los resultados son pobres. Si fuese una prioridad, el Gobierno, las autoridades e instituciones deberían actuar coordinadamente y fomentar los cambios necesarios para abordar esta compleja realidad.
