La dimensión importa: el desafío de las PYMES españolas y la transformación del periodismo
España se enfrenta a una particularidad en su tejido empresarial: lo que a menudo se denomina PYMES son, en realidad, microempresas. Esta realidad se ha puesto de manifiesto en diversos informes y análisis, que subrayan cómo el tamaño reducido de estas empresas impacta directamente en su capacidad de competir, innovar y generar valor.
El tamaño de las empresas españolas: una realidad preocupante
El cuarto informe sobre la Empresa Mediana Española, elaborado por el Círculo de Empresarios y la APIE, con la participación de Elena Pisonero, presidenta de Hispasat, y Rafael Domenech, economista jefe del BBVA, lo demuestra. Elena Pisonero llegó a afirmar que «el 94,6% de las empresas españolas tienen dos empleados y aunque éstos sean los reyes del mambo así no se puede competir en los mercados internacionales».
Más del 95% de las PYMES españolas facturan menos de dos millones de euros, y la dimensión media de estas empresas es de 4,6 empleados, aproximadamente tres veces menos que el tamaño de sus homólogas alemanas. De hecho, si las empresas españolas crecieran hasta esas dimensiones, la productividad española se incrementaría un 13%.
Con este pequeño tamaño, que para ser estrictos deberían calificarse como micropymes, es muy difícil internacionalizarse, mejorar la productividad, invertir en tecnología, pagar más a sus empleados y garantizar mejor los puestos de trabajo. Esto contrasta con lo que ocurre en las grandes corporaciones. Una prueba de ello es que, en la actual recuperación económica de España, son las grandes empresas las que están generando nuevo empleo.
Las empresas medianas españolas sí son igual de productivas que las instaladas en otros países de la UE a los que queremos parecernos, pero la productividad en las microempresas se desploma un 30%. Esto significa que si estas empresas crecieran, el PIB de España aumentaría sensiblemente.
Es evidente que el motor del crecimiento de la economía española son las micropymes y empresas de tamaño medio, que constituyen en nuestro país un porcentaje cercano al 94% y generan el 63% del empleo. Sin embargo, la dimensión de la empresa española nos sitúa en una situación de clara desventaja para competir en los mercados internacionales; tan solo el 0,7% de las empresas españolas tienen un tamaño medio (entre 50 y 249 trabajadores), frente al 2,6% de Alemania, el país con menos micropymes (83%) de toda Europa. Las PYMES suponen el 99,8% de las empresas en España. En total son 2,9 millones, y representan el 60% del valor añadido bruto del país y el 61,6% del empleo empresarial.
No obstante, en un contexto de transformación del tejido empresarial, la Cámara de Comercio de España señala una pérdida relativa de peso de las PYMES frente a las grandes empresas en los últimos años. Aunque han mantenido un crecimiento estable del empleo cercano al 2% desde 2020, este ha sido inferior al repunte experimentado por las grandes compañías.
La productividad es consecuencia del tamaño de la empresa. El poder acceder a economías de escala, que permite reducir costes de producción, es un terreno exclusivo para medianas y grandes empresas, y prácticamente vetado para micropymes y empresas unilocalizadas. Además, esta productividad redunda en una mayor competitividad de las empresas. Por último, la escasa dimensión empresarial dificulta el acceso al crédito, uno de los grandes lastres de España.
Propuestas para el crecimiento y el apoyo a las PYMES
Para mejorar esta situación, Javier Vega de Seoane, presidente del Círculo de Empresarios, ha pedido al Gobierno que libere de preocupaciones a este tipo de empresas incrementando los umbrales. Una PYME, a partir de 50 empleados en España, tiene una serie de obligaciones laborales, fiscales y administrativas que, según su propuesta, deberían surgir cuando se tengan 100 empleados. Igual ocurre con su facturación, de los 6 millones de euros actuales piden que se incremente hasta los 20, aclaró el Círculo. Estos baremos son de 1984 y las cosas han cambiado mucho, afirmó Vega de Seoane.
A preguntas de OKDIARIO, recordaron que en aquellas comunidades autónomas donde hay menos legislación, como Madrid, Baleares, La Rioja o Canarias, se consigue que las empresas crezcan de tamaño. Por el contrario, en lugares como Asturias, Andalucía y Extremadura, la administración regional provoca justo lo contrario.
Desde 2013 se viene registrando una tendencia en este tipo de empresas de mejora de los recursos propios y un proceso de desapalancamiento muy positivo. También se percibe una mejora en el sector inmobiliario y hay margen de crecimiento de la productividad vía mayor dimensionamiento de las empresas, y de la industrialización de los procesos de producción en el caso de la edificación.
Los desafíos actuales de las PYMES en 2026
Las pequeñas y medianas empresas afrontan con temor el actual escenario de creciente incertidumbre marcado por la situación geoestratégica internacional. Aguardan con notable preocupación las medidas anticrisis que el Gobierno aprobará en el Consejo de Ministros extraordinario. Cruzan los dedos para que las decisiones que allí se tomen no supongan un nuevo incremento de costes laborales ni una mayor carga burocrática. «Si esas dos variables aparecen, muchas pymes se quedarán fuera», aseguró en Burgos la presidenta de Cepyme, Ángela de Miguel, durante el Club de Prensa organizado por EL CORREO DE BURGOS e Ibercaja.
De Miguel indicó que la inestabilidad internacional, con tensiones geopolíticas que impactan en la energía, la logística y los costes de producción, enfría las expectativas y añade presión a unas empresas que operan con márgenes ajustados y afrontan numerosos retos que debilitan sus fuerzas.
La presidenta de Cepyme alertó de que el heterogéneo sector al que representa llega a este momento con una capacidad de resistencia cada vez más limitada. «Hemos absorbido muchas subidas», lamentó, anticipando posibles efectos inflacionarios y dificultades de financiación derivadas de la subida de los tipos de interés que llegará de mantenerse o agravarse el escenario actual. A su juicio, el problema no es únicamente coyuntural, sino estructural, y responde a un entorno que «demoniza» al empresario en términos generales y «penaliza especialmente a las empresas más pequeñas», aquellas que, precisamente, deben cuidarse por ser «el germen de futuras grandes multinacionales». No en vano, recordó que España cuenta actualmente con 25.000 microempresas menos que antes de la pandemia, una pérdida que atribuyó, en gran medida, al aumento continuado de costes y exigencias.
De Miguel centró su intervención en desglosar los lastres que soportan en su día a día y que hacen que quienes se plantean emprender «se lo piensen dos veces antes de dar el paso». Al respecto, la presidenta de Cepyme incidió en una carga regulatoria «desproporcionada» que impide «competir». «Los pequeños comercios tienen que cumplir 3.000 normas. Surgen de media al día 3,5 leyes que deben estudiarse para trabajar. Y no todo depende de Europa. La prueba es que el 60% de los empresarios españoles ven esta complejidad como un grave problema, mientras que el porcentaje que tiene esa percepción cae al 25%», detalló, para precisar, como ejemplo, que en materia laboral aparecen medidas cada vez más «originales y disparatadas», anuncios constantes «que dificultan planteamientos a medio y largo plazo y ahogan la inversión».
En relación con la normativa, De Miguel reclamó un cambio de enfoque y reclamó dejar de pensar primero en las grandes empresas, pues lo que a ellas les sirve, a las pequeñas no, y promover medidas ideadas para las que tienen tres trabajadores, pues «lo que esa puede cumplir, lo puede cumplir cualquiera». A ello se suman una elevada presión fiscal y el alza sostenida de los costes laborales en los últimos años, que dificultan la organización empresarial. «No es solo cuánto sube, es que no sabemos qué va a pasar mañana», apuntó. Esta situación, añadió, contribuye a la desaparición de tejido productivo, especialmente entre microempresas, que son las más vulnerables ante el aumento de costes.
Problemas adicionales: absentismo, desajuste laboral e intervencionismo estatal
Otro de los factores que más preocupa a Cepyme es el absentismo laboral, que su máxima responsable desde hace apenas un año califica como «un problema de gestión más que de salud». «Tenemos identificado dónde está el problema; lo que falta es actuar», subrayó. Lanzaba así por enésima vez el guante a la Administración, a la que urgen medidas concretas como una mayor colaboración con las mutuas, el refuerzo de la inspección y un seguimiento eficaz de los procesos. En paralelo, señaló el desajuste entre oferta y demanda de empleo, con vacantes sin cubrir pese a niveles elevados de paro, lo que evidencia fallos en el sistema formativo y en los incentivos.
De Miguel criticó especialmente lo que considera «un intervencionismo» innecesario, agravado por una falta de reconocimiento al papel del empresario. «Las empresas no somos el problema, somos la solución», sostuvo, para reivindicar el papel de las PYMES como motor económico y social, especialmente en territorios como Burgos, donde el tejido industrial y empresarial tiene un peso determinante.
En relación con las mencionadas injerencias del Estado, la presidenta de Cepyme cuestionó en particular iniciativas como la campaña del Ministerio de Trabajo dirigida a fomentar la «democratización de la empresa», que, a su juicio, parte de un planteamiento erróneo, un «disparate». «Se habla como si nuestras empresas no fueran democráticas, cuando lo son plenamente dentro del marco legal», afirmó, para advertir de que este tipo de propuestas buscan, en realidad, lo contrario de lo que ‘venden’, pues pretenden controlar desde fuera la organización interna de las compañías. La patronal nacional, de hecho, plantó a la responsable del área, Yolanda Díaz, en la negociación de medidas en este sentido por considerar su planteamiento un ataque populista, lo que, según De Miguel evidencia la fortaleza que otorga la unidad del empresariado, capaz de «hacer frente» a este intento de «sindicalizar» los más de tres millones de PYMES que existen en España.
La también presidenta de CEOE Valladolid alertó de que esta tendencia se enmarca en una dinámica más amplia de creciente intervención, con medidas que, a su juicio, reducen el margen de actuación de las empresas. En este punto, aludió directamente al peso que ha adquirido el salario mínimo interprofesional, que en muchas provincias ronda el 80% del salario medio, lo que, según advirtió, deja «sin espacio» a la negociación colectiva. A su entender, la fijación de estos umbrales desde arriba limita la capacidad de adaptación de las PYMES a su realidad productiva y territorial y complica la organización interna.
Con todo, De Miguel quiso lanzar un mensaje de cierto optimismo y confianza en el tejido empresarial. Subrayó la capacidad de adaptación de las PYMES y su fortaleza contrastada para superar escenarios adversos. «Si alguien tiene la capacidad de darle la vuelta a los problemas y ver las oportunidades que encierran son todos nuestros pequeños empresarios», afirmó, para reivindicar su esfuerzo diario, ese que les consagra como «motor» de la economía y, sobre todo, como «héroes» cotidianos.
PASO 9 - Las PyMES y el Gobierno Corporativo
Talento femenino, relevo generacional y digitalización: oportunidades y desafíos
Por otra parte, la presidenta de Cepyme, Ángela de Miguel, defendió en este mismo foro que «si alguien ha hecho los deberes en materia de igualdad en España es la empresa». Y es que, más allá de los problemas a los que se enfrentan los negocios más pequeños, la representante del sector abundó en el turno de preguntas en aspectos como el avance del talento femenino, la falta de relevo o las oportunidades que entraña la digitalización.
Al respecto, explicó que la incorporación de la mujer en puestos de responsabilidad en las PYMES se ha producido «con absoluta naturalidad» y subrayó que el carácter pragmático del empresariado facilitaba entender con rapidez que «la diversidad aporta valor». Es más, precisó que los equipos heterogéneos pueden mejorar hasta un 20% la cuenta de resultados.
No obstante, reconoció que en el ámbito de la pequeña y mediana empresa este proceso presenta un ritmo más pausado que en las grandes compañías, debido a estructuras más estables y a una menor rotación en los cargos directivos. Aun así, apuntó que el relevo generacional favorece este avance en particular.
Precisamente, en opinión de De Miguel, la sucesión constituye otro de los grandes desafíos para el futuro de las PYMES. Al hilo, advirtió de que muchos negocios viables desaparecen por falta de continuidad, especialmente en territorios como Castilla y León. «Perdemos empresas que funcionan», lamentó, para reclamar mecanismos que faciliten la transmisión empresarial más allá del ámbito familiar y permitan preservar el tejido productivo.
En paralelo, la presidenta de Cepyme situó la digitalización como un factor determinante para la competitividad. A su juicio, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial abren oportunidades inéditas para las empresas más pequeñas, al permitirles acceder a herramientas antes reservadas a grandes compañías. Consideró, no obstante, que este proceso debe abordarse desde la utilidad y no desde la imposición.
La relevancia de las PYMES en el territorio y en sectores estratégicos
Las organizaciones empresariales destacan el importante valor de las PYMES tanto en innovación como desde la perspectiva de la cohesión de los territorios. "Son las únicas proveedoras directas y de cercanía de determinados bienes y servicios", afirma Cepyme, que subraya su papel en especial en territorios más despoblados. También en los barrios de las ciudades, tanto como "proveedores de bienes y servicios como realizando un papel de elemento vertebrador" en cuestiones más allá de su actividad.
Coincide con la misma idea el director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España, Raúl Mínguez, que indica que "son fundamentales en la generación de empleo y riqueza en zonas rurales y regiones menos favorecidas". También destaca su contribución en la preservación de la cultura y vitalidad de sus comunidades locales, "dado que muchas de estas empresas son familiares", lo que las impulsa, debido a su arraigo con el territorio, a participar en iniciativas de desarrollo y bienestar de su entorno.
Las PYMES industriales son las de mayor tamaño. Su participación cae al 40%, frente al predominio de las grandes empresas. A pesar de contar con menos recursos tecnológicos (el 24% del gasto en I+D), al enfocarse en nichos específicos y estar cerca del cliente, pueden "detectar rápidamente nuevas necesidades" y ofrecer "soluciones creativas" que dinamizan la economía y fomentan nuevas iniciativas, destaca Mínguez.
"Existen sectores estratégicos cuya actividad se sustenta en miles de PYMES, como es el caso del sector primario", que suma unas 100.000 empresas, remarca Cepyme, que también destaca entre ellos la construcción, el comercio y la hostelería. Las PYMES siguen siendo protagonistas en el comercio, con una participación del 62% del total de la producción, aunque han retrocedido desde el 66% que representaban en 2021.
Este panorama recalca la necesidad urgente de políticas que no solo reconozcan la vital importancia de las PYMES para la economía y sociedad española, sino que también actúen para facilitar su crecimiento, reducir las barreras burocráticas y fomentar un entorno más propicio para su desarrollo y competitividad.
