La Bondad: Un Pilar Fundamental en el Liderazgo, la Psicología Positiva y el Desarrollo Humano
A lo largo de los años, la Psicología se ha establecido como una ciencia basada en el estudio de los procesos mentales y la conducta del ser humano, principalmente enfocada en la patología, la debilidad humana y las emociones negativas. Sin embargo, en los últimos años, ha surgido un cambio en la investigación y aplicación de esta disciplina, buscando abordar también las variables positivas y las características que conducen al bienestar y a una buena vida (Seligman & Csikszentmihalyi, 2000). Esto ha dado lugar al surgimiento de la Psicología Positiva.
La Psicología Positiva: Una Nueva Perspectiva
La Psicología Positiva, definida por Seligman (2019), es el estudio científico de los rasgos individuales y las experiencias positivas de un individuo, las instituciones que facilitan su desarrollo y los programas que ayudan al mejoramiento de la calidad de vida de las personas, mientras previene o reduce la incidencia de la psicopatología. En este marco, las virtudes son cualidades valoradas universalmente por la moralidad humana (Peterson y Seligman, 2004). Es probable que parte de la esencia de las virtudes se remonte a bases biológicas, pues integran un proceso evolutivo donde, desde un principio, dichas características se consideraron esenciales para la supervivencia de la raza humana.
Otro concepto clave que plantea la Psicología Positiva es el de las Fortalezas de Carácter (FC). Estas hacen alusión a aquellos procesos psicológicos que definen una virtud y, por lo tanto, son derivadas de ella (Peterson & Seligman, 2004). Además, se ha considerado que las FC son rasgos que se manifiestan a lo largo de los años en diferentes contextos de la vida, y que suelen ser de naturaleza constructiva (Contreras & Esguerra, 2006). Peterson y Seligman (2003) realizaron una clasificación de las Fortalezas de Carácter, que se agrupan en seis virtudes principales:
Virtudes y Fortalezas de Carácter
- Sabiduría y conocimiento: Fortalezas cognitivas que implican la adquisición y el uso del lenguaje.
- Creatividad (originalidad, ingenio)
- Curiosidad (interés, búsqueda de lo novedoso, apertura a la experiencia)
- Mente abierta (juicio, pensamiento crítico)
- Amor por el aprendizaje
- Coraje: Fortalezas emocionales que requieren el ejercicio de la voluntad para lograr objetivos a pesar de las adversidades internas o externas.
- Valentía (valor)
- Persistencia (perseverancia, laboriosidad)
- Autenticidad (autenticidad, honestidad)
- Humanidad: Fortalezas interpersonales que envuelven el cuidado y la creación de amistades.
- Amor
- Bondad (generosidad, cariño, cuidado, compasión, amor altruista)
- Justicia: Fortalezas cívicas que resultan en una vida comunitaria saludable.
- Trabajo en equipo (responsabilidad social, lealtad, trabajo en equipo)
- Equidad
- Templanza: Fortalezas que protegen contra el exceso.
- Perdón
- Modestia
- Prudencia
- Trascendencia: Fortalezas que proporcionan significado a la vida y crean conexiones después de ella.
- Apreciación de la belleza (asombro, elevación)
- Gratitud
- Esperanza (optimismo, visión hacia el futuro)
- Humor (gracia)
La Bondad en el Liderazgo Empresarial
La palabra "bondad" tiene algo molesto en el mundo corporativo, sonando blanda e incluso ingenua. Durante décadas, el liderazgo empresarial ha preferido hablar de estrategia, eficiencia, resultados o competitividad; conceptos sólidos, medibles, casi musculosos. Sin embargo, basta observar a los líderes que dejan huella para descubrir una constante sorprendente: detrás de su influencia suele haber una profunda capacidad para tratar bien a los demás.
No es cuestión de sentimentalismo. La filosofía clásica lo sabía bien. Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, sostenía que las virtudes no son ideas abstractas, sino hábitos que moldean el carácter. La bondad -expresada en la generosidad, la justicia o la benevolencia- no era para él una emoción pasajera, sino una práctica constante que hacía posible la vida en comunidad. En otras palabras: la bondad no era una debilidad moral, sino una forma de inteligencia social.
Para Aristóteles, la bondad es una virtud ética y un hábito práctico cultivado mediante la razón, no un acto aislado, que busca el «justo medio» entre el exceso y el defecto para alcanzar la excelencia. Para Sócrates, la bondad no era una cuestión de apariencia moral, sino de conocimiento. El filósofo ateniense defendía que nadie hace el mal de forma consciente: cuando una persona comprende verdaderamente qué es el bien, actúa en consecuencia. Platón, su discípulo, llevó esta idea un paso más allá y situó la bondad en la cima del pensamiento filosófico: la Idea del Bien es la fuente que ilumina todas las demás verdades, como el sol que permite ver y comprender el mundo.
Siglos después, Leibniz interpretó la bondad desde una mirada racional y optimista del universo: si Dios es infinitamente bueno, argumentaba, el mundo que ha creado debe ser -con todas sus imperfecciones- el mejor de los mundos posibles. Kant, por su parte, desplazó el foco hacia la ética de la intención: para el pensador alemán, la auténtica bondad no depende tanto del resultado de nuestras acciones como de la buena voluntad, es decir, de actuar por deber y respetando siempre la dignidad de los demás como fines en sí mismos.
Ejemplos de Liderazgo Basado en la Bondad
Hay líderes que se recuerdan por su capacidad de mando. Otros, por algo mucho más raro: su humanidad. Uno de los ejemplos más citados es Nelson Mandela. Tras pasar 27 años en prisión, podría haber gobernado Sudáfrica desde el resentimiento; sin embargo, eligió la reconciliación. Algo parecido ocurrió con Abraham Lincoln, conocido por su profunda empatía incluso con sus adversarios políticos. La bondad, en estos casos, fue una forma de liderazgo extraordinariamente lúcida.
El filósofo Antonio Escohotado recordaba que la convivencia humana depende de algo tan simple como poderoso: la capacidad de reconocer al otro como un fin en sí mismo. La cultura popular también ha explorado esta virtud. En el cine, pocas figuras representan la bondad con tanta fuerza como Atticus Finch, el abogado de "Matar a un ruiseñor". Su liderazgo no se basa en la autoridad, sino en la integridad y la compasión. O Forrest Gump, cuyo candor desarma un mundo cínico. Estas historias funcionan porque nos recuerdan algo esencial: la bondad no es más que valentía moral.
Durante mucho tiempo, el management sospechó de la bondad. Se asumía que un líder demasiado amable perdería autoridad. De hecho, estudios recientes sobre reputación corporativa muestran que el liderazgo responsable y la gestión de intangibles como la confianza son cada vez más decisivos para la legitimidad de las empresas. Traducido al lenguaje cotidiano: las compañías donde las personas se sienten respetadas suelen innovar más, colaborar mejor y resistir mejor las crisis. Aquí aparece una cuestión interesante. Porque la bondad no es solo una cualidad personal, también puede convertirse en una práctica organizativa.
Prácticas Organizativas Basadas en la Bondad
- Escuchar antes de decidir: La escucha activa es una de las formas más directas de respeto.
- Practicar la generosidad intelectual: Reconocer el mérito ajeno fortalece el compromiso colectivo.
En este punto conviene recordar una idea de Viktor Frankl: el ser humano encuentra sentido cuando su vida está orientada hacia algo que trasciende el interés individual. Las empresas no cambian solo por estrategia, cambian por la forma en que se tratan las personas. La bondad no elimina los conflictos ni los desafíos del negocio, pero cambia la manera de enfrentarlos. Las organizaciones del futuro necesitarán líderes capaces de gestionar tecnología, complejidad y mercados globales. Quizá la bondad sea, después de todo, una de las formas más sofisticadas de liderazgo. Transformar empresas es difícil, transformar personas lo es mucho más, y, sin embargo, algunos líderes lo consiguen.
Aquí tienes una tabla que resume las virtudes y fortalezas de carácter propuestas por la Psicología Positiva:
| Virtud Principal | Fortalezas de Carácter Asociadas | Descripción Breve |
|---|---|---|
| Sabiduría y Conocimiento | Creatividad, Curiosidad, Mente Abierta, Amor por el Aprendizaje | Fortalezas cognitivas que implican la adquisición y el uso del conocimiento. |
| Coraje | Valentía, Persistencia, Autenticidad | Fortalezas emocionales que requieren el ejercicio de la voluntad para lograr objetivos. |
| Humanidad | Amor, Bondad | Fortalezas interpersonales que involucran el cuidado y la creación de relaciones. |
| Justicia | Trabajo en Equipo, Equidad | Fortalezas cívicas que contribuyen a una vida comunitaria saludable. |
| Templanza | Perdón, Modestia, Prudencia | Fortalezas que protegen contra el exceso y promueven el autocontrol. |
| Trascendencia | Apreciación de la Belleza, Gratitud, Esperanza, Humor | Fortalezas que proporcionan significado a la vida y crean conexiones. |
Estudios sobre Fortalezas de Carácter y Bienestar en Jóvenes
Es importante señalar que actualmente existen diversos estudios que evalúan las FC en población joven y adulta; sin embargo, las investigaciones enfocadas en niños que analizan este mismo factor son escasas. De acuerdo con algunos autores (Grinhauz, 2012), el estudio de las FC en niños es importante, ya que estas características podrían ser elementos clave para la promoción de un desarrollo favorable. Entre los instrumentos más utilizados para evaluarlas en población joven se encuentra el Values in Action Inventory of Strengths Youth (VIA-Youth), una adaptación de la versión para adultos VIA-is (Peterson & Seligman, 2004). Sin embargo, el VIA-Youth fue diseñado para población de 10 a 17 años, por lo que la evidencia empírica de su funcionamiento psicométrico se ha enfocado en población adolescente. Por ello, recientemente se desarrolló el Character Strengths Inventory for Children (CSI-C), un instrumento que evalúa las FC en niños de 7 a 12 años (Shoshani & Shwartz, 2018), y que, al igual que el VIA-Youth, busca medir las 24 fortalezas planteadas por la Psicología Positiva. De acuerdo con Shoshani y Shwartz (2018), este instrumento presenta índices adecuados de confiabilidad y validez. El CSI-C fue adaptado para población mexicana por Betancourt et al.
Factores Asociados a las Fortalezas de Carácter
En cuanto a los factores asociados con las FC, autores como Grinhauz (2012) y Na et al. (2022) coinciden en que estas se asocian a una prevención y disminución de la psicopatología, al fungir como factores de protección frente a los eventos adversos de la vida. Esto se relaciona con lo mencionado por Brown et al. (2020) y Qin et al. (2022), quienes descubrieron que estos aspectos constituyen un elemento importante para lograr la prevención eficaz de conductas riesgosas como consumo de drogas o alcohol, al fomentar actitudes de resistencia, persistencia y autoconfianza. De esa manera, es posible afirmar que la potencialización de las FC favorece las condiciones de una buena infancia, y una adecuada transición a la adolescencia, mientras que la ausencia de estas dificultan la adaptación al medio y desencadenan problemas en el desarrollo.
En cuanto a los hallazgos en común sobre FC específicas, Shubert et al. (2019) y Brown et al. (2020) coinciden en que la creatividad disminuye con el paso de los años, y muchas veces es casi nula cuando los individuos llegan a la mayoría de edad; esto se debe a que alcanzan un grado de madurez más elevado. Por su parte, Na et al. (2022) y Qin et al. (2022) hallaron que la autorregulación se correlaciona positivamente con la disminución de las conductas impulsivas e hiperactivas en los niños dentro del ambiente escolar, ayudando a su vez a una disminución en los problemas de conducta y aprendizaje.
Fortalezas de Carácter y Problemas Emocionales/Conductuales en Niños
Referente a la evidencia sobre las FC con la presencia de problemas (emocionales o conductuales) en niños, Qin et al. (2022) encontraron en población de 10 a 13 años correlaciones significativas y negativas (de entre -0.14 a -0.3) entre problemas de conducta, de aprendizaje, psicosomáticos, de impulsividad-hiperactividad y ansiedad y las FC. Na et al. (2022) analizaron la relación entre las FC y problemas de salud mental en niños, mediante el uso del Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ) de Goodman (1997), un instrumento que evalúa síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad-inatención, problemas con pares y conducta prosocial. Específicamente, Shoshani y Shwartz (2018) analizaron la relación entre las dificultades socioemocionales (donde suman todas las dimensiones del SDQ incluyendo la conducta prosocial) y la presencia de FC (utilizando el CSI-C) en niños de 7 a 12 años.
Los resultados mostraron que las dificultades socioemocionales se asociaron significativa y negativamente con las fortalezas de templanza (-.84) y con las fortalezas interpersonales (-.36). Además, los autores realizaron una comparación entre los niños y niñas. Las niñas obtuvieron puntuaciones más altas en las fortalezas interpersonales, de trascendencia, intelectuales y de templanza que los niños, así como mayores puntajes de conductas prosociales (medidas con el SDQ) que los niños (Shoshani & Shwartz, 2018). Otro aspecto que analizaron fue la comparación por grupo de edad; los resultados indicaron que aquellos de 7 a 8 años presentaron puntajes menores en las fortalezas interpersonales, de trascendencia y de templanza, en comparación con los de 9 a 12 años.
En México, hay poca investigación que aporte evidencia sobre las FC en niños; no obstante, Granillo (2018) analizó la relación entre las virtudes y las fortalezas y los niveles de ansiedad y depresión en niños y adolescentes de 6 a 15 años. Los resultados mostraron correlaciones negativas (entre débiles y moderadas) entre las virtudes y las fortalezas con los síntomas depresivos y de ansiedad en esta población. Si bien lo planteado desde la Psicología Positiva busca que se aplique para toda la población sin importar país o cultura de origen, edad, sexo, entre otros aspectos, es importante contar con datos empíricos que aporten información sobre si esta propuesta aplica para la población mexicana; esto podría favorecer el desarrollo de programas de intervención basados en evidencia desde esta perspectiva, así como tener con herramientas adecuadas para el diagnóstico y la evaluación de intervenciones.
Por ello, el presente estudio pretende contar con evidencia empírica sobre la validez y la confiabilidad del CSI-C, y determinar si existen diferencias significativas por sexo y grado escolar tanto en las FC como en la presencia de síntomas emocionales, hiperactividad y conductas prosociales en niños. Además, busca analizar la relación entre las FC y los síntomas emocionales, la hiperactividad y las conductas prosociales.
Metodología de un Estudio de Fortalezas de Carácter en Niños
Se seleccionó una muestra no probabilística por conveniencia de 536 niños, de los cuales fueron 52.4% niños y 47.6% niñas, con un rango de edad de 8 a 13 años (M = 10.51, DE = 1.02). Los participantes fueron estudiantes de cuarto (29.5%), quinto (36.5%) y sexto (34%) grado de tres escuelas primarias privadas del Valle de México. Se utilizó el Inventario de Fortalezas del Carácter para niños (CSI-C), diseñado por Shoshani y Shwartz (2018) para niños de entre 7 y 12 años. El instrumento cuenta con un total de 96 reactivos, en escala tipo Likert con cinco opciones de respuesta, que van de “no me describe en absoluto” a “me describe totalmente”. Este instrumento evalúa las 24 FC planteadas por Peterson y Seligman (2004), las cuales se agrupan en cuatro virtudes o grupo de fortalezas: trascendencia, intelectuales, templanza e interpersonales. Los autores reportan un índice de confiabilidad (alfa de Cronbach) por arriba del 0.73 para cada una de las 24 fortalezas, además de un adecuado ajuste del instrumento con un análisis factorial confirmatorio; este arrojó evidencia de la agrupación de las fortalezas similar a lo encontrado en VIA-Youth por Park y Peterson (2006). Para fines de este estudio se utilizó la versión adaptada por Betancourt et al.
Se aplicó el Cuestionario de Capacidades y Dificultades (SDQ), diseñado por Goodman (1997) a partir de las principales clasificaciones de psicopatología (DSM y CIE) y fue pensado para niños y adolescentes entre los 4 a 16 años. Es un instrumento conformado por 25 reactivos con cinco opciones de respuesta que van de “no me describe en absoluto” a “me describe totalmente”, que evalúan cinco dimensiones: síntomas emocionales, síntomas conductuales, problemas con pares, hiperactividad y conducta prosocial. El SDQ se utiliza a nivel internacional, y de acuerdo con Rivera (2013) ha mostrado evidencia de validez y confiabilidad. A pesar de que existe su versión en español, no se encontró alguna publicación que evalúe la estructura factorial del instrumento, con un análisis factorial confirmatorio (AFC) en población mexicana; solo se halló el estudio de Méndez et al. (2012), en el cual, a través del AFC, confirman la estructura de las cinco dimensiones, pero obtienen valores de confiabilidad bajos. Sin embargo, se decidió aplicarlo porque es un instrumento reconocido internacionalmente, y como parte de este estudio se realizará la evaluación psicométrica.
Inicialmente, se acudió con las autoridades de las escuelas primarias para explicarles el objetivo del estudio y solicitar su permiso respecto a la aplicación de los instrumentos con los alumnos que asisten a sus instituciones. Una vez que se contó con la autorización, se envió a los padres y tutores de familia el consentimiento informado, donde se les explicó el objetivo de estudio y se les pidió su apoyo para la participación de sus hijos. Cabe señalar que no se incluyeron aquellos niños que presentaban algún tipo de discapacidad intelectual, según indicaron los profesores; además, se eliminaron nueve instrumentos que no se respondieron en su totalidad. La aplicación estuvo a cargo de cuatro estudiantes de séptimo semestre de la Licenciatura en Psicología, quienes tenían conocimiento tanto de los temas evaluados como de los propios instrumentos, además de estar capacitadas para responder las preguntas que surgieran; es importante mencionar que en cada uno de los grupos estuvieron presentes sus profesores y profesoras.
Análisis de Datos y Consideraciones Éticas
Por medio de pruebas descriptivas (frecuencias, media, desviación estándar) se analizaron las preguntas sobre las características sociodemográficas de los participantes. Con el objetivo de estudiar las características psicométricas de los instrumentos se llevaron a cabo AFC, siguiendo la recomendación (Browne & Cudeck, 1992; Cea, 2004; Hu & Bentler, 1999) de tomar en cuenta varios índices para valorar el ajuste del modelo; se consideró como índice de parsimonia al CMIN/ DF (chi cuadrado normalizado dividido por los grados de libertad), el cual debía tener valores por debajo de 5 para considerar un buen ajuste del modelo. Como índices incrementales se tomaron en cuenta CFI (índice de ajuste comparativo) y TLI (índice Tucker-Lewis), los cuales debían tener valores > .90. Como índice absoluto se utilizó el RMSEA (error de la raíz cuadrada media de aproximación), que debía tener valores iguales o menores al .08. Además, se obtuvo información sobre los coeficientes de consistencia interna (alfa de Cronbach). Se realizaron también pruebas de correlación de Pearson, pruebas t de Student para muestras independientes y análisis de varianza (ANOVA) de una vía; asimismo, se realizaron pruebas post hoc Scheffé y se obtuvo la d de Cohen para el tamaño del efecto. Para todas se consideró como significativo un valor de p < .05.
Para esta investigación se siguieron los principios de la Declaración de Helsinki. Antes de iniciar la aplicación de pruebas, se proporcionó un consentimiento informado a padres de familia y tutores de los participantes; en este se incluyeron indicaciones e implicaciones del estudio para que se llevara a cabo voluntariamente y con aprobación completa en todo momento. De igual manera, se adjuntaron las cláusulas de confidencialidad en las cuales se establece que la información brindada será solo para fines de investigación y que se manejará de forma confidencial. A los menores, se les pidió su asentimiento informado y se les informó que podrían dejar de participar en el estudio en el momento que ellos así lo decidieran; en el instrumento no se les pidió a los niños que pusieran datos (por ejemplo, nombre, número de lista, número de expediente, etcétera) que pudiera identificarlos para mantener su anonimato. Se cuidó en todo el proceso que los menores no estuvieran en riesgo por participar en el estudio. En el caso del CSI-C, inicialmente, se realizaron AFC para corroborar que los reactivos estuvieran incluidos en cada FC y que, a su vez, formaran parte de una de las cuatro subescalas propuestas por Shoshani y Shwartz (2018).
