Potencias en disputa: El liderazgo alemán en el orden internacional
El orden de las potencias en el sistema internacional ha cambiado innumerables veces a lo largo de la historia. Desde la configuración del poder en el siglo XVIII hasta la actualidad, diversas naciones han pugnado por la hegemonía, con especial atención a la centralidad de los espacios germánicos y el surgimiento de Alemania como una fuerza dominante. Este recorrido histórico nos permitirá comprender cómo se ha gestado el liderazgo alemán y qué potencias lo disputan en el complejo escenario global.
El Siglo XVIII: Europa a la cabeza
En el siglo XVIII, Europa se encontraba a la vanguardia del sistema internacional. Aunque teóricamente todos los Estados o potencias tenían el mismo rango, en la práctica, la diferencia de poder y capacidad en términos de territorialidad, riqueza y militarismo era enorme. Existía una jerarquía de facto, aceptada por grandes y pequeñas potencias, que quedaría instaurada durante el Congreso de Viena de 1815, cuando se reajustó territorialmente Europa. La forma de gobierno de estas potencias era, generalmente, la monarquía. El equilibrio entre las grandes potencias, entendidas como auténticos sujetos plenos de la vida internacional con capacidad de defender su integridad y supervivencia ante la ambición de otros Estados-nación, mantuvo el sistema.
A finales de siglo, cinco Estados eran considerados las grandes potencias de la comunidad internacional:
- Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda: Principal potencia marítima y comercial gracias a la Royal Navy (Marina Real) y sus rutas navales. Su hegemonía marítima, su insularidad y su riqueza le permitieron mantenerse al margen de los asuntos europeos, aunque intervenía en aquellos que consideraba necesarios. Sus enclaves estratégicos y colonias repartidas por el mundo (América del Norte, Terranova, Jamaica, Gibraltar, Malta, Ghana, además de bases en India, Australia y Nueva Zelanda) reforzaron su poder.
- Francia: Era la potencia continental más poderosa por su extensión, su numerosa población, su fortaleza económica y su capacidad militar. Sin embargo, sufrió un serio retroceso como potencia colonial ante los británicos en América del Norte y la India con la Guerra de los Siete Años (1756-1763).
- El Imperio Austriaco: Considerado como la principal potencia de Centroeuropa, dominaba extensos territorios y poblaciones muy diversas regidas por los Habsburgo desde la corte en Viena. Hungría se incorporó en el siglo XVII, reforzando la proyección del imperio sobre el eje Danubio-Balcanes, donde se producía una fricción con el Imperio Otomano.
- Rusia: Potencia Euroasiática, autocrática y estrechamente vinculada con la Iglesia ortodoxa, con ansias desmesuradas de expansión. Consiguió ser una gran potencia europea al salir victoriosa de sus enfrentamientos con Suecia, Polonia y Turquía en la época de Pedro El Grande (1628 - 1721) y Catalina II La Grande (1762 - 1796). Ocuparon Bielorrusia y Ucrania, y proyectaron su poder sobre el germánico.
- Prusia: La más pequeña, con un territorio y población inferior al de las otras grandes potencias, su poder residía en su capacidad militar, conseguida por la modernización de la organización, la dirección de la aristocracia feudal y terrateniente (los junkers), y la eficacia de su burocracia estatal liderada por el rey Federico II el Grande (1740-1786).
¿Y el Sacro Imperio Germánico?
Desde la Paz de Westfalia, el Sacro Imperio Germánico se convirtió en una laxa confederación compuesta por 350 Estados soberanos, entre los que se encontraban desde reinos hasta minúsculos principados, electorados y ciudades-Estado, amalgamados teóricamente por un emperador sin un poder real sobre los asuntos del Imperio, y por una Dieta imperial sin grandes atribuciones. La decadencia del Sacro Imperio se debió a varios motivos: el poder de los Habsburgo, la gravitación de los Estados germánicos menores y los católicos en la órbita de Austria y Baviera, los protestantes en las Provincias Unidas, y la influencia de Francia al Oeste.
Potencias de estatus intermedio
En un escalón inferior al de las grandes potencias se encontraban algunos Estados de tamaño intermedio que, a pesar de haber ocupado una posición hegemónica en el pasado, ahora tenían un estatus menor, aunque conservaban su presencia internacional. España fue un claro ejemplo, perdiendo sus posesiones en Europa por el Tratado de Utrecht-Rasttat de 1713-1715 y cediéndole a Francia la hegemonía continental. Otra potencia venida a menos fue el Imperio Turco Otomano, extenso Estado con una incomparable situación estratégica a caballo entre Europa, Asia y África. Sin embargo, en el siglo XVIII, la incapacidad del Imperio por emprender reformas y modernizar su administración lo llevó a la plena decadencia.
Como señalaba Guido Formigoni, la interacción de potencias generaba diversos niveles de equilibrio: “se podía hablar de un equilibrio europeo, pero también de múltiples y diversos equilibrios regionales (báltico, mediterráneo, atlántico, imperial o alemán)”.
El Siglo XIX: La era del Imperialismo y el ascenso alemán
El siglo XIX es conocido como la época del Imperialismo. En la segunda mitad de siglo destacaron en la vida política europea tres grandes naciones: Francia, Alemania y Gran Bretaña; y tres grandes imperios: Rusia, Turquía y Austria.
- Gran Bretaña: Fue la gran vencedora de las luchas que provocó la Revolución Francesa entre 1789 y 1815. Es en esta época cuando comenzará la construcción del Segundo Imperio Colonial Británico, y cuando Inglaterra dominaría el tablero internacional desde el prisma económico con el liderazgo de la Segunda Revolución Industrial. Desde mediados del siglo XIX, Inglaterra, que vive su época victoriana, se convierte en la primera potencia económica y naval del mundo.
- Francia: Luis Napoleón Bonaparte, en 1852, un año después de haber sido proclamado presidente de la II República y tras un golpe de Estado, restablece el imperio mediante plebiscito, tomando el nombre de Napoleón III. Napoleón desarrolló una política internacional ambiciosa, de la que formó parte el intento de constituir un imperio mexicano en torno a Maximiliano de Austria, con la intención de reconstruir el imperio colonial francés. Se instala, definitivamente, el régimen republicano (1871-1914) en un país industrializado y en pleno apogeo imperialista.
- Alemania: El II Reich, proclamado con Guillermo I como emperador, culminará con el liderazgo de Prusia y la exclusión de Austria en los asuntos alemanes. Bismarck fue árbitro de la política alemana y europea hasta 1890, desde un Estado federal compuesto por 22 Estados. Bismarck tenía los objetivos claros: aislar a Francia y exaltar la grandeza de Europa en Alemania, con la fuerza del ejército, una gran burocracia y una potente industria como herramientas para conseguirlo. Fórmulas diplomáticas complejas que tenían como fin último aislar a Francia para situar a Berlín en el centro de decisión de la vida diplomática.
Los sistemas de alianzas de Bismarck
Para asegurar el poder alemán y aislar a Francia, Bismarck formó 3 sistemas principales de alianzas:
- El primero (1873-1878) fue conocido como la Entente de los Tres Emperadores -Guillermo I (Alemania), Alejandro II (Rusia) y Francisco José (Austria)-.
- El segundo (1879-1885) formó la Dúplice Alianza (Alemania y Austria), el Acuerdo de los Tres Emperadores (1881), y la Triple Alianza (1882): Dúplice Alianza más Italia. Es decir, Bismarck logró una Triple Alianza integrada por Alemania, Austria-Hungría e Italia que duró hasta 1914, y, además, firmó un pacto bilateral con Rusia (Tratado de Reaseguro en 1877).
La siguiente tabla resume las principales alianzas y sus miembros durante la época de Bismarck:
| Sistema de Alianzas | Años | Miembros clave |
|---|---|---|
| Entente de los Tres Emperadores | 1873-1878 | Alemania, Rusia, Austria |
| Dúplice Alianza | 1879-1885 | Alemania, Austria |
| Acuerdo de los Tres Emperadores | 1881 | Alemania, Rusia, Austria |
| Triple Alianza | 1882-1914 | Alemania, Austria-Hungría, Italia |
| Tratado de Reaseguro | 1877 | Alemania, Rusia |
Otros imperios europeos
- Imperio Austrohúngaro: Situado al Este de Europa, se estructuraba en cuatro espacios territoriales: Austria, Hungría, los eslavos del Norte (antigua Checoslovaquia), y los eslavos del Sur. Se dio el Compromiso de 1867, por el cual el Imperio austriaco se conformaba en una monarquía dual, lo que hizo que no se resolviese el problema de las autonomías nacionalistas.
- Imperio Ruso: Contaba con una estructura económica feudal que provocaba un continuo malestar en el mundo rural, llevando a grandes revueltas agrarias. A pesar de la derrota ante los turcos en la Guerra de Crimea (1853-1856), no cesó su interés en los territorios de los Balcanes, por lo que se enfrentó con Austria. Intentó expandirse hacia el océano Índico por Persia y Afganistán, pero Gran Bretaña le cerró el paso.
- Imperio Turco Otomano: Construyeron un gran imperio euroasiático en el siglo XV, que sobrevivió hasta 1919. En 1829, el sultán reconoció la independencia de Grecia y, desde 1866 se sucedieron las secesiones. El punto de choque era Macedonia, que se encontraba bajo el dominio de los turcos y era pretendida por los búlgaros, griegos y serbios.
El siglo XXI: Alemania como potencia central de la eurozona y la emergencia de nuevos actores
Alemania ha emergido en medio de la crisis financiera de 2008, y de forma especial a partir de la aparición de la crisis de deuda soberana europea en el 2010, como la potencia central de la zona euro. Este nuevo poder de Alemania no está basado en su reconocida fortaleza económica y su capacidad exportadora, sino en su mejor calidad crediticia y su potencial para utilizar su demanda interna como locomotora para el crecimiento del conjunto de la eurozona.
No obstante, Alemania se ha negado categóricamente a desempeñar esa función de locomotora económica. Por el contrario, ha impuesto una política de austeridad compulsiva que ha agravado la crisis económica y de deuda europea, especialmente en los países periféricos, contribuyendo a hundirlos en una profunda recesión e introduciendo un sesgo deflacionario en sus economías. Esta política de austeridad compulsiva tenía la finalidad de proteger sus intereses como país acreedor. La situación podría acabar siendo muy similar a la que la propia Alemania sufrió después de la Primera Guerra Mundial, cuando se vio forzada a transferir enormes sumas como compensaciones de guerra. Una situación de este tipo afectará de forma profunda a la legitimidad política de la UE y del propio euro.
Muchos se preguntan en Europa cuál es la visión de Alemania sobre el futuro de la UE y de qué forma va a ejercer su nuevo poder. De cómo lo utilice dependerá la prosperidad de la eurozona e incluso la propia existencia futura del euro. Hasta ahora su conducta parece orientarse a hacer lo necesario para mantener el euro a flote, pero minimizando la exposición de los contribuyentes alemanes a las políticas de apoyo a la eurozona. En este enfoque hegemónico de su nuevo poder domina la búsqueda de sus propios intereses a corto plazo y deja poco espacio para el liderazgo colectivo y para convicciones morales, responsabilidad histórica, o conceptos como el deber y la obligación del líder.
Uno de las consecuencias laterales de esta forma de ejercer su nuevo poder ha sido el debilitamiento de las instituciones comunitarias, la retirada de apoyo a avances supranacionales y el fortalecimiento de su papel como principal actor de las relaciones con Rusia, Asia, Latinoamérica o los Estados Unidos, en perjuicio de la voz y la acción de las instituciones colectivas comunitarias.
Sin embargo, no hay que descartar que, poco a poco, Alemania acabe orientando el uso de su poder mediante un ejercicio de liderazgo cooperativo. Por dos razones: primera, por una mejor evaluación de sus propios intereses a largo plazo en relación con la eurozona; y segunda, por la propia inercia a la cooperación que potencialmente pueden introducir las instituciones comunitarias y de la eurozona, en particular, el BCE. El papel de esta institución puede ser esencial. Pero, en el mejor de los casos, este cambio desde un liderazgo hegemónico a uno cooperativo será lento.
Estas 4 RAZONES convirtieron ALEMANIA en la MAYOR POTENCIA Europea - VisualEconomik
La fragmentación del orden internacional y las potencias revisionistas
El orden internacional bastante benigno vigente desde el final de la Guerra Fría, basado en el multilateralismo y presidido por los Estados Unidos, ha dado paso a un bronco sistema multipolar caracterizado por la creciente rivalidad entre las grandes potencias y en el que ya se maneja el escenario de un posible serio encontronazo. La disputa entre las grandes potencias ha vuelto con fuerza y el orden multilateral global es incapaz de proporcionar un marco eficaz para la gobernanza. Nos encontramos en medio de una competición estratégica para configurar el futuro del orden internacional. Estados Unidos liderará con sus valores, y trabajará codo a codo con sus aliados y socios y con todos aquellos que compartan sus intereses.
La confrontación entre Estados Unidos y las potencias revisionistas, fundamentalmente China, es mucho más que una rivalidad entre dos Estados poderosos, es una competición entre dos jerarquías rivales. Pekín y Moscú han firmado una asociación estratégica cuya finalidad es oponerse al orden internacional unipolar entonces vigente. Las potencias revisionistas están encontrando la sinergia de gran parte de los países del Sur Global que empiezan a acariciar unos niveles de desarrollo similares a los de los países más avanzados, que consideran que han alcanzado la plena mayoría de edad y que desean sacudirse la tutela de las potencias occidentales.
La alianza sino-rusa
Pekín y Moscú son las capitales de dos viejos imperios, sometidos a una enconada rivalidad histórica que tiene su origen en la vecindad de ambos y, muy en concreto, en la expansión territorial del ruso a costa del chino. En los tratados de Aigún (1858) y Pekín (1860), forzados por el imperio zarista, Rusia adquirió cuantiosos territorios en la región del río Amur y en Asia Central. La revolución comunista en China supuso un momento álgido del entendimiento entre ambas potencias. No obstante, después de la sintonía entre Mao y Stalin, la relación chino-soviética se fue deteriorando rápidamente, llegando en 1969 a un breve enfrentamiento fronterizo armado. Este grave desencuentro fue aprovechado por Nixon para el acercamiento a Pekín.
El objetivo de la asociación estratégica era oponerse tanto al orden internacional unipolar presidido por Washington como a toda injerencia en asuntos internos. La crisis de Crimea y Donbás de 2014 hizo que esta entente estratégica adquiriera un carácter de primer orden, alcanzando cotas de colaboración hasta entonces poco previsibles. Pekín, que, en 2013, había lanzado su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, ya no disimulaba su ambición y necesitaba a Rusia para evitar un cerco de Estados que se opusiera a su ascenso a la primacía mundial. El Kremlin, en franca oposición a Washington y sus aliados, necesitaba un socio fuerte para resistir las presiones occidentales y diversificar sus vínculos estratégicos, económicos y diplomáticos. Los vínculos bilaterales entre ambos países han adquirido, además, un carácter muy personalizado gracias al buen entendimiento de sus presidentes, Vladímir Putin y Xi Jinping.
La consiguiente guerra arancelaria contra China, iniciada en 2018, llevó a un fortalecimiento aún mayor de los lazos chino-rusos. Los ejercicios militares conjuntos adquirieron una nueva dimensión. Ambas potencias se han alineado igualmente en sus esfuerzos para debilitar la cohesión entre los aliados y socios de Estados Unidos y diluir la influencia de Washington con países e instituciones internacionales y rechazan frontalmente la universalidad de los valores occidentales. De igual modo, se esfuerzan y colaboran para reducir la centralidad de los Estados Unidos en el sistema económico global. Un aspecto importante es la desdolarización de sus economías.
La guerra de Ucrania, poco antes de cuyo inicio los presidentes Xi Jinping y Putin proclamaron «una amistad sin límites», ha supuesto un nuevo hito. China ha ampliado significativamente su comercio con Rusia, de la que importa el 19 % de su petróleo y el 25 % de su carbón, dando cobertura a sectores antes atendidos por los países europeos, como el del automóvil -que ha quintuplicado sus ventas. Ciertamente, a China le ha disgustado el aventurismo ruso en Ucrania que ha reforzado los lazos estratégicos dentro del bloque occidental, ha perjudicado su crecimiento económico y ha introducido un factor de incertidumbre que incomoda a Pekín. Sin embargo, no le interesa que Rusia quede debilitada y le da el respaldo necesario para sobreponerse a los avatares de la contienda bélica.
Alianzas con Estados "rebeldes"
Un aspecto especialmente preocupante es el progresivo entendimiento estratégico entre las dos grandes potencias revisionistas y los Estados rebeldes de Irán y Corea del Norte, así como, en menor medida, Myanmar, Venezuela o Mali. Individualmente, ninguno de ellos es especialmente poderoso. Sin embargo, el estrechamiento de esta relación relaja el aislamiento internacional al que se ven sometidos, reduce el efecto de las sanciones, tiene un efecto positivo en sus economías y les permite adoptar un perfil internacional más asertivo. En particular, está permitiendo la emergencia de una red que refuerza a todos ellos, creando un ecosistema de Defensa que favorece la trasferencia de capacidades, conocimiento y de tecnologías de doble uso.
La relación entre Rusia e Irán se estrechó significativamente a raíz de la guerra de Siria y el interés común por la supervivencia del régimen de Al Asad, lo que se tradujo en una intensificación de las relaciones comerciales y en el ámbito de Defensa. En la guerra de Ucrania hemos visto la importancia que han adquirido los drones iraníes con la contrapartida del apoyo de Moscú a los programas de misiles de Teherán. La relación energética con China, que importa gas y petróleo iraníes, ha ayudado significativamente a la economía de dicho país. En 2021, ambos Estados firmaron el tratado de asociación estratégica para veinticinco años. Pekín ha identificado a Irán como un encaminamiento alternativo para su Nueva Ruta de la Seda.
La relación trilateral entre China, Rusia e Irán se puso de manifiesto con la oposición de Pekín y Moscú a que en el Consejo de Seguridad de la ONU se discutiera sobre la represión de las protestas iraníes en 2018 y, posteriormente, con repetidas maniobras navales combinadas en el océano Índico, con las que pretenden enviar un mensaje de resistencia a las presiones occidentales. Todos ellos apoyan a sus contrapartes en la oposición a la presencia norteamericana en sus respectivas áreas de influencia.
En relación con Corea del Norte, Moscú le está comprando proyectiles de artillería y cohetes. A cambio, Putin podría dar a Pyongyang elementos que necesita para sus programas de satélites y de submarinos. El acercamiento a Putin tiene especial valor para el líder norcoreano, dado su gran aislamiento internacional y su fría relación con Pekín, que no aprueba su actitud crecientemente asertiva en los ámbitos nuclear y del desarrollo de misiles.
La importancia estratégica de Myanmar para China se deriva del corredor económico que atraviesa dicho país y le da acceso al golfo de Bengala y al océano Índico. Aunque China es la mayor fuente de comercio e inversión de Myanmar, Rusia es el socio preferido de la Junta. Las relaciones entre ambos se han reforzado considerablemente desde que Moscú reconociera la toma del poder por el Tatmadaw el 1 de febrero de 2021, que a cambio respaldó la invasión de Ucrania por el Kremlin el 24 de febrero de 2022. Rusia es ahora la mayor fuente de ayuda militar de Myanmar. Por su parte, Myanmar es el único país del Sudeste Asiático que transfiere suministros militares a las fuerzas armadas rusas para su uso en las zonas ocupadas de Ucrania.
Otros países como Venezuela o Mali están en la agenda ruso-china porque, como en los casos anteriores, son irritantes para las potencias occidentales y tienen incidencia en los equilibrios de poder. El Kremlin siempre guarda la carta de ahondar en su desestabilización y poner así de relieve que hay que contar con él.
Conclusión
El panorama global actual muestra una reconfiguración de poder donde Alemania, como potencia central de la eurozona, enfrenta el desafío de cómo ejercer su liderazgo en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas. La emergencia de una alianza sino-rusa, junto con el acercamiento a otros Estados "rebeldes", configura un sistema multipolar donde el equilibrio de poder se redefine constantemente, con implicaciones significativas para la prosperidad de Europa y la estabilidad global.
