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Comunicación

Partidos Políticos Fundados y Moldeados por el Liderazgo: Análisis y Ejemplos

by Admin on 24/05/2026

El triunfo presidencial de Mauricio Macri (del Partido Propuesta Republicana [PRO], socio principal de la coalición Cambiemos) en Argentina (en 2015) y Jair Bolsonaro (del Partido Social Liberal [PSL]) en Brasil (en 2018) pone el acento sobre los nuevos partidos de derecha y los estilos de sus liderazgos, en especial en países donde las condiciones para el desarrollo de partidos de derecha nacionales fueron en general adversas.

Mientras Macri ha expresado un estilo de liderazgo moderado, el de Bolsonaro es radical (ultraconservador y reaccionario). Esto plantea la pregunta de ¿qué explicaría entonces que el PRO y el PSL hayan alcanzado la presidencia de la nación en países donde los partidos de derecha nacionales no han sido tradicionalmente competitivos?

Para responder estas preguntas, se contrastan las principales condiciones identificadas por los especialistas que contribuyeron al éxito o fracaso de los partidos de derecha en América Latina durante el siglo XX; y los factores externos de mediano (coyunturales) y largo alcance (estructurales) e internos (propios de los partidos) más relevantes que favorecieron el nacimiento y triunfo del PRO y el desarrollo y éxito del PSL en el nivel nacional, además de la moderación o radicalización de sus liderazgos.

La Evolución de los Partidos de Derecha en América Latina

En general, la ciencia política ha prestado escasa atención al estudio de los partidos políticos de derecha en América Latina. Ello puede vincularse, por un lado, con el rol de las élites conservadoras y su disposición e incentivos para viabilizar sus intereses a través de partidos. La preeminencia de élites de carácter oligárquico y antidemocrático durante el siglo XIX; la exitosa representación de sus intereses por medio de vehículos no electorales, en particular, mediante alianzas y coaliciones con gobiernos cívico-militares durante el siglo XX; el cuestionamiento experimentado tras la tercera ola de democratización en relación con sus vínculos con las dictaduras, y la dificultad para construir partidos nacionales fuertes con capacidad de movilizar amplios sectores de la población debilitaron el interés por estos partidos.

Por otro lado, el “giro a la izquierda en América Latina” a inicios del nuevo siglo contribuyó a focalizar el análisis en esos partidos pasando por alto, en general, que este desplazamiento no fue lineal. En los últimos años, se han desarrollado una serie de trabajos centrados en los partidos de derecha latinoamericanos. Estos coinciden en que existen divergencias en las trayectorias partidarias de la región y una gran variación en torno a sus perfiles ideológicos, las características sociales y económicas de sus electores y sus programas o agendas de gobierno.

A su vez, concuerdan en que los partidos de derecha nacionales fuertes son fundamentales para la estabilidad y consolidación de las democracias. Muestran que aquellos países donde existieron partidos políticos conservadores nacionales fuertes que sobrevivieron a los periodos de democratización de inicios de siglo XX tendieron a experimentar etapas democráticas más largas, como los casos de Chile, Costa Rica, Colombia y Uruguay.

Igualmente, donde han emergido partidos políticos nacionales de derecha fuertes durante los procesos de consolidación de los Estados nación (siglo XIX) y se ha dado el advenimiento de las democracias de masas (siglo XX), tras la tercera ola de democratización, han mantenido partidos de derecha nacionales exitosos y electoralmente competitivos (como Chile y Colombia).

En concreto, los partidos de derecha nacionales han sido exitosos allí donde desarrollaron una amplia base organizativa y consiguieron articular interpelaciones ideológicas o programáticas capaces de movilizar un amplio apoyo electoral, y además de grupos empresariales y terratenientes; en especial, porque las élites religiosas y militares conservadoras tuvieron el potencial de hacer avanzar sus preferencias a través de medios electorales. Por el contrario, en países donde históricamente no emergieron partidos nacionales fuertes durante los siglos XIX y XX, tras la democratización las fuerzas de derecha han fracasado en construir partidos exitosos en el nivel nacional (es el caso de Argentina, Perú, Brasil y, en distinta medida, El Salvador).

Factores Externos e Internos que Moldean a los Partidos

Entre los factores externos que señalan los especialistas para explicar el nacimiento de partidos de derecha fuertes durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, uno de los principales es la intensidad del conflicto Estado-Iglesia, en especial, bajo condiciones electoralmente competitivas y relativamente estables, de manera que las élites tengan los incentivos necesarios y suficientes expectativas de continuidad del régimen para invertir en la formación de partidos. Así lo muestran la fortaleza de los partidos nacionales de derecha de Chile, Colombia, México y Ecuador, en los que la intensidad del conflicto Estado-Iglesia durante el siglo XIX fue alta.

En contraposición, en Argentina, Brasil y Costa Rica este conflicto fue medio y no lograron articular partidos fuertes en el nivel nacional. Igualmente, Bolivia, Perú y República Dominicana cuentan con partidos nacionales extremadamente débiles en sintonía con la baja intensidad de dicho conflicto.

Asimismo, Loxton (2016) sostiene que, luego de la tercera ola de democratización, los partidos de derecha que lograron ser exitosos fueron aquellos que se formaron y organizaron durante los regímenes autoritarios militares a partir de mediados del siglo XX. El argumento es que los partidos de derecha sucesores de las dictaduras de esta centuria heredaron de sus predecesores cuatro factores de desarrollo y supervivencia centrales: nombre partidario, organización territorial, cohesión interna, redes clientelares y fuentes de financiamiento, como la Unión Demócrata Independiente (UDI) en Chile y el Partido Alianza Republicana (Arena) salvadoreño.

Respecto de los factores internos, Gibson (1996) sostiene que lo que posibilitó o constriñó la formación de partidos conservadores (o de derecha) nacionales en América Latina se vincula con la dinámica del núcleo partidario y de su líder con el Estado durante los gobiernos oligárquicos (siglo XIX e inicios del siglo XX). En específico, allí donde existieron clivajes (o conflictos) sociales dentro del núcleo partidario, que en el caso de la derecha pertenece a las clases altas conservadoras, que se cristalizaron en patrones partidarios regionales fragmentados y liderazgos incapaces de conducir (durante los siglos XIX y XX), impidieron el desarrollo de redes partidarias nacionales, interregionales, competitivas. Asimismo, en contextos institucionales informales, en donde las clases conservadoras tuvieron oportunidades de acceder al Estado de modo directo o influir sobre la política gubernamental a través del patronazgo o canales corporativos, invirtieron pocos esfuerzos en construir partidos políticos fuertes y apoyar políticas partidarias.

Tabla: Relación entre Conflicto Estado-Iglesia y Fortaleza de Partidos de Derecha en América Latina (Siglo XIX)

Intensidad Conflicto Estado-Iglesia Países con Partidos de Derecha Nacionales Fuertes Países con Partidos de Derecha Nacionales Débiles/Medios
Alta Chile, Colombia, México, Ecuador
Media Argentina, Brasil, Costa Rica
Baja Bolivia, Perú, República Dominicana

Casos de Estudio: Argentina (PRO) y Brasil (PSL)

La Fortaleza de los Partidos de Derecha Nacionales en Argentina

El estudio de Gibson (1996), centrado en Argentina, constituye uno de los principales referentes en la materia. Muestra que los dilemas que enfrentan los partidos conservadores, o de derecha, argentinos para construir organizaciones fuertes en el nivel nacional deben ser rastreados en el periodo oligárquico (fines de siglo XIX), antes del advenimiento de la política de masas (periodo de democratización a inicios del siglo XX).

En concreto, los clivajes sociales en los estratos altos regionales se cristalizaron en un patrón de organización partidaria regionalmente fragmentado que impidió el desarrollo de redes nacionales e interregionales competitivas. Este evento constituye la principal causa histórica de la fragmentación de los partidos conservadores en diferentes líneas políticas provinciales hasta la actualidad, en particular si se considera la poca capacidad e incentivos de los liderazgos partidarios para cooperar con otras regiones y articular intereses entre las distintas arenas políticas (electorales, profesionales, legislativa, entre otras), además del contexto institucional mayormente informal que predomina tanto en el nivel provincial como en el nacional.

Siguiendo a Gibson (1996), la emergencia del peronismo (en referencia al Partido Justicialista [PJ]) en 1946 cristalizó la dinámica bipartidista del sistema político argentino nacional, lo que obstaculizó aún más la capacidad de las organizaciones de derecha para construir partidos interregionales fuertes por fuera de la tradicional Unión Cívica Radical (UCR) y el PJ. De hecho, ambos explotaron el potencial de las divisiones de clases regionales para forjar coaliciones multiclasistas de distinta orientación política en sus armados nacionales.

¿Qué Cambia en el Nuevo Siglo para el PRO?

En relación con el PRO, los trabajos señalan que la intensa crisis económica, social y política que se desató en Argentina en 2001 constituyó una estructura de oportunidad fundamental para su emergencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y su posterior proyección nacional. Las extensas movilizaciones que tuvieron lugar expresaron el descontento popular, tanto respecto de las condiciones sociales y económicas como del desempeño de los partidos, la dirigencia y el sistema político.

Este reclamo visibilizó una crisis de representación política más amplia que se venía gestando ya desde la década de 1990 y que afectó de modo diferente los distintos partidos y niveles de gobierno. Causó mayor impacto sobre la familia de partidos nacionales no peronistas (algunas organizaciones desaparecieron y otras, como la UCR, se fraccionaron en distintos partidos) que sobre los peronistas. Igualmente, en los niveles locales el distrito más afectado fue la CABA, donde el debilitamiento del peronismo porteño antecedió a la crisis general.

En sus inicios en el año 2001, el PRO orientó sus esfuerzos a participar de las elecciones en CABA a disputarse en el año 2002. La principal ciudad del país le dio al partido mayores posibilidades de acceder a una serie de recursos (humanos, económicos, tecnológicos) y vínculos (programáticos, clientelares y simbólicos) fundamentales, repentinamente disponibles tras la crisis de 2001. Asimismo, los estudios centrados en el desarrollo nacional del PRO agregan que se vinculó con el desempeño del gobierno oficialista nacional (el Frente Para la Victoria [FpV] del PJ) a partir del conflicto con el sector agropecuario en el año 2008, en particular, porque durante esos años se conformaron los marcos de sentido que dieron lugar a la identidad kirchnerista y antikirchnerista sobre la que se basaría el PRO y, posteriormente, Cambiemos.

El Desarrollo y Éxito del PSL en Brasil

Respecto de Brasil, Mainwaring, Meneguello y Power (2000) sugieren que los partidos de derecha nacionales desempeñaron un rol importante durante el siglo XIX y mediados del siglo XX, sobre todo, a través del uso de redes informales en los niveles subnacionales y del conjunto de políticas implementadas por los gobiernos autoritarios que restringieron la competencia partidaria, lo que dio ventajas comparativas a la derecha. No obstante, los estudios coinciden en que no lograron construir partidos políticos nacionales estables y exitosos en el nivel nacional.

A su vez, el éxito electoral ha mermado en los niveles locales, que constituyeron sus principales pilares de integración, en particular a partir del año 2006, durante los gobiernos de Lula da Silva. Igualmente, no han sido ajenos a la tradicional debilidad de los partidos políticos brasileños que son, conjuntamente con su sistema de partidos, predominantemente débiles.

En concreto, sus aspectos generales más distintivos son su fragilidad, su naturaleza efímera, sus débiles raíces en la sociedad y la amplia autonomía de que gozan los políticos en relación con sus propias organizaciones. Igualmente, sus etiquetas partidarias han variado a lo largo del tiempo, más allá de que sus integrantes y organización interna hayan persistido hasta cierto punto, lo que se refleja en la progresiva fragmentación y personalización de las fuerzas de derecha. Ello ha dificultado, además, la construcción de partidos nacionales conservadores capaces de disputar la presidencia de la nación. La estrategia general ha sido formar alianzas electorales y coaliciones de gobierno, además de participar, a través de mecanismos formales e informales, dentro de los gobiernos oficialistas independientemente de su signo político.

Síntesis de la Debilidad de los Partidos de Derecha en Argentina y Brasil

En resumen, los especialistas concuerdan en que tanto en Argentina como en Brasil la debilidad del conflicto Estado-Iglesia durante la constitución de los Estados nación, la intensidad de las fracturas sociales de clase regionales en los periodos oligárquicos (siglo XIX), la asociación de las derechas con las dictaduras militares tras la reapertura de las democracias, su progresiva fragmentación en los niveles subnacionales, los contextos institucionales mayormente informales y su incorporación a los gobiernos oficialistas y partidos mayoritarios nacionales debilitaron los incentivos de las élites para generar alianzas intrarregionales y construir partidos electoralmente competitivos en el nivel nacional.

El Resurgimiento de Liderazgos en la Política Contemporánea

Se viven tiempos convulsos en la política. Desde el estallido de la crisis financiera de 2008 se ha producido un incremento generalizado de la desafección política y la desconfianza en los partidos. En México, el porcentaje de ciudadanos que afirma tener poca o ninguna confianza en los partidos ha pasado de 49.8% en 2008 a 66.1% en 2014; en España, sólo 4.8% consideraba a los políticos y los partidos un problema en octubre de 2007, cifra que alcanzó 23.2% en octubre de 2014 y 29.5% en octubre de 2016, colocándose como el tercer problema más importante del país, por detrás del paro y la corrupción.

Tanto en México como en España, la desafección por los partidos tradicionales se ha traducido en la aparición de nuevos partidos y liderazgos. En México, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) ha logrado cambiar la lógica de las tres ofertas políticas tradicionales y se perfila como un partido competitivo electoralmente; en octubre de 2016, su líder encabezaba las encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales de 2018, siendo además el aspirante más conocido. En España, Podemos y Ciudadanos son, desde diciembre de 2015, la tercera y cuarta fuerzas políticas en el Congreso de los Diputados, tanto en porcentaje de votos como en escaños.

El avance de estos tres partidos se ha producido, en parte, gracias a la importante proyección de sus líderes: Andrés Manuel López Obrador, Pablo Iglesias y Albert Rivera, en los medios de comunicación. Y es que la política contemporánea, fuertemente mediatizada, se centra cada vez más en los líderes y menos en los partidos; de ahí que en los últimos años se haya producido un resurgimiento de las publicaciones académicas sobre el liderazgo.

PERSUADE Y LIDERA | Las Claves del LIDERAZGO CARISMÁTICO | Influencia y persuasión

La relevancia política de los actores se explica porque, aunque estén condicionados por el contexto, siempre conservan cierto margen de acción, que se amplía en situaciones de crisis en las que los líderes, como en el caso de México y España, asumen un papel central en la medida en que son capaces de canalizar el descontento y las demandas insatisfechas de la ciudadanía. Como apuntaba Maquiavelo, el liderazgo es algo más que un conjunto de atributos, también tiene que ver con la capacidad para reconocer y aprovechar, desde el punto de vista estratégico, las oportunidades de cambio que existen en un momento histórico determinado.

Teorías sobre Estilos de Liderazgo en el Contexto Político

En psicología social, el estilo de liderazgo es el conjunto de atributos personales del líder evaluados a través del análisis del lenguaje que pueden influir en mayor o menor medida sobre su comportamiento en un determinado contexto político. Los atributos personales son aspectos de un individuo por su condición de individuo (estadísticas biográficas, formación, experiencia, capacidades, habilidades, motivación, creencias y valores) y pueden ser de dos tipos: profundos, como los impulsos emocionales y las necesidades básicas; o manifiestos, tales como la capacidad de control del entorno, la necesidad de influencia, el grado de apertura a la información y la motivación. El estilo de liderazgo se conforma mediante los atributos manifiestos y responden a dos dilemas que afectan al comportamiento político del líder: cómo ejerce el control sobre su entorno político, es decir, si delega responsabilidades o asume el papel de protagonista (recepción a la información externa), y cómo configura la agenda política, si prioriza en la solución de problemas o en las relaciones sociales con los grupos que le apoyan (motivación).

Los estudios sobre estilos de liderazgo se enmarcan dentro del más antiguo y habitual de los enfoques sobre el liderazgo: el de los rasgos personales, y sus principales influencias son Maquiavelo y Weber. En El Príncipe, Maquiavelo considera que el gobernante depende de dos condiciones para llevar a cabo grandes obras: la virtud y la fortuna. La primera implica la posesión de dos atributos: la valentía del león para vencer a los enemigos y la astucia de la zorra para obtener y conservar el apoyo de sus colaboradores y el pueblo. La fortuna hace referencia a la necesidad que tiene el príncipe de amoldar su estilo de gobernar al momento histórico, siendo capaz de ver y aprovechar las situaciones favorables que van surgiendo.

Weber, por su parte, distingue dos tipos de líderes en función de su legitimidad: el carismático, a quien las masas obedecen porque perciben en él atributos excepcionales, y el profesional, que no gobierna para sí mismo, sino que está al servicio de sus jefes, en el marco de un partido u organización burocrática. Tanto Maquiavelo como Weber resaltan la importancia del entorno en la configuración de los estilos de liderazgo. Esta idea será retomada posteriormente por autores de la ciencia política.

Skocpol (1984) señala que, en contextos de crisis, se eliminan algunos obstáculos del régimen anterior, como los privilegios y el poder institucional de las clases altas, y surgen líderes políticos que asumen el reto de reconstruir el Estado. Burns (2010) plantea que los líderes que buscan transformar la sociedad actúan estratégicamente para ello porque disponen de una situación favorable, mientras que los que persiguen consolidar logros anteriores, sin impulsar grandes cambios, generalmente están inmersos en coyunturas poco favorables. Más recientemente, Méndez (2013) considera que los líderes se posicionan políticamente en función del contexto y a esto lo denomina “acción estratégica”.

En el presente estudio se evalúan y comparan los estilos de liderazgo de los tres principales nuevos partidos en México y España. Los objetivos son, en un primer paso, comprobar si se producen cambios en los estilos de liderazgo y, si es así, explorar qué factores situacionales podrían explicar estos cambios. Se argumenta que el estilo de liderazgo no es un rasgo de la personalidad, sino que responde a una estrategia discursiva que puede cambiar en función del contexto.

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