Liderazgo y Desarrollo en América del Sur: Desafíos y Oportunidades
El 27 de junio de 2019, se celebró en Casa de América la séptima sesión del ciclo “Diálogos con América Latina”, organizados por la Fundación Carolina, bajo el título: “América Latina en un orden mundial en crisis”. Juan Pablo de Laiglesia inició la sesión planteando las líneas principales que concita la agenda política global en el escenario de un orden mundial incierto, convulso y en transformación. Esta realidad se refleja en el debilitamiento, incluso acoso, que sufren las estrategias e instituciones multilaterales.
No hay visos de que se vaya a consolidar un nuevo orden mínimamente normativo, con reglas predictibles, y América Latina no es ajena a este mundo en crisis. La falta de una visión conjunta se ha constatado en la reunión del G20 en Osaka, Japón, de finales de junio de 2019, en la que además el interés lo suscitaban más las fotos y los gestos, que los contenidos del encuentro. No cabe olvidar que, además de Estados Unidos (EE.UU.), nuevos actores -ya emergidos- como China o Rusia, ejercen una fuerte influencia sobre la región y que esta no es un actor unificado.
Análisis de la Última Década Latinoamericana
José Miguel Insulza analizó la cuestión haciendo un balance sobre la última década latinoamericana, desde 2008 hasta la actualidad. Entonces, cuando estalló la crisis en EE.UU., el optimismo en América Latina era enorme, casi exagerado. Argentina y Brasil aparecían como países en auge, con un futuro prometedor. En verdad, América Latina había crecido entre 2002 y 2012 prácticamente lo mismo que entre 1980 y 2000, la economía se había fortalecido, la pobreza se había reducido sustantivamente y había aparecido una clase media nueva.
A su vez, la sensación de optimismo se acrecentó porque parecía que la crisis no iba a afectar a la región y, en efecto, en un principio no se sintieron los golpes. Así, hasta 2012 se extendió la impresión de que América Latina, con sistemas democráticos asentados en todos sus países, había superado sus problemas tradicionales de dependencia e inestabilidad política. Sin embargo, ya entonces podían detectarse algunas señales negativas, empezando por las que impulsaron el crecimiento económico: los avances se habían producido gracias a las exportaciones de las materias primas, en un momento en el que los precios de las commodities -tras 20 años paralizados- empezaron a aumentar.
No obstante, al final la crisis alcanzó a la región. A finales de 2013 y en 2014 se produjo la reducción del crecimiento, de la que venían advirtiendo algunos organismos internacionales. En primavera de 2014, Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró que, aunque los países emergentes no habían padecido la recesión, sí iban a acompasarse con las economías occidentales en lentitud de crecimiento. Es lo que ha ocurrido, a lo que se ha agregado una gran desmoralización puesto que ha afectado a la vulnerabilidad de las clases medias.
En realidad, estas clases son más bien “no-pobres” en su gran mayoría, están formadas por strugglers, luchadores que se esfuerzan día a día por sobrevivir sin apenas protección social: sus pensiones, cuando se retiran, son mínimas; si tienen un percance de salud corren el riesgo de perder sus empleos, etc. Se trata, pues, no de una clase media tradicional, sino de un estrato muy austero, que lucha por consumir y que, por ende, está muy politizado. Ante esta convulsión acaso lo que mejor ha resistido ha sido la institucionalidad política.
Ante el futuro, las soluciones para robustecer la economía de la región pasan por aplicar medidas que hubiese sido preciso poner en marcha en tiempos de bonanza: diversificar el modelo productivo, invertir en educación, ciencia y tecnología y mejorar la distribución del ingreso. El riesgo en América Latina es que siga afrontando la nueva realidad mundial como un mero abastecedor de recursos naturales. En 2006, recordó Insulza, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) mostraba que el conjunto de la región, con la excepción de Cuba, invertía lo mismo en I+D+i que la República de Corea y, en la actualidad, la situación apenas ha mejorado. En Chile, por ejemplo, pese a las reiteradas promesas políticas, no se ha alcanzado todavía el 1% de inversión cuando el promedio de la OCDE es del 2,2%. Igualmente, aunque en educación se han hecho importantes progresos, los índices siegue siendo comparativamente bajos.
Cooperación e Integración Regional
La complejidad global afecta sobre las posibilidades de cooperación, coordinación e integración de América Latina, que sería necesario reimpulsar debido a la presencia que están adquiriendo países como Rusia o China. En este sentido, Benedicte Bull incidió sobre los peligros de una fragmentación regional, quizá más acusada que en periodos anteriores. A mediados de 2019, hay una disparidad de visiones que obstaculiza no solo los ensayos de integración, sino la configuración de estrategias comunes y la disponibilidad de una hoja de ruta en torno a intereses compartidos ante las iniciativas que, por ejemplo, EE.UU. y China han activado en la región.
El primero parece haber vuelto a una suerte de unilateralismo, algo errático y a menudo difícil de entender, puesto que tampoco está claro qué papel quiere jugar en América Latina y, en consecuencia, deja muchos espacios para otros actores. La falta de rumbo estadounidense se aprecia en Venezuela, en México o en Centroamérica, y también se deja notar en la percepción de la opinión pública latinoamericana, que estima que el liderazgo mundial lo están acaparando países como Alemania o China. Aun así, EE.UU. sigue muy presente, hasta el punto de que, en 2018, el entonces secretario de Estado de EE.UU.
Este último país, por su parte, lleva años presente en América Latina, sobre todo como inversionista, comprando recursos naturales, pero sin una orientación política definida (al igual, por cierto, que Rusia, cuyas maniobras han de leerse en clave bilateral, sobre muy intereses concretos). Por otra parte, China no constituye una amenaza para el multilateralismo y parece muy comprometida con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Este declive se refleja en la fragilidad de los sucesivos impulsos de integración o del avance en los esfuerzos de concertación política, como el que supuso el grupo de Contadora de 1983 y su “grupo de apoyo”, luego rebautizado como grupo de Río.
Sin embargo, según apuntó Roberto Russell, históricamente la región se ha caracterizado más bien por su falta de capacidad de concertación: no procede dar la impresión de que hubo un pasado en el cual América Latina hablase con una sola voz o de que se vivieron etapas esplendorosas. Este diagnóstico matiza asimismo el alcance de la fragmentación en el que ahora se encontraría la región, dado que esta nunca ha estado unida. Por lo demás, a futuro es improbable que se vaya a integrar tal y como se contemplaba en los esquemas tradicionales.
El Factor del Liderazgo
Sobre este punto una de las claves es reflexionar sobre el factor del liderazgo, aunque tampoco sea la variable determinante. Así, en el pasado -durante los años setenta y ochenta-, México pareció impulsar a la región, papel que posteriormente asumió Brasil. Ante la década de 2020 posiblemente ningún país vaya a ejercer el liderazgo, puesto que la región ha entrado en una etapa minimalista en todos los sentidos: en términos de integración, de concertación y de liderazgo. Este escenario no tiene por qué ser pesimista, en tanto cabe pensar en liderazgos compartidos bajo esquemas básicos de acción.
Además, es preferible que no se reediten liderazgos providencialistas, muy poco pragmáticos. A esto se agrega un factor sistémico de envergadura que radica en que -a escala global- la riqueza y el poder se han distribuido, como ilustra la emergencia de Asia. En consecuencia, América Latina ha pasado a tener un peso relativo menor al tiempo que sus países consideran que pueden explorar espacios para prosperar, al margen de su integración.
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La Crisis Venezolana como Ejemplo de Desafío Regional
La suma de estos problemas se plasma con claridad en la crisis venezolana, cuya situación se ha agravado tanto que se ha convertido, primero, en una crisis regional -al traspasar las fronteras del país-, y ha pasado a ser global. Se ha desencadenado un movimiento migratorio que afecta a todo el subcontinente, desde Panamá a Colombia, pasando por Ecuador, Perú o Chile. Este panorama implica un desafío sociopolítico que, en primera instancia, interpela a las capacidades de la región.
Ante él, Insulza volvió a acudir a un análisis retrospectivo. En 1999, cuando Chávez llegó al gobierno, Venezuela era aún el país de mayor ingreso per cápita de América Latina, pero al mismo tiempo registraba un porcentaje de pobreza del 70%, por lo que la desigualdad era intolerable. Pues bien, en un principio se acometieron reformas políticas de primera generación, se impulsaron políticas fiscales prudentes y se desarrollaron medidas sociales importantes. No obstante, no se aprovechó el momento para diversificar la economía, que en cambio se fue concentrando todavía más en el petróleo; tal dependencia del petróleo explica lo sucedido después.
Aunque la interpretación sea muy economicista, la caída de la producción de petróleo tuvo un papel fundamental que truncó las promesas de transformación social. Y es en ese momento cuando el régimen cobró un perfil autoritario, mientras que la oposición no acababa de unirse. La oposición, de hecho, cometió un grave error cuando, en 2005, se negó a participar en las elecciones parlamentarias, cuyas garantías estaban avaladas por la Organización de Estados Americanos (OEA). El resultado, condicionado por la abstención, permitió a Chávez hacerse con la mayoría de los escaños.
La gestión de la OEA se complica puesto que, al margen de Cuba, de Bolivia (relativamente) y de los países del Caribe -que nunca van a condenar a Venezuela de forma absoluta, por el petróleo recibido-, ningún Estado latinoamericano respalda el régimen de Maduro, por lo que Venezuela está mucho más aislada. Por si fuese poco, su denuncia de la Carta de la OEA no tiene precedente. El motivo es claro: el gobierno pretende desentenderse de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en tanto este es un órgano vinculado a la OEA.
Ahora bien, la cuestión no es sencilla puesto que la propia doctrina de los derechos humanos supone un obstáculo para un desenlace negociado, salvo que se plantee de forma muy nítida el recurso a la justicia transicional. Las salidas, por lo tanto, no pueden formularse de forma simplista. Según Insulza, sería preciso formar un gobierno de transición que contribuya a reconstruir la economía, a recomponer la cohesión social y que, finalmente, de paso a la celebración de elecciones.
No obstante, el primer obstáculo estriba en que el presidente asegura que la que la situación no es tan grave y vuelca las responsabilidades en el imperialismo estadounidense. Pero tampoco sirve incitar a la injerencia extranjera por razones humanitarias o provocar conflictos en el seno del ejército, más aún cuando la mayoría de los militares se muestra leal al sistema. Hay que subrayar que no hay espacio y no debería haberlo para una acción militar.
El Papel de la Mediación Internacional
Según explicó Benedicte Bull, la experiencia noruega en negociación internacional, como país neutro y estable -que además cuenta con un Centro para la Resolución de Conflictos-, ha sido útil ante todo para acercar posturas. Esta predisposición mediadora forma parte de la propia visión exterior de Noruega que se comporta como una potencia media con una “diplomacia de nicho” basada en la paz, una geopolítica “blanda” que intenta contribuir a que el mundo sea más predecible. Esta visión se establece durante la Guerra Fría, cuando Noruega mantiene relaciones con Estados Unidos y simultáneamente comparte frontera con la entonces Unión Soviética.
Con América Latina los casos de intermediación se remontan a los Acuerdos de Paz en Guatemala y pasan por el proceso de pacificación en Colombia. Pero es necesario advertir que, de cualquier manera, la invitación al diálogo tiene siempre un enfoque fundamentalmente técnico, dado que Noruega no maneja en estas conversaciones agendas políticas propias. En el caso venezolano la mesa que se organizó ni siquiera trató de proponer soluciones, sino de activar una fase inicial de acercamiento, de intercambio y de invitación a que más países fuesen uniéndose al diálogo.
De cualquier manera, tanto en esta crisis como en el marco global, es conveniente propiciar un vínculo estrecho entre Europa y América Latina que vindique la pertinencia de una gobernanza multilateral y, en este aspecto, las trabas no solo proceden de la región. Las amenazas que el proyecto europeo afronta hacen que la UE tenga un peso menor. Con todo, su papel es clave, quizá más en temas específicos que en grandes escenarios de cooperación (en parálisis, dado que no se celebra una Cumbre UE-ALC desde 2017).
Quizá la progresiva pérdida de hegemonía de EE.UU. pueda revertir en una mayor proximidad euro-latinoamericana, aunque la presión estadounidense se mantiene: en Venezuela, en el impulso al denominado Foro para el Progreso de América del Sur o Prosur, lanzado en marzo de 2019, o en Argentina, donde EE.UU. pretende que el país declare a Hezbolá grupo terrorista, mientras juega la carta de su apoyo al país en el Fondo Monetario Internacional. Europa, por el contrario, tiene otra actitud y puede ganar espacios, sobre todo ante la oportunidad que brinda Mercosur.
Planificación y Desarrollo Sostenible
El establecimiento de estrategias y planes de desarrollo -lanzados desde los ministerios de Presidencia o de Economía, cuando no desde ministerios propios de Planificación del Desarrollo-, tiene un largo recorrido en las agendas gubernativas de los países de la región. Estos planes adquirieron una relevancia especial, de carácter netamente transversal, tras la adopción de los ODS (y la consolidación de un enfoque multidimensional del desarrollo), y los compromisos del Acuerdo de París (mediante la elaboración de las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional, CDN).
Desde entonces, estos informes de medio plazo dan cuenta de los procesos de planificación pública, desde su diseño inicial, hasta la implementación de políticas, y su seguimiento y posterior evaluación. El acceso transparente a los datos y a la información, su preceptiva sistematización en virtud de indicadores definidos -a lo que se agregan los imperativos de rendición de cuentas (accountabiliy)- posibilitan un control contrastado de estos procesos que, sin embargo, todavía responden a criterios heterogéneos en función de cada país, o a sus mismas capacidades institucionales.
En este sentido, de acuerdo con el secretario ejecutivo de la CEPAL (marzo 2024), es imprescindible que, para afrontar los cambios que los nuevos modelos de desarrollo requieren, se replanteen las capacidades institucionales de planeación y prospectiva en la región. De este modo, se trata de alinear los planes nacionales de desarrollo con una agenda de transformaciones prioritarias en materia de productividad, digitalización, economía circular, transición energética, integración económica, o fiscalidad, sin dejar de lado la cohesión social, la igualdad de género o la gestión de las migraciones (Salazar-Xirinachs, 2024).
Estos intereses prospectivos enlazan con los contenidos de la “Cumbre del Futuro” de Naciones Unidas, netamente en sus dimensiones financiera, de cooperación digital y climática, de innovación tecnológica y de atención a las futuras generaciones. El programa de Liderazgo Público Iberoamericano se desarrollará entre el 18 y el 23 de noviembre de 2024.
VIII Edición del Programa de Liderazgo Público Iberoamericano
Con mucho gusto quiero darles la bienvenida a esta VIII Edición del Programa de Liderazgo Público Iberoamericano, organizado por la Fundación Carolina y Telefónica. “Planificar el Desarrollo para un Futuro Sostenible” es un asunto de máxima actualidad, que viene siendo tratado por varios organismos multilaterales y, de algún modo, tuvo su culminación en la Cumbre del Futuro realizada por Naciones Unidas el pasado mes de septiembre.
Cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) ante un contexto de multi-crisis (climática, de deuda, alimentaria, de seguridad) sin precedentes, con un reducido espacio de políticas monetarias y fiscales (debido al alza de la inflación y del endeudamiento) plantea con urgencia la necesidad de incrementar la capacidad de movilización de recursos financieros a nivel internacional. Se estima que las necesidades de financiamiento para cumplir con los ODS se sitúan entre 4 a 6 billones de dólares anuales, según la OCDE.
Adecuar el volumen de recursos disponibles para cubrir las necesidades de financiamiento económicas, sociales y medioambientales de los países en desarrollo implica no solo aumentos en el volumen de préstamos, sino también un cambio en la lógica de financiación, organización y asignación de recursos por parte de la arquitectura financiera internacional que permita una mayor inclusión de los países en desarrollo.
Por otro lado, desde CEPAL se aboga a que es imprescindible que, para afrontar los cambios que los nuevos modelos de desarrollo requieren, se replanteen las capacidades institucionales de planeación y prospectiva en América Latina. De este modo, se trata de alinear los planes nacionales de desarrollo con una agenda de transformaciones prioritarias en materia de reindustrialización, productividad, digitalización, economía circular, transición energética, integración económica o fiscalidad, sin dejar de lado la cohesión social, la educación, la gestión de las migraciones y el futuro de los jóvenes.
Para Telefónica, este programa, y el espacio que brinda la Fundación Carolina, es una oportunidad para impulsar que se realice un ejercicio plural y abierto, con miras a que la reflexión y debate promueva la elaboración de planes y estrategias para impulsar la inversión en programas de desarrollo en la región de América Latina. Consideramos de gran importancia que se produzcan estas reflexiones, pues así garantizamos que puedan incorporarse todas las visiones de los responsables de las políticas públicas, al sector privado y a los socios internacionales.
La región cuenta con activos que la hacen única. América Latina posee una gran riqueza en recursos naturales, biodiversidad y energías verdes. Tiene una población joven y culturalmente diversa y su economía ofrece oportunidades en sectores tan variados como la agroindustria, el turismo sostenible, las energías renovables y las manufacturas vinculadas a la salud. Cuenta con un gran mercado interior, insuficientemente aprovechado, y está idealmente ubicada para integrarse aún más en las cadenas de valor global.
Ustedes como líderes públicos tienen el compromiso y la vocación de servicio para anticipar los escenarios y tomar las decisiones que culminarán en una efectiva transformación de las sociedades en América Latina.
Esta VIII Edición del Programa de Liderazgo Público tiene jornadas que proporcionan conocimiento y reflexión sobre la cooperación internacional, las prospectivas políticas y de fortalecimiento institucional; a nivel económico, los retos de productividad, el endeudamiento fiscal y nuevas fuentes de financiación; a nivel social, las políticas de juventud, de educación y cohesión social (con la inclusión de migraciones); y a nivel tecnológico, las nuevas tecnologías y servicios digitales, con la incidencia de la Inteligencia Artificial.
Estoy segura de que este programa constituye un espacio privilegiado para el intercambio de conocimiento y experiencias entre los líderes españoles e iberoamericanos y que la riqueza de los debates y nuevas ideas y políticas están aseguradas.
Participantes Destacados
- Coordinador general adjunto de Cooperación Bilateral y Analista Ambiental: Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil.
- Coordinadora en el Consejo para el Desarrollo Económico y Social Sostenible: Grado en Ciencias Sociales, con especialización en Ciencias Políticas y en Periodismo (Universidade de São Paulo).
- Gobernadora del Departamento del Chocó: Abogada graduada en la Universidad Externado de Colombia. Especialista en Derecho Medioambiental.
- Asesora del despacho ministerial: Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica. Economista incorporada al Colegio de Ciencias Económicas.
- Viceministra de desnutrición crónica infantil, candidata a la vicepresidencia del Ecuador: Experiencia en gestión de producción industrial, comercio internacional y liderazgo gremial en el sector textil.
- Abogado independiente: Abogado independiente. Graduado con honores como licenciado en Derecho y Ciencias Políticas y en Criminología.
- Licenciado en Economía: por la Pontificia Universidad Católica del Perú.
- Licenciada en Ciencias Biológicas y Técnica en Administración de Empresas: por la Universidad de la República (Uruguay).
- Formada en Ciencias Económicas y Empresariales: por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Comunicación 2.0 por la Universidad de Alcalá de Henares. Se incorporó a la Fundación Carolina en el año 2002.
