Manuel Lao Hernández: Biografía de un Emprendedor Almeriense Exitoso
Manuel Lao Hernández, nacido en Almería en 1948, es una figura destacada en el mundo empresarial. Su trayectoria es un ejemplo de cómo el trabajo y el esfuerzo pueden llevar a una persona desde un pequeño pueblo hasta la cima de una industria global. Este artículo explora la vida y carrera de este emprendedor, desde sus humildes comienzos hasta la creación de un imperio en el sector del juego y el ocio.
Ubicación de Almería en España.
Primeros Años y Orígenes
Manuel Lao Hernández nació en el pequeño pueblo almeriense de Doña María, situado en la ladera sur de Sierra Nevada. Presume de ser almeriense, pero se crió en Tarrasa. Pasó su niñez en Doña María pastoreando las ovejas que tenía su padre y su familia. Fue allí donde ganó sus primeras pesetas como monaguillo. También hacía molinillos de viento, que los vendía por dinero o algo de comida, patatas, harina… Aunque siempre había tiempo para la diversión.
De su pueblo se fue con el hijo de Don José, el médico, que fue el que convenció a su padre para dejarlo marchar: “Cándido, déjame que me lleve a tu niño a Cataluña, que allí se hará un hombre”, cuenta Manuel siempre que tiene oportunidad y le preguntan por su pasado . Pero tras ese tiempo, sus padres y su hermano Juan también emigraron hasta allí.
Inicios en el Mundo Laboral
Cataluña lo vio crecer como emprendedor. Con trece años, empleaba las mañanas de los sábados y los domingos para repartir pasteles a domicilio y también ayudaba en la barra del bar familiar. Y por la tarde repartía caramelos en el cine y despachaba en el bar que daba a la sala. Manuel Lao hacía otras muchas cosas para ganarse la vida a esa edad. “Buscaba ladrillos en los vertederos, los limpiaba el cemento y los vendía”, recuerda con nostalgia.
Un poco más tarde, la familia Lao montó el Bar Egara, que les dio trabajo durante dos décadas. En él servían comidas típicas de Almería (migas, gurullos, trigo), ofrecían tapas, desayunos, almuerzos y cenas. “Estaba siempre a tope de gente”, afirma Manuel. Tal fue el éxito del local, que las propinas en pesetas se acumulaban por cientos por la cocina.
Ascenso en la Industria del Juego
Poco antes de que se legalizara el juego en España, fue popular la compra en los bares por un duro o cinco duros de los conocidos como “boletos”, que ofrecían premios en metálico como si de una tómbola se tratase. Este fue el germen de lo que posteriormente sería Cirsa. Cuando el juego fue legal, su visión empresarial le llevó a comprar las primeras máquinas tragaperras que llegaron a España y poco tiempo después montó su propia fábrica, con sus propios modelos, contratando ingenieros japoneses. Aquello es hoy la Corporación Cirsa.
Casinos Cirsa.
Como guinda al pastel, Manuel Lao ha sido capaz de engendrar uno de los mayores imperios de la industria del juego y el ocio que hay en todo el mundo. Un negocio del juego que tiene presencia en 11 países, cuenta con 32 casinos tradicionales, 83 casinos electrónicos, 32.808 máquinas recreativas, 79 salas de bingo, 138 salones de juego, 190 centros de apuestas deportivas, 1.840 terminales de loterías y 3.440 terminales de videoloterías-.
Diversificación y Nortia
Pero el imperio de Manuel Lao ahora llamado Nortia (por la diosa etrusca de la fortuna) es más extenso y global, y agrupa otras actividades económicas colindantes con el juego: la aviación corporativa (una flota de jets privados), hoteles, inmobiliarias y hasta una empresa de comercialización de obras de arte. En total, 372 compañías con presencia en 70 países, 16.000 empleados y una facturación cercana a los 2.000 millones anuales. Su hijo mayor se perfila como el heredero. Lleva trabajando junto a su padre desde que tenía 18 años y acumula un total de 22 en la compañía. Actualmente es vicepresidente ejecutivo de Cirsa.
Reconocimientos y Filantropía
Manuel Lao es también presidente de la Fundación MLH, creada en 2005; de la Confederación Española del Juego, COFAR, que fundó en 1994; y miembro de la Junta Directiva y del Consejo de Acción Empresarial de CEOE, Confederación Española de Organizaciones Empresariales. Ha recibido diversos premios en reconocimiento a su labor empresarial y social. Es miembro de las juntas directivas de la patronal española CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), de la catalana Fomento de la Producción, y preside la patronal española del juego COFAR, (Confederación Española de Empresarios del Juego).
Sus casinos flotantes en el Río de la Plata, con barcos que simulan a los que recorrían el Misissipi, son muy conocidos en el mundo. Su última gran inversión ha sido, en el año 2009, el City Center de Rosario, Argentina, el casino más grande de Latinoamérica, con 2.000 máquinas de azar, 80 mesas de juego, hotel de 5 estrellas, salas de convenciones y locales comerciales.
Manuel Sierra, un legado familiar
El trasiego de pescado suele ser habitual en la nave número 21 de la calle Fresadores, en el polígono industrial de Fadricas. Limpiar, desangrar o descabezar la pesca del día es tarea del equipo de Conservas del abuelo Paquiqui, que desde una “humilde” sala ubicada en San Fernando se esfuerza por ofrecer calidad. Por eso, hay veces, que la quietud inunda el local. Si una mañana no hay el pescado que demandan, la cadena de producción se reserva para cuando haya. Su voz resuena en la nave donde Elena termina de empaquetar huevos de chocos. Las latas están apiladas en una de las mesas de este negocio emprendedor que surgió hace tres años con una misión. Recuperar el legado de Manuel Sierra, conocido popularmente como Paquiqui, el fundador de la mítica fábrica de conservas que se mantiene en el imaginario colectivo de toda La Isla.
En 1952, el abuelo de Manuel inauguró en la zona de San Marcos el foco de la industria conservera de la provincia gaditana. Su abuelo, gran empresario de la época, se dedicaba a la caballa y la melva, y, en menor medida, atún y sardinas, productos típicos de la tierra que exportaba a toda Europa. “Era una fábrica de las grandes”, dice el isleño orgulloso de él. No solo las conservas le llevaron a la gloria. Con el tiempo, se convirtió en una persona muy querida en la zona. Los vecinos le reconocían por el sombrero característico siempre en su cabeza que desde 2018 forma el logo del negocio de su nieto. Manuel llamó a la iniciativa con su apodo Paquiqui para rendir homenaje al isleño que mantuvo la fábrica hasta que su cuerpo aguantó.
A mediados de los 90, el veterano dejaba “un imperio” atrás. Las caballas de Paquiqui estaban en las mesas de todos los hogares, pero su cierre provocó que todo quedara en un bonito recuerdo. Casi 30 años después, su nieto ha querido seguir la tradición que ha vivido desde pequeño. “Nos hemos criado jugando de niños en la fábrica de conservas con la gente de aquella época”, dice. Pero cuando creció, nada de eso seguía existiendo. “Siempre estaba con la pena, hay que ver que se perdió aquello con lo que era”, cuenta Manuel que decidió tomar el relevo con valentía. “Mi abuelo no nos dejó una herencia física, nos dejo una más importante, unos conocimientos y una manera de trabajar que no hay en otros lados”, explica en la sala de producción. “Gracias a Dios tuvimos muy buena acogida”, pero para el matrimonio no fue fácil relanzar un producto que había llegado a su máximo esplendor en la Bahía.
Con la maquinaria necesaria que les prestó el empresario José Antonio Capitán pudieron comenzar esta aventura que arrancó tras un año de pruebas “para conseguir un producto lo más parecido posible al de antes”. Según explican, los cabezas de cartel son la caballa y la melva, ocupando un 80%, mientras el restante se dedica a atún rojo o huevos de chocos. Ahora tienen un verano por delante para trabajar la caballa, que está en campaña hasta septiembre, momento en el que se inicia la temporada de la melva. El negocio apuesta por los mismos productos de temporada que triunfaban antaño, y, por casualidades de la vida, también por los barcos de pesca que entonces servían a la fábrica vieja. Lazos invisibles unen en el tiempo a abuelo y nieto.
En la nave se trabaja de forma artesanal, exactamente igual que hace siete décadas. Manuel cuenta con el saber de las trabajadoras de la última etapa de la antigua fábrica. Mujeres que continúan enseñando el oficio a sus hijas para que no caiga en el olvido. En la actualidad, el emprendedor que lleva por bandera a su tierra y al legado familiar, participa en el proyecto Economía azul impulsado por la Universidad de Cádiz. El isleño confiesa que le hubiese gustado trabajar codo con codo con su abuelo. Para él, “el simple hecho de poner en la mesa su nombre, ya nos ha merecido la pena el lío”. Contentos con la aceptación, el matrimonio sigue trabajando duro para ensalzar la huella de Paquiqui.
