Los jóvenes emprendedores: análisis de la situación actual y desafíos para el futuro en España
El espíritu emprendedor es crucial para el crecimiento económico y social. Sin embargo, en España, los jóvenes que desean iniciar sus propios negocios se encuentran con múltiples obstáculos, especialmente aquellos de entornos desfavorecidos. A pesar de la ilusión y la capacidad de innovación, la falta de recursos económicos y de conocimientos específicos sobre cómo gestionar un negocio suponen barreras casi insuperables para muchos.
Un panorama desalentador en el emprendimiento juvenil
El informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2022-2023 nos ofrece una panorámica desalentadora: el 94% de los jóvenes españoles encuentran dificultades significativas para emprender. El análisis revela que, si bien hay un espíritu emprendedor, las estructuras de apoyo y los recursos financieros son insuficientes. Además, un 70% de los jóvenes consideran que emprender es una tarea ardua, con una percepción más pesimista entre las mujeres, quienes expresan un temor más profundo al fracaso.
Lucía Medina, directora de la Fundación Nantik Lum, apunta que “la dificultad para transformar ideas innovadoras en proyectos tangibles es particularmente aguda en áreas con acceso limitado a educación superior de calidad”. Esto es evidente en zonas urbanas menos favorecidas, como ciertos distritos de Madrid, donde las oportunidades de formación y capital son especialmente escasas.
Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) de 2023, la tasa de actividad emprendedora juvenil (de 18 a 35 años) ha aumentado ligeramente en los últimos dos años, alcanzando el 6,5 %. Sin embargo, emprender siendo joven tiene un punto de dificultad añadido. “Como emprendedores, nos acostumbramos a recibir muchos ‘noes’ y pocos ‘síes’. Aprender a gestionar el rechazo es algo esencial.
Comparativa europea: España en la cola del emprendimiento juvenil
España muestra una de las tasas de emprendimiento juvenil más bajas de Europa, con un 6% frente al 13% de Gran Bretaña o el 12.5% de Holanda. Francia y Alemania también superan a España con un 9% cada uno. Estas cifras no solo subrayan un problema de fondo en el apoyo al emprendedor joven, sino que también resaltan la necesidad urgente de implementar medidas efectivas que revitalicen este sector vital para la economía.
Empoderamiento a través del emprendimiento: desafíos y soluciones
Ante esta situación, la Fundación Nantik Lum cree necesarias una serie de iniciativas para eliminar estas barreras. La solución pasa por una combinación de educación, financiación y soporte institucional.
Educación en emprendimiento
El primer paso para fomentar una generación de jóvenes emprendedores es proporcionarles las herramientas necesarias a través de la educación. Los programas de emprendimiento no solo deben estar presentes en las universidades, sino también integrarse desde etapas más tempranas, en las escuelas secundarias. Esto podría preparar mejor a los jóvenes para enfrentar los retos del mundo empresarial, brindándoles conocimientos tanto teóricos como prácticos.
Financiación accesible
La mayoría de los jóvenes emprendedores tienen entre 18 y 30 años, una etapa en la que acumular ahorros suficientes para invertir en un negocio es complicado, especialmente para aquellos de entornos vulnerables. Por ello, es crucial facilitar el acceso a financiación mediante subvenciones y préstamos asequibles, diseñados específicamente para jóvenes emprendedores.
Uno de los principales obstáculos que enfrentan los jóvenes emprendedores es el marco normativo y fiscal. Ser autónomo en España implica hacer frente a elevados costes fijos, como la cuota mensual, que en 2023 oscilaba entre los 230 y 294 euros mensuales, dependiendo de la base de cotización. A pesar de las reformas aprobadas recientemente, como la tarifa plana para nuevos autónomos, estas medidas son percibidas por muchos como insuficientes, ya que no resuelven las barreras estructurales a largo plazo. La burocracia también sigue siendo un problema.
Impacto social y personal del emprendimiento juvenil
Además, es fundamental considerar el impacto psicológico y social que el emprendimiento tiene en los jóvenes. El emprendimiento no solo es una vía de desarrollo económico sino también una fuente de crecimiento personal. Ofrece a los jóvenes la oportunidad de construir confianza y desarrollar una red de relaciones interpersonales robustas. Además, alinea proyectos con valores contemporáneos como la sostenibilidad y la responsabilidad social, fomentando una conciencia más fuerte entre las nuevas generaciones.
A pesar de las trabas, los jóvenes lo tienen claro a la hora de recomendar si embarcarse en un proyecto como es el de crear su propio negocio: “para nosotros mil veces sí, para nosotros emprender nos ha permitido materializar nuestros propósitos”. Además, según Romà, “al emprender joven, cada aprendizaje temprano se convierte en una ventaja acumulativa que te ayuda a construir y evolucionar tu negocio de forma más efectiva.
La precariedad juvenil y un futuro incierto
Ser joven en España en 2025 significa vivir en una permanente contradicción: tener más estudios que nunca y, sin embargo, menos certezas, menos estabilidad y menos independencia que generaciones anteriores. A pesar de los avances en educación, digitalización y movilidad, millones de jóvenes en nuestro país viven atrapados en un bucle de empleos mal pagados, contratos inestables y un mercado de vivienda inaccesible. La promesa de la movilidad ascendente, de “trabajar duro para progresar”, se ha roto. La situación no es solo injusta: es socialmente insostenible.
España cuenta con una de las generaciones jóvenes más formadas de su historia. Según datos del Ministerio de Universidades, más del 44% de los jóvenes entre 25 y 34 años tiene estudios superiores, frente al 27% en el año 2000. El desempleo juvenil ronda todavía el 27%, el doble que la media europea. Y para quienes logran trabajar, las condiciones dejan mucho que desear: temporalidad, parcialidad involuntaria, salarios bajos y falta de perspectivas. Además, la sobreeducación -trabajar en empleos por debajo del nivel formativo- afecta al 35% de los jóvenes ocupados, una cifra muy superior a la media de la UE.
La precariedad juvenil no es un fenómeno nuevo, pero en los últimos años ha adquirido un carácter estructural. El fenómeno de los llamados “ninis” -jóvenes que ni estudian ni trabajan-, que en España supera el 12%, no puede entenderse solo como desinterés o desmotivación. A todo esto se suma la presión de una cultura laboral que, en ocasiones, romantiza el sacrificio: jornadas interminables, disponibilidad total, “pasión” por encima del descanso.
El reto de la independencia económica
No se trata de una cuestión cultural, como a menudo se dice, sino económica. El salario medio de los menores de 30 años no supera los 1.100 euros netos mensuales, mientras que el precio medio de un alquiler en una gran ciudad supera los 900 euros. La consecuencia es una generación “atascada”: sin recursos para independizarse, formar una familia, planificar un futuro.
El acceso a la vivienda continúa siendo una carrera de obstáculos, especialmente en las grandes ciudades. Las ayudas llegan a pocos beneficiarios, con una burocracia farragosa y plazos excesivos. La precariedad juvenil no es solo un problema individual: es un problema colectivo. Porque cuando millones de jóvenes no pueden emanciparse, participar plenamente en la sociedad ni construir un futuro propio, la democracia se resiente.
Dos datos sintetizan el 'maltrato' a que tenemos sometidos a la juventud española: nuestros jóvenes consiguen salir del hogar de sus padres y emanciparse a los 29,5 años, a la cola de una Europa que tiene como media los 26 años. Visto de otra manera, el 65% de los jóvenes entre 16 y 34 años, siguen viviendo con sus padres, un porcentaje siete puntos superiores al de hace una década. En relación con ello, la tasa de natalidad ha caído en España un 30% en una década y somos el penúltimo país de Europa. Nuestros jóvenes forman un hogar y una familia mucho más tarde y con muchas más dificultades que antes y que sus homólogos europeos.
| Indicador | España (Jóvenes) | Media Europea | Incremento/Decremento |
|---|---|---|---|
| Edad media de emancipación | 29.5 años | 26 años | +3.5 años |
| Jóvenes (16-34 años) viviendo con padres | 65% | No especificado | +7% (respecto a hace una década) |
| Caída de la tasa de natalidad | 30% (en una década) | No especificado | -30% |
Ambos hechos son el reflejo de toda una situación adversa, construida poco a poco durante décadas, pero que nadie parece querer abordar de manera integral, en la que es legítima su frustración ante el riesgo de que van a vivir peor que sus padres, en una sociedad más desigual como consecuencia de nuestras decisiones y actitudes de hoy. Un panorama desolador, un asunto de la mayor importancia y en torno al que debemos exigir un cambio consensuado de políticas.
Educación y empleo: un camino incierto
Un problema estructural que venía de antes, pero que se ha visto agravado como consecuencia de la crisis financiera de 2008 y de la crisis pandémica actual. El recorrido puede empezar por la pobreza infantil. Según UNICEF España es uno de los países europeos con mayor tasa de pobreza infantil como consecuencia, en parte, de escasas políticas de apoyo a las familias necesitadas. A partir de ahí, España es el país de la eurozona con mayor tasa de abandono escolar, según Eurostat, aunque la cifra ha venido mejorando en la última década. Junto a ello, tenemos un porcentaje mayor de jóvenes entre 25 y 29 años que solo tienen la ESO como titulación (27% España frente al 15% UE) y una mayor tasa de universitarios en paro o en trabajos por debajo de su cualificación. Sobre esta realidad estructural ha venido a golpear la pandemia haciendo que, en palabras del Informe del Defensor del Pueblo: estamos ante “un estancamiento de la función de ascensor social que la educación venía realizando”.
Cuando se enfrentan al mundo laboral, casi el 40% de nuestros jóvenes que quieren trabajar está en paro. Un porcentaje que duplica la media europea situación que viene arrastrándose desde antes incluso de la crisis financiera de 2008. Los jóvenes que trabajan tienen una incidencia de temporalidad del 66% y de tiempo parcial del 39%, el triple que el resto de la población activa. Un 36% de jóvenes menores de 30 años, no tienen en España ningún ingreso laboral.
La sociedad parece no entender los cambios generacionales y la sensación de ser un joven en una sociedad en constante movimiento. Prefieren echarle la culpa a los jóvenes como responsables de la falta de decisión y de la deserción. Pero no estamos en la misma realidad que hace veinte o treinta años. La diferencia entre el anterior protagonista universitario y el actual está en el tiempo transcurrido, pues el futuro se ha hecho más incierto para las actuales generaciones. Los señalan como ‘la generación de cristal’, pero no dicen que son los adultos quienes no tienen la fortaleza para apoyar y entender las decisiones sobre el futuro.
Fuente: Secretaría de Integración Social - En sus dos primeras semanas de universidad, los estudiantes se cuestionan sobre la elección de su carrera y algunos se retiran.
La verdad sobre el declive del sueño americano
La verdad sobre el declive del sueño americano
El sueño de ascender y convertirse en jefe está muriendo. Según el estudio Gen Z and Millennial Survey realizado por Deloitte, el 48% de los Gen Z y el 46% de los millennials viven con una incertidumbre financiera importante, con una dependencia de un ingreso mensual que apenas les permite vivir “al día”. «La definición de éxito en el presente es muy diferente a la de hace décadas», explica Juan Carlos Higueras, Vicedecano de EAE Business School.
Según explica Juan Carlos Higueras, el middle management se ha convertido en un rol con alta exposición y exigencia, pero con recompensas que no siempre compensan ese nivel de responsabilidad. Es una posición que gestiona hacia arriba y hacia abajo, muchas veces sin el margen real de decisión para generar impacto. A esto se suma una transformación profunda en las expectativas laborales. «El liderazgo hoy tiene un componente emocional mucho más alto que antes», explica el Vicedecano de EAE Business School. Sin suficientes líderes preparados y dispuestos, las organizaciones pueden encontrar dificultades para tomar decisiones de forma ágil y mantener una cultura organizacional sólida. Las compañías se enfrentan al gran reto de replantear cómo forman a sus nuevos líderes y lo que significa realmente liderar dentro de sus estructuras. «Pese a todo, las organizaciones deberán aceptar esta nueva realidad de que no todos quieren liderar, y eso no debería ser un problema», concluye Juan Carlos Higueras.
Emprendimiento digital: una luz en la oscuridad
A pesar de este contexto, el emprendimiento juvenil sigue en auge, en parte gracias a la creciente digitalización y la adopción de nuevas tecnologías. Los jóvenes en España están aprovechando las plataformas digitales para crear negocios en sectores emergentes como la economía colaborativa, el comercio electrónico y las startups basadas en el conocimiento. En este sentido, empresas como Loiale son un ejemplo. Los dos socios jóvenes emprendieron por primera vez en 2019, con 19 años, con una empresa que, en poco tiempo, creció como la espuma y que acabó cerrando. Aunque daría paso a lo que ahora es Loiale, sin los errores cometidos en un inicio. Y es que su emprendimiento fue evolutivo y fueron aprendiendo sobre la marcha.
Factores de éxito y fracaso en el emprendimiento juvenil
Los menores de 25 años se posicionan, dentro del perfil del emprendedor, como el colectivo que acumula una mayor tasa de fracasos en nuevos negocios. Según los datos del informe, en base al Instituto Nacional de Estadística (INE), en Canarias durante 2021 se encontraban activas 146.065 iniciativas empresariales, lo que supone el 4,3% del total nacional. Por su parte, también en 2021 se registraron 15.610 nuevos negocios, generando en las Islas un mayor dinamismo que en el conjunto de regiones españolas.
En cuanto al perfil, Correa explicó que el de las mujeres ha ido creciendo, pasando del 43,6% en 2012 al 53,5% en 2021. En cuanto a la formación, más de un 40% de los nuevos negocios de 2021 estaban liderados por universitarios, aunque la mitad de emprendedores que se dieron de alta estaban inscritos como demandantes de empleo. Por otro lado, las actividades profesionales aglutinan un 57% de las nuevas iniciativas, mientras que el comercio minorista ha ido perdiendo presencia pasando de un 19% en 2012 al 7,8% en 2021.
Si se compara la tasa de abandono de las empresas que tramitaron su alta en la Ventanilla Única de Santa Cruz, con los datos de Demografía Empresarial del INE (2023), se observa que en 5 años han desaparecido en Canarias el 55,2%, una cifra muy cercana a la media nacional que es del 54,6%. Curiosamente, las personas con formación universitaria presentan mayor tasa de abandono, aunque son los más emprendedores.
¿Por qué cierran los negocios jóvenes?
En cuanto a los factores del cierre, un 73% señalan que la rentabilidad no era equiparable a sus esfuerzos, más de un 47% afirmaban escasez de demanda y un 37% una excesiva competencia. Además, el 47,1% lo relaciona a la falta de fondos, el mismo porcentaje a la COVID-19, así como un 39% a razones familiares. Además, 1 de cada 5 reconoce que gestiona incorrectamente su negocio. La digitalización juega también un papel importante en estos factores de cierre, ya que más de la mitad de las firmas que clausuraron no tenían presencia digital, y solo un 10% realizaban ventas online. De hecho, solo un 29% están contentas con la rentabilidad que tienen, y las tareas para lograr esa rentabilidad van encaminadas a la digitalización.
De los emprendedores que han decidido continuar, un 95% afirman que lo hacen porque ofrecen un buen servicio o producto, aunque les preocupan situaciones de la coyuntura económica actual como el incremento de los costes, las dificultades para acceder a nuevos mercados y el aumento de la competencia.
La "generación atascada" y la necesidad de políticas públicas
«Una juventud sin oportunidades, no constituye una generación perdida, sino que revela un país perdido en su conjunto». Esta afirmación puede leerse en el último informe del Instituto para la Juventud (INJUVE), adscrito al Gobierno de España, sobre la Juventud española de hoy. Y resume la dura conclusión que puede extraerse del análisis de una juventud a la que le hemos robado su futuro después de encadenar dos crisis seguidas (la financiera y la pandemia) que han convertido un problema estructural en sistémico.
España, como en general todos los países desarrollados, protegen a los ciudadanos de mediana edad y a los ancianos, mientras deja a la intemperie o al azar desigual de las familias donde nacen a los jóvenes por debajo de los 30/35 años. En España, los ingresos medios anuales de los jóvenes nacidos entre 1985 y 1994 son un 13% inferiores a los nacidos una década antes. No es un problema sólo nuestro, aunque aquí se viva con datos agravados. Incluso el Financial Times acaba de sacar un número monográfico especial dedicado al asunto.
¿Qué hacer? La generación que ha crecido entre crisis merece algo más que discursos bienintencionados. Merece empleo digno, acceso a la vivienda, protección social, tiempo para vivir y espacio para soñar. Una sociedad que no cuida a sus jóvenes está condenada a repetirse, a envejecer sin renovación, a fracturarse por dentro.
El éxito y el fracaso no son algo estrictamente privado. Menos, cuando la pandemia nos ha mostrado el valor social de la interdependencia entre las actitudes humanas. Garantizar la igualdad de oportunidades y mantener engrasado el ascensor social son dos de las principales responsabilidades de las políticas públicas. Con apoyo de las familias y el compromiso de los individuos, pero también y sobre todo como apuesta por una sociedad abierta, cohesionada, que incluye el progreso y la mejora continua entre sus objetivos constitutivos.
Una sociedad que no pone todo su empeño en ofrecer a sus jóvenes un futuro mejor, es un país sin un proyecto común, paralizado entre el egoísmo de los mayores y la polarización política.
