Liderazgo Transformador: Impulsando el Cambio de Hábitos para el Éxito Organizacional y Personal
En el vasto escenario del liderazgo moderno, los nuevos líderes se enfrentan a un desafío monumental: romper con los patrones de pensamiento y acción que limitan el potencial de sus equipos. En un mundo donde el cerebro humano a menudo opera en piloto automático, estos líderes deben navegar teniendo muy presente la manera en que comunican, colaboran y ejecutan su trabajo.
Es parte de nuestra esencia humana que al abrir nuevos ciclos nos propongamos hacer mejoras personales y profesionales. Pareciera que cada inicio de algo nos inyectara de una energía positiva, que nos impulsa a descubrir una mejor versión de nosotros mismos. Y esto se ve reflejado en querer iniciar nuevos hábitos saludables o positivos al inicio de cada año.
La Gestión del Cambio desde el Liderazgo: Un Elemento Crucial
En todas las organizaciones, la gestión del cambio recae principalmente en la alta dirección. Los líderes, managers y directivos son quienes, en última instancia, determinan el camino a seguir. Un liderazgo fuerte y visionario debe ser capaz no solo de facilitar una transición ordenada a través de cambios estructurales o estratégicos, sino también de inspirar y motivar a los empleados a aceptar y fomentar nuevas oportunidades, cultivando una cultura de innovación y adaptación continua.
Adoptar este enfoque no solo mejora el rendimiento organizacional, sino que también fortalece el compromiso y la resiliencia del equipo frente a un futuro incierto. Saber cómo conducir a una organización a través del cambio no solo implica minimizar el impacto negativo en las operaciones diarias, sino también saber aprovechar oportunidades para mejorar y crecer. Este tipo de liderazgo no solo facilita una transición suave, sino que también posiciona a la empresa para alcanzar una ventaja competitiva, asegurando un rendimiento sostenible a largo plazo. Es por ello que la gestión del cambio desde el liderazgo se convierte en un elemento crucial para garantizar que los cambios no solo sean aceptados, sino que sean también sostenibles a largo plazo.
¿Por qué es importante la gestión del cambio desde el liderazgo?
| Razón | Descripción |
|---|---|
| Adaptación y competitividad | En un entorno empresarial que evoluciona rápidamente debido a factores tecnológicos, económicos y sociales, las organizaciones deben adaptarse para mantenerse competitivas. |
Para gestionar el cambio desde el liderazgo, un seguimiento continuo y ajustes estratégicos constantes son imprescindibles, ya que esto garantiza que el cambio se implemente correctamente y que cualquier problema que pueda surgir sea abordado de manera oportuna y efectiva. Además, requiere la disposición para hacer ajustes ágiles cuando las circunstancias lo demanden, asegurando que la organización permanezca en el camino correcto hacia el logro de sus objetivos. Establecer un sistema de feedback continuo, a través de encuestas o evaluaciones, donde los empleados puedan compartir sus experiencias y sentimientos sobre el cambio, es fundamental.
En la gestión del cambio, los líderes tienen la responsabilidad crucial de ser agentes de transformación. Al liderar el cambio, es esencial comunicar una visión clara y convincente que motive a todos los niveles de la organización. Los líderes deben fomentar un ambiente de confianza, ser accesibles y estar dispuestos a escuchar las inquietudes de su equipo para mitigar la resistencia al cambio.
Involucrar a los empleados en el proceso de cambio puede reducir la resistencia que estos puedan tener frente al proceso. Los líderes que demuestran empatía y un estilo de liderazgo emocional son capaces de conectar emocionalmente con sus empleados, lo que les permite entender mejor las preocupaciones y desafíos que enfrentan durante los procesos de cambio. Desarrollar resiliencia en el equipo es igualmente importante. Los líderes pueden fomentar la resiliencia, proporcionando apoyo emocional, ofreciendo recursos para el desarrollo personal y profesional, y creando un entorno donde se promueva la flexibilidad y la adaptación.
Descubre diferencias entre liderazgo transformacional y transaccional, impacto en equipo y empresa.
Cambio de Hábitos: El Caso de Bob, un Líder en Evolución
Como jefe de ventas de una gran organización de membresía de clubes, Bob sabía cómo utilizar su carisma para atraer nuevos miembros. Como líder, Bob posee encanto, es divertido y agradable, pero también puede ser disperso, duro, impaciente y controlador con sus empleados. Al disminuir las ventas de membresías y aumentar la cancelación de membresías existentes, Bob decidió salir y hacer las ventas él mismo. A medida que aumentaba el estrés, su estilo de liderazgo encantador y su necesidad de ser agradado cambiaba por un estilo de ataque, buscando culpar a otros, dominar y mostrando inflexibilidad con la resolución de problemas. Esto creó un círculo vicioso con su gente. Ahora ellos solo esperaban a que Bob explotara, para luego simplemente hacer exactamente lo que se les decía. Todos tenían miedo de cometer un error.
Bob mejoró los resultados organizacionales al cambiar su estilo de liderazgo. Aprendió a morderse la lengua y practicó la autenticidad. El tener conversaciones reales condujo a una mayor transparencia con su equipo. Tener conversaciones reales y transparentes condujo a una mayor participación de los empleados, lo que a su vez aumentó la confianza. Esto aumentó el compromiso con su gente y sus compañeros. Esto condujo a discusiones más abiertas y mejores soluciones de ventas de membresía. Bob y su equipo hablaron más, cuestionaron más y dialogaron más. Los niveles de estrés de Bob son definitivamente más bajos, ya que puede depender de los demás para ayudar a resolver problemas difíciles.
Estrategias Aplicadas por Bob
- Ejercicio para controlar el estrés: Esto es parte de la Resiliencia en el Liderazgo: al entrenar constantemente, se volvió más “zen”, como a él le gusta decir.
- “Reuniones sin Bob”, con el objetivo de poner Empeño y Compromiso en su liderazgo: En lugar de tener reuniones en las que Bob le diga a su gente qué hacer, él comentaba con los gerentes de ventas el planteamiento del problema y salía de la sala. Luego volvería y escucharía al equipo de ventas hablar sobre todos los pros y contras generados por sus ideas, y luego sería mentor y los empoderaría para implementar sus soluciones.
- Aplicó enfoques flexibles, que demostraron la Agilidad de Liderazgo: En lugar de rechazar ideas, Bob comenzó a admitir sus preocupaciones y temores.
- Se enfocó en conversaciones reales y transparentes, que conducían a un Liderazgo Inteligente: Bob aprendió a morderse la lengua y practicó la autenticidad.
Hábitos de los Líderes Exitosos
En estos tiempos de cierre de ciclos y apertura de nuevos, quiero compartir contigo 12 hábitos que practican los líderes exitosos. Puede ser que alguno de estos tú ya lo practiques; pero seguro encontrarás inspiración en alguno de ellos para descubrir una mejor versión de tu liderazgo.
Hábito 1: Cuidarse
Todos sabemos que para poder tener grandes resultados y lograr mantenerlos en el tiempo, necesitamos un cuerpo y mente que soporten este éxito. Si tu cuerpo y tu mente se sienten agotados y enfermos, difícilmente podrán rendir al máximo. Necesitas dedicarte tiempo, prioriza tu salud y bienestar. No existe ningún trabajo que te vaya a durar por el resto de tu vida; pero sí un cuerpo y mente que ahí estarán hasta el último día. Nunca es tarde para comenzar a cuidarse.
Hábito 2: Agradecer
Ser más agradecido te hará ser un mejor líder. Porque practicar el agradecimiento no solo beneficia tu salud mental, sino que fortalece a tu equipo, los compromete aún más y genera confianza en tu liderazgo.
Hábito 3: Aprovechar el talento de todos
Nadie sabe más que todo el equipo junto, ni siquiera tú. ¡Admítelo y tendrás mejores resultados! Por eso, cuando se trate de tomar una decisión, resolver un problema, definir un rumbo, toca base con tu equipo. Enriquécete con sus talentos y encuentra la mejor solución. Un líder exitoso no sabe todas las respuestas, pero sí sabe dónde encontrarlas.
Hábito 4: Enfocarse en las soluciones
Encontrar culpables nunca solucionará los problemas y solo te desviará de la efectividad. Los líderes exitosos priorizan resolver los problemas y, una vez resuelto, hacen un análisis de los aprendizajes y las causas raíz. Para asegurarse de que se mitigue la posibilidad de que el problema vuelva a surgir. Capitalizar cualquier situación positiva o negativa te hará ser un mejor líder.
Hábito 5: Dar el ejemplo
Hablar menos y actuar más. Si quieres que tu equipo viva la cultura y valores de la empresa, comienza por hacerlo tú. Si quieres que ellos se orienten al resultado, hazlo lo primero tú.
En una amplia gama de industrias y geografías, los mejores líderes empresariales del mundo saben que todos los objetivos deben estar arraigados en hábitos coherentes que los respalden. Los principales líderes evalúan y reevalúan periódicamente si sus prácticas diarias les permiten dirigir con eficacia y eficiencia y, en última instancia, si están allanando el camino para sus planes a largo plazo. Entienden que el éxito suele llegar a través de un progreso incremental a lo largo del tiempo. Confían en que incluso cuando los objetivos no se materializan tan rápidamente como estaba previsto, los sistemas y procesos que han puesto en marcha mantendrán a su equipo motivado, con energía y en el buen camino. Los mejores líderes se deleitan con sus hábitos, sabiendo que el trabajo duro acabará dando resultados.
Cinco Hábitos Fundamentales de los Líderes de Mayor Éxito:
- Ser disciplinado con la comunicación. Los grandes líderes dan prioridad al mantenimiento de líneas de comunicación coherentes mediante el mantenimiento de una cadencia regular de reuniones individuales y de departamento. Mantienen reuniones productivas y orientadas a los resultados mediante el aprovechamiento de alguna combinación de las siguientes mejores prácticas:
- Comparte un resumen con todos los participantes antes de cada reunión.
- Inicia las reuniones explicando el objetivo y los resultados previstos.
- Acude a las reuniones preparado y listo para dirigir.
- Hacer que la planificación sea sistemática. En lugar de pasarse el día reaccionando ante las emergencias, los CEO eficaces toman el control proactivo de su proceso de planificación. Incorporan sistemáticamente puntos de control en su jornada: Por la mañana, para prepararse para la jornada; a mediodía, para reflexionar sobre proyectos críticos; y por la noche, para planificar el día siguiente.
- Dominar el calendario. Los grandes líderes no dejan sus prioridades al azar, sino que las anotan directamente en sus calendarios. En lugar de limitarse a crear una lista de tareas pendientes y esperar a terminarlas al final del día, reservan bloques de tiempo específicos para cada cosa que quieren hacer.
- Crear un sistema de responsabilidad con los compañeros. Los grandes directores generales conocen los peligros de intentar hacerlo todo ellos solos. Buscan activamente diversas perspectivas de iguales de confianza para asegurarse de que su proceso de toma de decisiones está bien equilibrado. Muchos han descubierto que cuando expresan sus objetivos en voz alta a sus iguales, es más probable que los lleven a la práctica.
- Dedicar tiempo al aprendizaje. Entre las muchas decisiones urgentes que los directores generales deben tomar cada día, puede resultar difícil encontrar tiempo para el aprendizaje. Sin embargo, los mejores líderes del mundo buscan regularmente nuevas ideas sobre la industria y el liderazgo en podcasts, artículos, conferenciantes y libros.
El Arte de Delegar y Proteger al Equipo
El arte de delegar emerge como una de las piedras angulares del liderazgo efectivo. Implicarse en cada pequeño detalle, en cada pequeño problema, no es cosa fácil. Requiere una cantidad inmensa de energía y, a menudo, conduce al agotamiento y al desgaste profesional. En un entorno donde cada decisión pasa por el líder, los equipos se vuelven dependientes, incapaces de pensar por sí mismos.
¿Qué pasaría si, en un contexto de confianza y comunicación abierta, el equipo tuviese libertad para tomar las decisiones que creyese convenientes? Cuando los empleados tienen la información y el contexto necesario, se vuelven más activos en la toma de decisiones. Esto les da un sentido de pertenencia y responsabilidad. “No le digas a la gente cómo hacer las cosas, diles qué hacer y deja que te sorprendan con sus resultados”, dijo el general George S. Patton. Puede que existan muchos medios distintos para alcanzar un mismo fin. Y que el camino que elegiríamos nosotros no tiene por qué ser el más eficiente. Este enfoque no solo se centra en el resultado final, sino en el proceso de descubrimiento que el equipo experimenta al trazar su propio camino hacia el éxito. Al confiar en la capacidad de los miembros del equipo para enfrentarse a los desafíos con creatividad e ingenio, se abre un mundo de posibilidades en el que las soluciones innovadoras emergen de los rincones menos esperados.
Los líderes inevitablemente se enfrentarán a desafíos que ponen a prueba el tejido moral y emocional de sus equipos. El problema con los empleados tóxicos de alto rendimiento es que su éxito en términos de resultados puede enmascarar sus efectos negativos en el entorno de trabajo. Su falta de compromiso o de esfuerzo arrastra al resto del equipo, lo que genera frustración y desmotivación.
Finalmente, en un mundo saturado de distracciones, proteger al equipo de actividades que devoran el tiempo sin piedad se convierte en una necesidad imperiosa. Demasiadas reuniones, solicitudes contradictorias y sobrecarga de información pueden dañar la productividad de un equipo. En última instancia, el liderazgo que busca el crecimiento del equipo es un acto de equilibrio constante. Es un diálogo perpetuo entre involucrarse lo suficiente para guiar y retirarse lo necesario para permitir el florecimiento de la autonomía.
Claves para Establecer un Nuevo Hábito
Empezamos cada nueva etapa -ya sea el comienzo de año, la llegada de septiembre o incluso el inicio del mes- siempre con los mismos propósitos (o muy parecidos). Y aunque nos gusta atribuir este resultado a una ‘falta de constancia’ por nuestra parte (como si fuese algo intrínseco e invariable), lo más probable es que hayamos incurrido en ciertos errores comunes y no hayamos contado con las pautas necesarias para establecer un verdadero cambio.
Cuando queremos hacer un cambio en nuestra vida y en nuestras rutinas, podemos pasar por diferentes fases atendiendo al modelo transteórico de Prochaska y DiClemente. Un modelo que fue planteado para el cambio de conductas adictivas, pero que puede aplicarse a otro tipo de conductas.
Las fases que seguramente reconoceremos por haberlas experimentado en el pasado son:
- Precontemplación: la persona todavía no se ha dado cuenta de que sus conductas o sus hábitos son perjudiciales y no trata de cambiarlas.
- Contemplación: la persona empieza a darse cuenta de la necesidad de cambio en sus conductas, comienza a buscar información y se plantea un cambio a largo plazo.
- Preparación para la acción: la persona decide llevar a cabo un cambio en su vida, formar un nuevo hábito más saludable y se compromete con ello.
- Acción: se inicia el nuevo hábito con éxito.
- Mantenimiento: la persona mantiene en el tiempo la nueva conducta (por ejemplo, practicar deporte tres veces a la semana).
- Recaída: se interrumpe el proceso de cambio, retrocediendo a fases anteriores de precontemplación o contemplación.
Si nos reconocemos en este patrón tan habitual, ha llegado la hora de establecer una serie de pautas para cambiar nuestras rutinas, para que estas nos ayuden a ceñirnos a nuestro nuevo plan de vida. Eso, y analizar cuáles son los errores más comunes, algo que nos ayudará a sortearlos cuando se presenten.
Pautas clave para empezar un nuevo hábito:
- Tener claro cuál es tu objetivo. Especificar muy bien qué es lo que queremos conseguir y por qué lo queremos.
- Plantear un objetivo que sea realista. Ajustar las expectativas que tenemos y plantearnos un objetivo que podamos conseguir.
- Atender a la motivación que tenemos de cumplir nuestra meta. La motivación intrínseca incrementa las probabilidades de éxito.
- Planificar cuándo y cómo vamos a llevar a cabo el nuevo hábito. Establecer el momento del día y la manera de hacerlo.
- Establecer los medios o recursos que nos van a permitir conseguirlo. Tener en cuenta el material, espacio o ayuda externa necesaria.
- Elegir pequeñas recompensas que podamos concedernos conforme nos vayamos acercando a nuestra meta. El refuerzo positivo aumenta la motivación.
El entorno también influye
Incluso siguiendo estas recomendaciones principales, también tenemos que analizar si el tipo de objetivo que nos hemos propuesto puede estar condicionado por factores externos que se escapan a nuestro control, como nuestros allegados y su estilo de vida.
Los errores que nos hacen perder un hábito
De las recomendaciones generales que nos ha dado la experta sobre cómo cambiar nuestros hábitos, ya se desprenden cuáles pueden ser los principales errores que podemos cometer, pero no está de más señalarlos y tenerlos muy en cuenta para evitarlos cuando llegue el momento. Estos son los que la psicóloga advierte:
- Plantear un objetivo poco realista, poco ajustado a nuestra situación actual y al entorno en el que vivimos.
- Autoculparnos si nos saltamos la rutina en un momento puntual.
- No tener una planificación, un momento del día que podamos dedicar a nuestro nuevo hábito.
¿A los 21 días se afianza un hábito: mito o realidad?
Se ha oído en más de una ocasión esa afirmación que dice que 21 días son los necesarios para convertir una acción en un hábito, pero ¿realmente es tan simple? Esta máxima viene de la década de los 60, cuando el cirujano plástico Maxwell Maltz habló de un período de 21 días en la formación de un hábito, ya que era el tiempo que tardaban sus pacientes en asimilar un cambio físico tras una cirugía. Sin embargo, otro estudio posterior, el realizado por Philippa Lally, comprobó que el promedio es de 66 días. La formación de un nuevo hábito no es algo tan simple y se requieren más estudios para concretar si existe realmente un tiempo promedio en adquirirlo, en función de diversas variables como el grado de motivación y compromiso o la complejidad de la tarea.
¿Importa cuándo empiezas un nuevo hábito?
Normalmente, nos tomamos el inicio de un nuevo ciclo como el momento ideal para poner en marcha ese cambio de hábitos. Sin embargo, forzarnos a intentar comenzar algo nuevo cada lunes puede ser contraproducente, pues lo realmente importante es atender a si es un momento adecuado o no para empezar a crear una rutina. Si empezamos una nueva rutina al final del día corremos el riesgo de ser menos constantes por estar más cansados, o simplemente que esa actividad quede en un segundo plano con respecto al resto, por lo que es importante darle prioridad.
Y para esos días en los que no nos apetece nada…
Por muy motivadas que estemos, todo el mundo tiene esos días en los que no le apetece nada y nos tienta mucho saltarnos la rutina. Si queremos un truco que nos ayude a cumplir en estas ocasiones en las que nos faltan ganas, es el de recurrir a nuestra motivación extrínseca y aumentar un poquito la recompensa que nos damos después de cumplir nuestro objetivo.
