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Comunicación

Liderazgo Político y Masculinidad en el Siglo XXI: Un Análisis Profundo

by Admin on 21/05/2026

La relación entre el liderazgo político y el género ha sido objeto de debate y estudio durante más de un siglo. Este artículo se propone analizar las complejidades de esta interacción en el contexto del siglo XXI, explorando las diferencias y similitudes en los estilos de liderazgo entre hombres y mujeres en cargos políticos, los desafíos que enfrentan las mujeres líderes y el fenómeno de la masculinización de la extrema derecha.

Liderazgo y Género: ¿Estilos Diferentes o Similitudes Latentes?

Una de las preguntas centrales en la investigación sobre liderazgo y género es si las mujeres y los hombres adoptan estilos de liderazgo diferentes. La controversia sobre la evidencia científica de estas diferencias se ha prolongado por más de un siglo.

La Búsqueda de Diferencias en Estilos de Liderazgo

Este estudio busca identificar las diferencias o similitudes entre los sexos en cargos políticos. ¿Las mujeres y los hombres adoptan diferentes estilos de liderazgo? ¿Existen diferencias significativas entre hombres y mujeres en los estilos de liderazgo? ¿La aculturación y la adaptación son factores comunes para el liderazgo femenino en los ámbitos dominados por los hombres?

Parece, en definitiva, que la investigación comparada indica que hay pocas diferencias entre los estilos de liderazgo de los líderes políticos de ambos sexos. Sin embargo, son necesarias más investigaciones que aclaren la asociación entre el liderazgo y el género. Tradicionalmente, las generalidades han sugerido que las mujeres que ejercen roles de liderazgo son más emocionales, influenciables o indecisas a la hora de liderar y de relacionarse con sus subordinados. Sin embargo, este artículo busca trascender esa visión dominante y renovar la discusión a la luz de la realidad del siglo XXI.

A pesar de estas percepciones, el liderazgo es un concepto abstracto y un constructo social que se relaciona con otros conceptos como el poder, la influencia, la autoridad o el control. Entendemos el liderazgo político como "el ejercicio del poder por uno o algunos individuos que dirigen a los miembros de la nación hacia la acción", o como "aquel fenómeno de carácter colectivo que se desarrolla en un contexto de interacción entre el comportamiento de un actor individual normalmente en una posición relevante (el líder) y sus ámbitos de dominio público, por el cual aquél ejerce una influencia no rutinaria (real o percibida) en la actividad política, mediante la influencia en su caso de una gran variedad de recursos formales e informales."

El Ejercicio del Liderazgo Femenino: Retos y Superación

Estudiar a las pocas mujeres que llegan a ostentar puestos de liderazgo es estudiar a una minoría, a aquellas que se sitúan en los lugares más visibles del ámbito público. Las líderes son, en muchos ámbitos, las "recién llegadas a los espacios públicos", las excepciones que cumplen la regla, dado el intenso "plus" de circunstancias y la sobreselección que han tenido que superar para ser lo que son.

Su situación en la esfera pública es peculiar y "anómala", son "outsiders", son "élites discriminadas por y pese a su condición de élite dado el alto nivel de exigencias y/o acumulación de medios que tienen que reunir para acceder a estos puestos". Esta sobreselección se plasma en la sobreabundancia de medios que las caracterizan, o lo que es lo mismo, en las capacidades acumuladas en sus personas (tanto en términos simbólicos como materiales) que les permiten poder pasar el "embudo" que se crea conforme la actividad es más cualificada o es mayor el sobreesfuerzo requerido para remontar las superpluses que la sociedad les exige (siempre en comparación con los exigidos a los hombres).

Esto lleva a que, incluso las propias mujeres políticas, asuman con normalidad esta exigencia, percibiendo que en su misma situación "un varón sacaría más rentabilidad política en el caso de tener el mismo curriculum". Sin embargo, lejos de recurrir a argumentos de comparación de méritos con sus homólogos masculinos, a la hora de verbalizar las experiencias vividas tienden a subrayar la importancia de sus méritos (sin hacer ninguna relación especial con su sexo). Es el conocido como "síndrome de la abeja reina". Las mujeres de la élite enfatizan fuertemente en su discurso los propios méritos como justificación ante aquellos que piensan que ocupan los puestos por "una cuota".

La vida pública tiene un mayor coste para las mujeres, dado que están sujetas a los mismos reveses que los hombres pero, además, deben hacer frente a una sobreselección psicológica que las conduce a adaptarse al modelo masculino de trabajo y poder y a un "excedente de valor social". En cualquier lugar, "los hombres siguen obteniendo mayores y mejores puestos, y las mujeres siguen siendo unas élites discriminadas".

Las diferencias persisten en todos los lugares, pero mientras las mujeres suelen ser más cuando se da la concurrencia meritocrática libre, pareciera que son desestimadas en mayor medida cuando se enfrentan ante sistemas de cooptación. Precisamente, una de las principales barreras con las que tropiezan las mujeres que quieren acceder a cargos directivos es la cultura organizacional, en la que predominan los valores masculinos y en que todavía existen prejuicios contra las mujeres. La cultura organizacional opera como barrera que mantiene el techo o laberinto de cristal y entorpece el acceso de las mujeres a los puestos de responsabilidad.

Figura 1: Representación esquemática de las barreras que enfrentan las mujeres en el acceso a puestos de liderazgo.

A ello hay que añadir, cuando el número de mujeres es pequeño (como es el caso del contexto del liderazgo político de alto nivel -como entre las Jefaturas de Estado y de Gobierno-), que sus funciones se sujetan a un escrutinio especial. En estos casos, como pioneras que son, están en el punto de mira de la observación social. Esta espiral de visibilidad y la vulnerabilidad en la que opera el liderazgo de las mujeres, se concreta en que son evaluadas más firmemente que sus compañeros varones. Muchos son los retos a los que se enfrentan las élites profesionales femeninas, ya que en su carrera atraviesan, primero, por un proceso de selección normal o estándar, igual al masculino, en segundo lugar, por una selección impuesta por el patriarcado como sistema social de dominación que impone condiciones restrictivas a las mujeres en el acceso a los puestos más importantes y que se concreta en "superpluses" y costes sociales muy elevados, y en tercer lugar, por un filtro social añadido, dado que, son pioneras en espacios mayoritariamente ocupados por hombres. Todo esto influye en el modo en el que se desenvuelven en su trabajo como líderes.

Liderazgo político desde la mujer: influencia y acción global.

La Brecha de Género en el Liderazgo Político Global

A pesar de los avances, la representación de las mujeres en el liderazgo político a nivel mundial sigue siendo un desafío significativo. La Presidenta de la UIP, Tulia Ackson, declara: “La gran lentitud del progreso en la representación parlamentaria de la mujer, incluso después de un año de numerosas elecciones, es alarmante. La disparidad mundial pone de relieve una incapacidad sistémica para promover la igualdad entre los géneros en el ámbito de la política en algunas partes del mundo. Es la hora de adoptar medidas decisivas para derribar estas barreras y garantizar que la voz de la mujer tiene la misma representación en la política en todo el mundo.”

Martin Chungong, Secretario General de la UIP, afirma: “La falta de avances en el logro de la igualdad de género en las funciones de liderazgo político sirve de serio llamado a la acción. La aceleración de los progresos requiere la participación activa y el apoyo de los hombres.” Sima Bahous, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, declaró: “Treinta años después de la Declaración de Beijing, la promesa de la igualdad de género en el liderazgo político sigue sin cumplirse. El progreso no solo es lento; está retrocediendo. No podemos aceptar un mundo donde la mitad de la población sea sistemáticamente excluida de la toma de decisiones. Conocemos las soluciones: cuotas, reformas electorales y la voluntad política de desmantelar las barreras sistémicas.”

Actualmente, las mujeres desempeñan las funciones más altas del Estado solo en 25 países. A fecha de 1 de enero de 2025, la proporción de mujeres que dirigen un ministerio disminuyó hasta el 22,9 por ciento, lo que supone un descenso con respecto al 23,3 por ciento registrado hace un año. Únicamente nueve países, predominantemente en Europa, han logrado gabinetes con igualdad de género, donde un 50 por ciento o más de mujeres ostentan cargos en el gabinete como ministras. Estos Estados son Nicaragua (el 64,3 por ciento), Finlandia (el 61,1 por ciento), Islandia y Liechtenstein (el 60 por ciento), Estonia (el 58,3 por ciento) y Andorra, Chile, España y el Reino Unido (todos en el 50 por ciento). Hay otros 20 países donde la representación de la mujer en el gabinete ministerial oscila entre el 40 y el 49,9 por ciento, y la mitad de ellos se encuentran en Europa. La asignación de las carteras ministeriales pone de relieve la cronicidad del sesgo de género. Las mujeres se siguen asignando principalmente a la dirección de ámbitos de política relacionados con la igualdad de género, los derechos humanos y los asuntos sociales.

La siguiente tabla resume la representación de mujeres en gabinetes ministeriales:

País Porcentaje de Mujeres Ministras (2025) Estado
Nicaragua 64.3% Igualdad de género
Finlandia 61.1% Igualdad de género
Islandia 60% Igualdad de género
Liechtenstein 60% Igualdad de género
Estonia 58.3% Igualdad de género
Andorra 50% Igualdad de género
Chile 50% Igualdad de género
España 50% Igualdad de género
Reino Unido 50% Igualdad de género
Otros 20 países (rango) 40-49.9% Alta representación
Resto del mundo <40% Baja representación

Masculinidad y Liderazgo en la Extrema Derecha Española

Este artículo también analiza la masculinización de la extrema derecha española, centrándose en sus líderes, políticas y votantes. Se enfoca en cómo el nacionalismo y la masculinidad se entrelazan en movimientos políticos ultranacionalistas.

La Intersección de Nacionalismo y Masculinidad

El estudio explora cómo la resistencia contra movimientos feministas, ecologistas, LGTBIQ+ y migrantes se centra en la defensa de valores ultranacionalistas. Se observa una asociación entre el nacionalismo, la masculinidad viril y el ideal de patria, y cómo este ideal se ha actualizado dentro de la extrema derecha, especialmente en partidos como VOX. También, se destaca el resurgimiento de movimientos antifeministas y antiinmigración en España, aprovechando el descontento político y la propagación de fake news.

La masculinización de la extrema derecha en España se manifiesta tanto en sus políticas como en el perfil de votantes, principalmente hombres jóvenes, blancos y cisheterosexuales. Esta tendencia es un reflejo de cómo ciertos discursos políticos se articulan en torno a la reafirmación de una masculinidad hegemónica y valores conservadores, en contraposición a los avances en igualdad de género y diversidad.

Figura 2: Infografía sobre la conexión entre nacionalismo, masculinidad y la extrema derecha.

El Perfil del Votante de la Extrema Derecha

El electorado de la extrema derecha en España muestra características demográficas particulares. Los resultados muestran que las líderes son mejor valoradas por el electorado que los líderes de partido. Esta mejor valoración de las líderes es también más pronunciada entre las mujeres que entre los hombres. Sin embargo, en el caso de la extrema derecha, se observa una fuerte identificación con la masculinidad tradicional. Este fenómeno, junto con la proliferación de la desinformación, contribuye a la consolidación de estos movimientos.

tags: #liderazgo #politico #y #masculinidad

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