Cómo Preparar una Introducción de Sermón Impactante sobre Liderazgo
La preparación de un sermón es una tarea que requiere dedicación, estudio y, sobre todo, un corazón dispuesto a transmitir la verdad divina. Dentro de esta preparación, la introducción juega un papel crucial, pues es el momento de captar el interés de la audiencia y establecer la relevancia del mensaje. En el contexto del liderazgo, un tema vital para la iglesia, una introducción bien elaborada puede marcar la diferencia entre un sermón olvidado y uno que transforma vidas.
La Importancia de una Introducción Efectiva
La inmensa mayoría de las introducciones suelen ser subestimadas, ya que a menudo se cree que es suficiente con empezar la predicación de cualquier manera. Sin embargo, el propósito de la introducción de una predicación no es simplemente introducir el tema, sino, más bien, captar el interés de la gente en lo que se les va a decir. Esto aplica tanto a una predicación dominical como a una mini-predicación de pocos minutos.
Es vital aprovechar esos primeros segundos para transmitir la importancia de lo que se dirá para ellos y sus vidas. El mensaje debe percibirse no como una predicación más, sino como un mensaje de Dios a cada individuo, un asunto de vida o muerte. Para que esto suceda, el predicador mismo debe estar absolutamente convencido de la vital importancia de su mensaje. Si el predicador sube al púlpito con la idea de que su sermón no es tan importante, difícilmente logrará transmitir pasión a su audiencia.
Una introducción ideal es breve, clara, sencilla, directa e impactante. Aunque no es una regla infalible, es un buen consejo para lograr una conexión efectiva con la gente.
Estructura y Proceso de Preparación
Si una predicación consta de tres partes: (1) La introducción; (2) El cuerpo del mensaje; y (3) La conclusión, el mejor orden para preparar cada una es: (1) El cuerpo del mensaje; (2) La conclusión; y (3) La introducción. Esto se debe a que es difícil saber cómo concluir el sermón sin tener claro el cuerpo del mensaje, y a su vez, es complicado saber cómo empezar sin saber cómo se va a concluir. La introducción debería prepararse a la luz de la conclusión, pues debe haber una relación directa y estrecha entre ambas.
Para lograr esto, es fundamental hacerse las siguientes preguntas:
- ¿De qué trata esta predicación?
- ¿Con qué frase se podría resumir el mensaje principal?
- ¿Cuál sería la forma más impactante de terminarla?
- ¿Cuál sería la forma más impactante de empezarla?
El Liderazgo: Un Tema Crucial para la Iglesia
El liderazgo es un término con muchos usos. Cuando se discute el liderazgo en el contexto de la Iglesia, su significado puede ser aún más difícil de comprender. Muchas de nuestras ideas sobre el liderazgo provienen de nuestra cultura, tradiciones o experiencias. Sin embargo, al estudiar los principios bíblicos del liderazgo, se revela la diferencia entre la perspectiva de Dios y la del mundo sobre este tema.
Gran parte del material acerca del liderazgo tiene que ver con generar mayores resultados, pero las Escrituras enfatizan el carácter sobre la capacidad. ¡El liderazgo importa! En el hogar, en el trabajo, en equipos deportivos, en grupos musicales, en todo lugar. Hoy, más que nunca, necesitamos líderes maduros, comprometidos y preparados para enfrentar los desafíos espirituales, culturales y relacionales del siglo XXI.
La Definición Bíblica de Liderazgo
La palabra clave en las definiciones de liderazgo es "influencia". El liderazgo es la habilidad de una persona para influir a otros. Una definición de liderazgo en una sola palabra puede ser “influencia”. La gente adquiere influencia (y, por lo tanto, liderazgo) de diversas maneras: por su puesto, por su competencia o por su personalidad. Pero de alguna manera, quienes lideran lo hacen porque tienen influencia.
El liderazgo es un proceso dinámico en el cual un hombre o mujer con capacidades dadas por Dios influye a la gente de Dios hacia Sus propósitos para ese grupo.
La Autoridad para Liderar Viene de Dios
Dios ha establecido la autoridad legítima en una variedad de instituciones, como el gobierno civil, la familia y la iglesia. La Biblia describe estilos de liderazgo muy diversos. Un análisis de la Biblia revela que todos los líderes son diferentes. La personalidad y las circunstancias juegan un papel en los diversos estilos de liderazgo. Josué respondió de manera diferente a su desafío de liderazgo que David al suyo. Diferentes estilos son normales porque las personalidades y situaciones siempre son distintas.
El Líder Cristiano: Un Siervo Humilde
El líder cristiano es un siervo. Servir debe caracterizar todo lo que el líder dice y hace. No hay nada más mortal para el líder que lo opuesto a servir: el orgullo. La palabra “reinar” nunca se utiliza en el Nuevo Testamento para describir las relaciones entre cristianos. El líder cristiano no es un dictador, sino un siervo. Buscar una posición de liderazgo para satisfacer el ego personal o para ejercer una autoridad personal es contrario al concepto bíblico del siervo-líder.
Jesucristo aclaró que el liderazgo no debe ser para servirse a sí mismo, como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Algunos líderes cristianos comienzan humildemente, pero después de un poco de éxito en el ministerio, desarrollan un orgullo sutil o un sentido de estatus. La humildad y el reconocimiento de la propia pequeñez, como lo expresaron apóstoles como Pablo, son esenciales.
Cualidades Esenciales del Líder Cristiano
Hay cualidades más importantes para evaluar a los líderes que la “capacidad” y los “resultados”. La capacidad no es la cualidad más alta del liderazgo, sino el carácter, así lo destaca la Biblia en 1 Timoteo 3:1-14 y Tito 1:5-16. Demasiados líderes son puestos por su habilidad e integridad, lo que lleva a ver líderes corruptos en diversos ámbitos. Lo importante no es lo que un líder hace, sino lo que un líder cree. El líder actúa en base a lo que cree.
En el Salmo 78, en los últimos tres versículos, se presenta un cuadro detallado de las cualidades inherentes a su gran líder, el rey David, quien es definido por las escrituras como un hombre de acuerdo al corazón de Dios.
1. Ser Llamado por Dios
“Eligió a David su siervo…” (Salmo 78:70a). La palabra “eligió” en su idioma original significa seleccionar, calificar y decidir. Esto implica que el llamado por Dios es un proceso de selección entre muchas personas, calificado por la mirada de Dios (no humana) y producto de Su decisión final. Un líder de Dios no se auto impulsa o autonombra. El ministerio cristiano se inicia y concluye con Dios, quien hace el llamado. Si alguien se siente llamado a ser siervo de Dios, pero vive feliz sin serlo, esa persona no fue llamada a pastorear, porque una persona con el verdadero llamado no se sentirá satisfecha hasta que no comience a "oler ovejas". Sin el llamado de Dios, nadie puede servir. Puedes tener los dones, la experiencia y los talentos, pero, sin el llamado, no se puede liderar a Su pueblo.
2. Ser un Siervo de Dios
“Eligió a David su siervo,…” (Salmo 78:70b). Puede tener talento y sapiencia; puede que sea un hombre o mujer con muchas ganas de servir; pero nada de eso lo avalará para ser un hombre llamado por Dios si primeramente no es un Siervo. Un siervo es una persona que entiende que está bajo autoridad, sumisión absoluta y a la disposición de su Señor. Lo que Dios vio en David fue un corazón de siervo, y este es un requisito indispensable para aquellos que son llamados por Dios. Un líder siervo, humilde, jamás será arrogante, puesto que entiende la magnitud de su llamado. Un siervo se evidencia a través de sus acciones, no de su cargo o posición.
3. Estar Comprometido con su Labor
“Tomó a David de donde cuidaba a las ovejas y a los corderos De tras las paridas lo trajo,…” (Salmo 78:71). Dios siempre llama a aquellos que están ocupados en sus labores; nunca a las personas ociosas o inertes en sus quehaceres y responsabilidades. Cuando Dios busca líderes, mira donde los líderes ya están sirviendo. David se encontraba enfocado en obedecer y ser útil en aquello que su padre le había encomendado, sin sospechar que todo era parte de un plan de preparación para ser el futuro pastor del pueblo de Dios. El llamado de Dios llega cuando menos lo esperamos, cuando hay un corazón de siervo y la disposición de trabajar y ser responsable en lo que Dios nos da.
4. Tener Presente que Dios lo Llama con un Propósito
“Para que apacentase a Jacob su pueblo, Y a Israel su heredad”. (Salmo 78:71b). Dios siempre nos llama con un propósito. La palabra apacentar tiene que ver con alimentar, cuidar y guiar un rebaño. Esto requiere un cuidado especial de las ovejas, que son torpes, sin dirección, indefensas y propensas a vagar. Nuestra labor es cuidarlas, darles alimento espiritual con la Palabra de Dios, protegerlas de los falsos profetas y de cada doctrina destructiva, y guiarlas para que se parezcan cada vez más a Cristo. Cuidar del rebaño de Dios que nos ha sido confiado trae recompensa.
5. Tener un Carácter Íntegro
“Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, …” (Salmo 78:72a). La integridad tiene que ver con el carácter; con la firmeza de ser de una sola pieza y no ser señalado ni por la conciencia ni por personas externas. Es hacer lo correcto cuando nadie está mirando. Un líder íntegro es una misma persona en privado como en público. El ministerio es santo y amerita santidad en aquellos que hemos sido llamados. Es negarse a nuestras pasiones y trabajar en aquellas falencias que nos pueden descalificar como ministros de Dios. Los líderes pastores se preocupan con un corazón sincero.
6. Ser Capaz para Realizar su Labor
“…Los pastoreó con la pericia de sus manos”. (Salmo 78:72b). No solo se trata de una persona íntegra y santa; sino además de la destreza en sus manos, siendo esta la inteligencia, la discreción y la sabiduría con las que uno ejerce el poder. La destreza es importante en el ministerio y se brinda en la medida que lo ejercitamos. Nuestra competencia proviene de Dios, quien nos hizo ministros competentes. No basta con acariciar a las ovejas y no hacer nada por ellas; deben ser alimentadas, protegidas y disciplinadas. Todo esto necesita habilidad. Un líder debe buscar continuamente mejorar sus habilidades y capacidad de liderazgo, adaptándose a nuevas formas de hacer las cosas.
Desarrollo del Liderazgo Cristiano
El liderazgo cristiano se debe desarrollar mediante un estudio cuidadoso y por la práctica. Muchas veces nos preguntamos si los líderes se hacen o nacen. Sin duda, ciertas personas nacen con habilidades para liderar, pero los líderes cristianos se hacen. Las actividades de un líder, como instruir a la iglesia en la Palabra de Dios, ayudar a otros a identificar y usar sus dones, motivar a buenas obras, planear y organizar actividades, animar a los desanimados y aconsejar a los débiles en la fe, son en gran parte sobrenaturales y ajenas a nuestras inclinaciones innatas y pecaminosas; por eso se tienen que desarrollar.
Mantener un carácter como Cristo es primordial. El ministerio fluye del carácter. A menos que Cristo tenga control del corazón para que sea evidente su carácter “como Cristo”, no se puede esperar que Él obre a través del líder. Si el líder no está siendo cambiado por Cristo, es muy difícil que otros sean cambiados. Ser como Cristo nace de una comprensión del amor de Dios y de nuestra propia necesidad de que Él trabaje en nuestras vidas. A través de un compañerismo diario con Cristo, se enfoca la fe en las promesas de Dios y en la visión que Él ha dado para el ministerio.
Trabajar en Equipo y Desarrollar a Otros
Es fundamental trabajar hacia el desarrollo de equipos de liderazgo y de ministerio. Un buen equipo tiene valores comunes y una filosofía del ministerio, diversos dones pero respeto mutuo, con evidencia de afirmación y lealtad por medio de una comunicación abierta y constructiva. La responsabilidad del líder es trabajar con el equipo no como jefe, sino como mentor (facilitador). Sus compañeros del equipo no son sus empleados, sino sus colaboradores.
El líder se multiplica a sí mismo por medio de la identificación y el desarrollo de otros trabajadores. Muchos líderes tratan de construir sus ministerios alrededor de ellos mismos, pero Dios nos llama a discipular y entrenar a otros. En 2 Timoteo 2:2, Pablo le escribe a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
¿Por qué es fundamental la formación de líderes?
La formación de nuevos líderes no es una opción ni un lujo, sino una responsabilidad urgente para toda comunidad de fe que desea ser fiel al llamado de Dios y sostenible en el tiempo. Aquí algunas razones:
| Razón | Explicación | Referencia Bíblica |
|---|---|---|
| Determina la salud de la iglesia | Líderes espiritualmente saludables brindan dirección y solidez. | Proverbios 11:14 |
| El relevo generacional es necesario | Cada generación forma a la siguiente, compartiendo conocimientos y el corazón del ministerio. | 2 Timoteo 2:2 |
| El liderazgo cristiano es contracultural | Jesús enseñó un modelo de humildad y servicio, opuesto al poder y reconocimiento mundano. | Mateo 20:26 |
| Los desafíos del presente requieren preparación | Los líderes necesitan sabiduría y flexibilidad para enfrentar un entorno cambiante. | |
| Todos tenemos dones que necesitan ser desarrollados | Dios ha repartido dones para liderar en diversas áreas, y es necesario activarlos. | 1 Pedro 4:10 |
| El liderazgo necesita comunidad | Los líderes también necesitan ser guiados, acompañados y discipulados. | |
| Formar líderes es parte de hacer discípulos | Discipular incluye enseñar, guiar, corregir, empoderar y acompañar. | Mateo 28:19 |
| Todos lideramos, empezando por nosotros mismos | Todo creyente está llamado a dar ejemplo e influir en su entorno. |
La búsqueda de líderes, o la capacitación de ellos, se hace más fácil cuando hemos definido claramente lo que es el liderazgo y entendemos su base bíblica. La iglesia puede ser una institución muerta, sin poder alguno ante las fuerzas del mal, o puede ser un organismo vivo, poderoso y lleno del poder de Dios para vencer toda adversidad.
El liderazgo en la iglesia no es un accesorio, es parte fundamental del diseño de Dios para Su pueblo. Desde los tiempos del Antiguo Testamento hasta las cartas del Nuevo Testamento, vemos cómo Dios levanta y forma líderes para guiar, enseñar, cuidar y edificar a Su pueblo.
