El Liderazgo Ignaciano: Principios y Características para la Gestión Moderna
La expresión «Liderazgo ignaciano» hace referencia a los principios y valores que configuraron a san Ignacio de Loyola como un hombre capaz de liderar, gobernar y dirigir una organización tan significativa como la Compañía de Jesús. Esta organización ha prosperado y cumplido con su misión durante cerca de 500 años, implicando a sus miembros de manera personal e inspirando transformaciones duraderas. El carisma ignaciano ofrece respuestas a los retos actuales, siendo un modelo de gestión moderna a pesar de sus orígenes en el siglo XVI.
Las propuestas e intuiciones de Ignacio de Loyola están relacionadas con la liberación interior en pro de una eficacia individual y social. Su opción de transformación propia se encamina a un desarrollo humano de calidad y perfeccionamiento personal. Su proyecto recapacitado y razonado de una organización eficiente está orientado a durar y a extenderse a personas de calidad, formación y compromiso de servicio con la sociedad.
Fundamentos del Liderazgo Ignaciano
Todas las teorías sobre liderazgo, incluyendo la visión ignaciana, señalan que las capacidades y conocimientos son necesarios para quien ejerce un liderazgo, pero en esta última la orientación es muy diferente. La Espiritualidad Ignaciana, y por lo tanto el liderazgo que bebe de esta fuente, tiene como eje la afectividad del individuo, clave en su desarrollo integral: intelectual, psico-emocional, relacional, profesional, etcétera. Esta experiencia espiritual busca el fortalecimiento de todas las dimensiones de la persona: afectividad, intelecto, sociabilidad, ética, profesionalidad y, desde luego, la espiritual. Es decir, de sus inteligencias racional, afectiva y espiritual.
Ignacio de Loyola, desde el conocimiento que alcanzó de su propia interioridad a lo largo de su convalecencia provocada por la herida de una bala de cañón en su pierna, fue dándose cuenta de que los pensamientos no se quedan en la mente, sino que llevan a unas acciones o a otras. También las emociones y sentimientos generan en la persona pensamientos que le impulsan a realizar determinadas acciones. Desde esa experiencia, plasmada en su espiritualidad, particularmente en los Ejercicios Espirituales, Ignacio provoca que la persona trabaje esperanzadoramente en su afectividad para ordenarla. En sus propias palabras: para “quitar de sí todas las afecciones desordenadas” [EE 1]. Esto quiere decir, liberarle de todo apego que le limite y domine y le lleve a desarrollar desórdenes psicoafectivos y actitudinales, para impulsarle hacia un desarrollo sano que favorezca una mayor plenitud de toda su persona.
El ejercicio de liderar es realizado por personas concretas, con una historia y una personalidad específicas; con capacidades y limitaciones; con lesiones psicoafectivas que si no han sanado se permean en muchas de sus acciones y visión sobre las personas, cosas y situaciones. Por ello, el líder habrá de “purificar y ordenar, sus intenciones, acciones y operaciones” [EE 46], trabajar en sus emociones y afectos que le impiden vivir y actuar de manera positiva e integrada. Esta es una tarea de toda persona, pero especialmente es necesaria para un líder, pues es ejemplo e inspiración.
Características Distintivas del Líder Ignaciano
El liderazgo ignaciano es una orientación profunda que da fruto, no un modelo o esquema de liderazgo. Se distingue por varios rasgos clave:
- Autoconciencia: El primer rasgo que el líder ignaciano desarrolla es un alto nivel de autoconciencia. Gracias a que ha vivido la experiencia de interioridad y está habituado a ella, ha desarrollado su capacidad de hacer silencio interior, de tomar distancia de sí mismo y de sus afectos para orientarse positivamente. Se libera de su propia imagen para no ser manejado por ella; no reprime sus afectos, sino que logra sintonizarlos y ordenarlos. A esto hoy le llamamos inteligencia emocional. Esta libertad la ha desarrollado a lo largo de su experiencia de meditación y contemplación, especialmente en los Ejercicios Espirituales, escuela donde ha aprendido a reconciliarse consigo mismo, con su historia y, por lo tanto, con sus heridas y con quienes fueron responsables de ellas.
- Honestidad y Gestión de Emociones: El liderazgo ignaciano insiste en el autoconocimiento, con honestidad, sinceridad y lealtad, con verdad y sin autoengaños. Plantea una adecuada gestión de sentimientos y emociones, lo cual quiere decir que se han de saber identificar y comprender. Con ánimo de ser dueño de uno mismo, sin miedo a reconocer debilidades, cultivando lo positivo de uno, viviendo desde las emociones positivas, examinándose y centrándose con libertad interior en las cosas buenas.
- Amor: Un elemento importante del liderazgo ignaciano es el amor. Ese amor se va colando en las historias, en los acontecimientos y en las personas, que busca huecos donde seguir creando, engendrando vida. Un buen líder ignaciano genera espacios diversos en los que surge la esperanza y donde el sufrimiento no derrota; lugares en los que las personas se mantienen con dignidad, aún en situaciones de injusticia.
- Indiferencia: En un buen líder ignaciano debe prevalecer la indiferencia, que es una invitación continua a ser libre de los apegos del corazón y de las amenazas exteriores, para servir sólo a Dios y a su causa. San Ignacio tiene una expresión que se considera la regla de oro de la vida interior jesuita: “salir del propio amor, querer e interés, como clave del crecimiento personal y de la búsqueda del sentido de la vida”. Salir de sí mismo es la clave que la espiritualidad ignaciana propone para el desarrollo personal.
- Orientación a Dios: El liderazgo comienza por la amistad con Dios. La verdadera orientación a Dios influye en toda acción y decisión. Al igual que en el caso de la aguja de una brújula, el Norte (la presencia de Dios, la moción del Espíritu Santo en nuestra vida) es inmanente y ejerce siempre atracción magnética.
- Apertura al Cambio y Creatividad: Los líderes se acomodan y hacen que los demás se acomoden también a un mundo cambiante. No les dan miedo las sorpresas que puedan esperarlos a la vuelta de la esquina, sino que prefieren explorar con entusiasmo nuevas ideas, enfoques y culturas. “Los líderes se imaginan un futuro alentador; pero, en lugar de observar pasivamente cómo se presenta el futuro a su alrededor, se esfuerzan por configurarlo a su gusto.”
Este liderazgo impulsa a la persona a experimentarse religada, es decir, vinculada al todo y responsable de ese todo: las demás personas, la creación y todo lo real, incluyendo la realidad Divina. La espiritualidad es la forma más alta de la conciencia política que nos lleva a construir una visión totalizadora y cósmica de la existencia, lo cual es una actitud propia del liderazgo ignaciano.
Diálogos del Ser ep. 3 | El liderazgo ignaciano exige vaciamiento del ego
El liderazgo ignaciano no es sólo gestión, sino derroche de vida interior volcada sobre la realidad, algo que tiene su capacidad de convencer y arrastrar.
El Discernimiento Ignaciano como Clave
Es mediante el discernimiento, clave fundamental de la vida espiritual, que la persona ordena sus afectos hacia una comprensión profunda de sí misma, de los demás y del mundo. El discernimiento la orienta hacia una fe positiva que le impulsa a comprometerse. El discernimiento ignaciano aparecerá necesariamente en cada uno de los momentos, porque es el desenvolvimiento de este proceso el que pretendemos aprehender.
La puesta en práctica del paradigma pedagógico ignaciano ha revelado el peligro de hacer del discernimiento ignaciano un método pedagógico fuera del contexto de la espiritualidad ignaciana. Es vital que quienes participamos en la formación integral ignaciana lo signifiquemos desde la espiritualidad ignaciana. Fuera de este horizonte de sentido pierde su capacidad de inspiración, su capacidad para dejarnos transformar por nuestros más profundos anhelos y de apostar nuestra vida en comunidad en favor de los valores cristianos de justicia y reconciliación. No es un acto del entendimiento aislado, sino nuestra capacidad de sentir y valorar la que entraña el proceso de integración y reconciliación humana. En el deseo de hacer una propuesta de formación integral ignaciana que responda al contexto actual, no podemos perder lo que la espiritualidad ignaciana tiene que ofrecer al mundo.
Con más de quinientos años de peregrinar, la espiritualidad ignaciana nos muestra que un buen líder necesita poseer un profundo conocimiento interior y la gran herramienta que propone Ignacio para lograr ese deseo es la oración. Ella nos trasladará a un lugar privilegiado para el cultivo de nuestro ser, siguiendo como paradigma la persona de Jesús.
Formación y Desarrollo del Líder Ignaciano
Desde esta profunda experiencia procesual, el líder va reconociéndose y reconociendo al otro y a Aquél que trasciende la creación misma, y así se va capacitando para guiar y acompañar a otros hacia el cumplimiento de la Misión que se le ha encomendado y de la que se sabe responsable. Gracias a esa experiencia, en la que se va formando y orientando sus capacidades y virtudes, el líder va siendo consciente de que es responsable del crecimiento de las personas a quienes acompaña, y a su vez es acompañado. Mantiene una implicación personal, es consciente de que su testimonio es un elemento que impulsa el desarrollo personal y profesional de sus colaboradores. Busca no solo el óptimo desarrollo de las tareas dentro de sus funciones, también promueve nuevas actitudes y la creatividad en sus equipos.
El ejercicio y la formación en el liderazgo ignaciano, que encarna la espiritualidad ignaciana y se traduce en nuestro modo de proceder, es una invitación a todas las personas que colaboran en la misión con la Compañía de Jesús; un llamado que se traduce en responsabilidad compartida. El sentido de este documento es apropiarnos de esta invitación, participar del proceso de discernimiento de nuestra misión, profundizar en la comprensión del liderazgo ignaciano y acompañar los procesos de formación, incidencia y gestión que, desde las obras e instituciones de la Compañía de Jesús, promovemos como medios al servicio de la misión de justicia y reconciliación.
Para ello, brindaremos criterios de discernimiento propios del ejercicio del liderazgo ignaciano que se traducen en indicadores claros que nos permiten evaluar el grado en el que estamos asumiendo la propuesta ignaciana en nuestro modo de proceder y el grado en el que la misión se está concretando en la historia, para tomar las decisiones que nos permitan situarnos y apropiarnos más plenamente de la espiritualidad ignaciana como fuente de inspiración de nuestro quehacer.
El proceso de formación en el liderazgo ignaciano está centrado en el ejercicio libre y consciente del proceso de humanización que, inspirado desde la espiritualidad ignaciana encarnada en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, se configura en el proceso de discernimiento ignaciano como el modo nuestro de proceder. El modo de proceder ignaciano impacta en el modo de situarnos ante las preguntas: ¿quiénes somos y para qué estamos aquí?, ¿cómo y para qué nos vinculamos con las demás personas, la naturaleza y Dios?, ¿cómo y a qué dedicamos nuestra vida?
Finalmente, sabemos que la persona se va construyendo, lo mismo ocurre con el líder. Su desarrollo intelectual, espiritual, físico, valoral, cultural, estético, profesional, etcétera, aunado a la experiencia en el desarrollo de su servicio de liderar un cuerpo, lo van haciendo capaz en ese servicio. Aunque el líder «debe ser de los más señalados en toda virtud, y de más méritos en la Compañía», no se trata de que sea experto en todo, sino, como dice San Ignacio en las Constituciones «Y si algunas de las partes arriba dichas faltasen, a lo menos no falte bondad mucha y amor a la Compañía y buen juicio acompañado de buenas letras.
Comparativa: Liderazgo Moderno vs. Liderazgo Ignaciano
A mediados del siglo XX el economista Douglas Mc Gregor, que, con su teoría “X e Y, empezó a reflexionar el comportamiento humano en los negocios”[1], se registró una de las primeras referencias sobre el liderazgo, mientras que los rasgos del líder ignaciano fueron desarrollados por Ignacio de Loyola cuatro siglos antes. En diversos enfoques actuales sobre liderazgo se define al líder como una persona que se comporta con autenticidad, a partir del conocimiento de sí mismo, consciente de sus fortalezas y debilidades, del reconocimiento de sus emociones y su adecuado manejo; se espera que actúe con integridad y empatía, que tenga la capacidad de inspirar y motivar a quienes están en relación ella impulsándoles a comprometerse con una misión.
La palabra líder proviene de un término de raíz indoeuropea que quiere decir salir, avanzar, ir hacia adelante.
| Característica | Liderazgo Ignaciano | Liderazgo Moderno (General) |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Liberación interior, desarrollo humano integral, servicio a Dios y la misión universal. | Eficacia individual y social, logro de objetivos, gestión del talento. |
| Origen de Valores | Espiritualidad de San Ignacio de Loyola (Ejercicios Espirituales). | Teorías psicológicas, organizacionales y de gestión. |
| Autoconocimiento | Profundo y honesto, con gestión de emociones y afectos desordenados. | Conocimiento de fortalezas y debilidades, reconocimiento de emociones. |
| Motivación | Amor, búsqueda de sentido, compromiso con la justicia y reconciliación. | Inspiración, motivación al compromiso con la misión. |
| Toma de Decisiones | Basada en el discernimiento, orientado a la voluntad divina y el bien común. | Análisis racional, estrategias, resultados. |
| Relación con el Cambio | Apertura al cambio, exploración entusiasta de nuevas ideas, configuración del futuro. | Adaptación al cambio, innovación. |
| Vulnerabilidad | Implícita en el servicio y la honestidad, sin miedo a reconocer debilidades. | Aceptación creciente de la vulnerabilidad como rasgo de autenticidad. |
Los dos expertos José María Guibert SJ y Francisco Xabier Albistur, han desentrañado los valores del liderazgo ignaciano en sus libros “El liderazgo ignaciano” e “Ignacio de Loyola, un líder para hoy”, respectivamente. El rector de la Universidad de Deusto buscó en su obra las claves ante la necesidad sentida de acompañar a personas en puestos de liderazgo que quieren dar un sentido ignaciano a su misión. Francisco Xabier Albistur se siente movido por la auténtica necesidad real de mejores líderes para todos los ámbitos sociales, una crisis observable de liderazgo que le mueve a presentar la persona humana de Ignacio como referencia.
Como señala José Ma. Guibert, S.J. El Liderazgo Ignaciano habrá de observar rasgos específicos, señalados por Ignacio en las Constituciones (CC) de la Orden, así como en cartas e instrucciones que envió a diversos jesuitas. En los números 723-735 de las constituciones de la Orden Jesuita, Ignacio habla del perfil que habrá de tener el prepósito general (el líder de los jesuitas a nivel global) y en el número 423-428 presenta el del rector de colegio.
