El Liderazgo desde la Humildad en el Ámbito Laboral: Un Enfoque Transformador
En un momento en que el desencanto con el trabajo y la crisis de la gestión están más presentes que nunca en las organizaciones, hace falta una reflexión fundamental sobre el nuevo concepto del liderazgo. Las pistas apuntan a la noción de humildad. Esta perspectiva sugiere que la figura del “mánager humilde” podría ser el remedio necesario contra la desmotivación y un estilo de gestión esencial para el siglo XXI.
Como afirmó Robert K. Greenleaf: “Un gran líder es ante todo un sirviente, y este simple hecho es la clave de su grandeza”. Ponerse al servicio de un equipo o una empresa demuestra una gran lucidez sobre las propias limitaciones.
Desafíos del Liderazgo Contemporáneo y el Fin del Líder-Gurú
El imaginario común sobre lo que significa ser "líder" tiene mucho de "cliché". Cuando nos hablan de liderazgo, a menudo pensamos en personas fuertes, altivas e imparables que destacan en un grupo y tienen la suficiente presencia y voz de mando para dirigir a otros. Aunque esta percepción sobre el liderazgo parece inofensiva, no lo es. Abre las puertas a una malinterpretación del término, pues ser líder poco o nada tiene que ver con vestir bien o parecer autoritario. Una persona empoderada no "vive de apariencias" ni de "mandoneo": antes bien, tiene una gran visión, carisma para inspirar y una buena cuota de trabajo duro. Liderar, a diferencia de lo que podría creerse, no es una facultad que solo las personas extrovertidas y algo orgullosas poseen.
La figura del director de startup superpoderoso, listo para comerse el mundo, parece estar extinguiéndose poco a poco. Ejemplos como los comportamientos inapropiados que llevaron a Travis Kalanick, ex jefe de Uber, a ser acusado de sexismo y megalomanía mediática, o Adam Neumann, de WeWork, conocido por sus ingeniosos discursos, que acabó acusado de discriminación, muestran el declive de este arquetipo. Los inversores están perdiendo la paciencia y los resultados esperados no se materializan.
Estamos ante el declive de la “siliconización” del liderazgo. Algunos factores así parecen indicarlo: la rotación de los gerentes en Estados Unidos está en su nivel más alto desde 2002. En los primeros 9 meses de 2019, un total de 1.160 CEO estadounidenses de compañías con más de dos años de existencia y más de 10 empleados dejaron sus puestos. Esto representa un aumento del 13% en comparación con el año 2018.
En la misma línea, un artículo de la revista MIT Technology Review afirma que la exagerada idolatrización de ciertos empresarios como Elon Musk o Steve Jobs procede de un error de percepción. Numerosos estudios señalan que es, sobre todo, el contexto histórico, cultural, tecnológico e industrial el que favorece la aparición de grandes genios, ¡y no al revés! Sin embargo, esta “mitificación” de los líderes transformacionales se traduce a menudo en una falta de consideración hacia los empleados, que son precisamente quienes contribuyen a su éxito.
La Evolución Histórica de los Estilos de Liderazgo
Según el académico francés Eric-Jean Garcia, los distintos tipos de líderes que han ido pasando a través de la historia reflejan la evolución de la sociedad y los códigos culturales que la rigen. Así pues, con el tiempo han surgido diferentes discursos de liderazgo importantes y estos “coexisten de múltiples formas en las empresas”.
Tabla: Tipos de Liderazgo a lo Largo de la Historia
| Tipo de Líder | Época / Contexto | Credo / Enfoque Principal | Preocupación Clave |
|---|---|---|---|
| Líder Controlador | Principios del siglo XX (Revolución Industrial) | Eficiencia a través del control | Maximizar la productividad mediante el control sistemático del factor humano. |
| Líder Terapeuta | Década de 1940 | Un trabajador feliz es siempre más productivo | Bienestar individual y colectivo, con un enfoque humanista. |
| Líder Mesiánico | Años 80 (entorno VUCA) | Visión y carisma para imponer una cultura corporativa fuerte | Limitar la jerarquía y el control gracias a la confianza y lealtad. |
| Ecolíder | Más recientemente (sociedad globalizada e interconectada) | Gestión cuidadosa y transversal basada en la confianza | Adaptación a ecosistemas interdependientes, promoviendo el liderazgo lateral. |
En 2020, la pregunta se mantiene: ¿qué nueva forma de liderazgo está surgiendo? ¿Qué tipo de líderes necesitan las empresas del siglo XXI?
¿Qué es la Humildad en el Liderazgo?
La humildad es un factor determinante en todos los aspectos de nuestra vida y, por supuesto, también cuando hablamos de liderazgo. Una persona humilde es aquella que ha desarrollado conciencia de sus propias limitaciones y debilidades, y obra por lo tanto en consecuencia. La humildad suele confundirse con debilidad, pero en realidad, es la base de la confianza. La humildad es conocerse a sí mismo con sus fortalezas y debilidades.
Antonio Argandoña, profesor emérito de Economía y de Ética de la Empresa en IESE, explica que la humildad no es considerada como una virtud relevante en el mundo de los negocios. Tiene sentido considerarlo: la humildad se confunde con la humillación. Las dos palabras derivan del latín humus, que significa 'tierra' y guarda relación con el acto de postrarse en ella. Sin embargo, mientras que humillarse lleva en sí una connotación negativa, la de "arrastrarse por el suelo" en acto de sumisión, la humildad significa, en cambio, tener los pies bien puestos sobre la tierra y ser capaces de reconocer con la mayor objetividad nuestras capacidades y nuestras vulnerabilidades. La primera parte de la definición de humildad es conocer con exactitud nuestras debilidades y fortalezas, para así obrar acordemente.
Los líderes más eficaces no son necesariamente los más carismáticos; son los más humildes. La humildad lleva al éxito en el liderazgo y en la vida cuando va acompañada de voluntad de acción. Liderar personas desde la humildad es reconocer que nadie es perfecto y que el éxito depende del talento de muchos. Un líder humilde sabe que su verdadera grandeza radica en su capacidad de crecer a través del reconocimiento de los demás, y no en la competencia o en la superioridad.
¿Qué diferencia a los líderes humildes de los líderes narcisistas? Los líderes humildes tienen una visión balanceada de sí mismos, piden ayuda a los demás y reconocen las contribuciones de sus colaboradores. Es ahí donde radica el poder transformador de la humildad. Un líder humilde sabe que no lo sabe todo. Las investigaciones han demostrado que las personas humildes son mejores líderes. La humildad no significa falta de confianza en uno mismo. Los líderes humildes reconocen sus fortalezas, pero también son conscientes de sus debilidades. Tienen una percepción balanceada y saludable de sí mismos. Celebran sus virtudes sin exagerarlas hasta el punto de convertirse en arrogantes, y reconocen sus áreas de carencia sin que por ello pierdan la confianza en sí mismos.
El autoconocimiento es la cualidad más importante de un líder. Tienes que gestionarte a ti mismo, antes de poder gestionar a los demás. Cuando tienes un nivel bajo de autoconocimiento es imposible dirigir personas y equipos. Dedica tiempo a conocer tus habilidades, personalidad, valores y tus limitaciones: ¿en qué eres bueno, cuáles son tus destrezas? Tus valores: ¿qué es importante para ti en la vida y en el trabajo? Tu personalidad: ¿qué situaciones te hacen sentir con energía y vitalidad?
La lección fundamental es que el hubris (un término griego que significa desmesura, omnipotencia y arrogancia) mata al éxito, mientras que la humildad lo sustenta. Muchos de los que llegan al éxito sufren del “síndrome de hubris.” Considera el ejemplo de humildad de Rafa Nadal, quien, a pesar de sus históricos logros, no padece de hubris. No tiene un ego desmedido, no muestra arrogancia, no tiene una percepción de omnipotencia. Sus rivales y amigos, como Federer, destacan tres virtudes: su ética de trabajo, su dedicación y su espíritu de lucha. El liderazgo personal se mide en los momentos difíciles. Ante las dificultades algunos se derrumban, pero otros como Nadal resurgen y salen fortalecidos. Tiene resiliencia emocional - confía en sus habilidades y cree en sí mismo. La lección de liderazgo para los directivos es clara: se puede creer en uno mismo y mantener el ego a raya.
El Poder Transformador del Liderazgo Humilde
Hoy en día, casi una de cada dos empresas no está satisfecha con sus directivos. Este indicador es clave porque refleja las nuevas exigencias empresariales: búsqueda de sentido, nueva relación con la autoridad, democracia participativa, equidad, transparencia. Las nuevas generaciones simbolizan estos valores. De hecho, según un informe de PWC, el 65% de jóvenes creen que la organización tradicional del trabajo (de arriba a abajo, piramidal, rígido) les impide desarrollar su pleno potencial. Para remediarlo, el jefe debe adquirir habilidades como saber escuchar (54%), liderazgo (21%), empatía (11%) y humanidad (11%). En el día a día, esto implica más transparencia, empatía y fragilidad. Esto prefigura el surgimiento del “líder sirviente” popularizado por Robert K. Greenleaf. Del mismo modo, Thierry Nadisic, experto en innovación en la gestión, habla de “gestión justa”. Según él, el líder del siglo XXI “debe considerar a sus empleados como socios”. Debe proporcionar apoyo emocional, escucharlos y tratarlos con respeto.
Un creciente número de investigaciones demuestran que la humildad es una cualidad elemental en el liderazgo, ¡mucho más que el carisma! Uno de los estudios más populares analiza el caso de 11 empresas de éxito, concluyendo que todos sus líderes tienen dos puntos en común: son competitivos, ciertamente, pero sobre todo, muestran humildad. Esta característica juega un papel vital para asegurar la estabilidad y el compromiso de los equipos. De hecho, las investigaciones demuestran que la humildad promueve la colaboración y fomenta el respeto entre los miembros del equipo. Cuando los líderes muestran humildad, en lugar de arrogarse todo el éxito, sus colaboradores están más comprometidos con la tarea y con la organización. Las personas humildes son mejores jefes y tienen un éxito más sostenible.
El liderazgo humilde tiene otras ventajas además de las referidas. Permite que las personas que tienen equipos y organizaciones a su cargo cometan menos equivocaciones en su trabajo, dado que al poseer esta virtud valorarán adecuadamente sus conocimientos y capacidades, así como sus debilidades. Su trato con los otros también mejorará, ya que podrán establecer relaciones interpersonales más genuinas y sencillas, y, al reconocer sus limitaciones, estarán abiertos a recibir nuevas ideas, a entablar diálogos enriquecedores, y a trabajar en equipo.
En resumen, un liderazgo humilde se asocia con mayor satisfacción, compromiso afectivo, confianza, seguridad psicológica, intercambio líder-colaborador, innovación, creatividad y desempeño de los colaboradores, que también experimentan menos agotamiento y menos intenciones de irse de la organización. A nivel de equipo, se asocia con un aumento en el intercambio de conocimientos y aprendizaje, seguridad y capital psicológico, proactividad, y menos conflictos del equipo. Además, la humildad del líder también se asocia con niveles más altos de innovación y creatividad, éxito, eficacia y desempeño. A nivel de la organización, conduce a que las organizaciones se involucren en actividades socialmente más responsables y al fomento de mayores niveles de innovación. Parece que la humildad puede ser un valor especialmente positivo para el ejercicio del liderazgo e incluso para mejorar algunos resultados de las organizaciones, especialmente aquellos relacionados con las personas, la innovación y la sociedad.
Claves para Desarrollar un Liderazgo Humilde
¿Cómo reconocer a un jefe humilde? Hay cualidades relacionadas con la humildad que son más fácilmente detectables en el comportamiento diario: un jefe humilde también será modesto, sincero, abierto a los comentarios de sus empleados, agradecido y poco arrogante. Obviamente, el liderazgo humilde no se basa en copiar lo que hacen otros. El líder humilde reflexiona sobre sus propias limitaciones e intenta ponerse en lugar de los demás. De este modo, da el primer paso para construir soluciones más estables que resistan a perturbaciones más intensas. Además, llegado el momento del error, sabe apuntar a cada uno su responsabilidad de forma proporcionada.
Si bien ser humilde no es un objetivo que se alcance de la noche a la mañana, hay prácticas de gerencia que permiten desarrollar el “potencial de humildad”. Aquí se presentan algunas claves:
- Toma conciencia del valor de tus empleados: En lugar de centrarte en los errores o carencias, trata de identificar y valorar los talentos dentro de tu equipo. Los directivos más efectivos son los que ponen el foco en los demás y son lo suficientemente modestos y clarividentes para admitir que pueden beneficiarse de la experiencia de aquellos que tienen menos autoridad que ellos.
- Fomenta el crecimiento de tus empleados: El liderazgo a través de la humildad implica la creación de una cultura y un entorno que fomenten el aprendizaje. Se trata de impulsar un proceso de mejora continua que fomente la autonomía y la responsabilidad individual, dos factores claves para la innovación.
- Ponte al servicio de tus equipos: Cuando alguien acude a ti como mánager, la tendencia es pensar que tienes que encontrar una solución a sus problemas. En lugar de intentar resolverlo todo tú mismo, lo que debes hacer es ayudar a tus empleados a que encuentren sus propias soluciones. Tu mejor aliado es la técnica de la mayéutica: el maestro, por medio de preguntas, hace que el alumno descubra por sí mismo los conocimientos.
- Crea un entorno sereno que facilite el trabajo en colaboración: El objetivo es crear un ambiente de trabajo solidario que contemple el derecho a cometer errores, para que de este modo los empleados se animen a poner a prueba sus ideas, sin juzgar. Este entorno invita a la colaboración y a la iniciativa. Un líder humilde no solo coopera con los demás, sino que también promueve un ambiente colaborativo. Valora las aportaciones ajenas y hace ver a cada miembro del equipo las ventajas de trabajar conjuntamente.
- Desarrolla una conciencia precisa: La primera parte de la definición de humildad es conocer con exactitud nuestras debilidades y fortalezas, para así obrar acordemente. Existen interesantísimos ejercicios para el autoconocimiento o el conocimiento del equipo. Fomentar esa consciencia clara de quiénes somos, con nuestras limitaciones, nos permitirá la segunda parte de la definición, obrar acordemente.
- Modifica el lenguaje: Los líderes por su propia naturaleza organizativa pueden hablar con cierta facilidad en primera persona. Al modificar el lenguaje para incluir más al equipo, se demuestra una actitud más humilde y colaborativa.
- Escuchar sin juzgar: La humildad se refleja en la capacidad de escuchar activamente a los demás. Cuando dejamos de lado nuestros prejuicios, abrimos la puerta a la empatía y la comprensión. Es solamente en el acto humilde de abrir el corazón y de escuchar al otro, sin monologar, que se llega a ser un líder creativo, carismático y ejemplar.
- Aprender a reconocer y celebrar los logros ajenos: Una persona humilde no compite ni menosprecia, sino que valora y celebra los éxitos de los demás. En el ámbito laboral, esto fomenta un ambiente de cooperación y fortalece los lazos entre los miembros del equipo. Celebra los éxitos de los demás para que todos puedan brillar con luz propia.
- Ser resiliente frente a los errores: La humildad implica asumir los errores sin excusas y aprender de ellos. Todos cometemos errores, pero las personas humildes los asumen con naturalidad y de forma responsable. Eso es muy útil para la empresa, ya que obtiene una interlocución constructiva con la comunidad.
- Vivir en el presente con serenidad: La humildad invita a vivir el presente sin obsesionarnos con el pasado o el futuro. Este enfoque permite disfrutar los logros con gratitud y aceptar los desafíos con sabiduría.
La Importancia De La Humildad En El Liderazgo
La Humildad como Base de la Confianza y el Aprendizaje
La confianza es la moneda de cambio del liderazgo. Sin confianza, no hay liderazgo y sin liderazgo no hay cambio. La confianza en nuestros líderes está bajo mínimos históricos. Sólo el 52% de las personas confían en los líderes empresariales y la confianza en los líderes políticos es incluso más baja, en torno al 34%, según los datos del último barómetro de confianza de Edelman 2022. La humildad es la base de la confianza.
La razón por la que la humildad nos lleva al éxito es sencilla: capacidad de aprendizaje. El aprendizaje es un acto de humildad. El primer paso para aprender es ser consciente de la incompetencia. Para ser un líder excepcional no tienes que conocer todas las respuestas, sino saber hacer las preguntas adecuadas a las personas correctas. Sin embargo, muchos líderes tienen miedo a reconocer que no son perfectos. La autenticidad en el liderazgo y en la vida significa sentirse cómodo con tus propias imperfecciones. Los líderes auténticos crean espacios donde otros pueden contribuir, crecer y liderar a su manera. Eso es lo que necesitan las organizaciones hoy: menos ego, más empatía. Dejemos de admirar a líderes heroicos y empecemos a desarrollar líderes auténticos.
El liderazgo no va de controlar. Estudios de neuroimagen muestran que las personas con un fuerte sentido de propósito presentan patrones únicos de activación cerebral. Actuar en coherencia con los propios valores libera dopamina, lo que aumenta la motivación intrínseca y la resiliencia. Además, los equipos unidos por un propósito compartido incluso presentan sincronía neuronal: sus cerebros se alinean. Cuando un líder habla desde el propósito, no solo desde los datos, el clima en el equipo cambia. Las personas escuchan y recuerdan de forma distinta. Se conectan. Se inspiran.
La conciencia de las limitaciones ayuda a gestionarlas. No siempre es posible superarlas, pero sí puede intentarse mantenerlas bajo control. En gran parte, la clave está en la anticipación. Se pueden trazar respuestas ante situaciones que, aunque no sean las deseables, se han tenido en cuenta. La adversidad se ve así como una fase natural de la evolución empresarial. Es, en el fondo, una oportunidad para reconstruir las relaciones con terceras partes interesadas en el negocio. Cuando un líder presenta a inversores humildemente su proyecto, acaba trasladando confianza. Vende bases sólidas, admite limitaciones y propone soluciones, busca la colaboración. Temporalmente puede recibir un no, pero casi siempre volverá a ser escuchado si atiende a las mejoras demandadas. Finalmente, acaba apuntalando la sostenibilidad financiera de su negocio.
El mejor tratamiento contra el hubris es poner las cosas en perspectiva. Darse un baño de humildad y rodearse de aquellos que te conectan con la realidad. Las personas humildes son mejores jefes y tienen un éxito más sostenible. Sin embargo, cuando los líderes de las organizaciones tienen una excesiva confianza en sí mismos, corren el riesgo de despreciar la opinión de los demás. Una autoconfianza exagerada les hace perder el equilibrio y la mesura. Este sentimiento de superioridad sobre los demás hace que no escuchen los consejos de quienes les rodean. Y así poco a poco se van alejando progresivamente de la realidad hasta que les llega el fracaso. Toman decisiones demasiado arriesgadas sin tener en cuenta otros puntos de vista. Creen que sus ideas son las correctas y no reconocen sus errores.
